Becas, Bases y Votos: Alianza para El Progreso y la Política subnacional en el Perú

Más de una década después del fin del gobierno autoritario-competitivo de Fujimori, ¿cuál es el panorama de la política partidaria en el Perú? Si volvemos la mirada a aquellos actores que estructuraron la arena política durante los ochenta, encontramos una combinación de partidos fenecidos, partidos sobrevivientes en base a reducidos nichos electorales, y finalmente otros que parecen entrar y salir de un estado de coma. A estos partido se suman otros que aparecieron en los años noventa y los dos mil, y que no han logrado reemplazar a sus predecesores en términos de fortaleza. La debilidad es la regla.

Toda regla, sin embargo, tiene excepciones. Una de ellas es Alianza para el Progreso, el partido fundado por el empresario César Acuña en el norte del Perú. [1] Acuña, además de político, es propietario de uno de los consorcios universitarios de mayor expansión en el país. La misma suerte ha tenido el partido del cual es líder, Alianza para el Progreso (APP), que ha incrementado de forma sostenida su presencia en el territorio y su capacidad para ganar posiciones de gobierno a nivel subnacional desde su primera participacion en elecciones, en el año 2002. Esta evolución puede observarse en el Cuadro 1.

cuadro 1 cda

Becas, Bases y Votos (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2014), busca explicar el desempeño de este partido a nivel subnacional. Usando estadísticas correspondientes a su desempeño electoral en las elecciones subnacionales del año 2010, el libro sostiene que existe una alta correlacion entre la capacidad del partido para presentar candidatos y lograr victorias, y la presencia de alguna de las universidades del consorcio universitario de propiedad de César Acuña.

En adición a otros datos electorales que sustentan esta afirmación, el libro presenta los resultados de dos indices de desempeño partidario: un índice de penetración territorial y otro de éxito. El primero se deriva de la division del número de candidaturas provinciales que presentó el partido en un departamento, entre el número total de provincias con que este cuenta. Lo mismo se aplica para el índice de éxito, pero en este caso se calcula tomando en cuenta el número de provincias en que APP logró ubicarse entre los tres primeros lugares. Mientras el primer indicador nos da una idea de la capacidad del partido para penetrar el territorio, el segundo muestra cuán competitivo es el partido allí donde se presenta. El resultado son dos indices que van de 0 a 1, siendo 1 el nivel más alto de penetración territorial o de éxito electoral, según sea el caso. El valor promedio del índice de pentración es de 0.9 en departamentos en los que existe una sede del consorcio universitario y de 0.5 en aquellos en los que no existen sedes. En cuanto al índice de éxito, los departamentos con sedes del consorcio arrojan un valor promedio de 0.5, mientras que aquellos que los que estas no existen nos dan un valor de 0.1. Las diferencias saltan a la vista.

Para ofrecer pistas sobre las razones de esta correlación, el libro recurre a entrevistas a autoridades partidarias, candidatos, autoridades elegidas y competidores políticos de APP, todas ellas del norte del país, donde el partido muestra su mejor desempeño y donde la correlación presentada líneas arriba es más evidente. Esta información es complementada con aquella proveniente de la observación de campañas electorales del partido en esta misma zona del país. En base a estas fuentes, el libro identifica tres mecanismos que vinculan a consorcio y partido. En primer lugar, el consorcio ofrece financiamiento económico y donaciones en especie que se facilitan en departamentos en los que ambas organizaciones coinciden. La existencia de financiamiento constante permite al partido contar con un núcleo de personal asalariado permanentemente movilizado que resulta fundamental, y ofrece una base para la producción de propaganda y de la logística necesaria para una campaña electoral. En segundo lugar, la universidad es una fuente de incentivos selectivos para candidatos, líderes del partido e incluso personal para la movilización, básicamente en dos formas. Por un lado, las universidades ofrecen becas en estudios de postgrado y pregrado a líderes sociales y candidatos captados por el partido, además de contar con un gran número de becados potencialmente movilizables. De otro, muchas autoridades y candidatos son además empleados del consorcio, estrechando los lazos de dependencia entre estos y los líderes del partido. Finalmente, en tercer lugar, las actividades clientelares propias del partido se encuentran difusamente separadas de algunas actividades de proyección social realizadas por el consorcio universitario, lo que maximiza el impacto de la actividad política del partido. Estas actividades clientelares le permiten al partido contar con bases movilizables que se ponen a disposición de los candidatos para la campaña electoral.

La existencia de partidos clientelares no es nueva en el Perú. Más novedosa es, sin embargo, la vinculación de este tipo entre una estructura empresarial y un partido político. En un país sin militantes ni estructuras intermedias sólidas que vinculen a sociedad y partidos, la forma en que se organiza APP le da una ventaja importante respecto a sus pares no solo para atraer votantes, sino sobre todo para atraer políticos independientes. APP ofrece a los politicos subnacionales un medio para solucionar sus problemas de movilización política a través de su vinculación con el consorcio universitario.

Sin embargo, sabemos que el costo de sostener estructuras clientelares se incrementa a medida que los partidos deben asumir campañas más demandantes a nivel territorial y que apelen a votantes de diversos niveles socioeconómicos. Acaso por ello, y pese a su relativo éxito, APP es de momento un fenómeno regional, con muy limitado éxito en campañas electorales nacionales. Si este modelo es sostenible en el largo plazo, o si el partido innovará para ser más competitivo a nivel nacional, es algo que veremos en los siguientes procesos electorales.



[1] Otra excepción parcial a esta tendencia es el partido Fuerza Popular, heredero del fujimorismo. El partido parece haber logrado una exitosa transición de liderazgo, de Alberto Fujimori a su hija Keiko Fujimori. Desde el año 2006, además, ha logrado instalar bancadas parlamentarias altamente disciplinadas y cohesionadas. Sus votantes, por otro lado, no solo parecen ser más leales que los de otros partidos, sino que se estarían incrementando.

Acerca de Rodrigo Barrenechea

Rodrigo Barrenechea es escritor de Becas, bases y votos. Alianza para el Progreso y la politica subnacional en el Perú.

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Una respuesta a Becas, Bases y Votos: Alianza para El Progreso y la Política subnacional en el Perú

  1. Cristhian 6 Febrero, 2015 at 0:31 #

    Estimado Rodrigo, primero felicitarte por tu post. Algunas inquietudes.
    Me persuade la vinculación casi indisoluble que haces entre la ciencia política y la economía en cuanto a los incentivos y cómo estos configuran el comportamiento de los actores en la descripción de este “partido-universidad”. Como siempre casi ninguna matriz institucional en Perú está estructurada por lo cual no son predecibles.
    Si los recursos generan capacidad entonces: ¿veremos más prenetración y exito electoral en los centros urbanos con presencia de este emporio educativo a nivel nacional?
    Me gustaría saber de los “no actores”; es decir, de los sectores campesinos y laborales. ¿En tu trabajo de campo que estrategias observaste del APP hacie estos?

    Gracias…

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