Brasil: ¿Liderazgo o espejismo regional?

Alemania se redimió del Holocausto reconstruyendo a Europa, pero Brasil no tiene esa obligación con América Latina. Ni tampoco el poder necesario.

Si a la Unión Europea la hubieran fundado Alemania, Holanda, Letonia y Lituania: ¿habría funcionado? La historia enseña que el eje franco-alemán cicatrizó las heridas de guerra y motorizó la prosperidad continental. Francia y Alemania Occidental eran, al principio, equivalentes en población y riqueza. Pero la unificación alemana y su productividad creciente la alejaron de sus vecinos, tanto en poder como en necesidad. El fin de la integración europea sería un golpe duro para Berlín pero el país saldría adelante; en cambio otros, como Grecia y Portugal, perderían soberanía real y quedarían a merced de compradores/predadores extra-regionales como Turquía o Angola. Tales son los costos de las asimetrías que el euro agigantó.

A veintiún años de la fundación del Mercosur, aún hay quien afirme que el eje argentino-brasileño es la versión sudamericana del franco-alemán. Pero la comparación hace ruido: si se equipara demográficamente a Brasil con Alemania, Argentina no equivale a Francia o siquiera a España sino al pequeño país de Máxima y los tulipanes. Siguiendo el mismo criterio, Paraguay y Uruguay no se parecen a Bélgica sino a los mini-estados bálticos (y Venezuela es comparable con Grecia, interpretaciones económicas al margen). Mientras sólo un sexto de los europeos son alemanes, cuatro quintos de los mercosureños son brasileños. Y lo más significativo es que la economía no compensa la desproporción poblacional: mientras Alemania constituye la economía más grande y más rica de Europa, Brasil es mucho más grande pero, al mismo tiempo, más pobre – por PBI per cápita y desarrollo humano – que Argentina y Uruguay. En parte por ello, los fondos estructurales y las políticas redistributivas del Mercosur son ínfimos. Para explicar el flaco desempeño del bloque no es necesario buscar culpables: lo que falta son recursos y, por lo tanto, razones para delegar soberanía.

Visto desde una Europa en demolición, Brasil surge como un gigante en ascenso; pero una aproximación comparada muestra la otra cara del fenómeno. Para empezar, es el BRIC que menos crece desde hace una década: en 2012 no alcanzó el 1%, con una inflación que se aproxima al 5%. Claro que, mirado desde Argentina, el último número es envidiable, pero para la política económica de Dilma es el límite del infierno. En segundo lugar, Brasil es un país con industria pero ya dejó de ser un país industrial: en 2010 su estructura exportadora retrocedió hasta 1978, cuando la venta de commodities había superado a la de manufacturas por última vez. En este momento, la única potencia industrial de América Latina es México: el 75% de sus exportaciones son manufacturas, principalmente automóviles para el mercado estadounidense. Brasil, en cambio, exporta sólo el 36% de bienes industrializados, apenas por encima del 32% argentino – cuya industria, supuestamente, fue diezmada por la dictadura y el neoliberalismo. El fuerte brasileño está en la soja y minerales de hierro vendidos a China, de la cual importa sólo manufacturas. En palabras de Marcelo Coutinho, profesor carioca de relaciones internacionales, se trata de una “dependencia económica restaurada” – con un mero cambio de patrón.

Gracias al Mundial 2014 y las Olimpiadas 2016, Brasil tiene asegurado los focos del mundo durante los próximos años. Pero el resplandor de las luces no debe encandilar al observador. La economía global va a seguir enfriándose, y las tasas brasileñas de inversión e innovación no alcanzan para sustentar su crecimiento. Dilma lo sabe, y a eso se debe el combate por reformas que anticipen la crisis. Pero su país ya pesa demasiado como para cargarse al hombro, además, a los vecinos.

Semanas atrás, George Soros difundió un manifiesto exigiéndole a Alemania que lidere la Unión Europea o se marche (lead or leave). Caso contrario, toda la integración continental, y no sólo la moneda única, se vendrá abajo. Pero el liderazgo tiene costos económicos y morales que los ciudadanos alemanes, tres generaciones después del Holocausto, ya no parecen dispuestos a pagar. Si la rica y culposa Alemania deja de sustentar la integración europea, esperar que Brasil impulse la integración sudamericana es una ilusión. Los latinoamericanos se quieren mucho pero se necesitan poco y Brasil no tiene fondos para financiar el cariño.

Rankings del MERCOSUR: Producto Bruto Interno per capita (ppp) y Desarrollo Humano 

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Fuentes: World Development Indicators 2011, Banco Mundial, y Human Development Report 2011, Naciones Unidas.

Acerca de Andrés Malamud

Andrés Malamud es investigador del Instituto de Ciencias Sociales (ICS) de la Universidad de Lisboa.

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5 respuestas a Brasil: ¿Liderazgo o espejismo regional?

  1. Carola Lustig 11 Marzo, 2013 at 20:50 #

    Me parece muy interesante este artículo del profesor Andrés Malamud porque desafía las afirmaciones que consideran a Brasil como potencia regional y como potencia global.

    Me surgen algunas preguntas. Puede ser que Brasil sea solo una imagen de “gigante en ascenso”: no crece económicamente tanto como otras potencias emergentes, tiene inflación, y se desindustrializa. Sin embargo, ¿no es también el país de América Latina que más inversión extranjera directa recibe –el monto supera los 66.000 millones de dólares en 2011-. Y también, ¿no son las empresas brasileras las que más empresas sudamericanas han adquirido en sectores estratégicos (Vale, Petrobas, Gerdau, Camargo Corrêa, Belgo Mineira, AmBev, Marfrig,)?

    Brasil no es líder regional porque no tiene la habilidad de conseguir lo que quiere atrayendo y persuadiendo a otros a adoptar sus objetivos. Sin embargo, ¿la compra de empresas en sectores estratégicos financiados por el BNDES o APEX por parte de empresas brasileras es más barato –y más rentable- que pagar los costos de liderar? Quizás sea esa su estrategia de liderazgo regional.

    Además, ¿por qué Brasil se esfuerza en dar una imagen consensual y benévola en la dimensión político-diplomática, cuando en la dimensión económica es ofensivo y expansivo–por lo menos a nivel regional-?

    • Andrés Malamud 11 Marzo, 2013 at 22:10 #

      Gracias a todos por los sugerentes comentarios.

      Brasil constituye la mayor economía de América Latina, la que más inversión extranjera recibe y la que más multinacionales produce. El detalle es que América Latina no es económicamente muy grande ni muy rica, por lo que encabezar la fila no significa ser muy importante. Brasil representa el 3% de la economía y de la población mundial, pero sólo el 1% del comercio. Lo que a los Idefix vecinos les parece un elefante, a Obelixes como EEUU y China les recuerda a un jabalí.

      En segundo lugar, las empresas brasileñas están bifurcando su inserción externa. Mientras afuera de la región se adaptan a la competencia global y producen bienes de calidad, en América del Sur promueven mercados protegidos para colocar productos poco competitivos.

      Y justamente, la imagen de benevolencia que Brasil proyecta en la esfera diplomática tiene la inteligente función de compensar su expansionismo económico.

      Los límites del crecimiento brasileño se expresan en “la maldición del vuelo de la gallina”, explicado aquí por un insospechado profesor carioca: http://www.ceps.be/ceps/dld/7780/pdf

      Y este estudio sugiere que la actividad económica de Brasil genera efectos derrame únicamente en los países del Cono Sur, pero no en los del Pacífico que giran alrededor de otras órbitas: http://blog-dialogoafondo.org/?p=1948

  2. OP 11 Marzo, 2013 at 12:39 #

    @Ana Tereza

    En primer lugar hay que entender que las razones para crear un organismo internacional son económicas. Unión Europea tampoco empezó con el código laboral. De hecho el código lo aceptaron en 1986 (si no me equivoco) y Gran Bretaňa quedó afuera.

    Yo veo el problema del MERCOSUR en el negocio entre países. Paraguay no tiene practicamente nada que ofrecer. Uruguay es demasiado chico. Argentina y Brasil protegen sus mercados y tampoco tienen tanto para ofrecerse entre ellos mismos.

    La falta de “commodities” para ofrecer al otro país es para mi la razón principal porque no se profundiza la integración regional. Lo mismo podemos ver en América Central y el Caribe.

    • Ana Tereza 11 Marzo, 2013 at 16:08 #

      Verdad que las razones para se crear un organismo internacional son económicas y que los países del Mercosur no tienen mucho a ofrecer entre ellos. Interesante es el caso de la instalación de la empresa brasileña Vale do Rio Doce en Argentina para la exploración de potasa. Brasil probablemente tendrá que cancelar su proyecto de 5.900 millones de dólares debido, entre otros factores, a las exigencias fiscales y laborales (ahí tenemos un claro ejemplo de la importancia de las cuestiones laborales) hechas por las autoridades argentinas. Argentina pone muchos obstáculos en la hora de realizar negocios con Brasil cuando debería generar incentivos a su compañero de bloque y probablemente nunca lo aceptará como líder del proceso de integración.

  3. Ana Tereza 11 Marzo, 2013 at 1:30 #

    Interesante artículo del profesor Andrés Malamud. Brasil, además de no poseer fondos para financiar a los vecinos, tiene un liderazgo no muy bien aceptado y considerado poco confiable por los otros integrantes del bloque. Es común que digan, por ejemplo, que las inversiones brasileñas benefician mucho más a Brasil que el local donde sus empresas están instaladas. El proteccionismo existente dentro del propio Mercosur, también es otro factor que dificulta la circulación de mercadorías dentro del bloque. La principal diferencia entre Mercosur y Unión Europea es que el Mercado Común del Sur no es, de hecho, un mercado común, pues tiene fines claramente económicos cuando debería discutir también derechos sociales y laborales, que son esenciales para una efectiva integración. Otro punto a destacar es que, sin embargo, los vecinos no aceptan que Brasil lidere. Brasil tampoco tiene mucho interés en liderar, pues la diferencia entre su PBI y el de los otros países es muy grande, así que el Mercosur ha perdido mucha importancia en términos comerciales.

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