Alianzas electorales en sistemas políticos multinivel. ¿Por qué deberían llamar especialmente nuestra atención?

En el marco de la competencia democrática, los partidos políticos recurren frecuentemente a la coordinación electoral como una estrategia para maximizar su rendimiento electoral y posibilitar la formación de gobiernos que respondan a sus preferencias de políticas públicas, tanto en el ámbito nacional como subnacional.

Para la literatura especializada, cuando los partidos deciden aliarse en el nivel local, prefieren replicar los acuerdos políticos nacionales. Competir y gobernar con los mismos aliados en todo el territorio facilita la toma de decisiones internas y la negociación entre los partidos (Back et al. 2013), genera una imagen más coherente de la plataforma política y reduce los costos de las relaciones intergubernamentales (Deschouwer 2009).

No obstante, empíricamente, las alianzas electorales subnacionales reflejan solo parcialmente los acuerdos partidarios nacionales. Con frecuencia partidos nacionales rivales e incluso distantes ideológicamente presentan candidaturas conjuntas en elecciones locales. Tal es el caso de alianzas ‘contraintuitivas’ como, por ejemplo, las del Partido Justicialista (PJ) y la Unión Cívica Radical (UCR) en algunas provincias de Argentina, del Partido dos Trabalhadores (PT) y el Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB) en municipios brasileños, o entre el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en los estados mexicanos.

Si se considera la dimensión multinivel, las estrategias electorales pueden ser clasificadas como convergentes o divergentes. Una alianza local es convergente cuando replica los acuerdos partidarios nacionales y se compone de los mismos integrantes o de un subgrupo de ellos. En cambio, una alianza es divergente cuando dos partidos que son rivales en la elección nacional se alían en un estado o municipio. En este caso, se trata de un acuerdo nuevo y focalizado.

En el caso de México, considerando todas las candidaturas a gobernador de los 31 estados y el Distrito Federal entre 1994 y 2013, el 53% de las alianzas locales realizadas son convergentes respecto de las candidaturas nacionales, mientras que el 47% son divergentes. En conjunto, ambas estrategias suman el 30% del total de las candidaturas presentadas. Es decir, las estrategias divergentes son tan frecuentes como las convergentes (Miño 2014).

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Además, aunque las alianzas divergentes refieren a una dimensión estratégica, en el caso de los estados mexicanos son también ideológicamente más heterogéneas.

Con información de la Encuesta a Expertos en política estatal en México, 2001-2012 (Loza y Méndez 2014) se construyó el rango ideológico de las 146 alianzas realizadas en el periodo. Este indicador mide la distancia absoluta entre los socios más extremos de una alianza, según una escala de ubicación espacial de los partidos [1]. De allí se observa que la distancia media del grupo de las alianzas convergentes es de .40, mientras que para el grupo de las alianzas divergentes es de 1.38. La diferencia es significativa para un valor de p<0.01 y se mantiene si controlamos el efecto de las alianzas entre PAN-PRD y del partido que se trate. Para los tres partidos mexicanos más importantes, el rango ideológico de sus alianzas divergentes es significativamente mayor que el de sus alianzas convergentes.

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La formación de alianzas en el nivel subnacional debería tener un tratamiento especial respecto a las alianzas nacionales. Los acuerdos partidarios locales entrañan, por un lado, un problema de decisión en varios niveles, y por otro, pueden generar consecuencias en la calidad de la representación política.

En cuanto el primer aspecto, la competencia multinivel introduce un dilema de coordinación estratégica. En sistemas federales, los partidos organizan la competencia electoral en distintas instancias, en las que buscan en simultáneo el éxito en la competencia subnacional y el logro de un resultado nacional conjunto como aumentar el contingente legislativo del partido, obtener mayores recursos de campaña o alcanzar la presidencia. Lograr estos dos objetivos pone en tensión la descentralización de la toma de decisiones en cada estado y la cooperación vertical y horizontal entre niveles (Jeffery 2009; Kailash 2011; Detterbeck & Hepburn 2012).

Cuándo este dilema se presenta con mayor fuerza -por ejemplo, en elecciones simultáneas y en electorados nacionalizados- y cómo se resuelve son problemas que abren preguntas sobre cuánto influyen factores locales en la formación de alianzas y qué costos organizativos y políticos tiene aliarse en el nivel subnacional con partidos rivales en la competencia nacional. En esta línea, previamente Facundo Cruz realizó algunos aportes para explicar la dinámica de coaliciones a nivel subnacional.

En cuanto al segundo aspecto, las alianzas divergentes pueden mejoran la cooperación entre los partidos, aumentar el consenso global sobre las decisiones de gobierno y llevar a decisiones de política pública más estables en el tiempo. Pero también estos acuerdos –especialmente entre partidos distantes ideológicamente- reducen la oferta política alternativa y la pluralidad de intereses, y moderan la profundidad de los cambios en el sistema político.

La coordinación estratégica entre las elites partidistas afecta la oferta política mediante pactos y disminuye el espacio de decisión sobre el que se expresan los electores (Reynoso 2011). La reducción de la competencia entre los partidos y el empoderamiento de las elites políticas pueden llevar a la falta de responsabilidad (responsiveness), es decir al distanciamiento entre las opiniones de los electores y las decisiones públicas, y a la partidocracia[2]. Las alianzas divergentes vuelven a los programas políticos confusos. La ambigüedad, como estrategia política, incrementa el número de votantes atraídos por un partido, pero dificulta a los electores comportarse racionalmente en cuanto a la selección de gobiernos que respondan a su preferencia (Downs 1973).

Por ello, el análisis de este tipo de alianzas es relevante no solo para la agenda de la competencia partidaria, sino también para el debate sobre la calidad de la democracia y la representación política.

 

Bibliografía:

Back, H., Debus, M., Muller, J., & Back, H. (2013). Regional government formation in varying multilevel contexts: a comparison of eight european countries. Regional studies, 47(3), 368-387.

Chasquetti, D., & Buquet, D. (2004). La democracia en Uruguay: una partidocracia de consenso. Política (42), 221-247.

Coppedge, M. (1994). Strong parties and lame ducks presidential partyarchy and factionalism in Venezuela. Standford: Stanford University Press.

Deschouwer, K. (2009). Coalition Formation and Congruence in a Multi-layered Setting: Belgium 1995–2008. Regional & Federal Studies, 19(1), 13.

Detterbeck, K., & Hepburn, E. (2012). Party politics in multi-layered systems: An analytical framework of multi-level party politics for Western and Eastern Europe. Paper presented at the Political Studies Association Specialist Group on Territorial Politics Biennial Conference, Scotland House and Wales House, Rond-Point Schuman, Brussels, 13-14 September 2012.

Downs, A. (1973). Teoría Económica de la Democracia. Madrid.

Jeffery, C. (2009). New research agendas on regional party competition. Regional & Federal Studies, 19(4), 639-650.

Kailash, K. K. (2011). Federal Calculations in State Level Coalition Governments. India Review, 10(3), 246-282.

Loza, Nicolás y Méndez, Irma (Coord.). 2014. Encuesta a expertos en política estatal en México, 2001-2012. México: FLACSO, PNUD y CONACYT (podesualflacso.wordpress.com)

Miño, Juan Andrés. (2014). El efecto del gobierno dividido vertical sobre la formación de alianzas divergentes en los estados mexicanos, 1994-2013, Tesis para obtener el grado de Maestro en Ciencias Sociales, FLACSO México.

Reynoso, D. (2011). Aprendiendo a competir. Alianzas electorales y margen de victoria en los estados mexicanos, 1988-2006. Política y Gobierno, XVIII (1), 3-38.

Siavelis, P. (2009). Elite-mass congruence, partidocracia and the quality of chilean democracy. Journal of Politics in Latin America, 1(3), 3-31.

Referencias web:

Post Facundo Cruz: http://bit.ly/1q4aAPF

Alianzas PT-PSBD en Brasil: http://bit.ly/1xtGsnR

Alianzas PAN-PRD en México: http://bit.ly/1GPTQrB



[1] El valor medio de la variable para las 146 alianzas realizadas en el periodo es de .92 y la desviación estándar .99.  El valor medio para alianzas convergentes es de .4, con un intervalo de confianza al 95% entre .36 y .43. El valor medio para alianzas divergentes es de 1.38, con una estimación por intervalos entre 1.11 y 1.64.

[2] Para un análisis de cómo partidos fuertes e institucionalizados pueden empeorar la calidad de la democracia y la representación política en países de América Latina, véase Coppedge (1994), Chasquetti y Buquet (2004), y Siavelis (2009).

Acerca de Juan Andrés Miño

Juan Andrés Miño es Magíster en Ciencias Sociales por FLACSO, sede México.

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