Cambios y continuidades en el ejercicio del gobierno en México

Desde fines de 1970 México pasa por un proceso de transición centrado en los cambios de las reglas del juego electoral, donde los partidos han sido actores centrales. Aunque ha habido avances en cuanto a la autonomía y la transparencia de los procesos electorales, también ha habido retrocesos y todavía subsisten viejas formas características del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tradicional que han permeado a los demás partidos políticos y sus gobiernos (Prud’homme, 2010; Olvera, 2010), lo que incluso puede verse con mayor claridad a nivel subnacional.

La llegada del PAN a la Presidencia de la República en el año 2000, que representó la anhelada alternancia en el gobierno federal, implicó la instrumentación de diversas reformas institucionales, aunque no parecieron generar cambios de fondo en las reglas del juego político. El análisis de tres casos estatales nos permite dar mayores precisiones: Guanajuato, gobernado por el PAN desde 1991; el D.F., gobernado por el PRD desde 1997; y Veracruz, gobernado ininterrumpidamente por el PRI.

Siguiendo a Isunza (2001) se identifican ocho características salientes del régimen priista tradicional: fusión partido-gobierno-sociedad, control del Ejecutivo sobre el partido, control del gobierno sobre las elecciones, control de los opositores, control de los medios de comunicación, organización centralizada, corporativismo, y clientelismo; y se analiza la dinámica interna de organización de cada partido político gobernante en estos estados, principalmente respecto a su nivel de democracia, y a la formalidad-informalidad de sus prácticas. Se obtienen interesantes hallazgos.

Los partidos gobernantes, en los tres estados, tienden a definir sus asuntos internos en negociaciones cupulares, siendo el PAN y el PRD los que parecen valerse de procesos internos más democráticos, no siempre exitosos. En los comités estatales de Guanajuato, el D.F. y Veracruz, los respectivos partidos comparten ciertas prácticas informales. Siguiendo los tipos planteados por Freidenberg y Levitsky (2007) destacan el uso de recursos públicos –más allá de aquellos provistos por la autoridad electoral– para las campañas electorales; la influencia de actores externos en la toma de decisiones (gobernador en Veracruz y Jefe de Gobierno en el D.F, y los empresarios y la Iglesia católica en Guanajuato); la influencia de los contactos personales y las redes de patronazgo en la definición de la carrera partidaria; y, finalmente, que la letra reglamentaria respecto a los vínculos sociales se ve superada por las relaciones existentes en la práctica (aunque las corrientes del PRD y los sectores del PRI están reconocidos en los estatutos, los vínculos sociales de estos partidos rebasan lo establecido). Ciertas prácticas parecen haber permeado a todos los institutos políticos, y muchos lo adjudican al “chip mexicano” o el “gen priísta”.

En Veracruz el gobierno y el partido continúan siendo uno mismo, y se puede resumir en una frase: en época de elección opera el gobierno como si fuera el partido, y mientras no hay elecciones el partido interfiere como si fuera gobierno. Aquí también se contemplan las organizaciones priistas (CNC, CTM y CNOP [1]). En Guanajuato la partido y gobierno parecen mantener sus roles institucionales, y se vinculan con sectores ideológicamente cercanos de la sociedad, como la Iglesia y los empresarios. Finalmente, el D.F. presenta una situación intermedia, donde el partido –y sus corrientes– negocian con permanentemente con el gobierno, y donde ambos mantienen una relación, aunque desgastada, con los sectores sociales que apoyaron el nacimiento del PRD.

El control del Ejecutivo sobre el partido continúa vigente en Veracruz, mientras que en el PAN de Guanajuato y en el PRD del D.F. esta influencia se relativiza. En los tres estados el gobierno intenta controlar los órganos electorales, principalmente a través del control del proceso de selección de los consejeros electorales, a cargo del Congreso local [2], aunque nuevamente parece ser Veracruz el caso más patente y abierto.

Las características autoritarias relativas al control de los opositores y el control de los medios de comunicación parecen haber desaparecido en los casos de Guanajuato y el D.F., donde sólo se mantiene vigente la cooptación mediante uso de recursos económicos; aunque mantienen su vigencia en Veracruz, donde aún se recurre a intimidaciones y amenazas, en caso de no funcionar otras opciones más amigables. Respecto al corporativismo, en el D.F. se presenta informalmente y dejando atrás sus componentes disciplinario y sancionatorio, y en Guanajuato se muestra incipiente, apenas tomando forma y sustentado, sobre todo, en torno a beneficios económicos. Sin embargo, el patrón de comportamiento se repite, la forma priísta de gobernar parece permear a los antiguamente partidos opositores. En Veracruz, el PRI mantiene sus prácticas de corporativismo incluyente (Stepan, 1998), a la vieja usanza, aunque con recursos más limitados [3] que dejan fuera a importantes sectores.

Finalmente, tomando el trabajo de Fox (1994), podríamos decir que aun hoy conviven el clientelismo autoritario, el semiclientelismo y la pluralidad. Aunque parece haberse avanzado más hacia esta última en Guanajuato y el Distrito Federal, también allí encontramos prácticas de clientelismo autoritario, acompañadas por la promoción de lealtades a largo plazo a través de redes de resolución de problemas (Auyero, 2007, 1997). En Guanajuato se presenta se combinan de prácticas tradicionales y contraintuitivas (porque no le representan votos a favor), con organizaciones priistas; y en el D.F. las relaciones clientelares son utilizadas tanto por el PRD (centrales para definir elecciones internas) como por el gobierno capitalino (y para las elecciones constitucionales).

Veracruz resulta ser el estado que menos cambios registra, y donde incluso encontramos vestigios de prácticas autoritarias, por lo que no parece coincidencia no se haya concretado la alternancia en el gobierno –muy cerca de suceder en las últimas dos elecciones. Por su parte, Guanajuato y el D.F. presentan mayores avances en prácticas ciudadanas y de respeto del Estado por la autonomía de la sociedad, con los matices de los respectivos partidos en el gobierno, aunque también recurren a estructuras corporativas y mecanismos clientelares –más flexibles. ¿Será que, como señala Olvera (2010: 101), “el PAN y el PRD fueron excelente alumnos del PRI en la copia de sus métodos políticos”?

 

Bibliografía y referencias:

Auyero, J. 2007. La zona gris: violencia colectiva y política partidaria en la Argentina contemporánea, Buenos Aires, Siglo XXI Editores.

Auyero, J. Günes-Ayata, A. 1997. ¿Favores por votos? Estudios sobre clientelismo político contemporáneo, Buenos Aires, Losada.

Fox, J. 1994. “The Difficult Transition from Clientelism to Citizenship: Lessons from Mexico”, en World Politics, Vol. 46, N° 2, enero, pp. 151-184.

Freidenberg, F. y Levitsky S. 2007. “Organización informal de los partidos en América Latina”, en Desarrollo Económico, vol. 46, N° 184, enero-marzo, pp. 539-568.

Isunza, E. 2001. Las tramas del alba: una visión de las luchas por el reconocimiento en el México contemporáneo, 1968-1993. México, CIESAS.

Olvera, A. 2010. “Espacio Público, Sociedad Civil y Democratización en el México Contemporáneo”, en: Merino, Mauricio (coord.), ¿Qué tan público es el espacio público en México?, México, FCE-CONACULTA-UV, pp. 74-107.

Stepan, A. 1998. “La instalación de regímenes corporativistas: Marco analítico y análisis comparativo”, en Jorge Lanzaro (comp.), El fin del siglo del corporativismo, Caracas, Editorial Nueva Sociedad, pp. 193-226.

 


Este post es una versión resumida y parcial de una investigación más extensa que fue parte de mi Tesis del Doctorado de Investigación en Ciencias Sociales con Mención en Ciencia Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede México, defendida en septiembre de 2013. El trabajo de campo se realizó entre febrero de 2012 y mayo de 2013.

[1] La Confederación Nacional Campesina (CNC), la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), son las organizaciones que lideran los sectores campesino, obrero y popular del PRI, respectivamente. Existen otras organizaciones de base, gremiales y territoriales cercanas al partido.

[2] Esto fue así hasta la reforma constitucional en materia político-electoral de diciembre de 2013 y las leyes secundarias aprobadas durante abril y mayo de 2014, que implicaron la creación del Instituto Nacional Electoral (INE, en reemplazo del anterior Instituto Federal Electoral – IFE), y la incorporación de los institutos electorales estatales a la estructura del mismo INE bajo la figura de Organismos Públicos Locales (OPL). Los consejeros de los OPL ya no serán elegidos por los congresos estatales, sino por el Consejo General del INE, cambio motivado justamente para impedir la gran influencia que los gobiernos ejercían sobre los organismos electorales que debían ser autónomos. Pero esta estructura “saldrá a la cancha” por primera vez en las elecciones estatales de 2015.

[3] Durante la transición hacia políticas neoliberales la reducción del Estado afectó de manera importante la capacidad del gobierno de mantener activa y unida la antigua estructura corporativa que, aunque seriamente debilitada, continúa vigente. El regreso del PRI a la Presidencia de la República implica, sin duda, una revitalización.

Acerca de Lisandro Devoto

Lisandro Devoto es doctor en Investigación en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por FLACSO, sede México.

, ,

Aún no hay comentarios

Deja un comentario