Reino Unido, Europa y América: efecto mariposa

 

 

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La mañana del 23 de junio en un acto de presentación de libro en la Casa de América en Madrid el expresidente argentino Eduardo Duhalde con la mente puesta en los británicos decidiendo displicentemente sí quedarse o marcharse reconocía sentirse desubicado en una UE en proceso de desintegración, como desean demasiados nuevos partidos (http://www.ecfr.eu/page/-/ECFR_181_-_THE_WORLD_ACCORDING_TO_EUROPES_INSURGENT_PARTIES.pdf).

Desde que descubrimos que la hierba del vecino británico en realidad no es tan verde, ríos de tinta han corrido sobre el desatino del 52% de su electorado, que no supo ver que el 23-J no era ocasión para emitir un voto de protesta, así como de su primer ministro, quien, en plena crisis migratoria y en un contexto informativo adverso, como los analistas advirtieron, por ejemplo, aquí (http://blogs.lse.ac.uk/europpblog/2016/03/05/heavy-duty-what-are-the-shortcomings-of-the-bbcs-reporting-of-the-eu/) o aquí (http://agendapublica.es/conocimiento-y-actitudes-hacia-la-ue-en-espana-periodistas-y-academicos-a-la-tarea/), desconoció que primero es la responsabilidad y luego la responsividad. Hemos observado también que los ingleses mayores y sin estudios son poco solidarios,  que a los jóvenes, más cosmopolitas, se les olvida ir a votar, y que Londres y por supuesto Edimburgo son sitios distintos.[1] Pero, ¿y si los Little Englanders son la mariposa nada canalla que tanto necesitaba no solo la UE sino la democracia representativa en este momento de la globalización?

Este estudio del Pew Research Center (http://www.pewglobal.org/2016/06/07/euroskepticism-beyond-brexit/) no ha sido suficientemente comentado. Como ilustra el gráfico siguiente, el apoyo a la UE, tras la caída sufrida durante la Gran Recesión, mejoraba desde 2013. Pero, a causa de la crisis de los refugiados, volvió a deteriorarse, a partir de 2014 en Alemania, y meses después también en España, Italia o Francia. En 2016, el apoyo a la UE en este último país (38%), como en Grecia (27%), resulta significativamente inferior al británico (44%).

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La evolución de la opinión pública en una Alemania que, ante la avalancha de demandantes de asilo, se siente desasistida por la mayor parte del resto de Estados miembros (en amarillo en el gráfico) preocupa especialmente a quien escribe. Por otra parte, en Francia, la brecha en las actitudes hacia la UE mayores-jóvenes (+25) se sitúa seis puntos por encima de la británica. La fractura etaria es relevante asimismo en Holanda, Polonia, Alemania, Grecia o España. Más aún, no solo los simpatizantes de los partidos eurocríticos y euroescépticos serían favorables a una devolución de competencias al nivel estatal, sino además: en Francia, 4 de cada 10 personas próximas al partido de centro-derecha Los Republicanos (antigua UMP, porcentaje ligeramente superior incluso al del Frente Nacional) y 3 de cada 10 socialistas; en Alemania, un tercio del electorado de centro, desde los Verdes a la CDU pasando por el SPD; en Grecia, 6 de cada 10 votantes de Nueva Democracia (en SYRIZA son 7 de cada 10); en Italia, 4 de cada 10 afines a Forza Italia y 3 de cada 10 al Partido Democrático; en España, atención, el 34% de Ciudadanos, el 37% del PSOE y el 44% de Podemos. Este país, otro dato muy a tener en cuenta, es, junto con Grecia y Suecia, la excepción a la regla de mayor apoyo a la integración europea en la izquierda.

El 23-J demasiados ingleses votaron en contra de algunos de los grandes mitos de la UE, como que está dirigida por burócratas, que cuesta mucho dinero, o que es perjudicial para el Estado de bienestar.[1] Al día siguiente, “¿Qué es la UE?” era la frase más buscada en Internet allí. Nada extraño para quienes viajamos con cierta frecuencia y apenas habíamos visto (paradójicamente, esto ha cambiado tras el referéndum) banderas de la UE en Inglaterra. Pero, sí, si en este momento convocásemos consultas sobre la permanencia en los otros 27 Estados miembros, el resultado podría no ser muy distinto. Las particularidades brits no han sido la única causa del resultado de su referéndum. Estamos ante el producto de décadas de irresponsabilidad de los partidos europeos en el gobierno a la hora de culpar a Bruselas de las grandes dificultades y decisiones políticas erradas de ámbito doméstico. Incluso, los líderes estatales y los ciudadanos desinformados no son los únicos responsables. El propio tratamiento periodístico de las instituciones y en general de la política de la UE ha jugado igualmente un papel clave en contra. La reciente reflexión en alto de Juncker a Cameron “si le estás diciendo a la gente durante años que algo va mal en la Unión, no puedes sorprenderte si los votantes te creen” es elemental.

En definitiva, el verdadero problema es que la UE no ha tenido quien la defienda. A sus partidarios no les ha interesado estudiarla y explicarla; y ahora frente a ellos abunda quien, desde dentro y fuera, está dispuesto a medrar económica y/o políticamente dinamitándola. Quizás desde el otro lado del Atlántico puedan ayudarnos a reconocer nuestras fortalezas y enriquecer la discusión pública sobre la necesaria reforma del sistema político de la UE. Ampliando el foco para terminar, americanos y europeos precisamos preservar el voto programático, frente a alternativas que compiten con mensajes y promesas de conveniencia, las cuales sí que ni son democráticas ni nos salen a cuenta.

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[1] Si te apetece tener argumentos para desmontar la mitología eurófoba completa, te recomiendo ojear el libro de John McCormick Why Europe Matters (Palgrave, 2013).

[1] Puedes recuperar la fotografía del día aquí (http://agendapublica.es/proyecto-europeo/).

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