China y Venezuela: ¿importa el color del gato?

El propósito de este post es analizar si China podría ver con buenos ojos un cambio de régimen en Venezuela en el caso de que la debacle económica en la que se encuentra sumido este país continuase.

“No importa si un gato es negro o blanco; con tal de que cace ratones, es un buen gato”. Esta célebre frase pronunciada por Deng Xiaoping fue asumida a finales de la década de los 70 por la dirigencia política china y se plasmó en la adopción de un importante programa de reforma y apertura económica. Lo que el líder político chino vino a decir fue que no importaba si la economía era planificada o de mercado, sino que funcionase. Con esta reforma se impuso “el pragmatismo del que Deng había sido uno de los principales representantes en la era maoísta”.

Pero, ¿qué relación tiene esa reforma económica que comenzó hace más de 40 años con la actual situación en Venezuela y la posición que pueda adoptar China ante la salida de Maduro? Actualmente, como hace más de cuatro décadas, lo que está sobre la mesa de los líderes políticos chinos es una elección entre ideología y pragmatismo económico.¿Qué primará en esta ocasión? Hay elementos suficientes para responder en un sentido u otro. No obstante, en estas líneas, se destacan ciertos aspectos de la economía venezolana actual y sobre la presencia de China en la economía del país al objeto de conocer los elementos que podrían decantar la balanza hacia el pragmatismo económico.

En 2017, la deuda financiera total de Venezuela ascendió a 68.728 millones de dólares, pero los compromisos en divisas del país no se limitan a este tipo de deuda (bonos). En este sentido, se estima que para ese mismo año la deuda externa total fue de 184.500 millones de dólares. Un indicador que mide la vulnerabilidad macroeconómica de la economía de un país y la sostenibilidad del nivel de su deuda es el monto de ésta respecto al ingreso por exportaciones. Mientras que dicho monto alcanzó un porcentaje de 138,66% en 1999, en el año 2018 fue de 773%. Por lo tanto, parece prácticamente imposible que un país que el año pasado ya entró en default y con la producción petrolera a niveles de hace 30 años (el 96% de sus ingresos provienen del petróleo) pueda cumplir sus compromisos internacionales, máxime cuando en la próxima década tendría que hacer frente a un pago de 91.447 millones de dólares.

De esa deuda externa venezolana, el país asiático posee actualmente unos 23.000 millones de dólares. Además, a través del Development Bank y del China Ex-Im Bank, entre 2005 y 2018, China prestó a Venezuela un total de 67.200 millones de dólares. Como parte del pago de la deuda, China recibe barriles de crudo venezolano, pero, tal y como se ha apuntado en el párrafo anterior, durante los últimos años se ha venido produciendo una caída continuada de la producción petrolera. Así, las autoridades chinas, teniendo en cuenta la situación económica por la que atraviesa Venezuela, han comenzado a dudar de la capacidad del régimen de Maduro para hacer frente a sus compromisos económico-financieros y de abastecimiento de crudo en concepto de pago de la deuda.

Ante un escenario como el actual, cabe preguntarse si China podría ver con buenos ojos un cambio de régimen en Venezuela con el objetivo de preservar sus intereses económicos. A este respecto, Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, afirma que “una caída de Maduro puede hacer peligrar muchas de las inversiones que China ha llevado a cabo en los últimos lustros en el país”.  No obstante, ¿no están ya esas inversiones en peligro? ¿Un gobierno encabezado por Guaidó perjudicaría aún más los intereses económicos de China en Venezuela? Guaidó ya declaró que todos los acuerdos que se hubiesen firmado siguiendo la ley serían respetados. Además, también manifestó su disposición para comenzar una relación constructiva con China lo antes posible, y reconoció que la situación económica de su país estaba afectando a las inversiones chinas.

Entre otras medidas, para sacar adelante al país en el ámbito económico es necesario crédito externo procedente de organismos financieros internacionales y una reestructuración ordenada de la deuda. Sin embargo, esto es prácticamente imposible sin la participación de Estados Unidos, y no parece que Trump esté dispuesto a apoyar estas medidas bajo un gobierno de Maduro, cuando ya ha promovido sanciones contra el régimen venezolano. Ya sea con Guaidó o con otro líder, las inversiones chinas no dejarán de estar en peligro hasta que Venezuela no salga de la debacle en la que está inmersa.

Recientemente, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores se expresó que China considera que los asuntos de Venezuela los deben resolver los propios venezolanos, a través del diálogo y sin injerencias externas. Asimismo manifestaron su rechazo a las declaraciones de la administración estadounidense, y afirmaron que seguirán apoyando los principios de independencia, soberanía y estabilidad nacional. No obstante, también advirtieron que la cooperación China-Venezuela, independientemente de cómo evolucione la situación, no debería verse menoscabada. Para China, como hace más de cuatro décadas, ¿el color del gato podría ser lo de menos?

 

Acerca de Hernandez Gutierrez Jose Carlos

Politólogo por la Universidad de Granada (UGR) y alumno del Máster en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca (USAL). Miembro del Grupo de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la UGR.
Aún no hay comentarios

Deja un comentario