¿Cómo afecta el gobierno de los privilegiados a la democracia?

Las elecciones presidenciales del año pasado en México tuvieron como contendientes a dos políticos profesionales de clase acomodada y a una empresaria millonaria. Los principales candidatos en las últimas elecciones presidenciales de Brasil fueron en ambos casos economistas millonarios y es muy probable que la carrera presidencial de este año en Chile enfrente a una economista y a una médica. A pesar de que la gran mayoría de los electores en estos países forman parte de la clase trabajadora, sus representantes pertenecen casi siempre a clases mucho más acomodadas.

El gobierno de los privilegiados en democracias en desarrollo

En la mayoría de las democracias, la gente  del mundo de los negocios y los trabajadores de “cuello blanco” son los encargados de las tareas de gobierno, mientras que los trabajadores manuales, los del sector servicios y las personas trabajando en el sector informal casi nunca ocupan cargos públicos. Un vistazo a los datos de América Latina, por ejemplo, subraya la existencia de estas realidades.

  • Al igual que en la mayoría de los países desarrollados o en desarrollo, la principal fuerza de trabajo en los países latinoamericanos es la clase obrera. En países menos desarrollados, como Bolivia u Honduras, los trabajadores de clase obrera suponen cerca de un 90% del total de la economía. Incluso en países más desarrollados, como Argentina, más de dos de cada tres ciudadanos tienen puestos relacionados con el sector obrero. En promedio, aproximadamente el 80% de los ciudadanos latinoamericanos trabajan en dicho sector.
  • Por el contrario, en la típica legislatura latinoamericana únicamente el 10% de los representantes provienen de entornos obreros. En las 18 democracias más grandes de la región, la brecha entre el porcentaje de obreros en la economía y el porcentaje de legisladores con dicho origen es de al menos 60 puntos. Estos trabajadores son la columna vertebral de la economía, pero apenas tienen espacio en los puestos de gobierno.

Los efectos del gobierno de los privilegiados

¿Por qué resulta importante el origen de los legisladores si estos son elegidos de forma justa y existen procedimientos de accountability respecto de sus electores? De hecho, en muchos países los partidos políticos forman coaliciones y los legisladores siguen la disciplina de voto del partido. Pero incluso aunque los partidos y los electores hagan un importante esfuerzo para mantener a los políticos en línea estos aún tienen un amplio margen de maniobra. La mayor parte del trabajo de una legislatura se lleva a cabo de puertas adentro, en escenarios que gran parte de los ciudadanos no llegan a ver nunca. Incluso los partidos que tienen un fuerte control sobre el voto en la cámara suelen dar a los legisladores un margen de libertad a la hora de introducir proyectos de ley que resultan de su interés o de incluir asuntos que resultan relevantes para ellos en la agenda pública.

En estos casos, nuestra investigación muestra que frecuentemente los legisladores basan decisiones discrecionales en sus propias experiencias, puntos de vista y preferencias personales. Al igual que ocurre con los legisladores estadounidenses, las preferencias de los legisladores en países en desarrollo también se encuentran influenciadas por sus experiencias vitales previas. Las encuestas llevadas a cabo en América Latina señalan que los legisladores con origen obrero muestran de una forma consistente una visión más progresista en temas económicos que sus contrapartes con un origen más privilegiado. Igualmente, los legisladores que tenían trabajos de “cuello-blanco” – en especial aquellos que tenían posiciones más privilegiadas en el sector privado – suelen defender puntos de vista más conservadores.

La votación de los proyectos de ley puede que no muestre estas diferencias con claridad, dado que la parte final del proceso legislativo es donde la disciplina de voto y las coaliciones tienen una mayor influencia. A pesar de esto, y fuera de los focos, los legisladores de distintos orígenes tienen a su vez diferentes prioridades.

Por ejemplo, en Argentina, donde los partidos son fuertes, los legisladores tienden a votar en el mismo sentido a pesar de sus clases de origen. Sin embargo, los legisladores que provienen de la clase obrera tienden a presentar proyectos de ley de naturaleza más progresista. Cuidadosas mediciones de la inclinación para presentar proyectos de ley nos permiten, como científicos sociales, estimar con bastante precisión lo que suponen las diferencias de clase a la hora de introducir estos proyectos. En una típica sesión legislativa en Argentina, la falta de legisladores de origen obrero se traduce en que se dejan de presentar aproximadamente unos 50 proyectos de ley con tinte progresista.

La historia vista en Argentina se observa a su vez en muchos otros países. Debido a la mayor presencia de trabajadores de “cuello-blanco” entre los legisladores, existe un mayor número de personas dispuestas a actuar cuando aparece la oportunidad de aprobar políticas conservadoras, preferidas por los ciudadanos más ricos – y por supuesto, menos personas dispuestas a apoyar medidas a favor de los trabajadores cuando surge la cuestión. Tal influencia fuera de los focos significa que, a largo plazo, los intereses y valores de la clase obrera salen perdiendo, sin importar cuan democrático sea el sistema en términos formales.

Encontrando nuevas formas de promover legisladores de clase obrera

Los académicos aún no saben por qué los sistemas democráticos eligen líderes tan privilegiados, o qué es con exactitud lo que mantiene a la clase obrera fuera de los cargos públicos. En este sentido, se están probando muchas hipótesis -explicaciones que van desde sesgos en los votantes, el control del acceso por parte de los partidos, la distribución desigual de los recursos de los candidatos, hasta diferencias en la ambición política y el declive de los sindicatos-. Paralelamente, y a medida que avanza la investigación causal, los reformistas buscan formas de promover la presencia de personas de clase media y trabajadora en la competencia por cargos públicos. Si un mayor número de personas con trabajos medios compitieran en las elecciones, mayor sería el número de aquellos que obtienen un cargo -y sabemos que esto marcará una diferencia en las medidas propuestas y adoptadas por las Cámaras Legislativas-.

Muchos países de América Latina han reformado sus instituciones electorales para promover la representación de mujeres y minorías étnicas. Es el momento para que los encargados de las políticas públicas consideren a su vez la necesidad de una mayor inclusión de las instituciones en términos de clase social. Los defensores de la igualdad política en los Estados Unidos ya están desarrollando programas que fomenten la presencia de más ciudadanos “medios” en la competencia por cargos públicos. Los países latinoamericanos deberían llevar a cabo esfuerzos similares.

Acerca de Nicholas Carnes y Noam Lupu

Nicholas Carnes es profesor de Política Pública en Duke University, Estados Unidos. Noam Lupu es profesor de Ciencia Política de University of Wisconsin-Madison, Estados Unidos.

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11 respuestas a ¿Cómo afecta el gobierno de los privilegiados a la democracia?

  1. Cristhian R. 18 septiembre, 2013 at 6:42 #

    Hola y gracias por compartir sus indagaciones.
    Naturalmente me genera inquietudes: Si la cuestión central es saber por qué el gran sector de la población económicamente activa no tiene representación parlamentaria en la región, creo que ese gran sector tiene muchos matices o composiciones. La cantidad de trabajadores informales o los autoempleados son muchas veces mayor que los formales. Los partidos de trabajadores siempre han tenido problemas para adecuar su discurso a los primeros (¿cómo haces “aterrizar” un programa político con fuerte ubicación en el espectro político a un taxista, ambulante, estibador o un “guachiman” y lograr así un lugar en el legislativo?). En realidad es muy difuso. Los sectores informales y formales con índices de organización los distintos países debe tener -seguramente- distintas velocidades. En Argentina, es un caso positivo, por la tradición obrera y sus organizaciones sindicales; pero en países andinos (coincido con lo expuesto por Fernando) me parece un caso negativo (es decir que no presenta los atributos del primero). Entonces, para este gran sector de fuerza de trabajo, me gustaría saber como fue operacionalizado.
    El por qué las instituciones política tiene representantes no trabajadores. Creo que la Opinión Pública puede decir algo. Es decir, como los distintos discursos de actores con distintas legitimaciones activan el debate público. Los medios de comunicación cumplen (como el caso de alta concentración mexicano) con aislar o actualizar constantemente. No digamos que determinan la opción del votante pero sí encuadra a la política con su lógica y le da un marco comunicacional creando un “clima de opinión”. Estos soportes o canales de los medios tienen – a mi parecer- algo que decirnos.

    • Noam Lupu 19 septiembre, 2013 at 1:24 #

      Cristhian, gracias por los comentarios. En nuestro paper puedes ver cómo medimos las clases sociales (por ocupación) y por supuesto son agrupaciones complejas. Pero la brecha en la composición social de las legislaturas y el electorado es enorme, tanto en Argentina, con su tradición obrera, como en Bolivia y los otros países andinos. Es decir, estas diferencias entre países no explican mucho y hay algo más de fondo en las democracias que genera una clase política muy distinta a sus votantes. En eso quizás los medios de comunicación juegan un rol.

  2. Michelle Fernandez 17 septiembre, 2013 at 2:49 #

    El post es muy interesante y nos lleva a discutir un tema recurrente en las democracias de America Latina. La falta de representatividad de muchos grupos sociales entre las elites políticas hace con que el tema de la representación vuelva al seno de las discusiones democráticas desde otra perspectiva. Hay que definir que tipo de democracia deseamos: una con más representatividad o seguir con los mismos grupos desarrollando la labor de representación en nuestras arenas públicas.

  3. Facundo Cruz 17 septiembre, 2013 at 0:01 #

    Excelente aporte en el blog. Muy interesante para abrir el debate sobre un aspecto poco estudiado en profundidad.
    Coincido con los comentarios realizados por Santiago A. y aprovecho para hacer un aporte y abrir una línea más de investigación para que se continúe. Hay una extensa bibliografía sobre la selección y el reclutamiento de candidatos, al igual que sobre las carreras de la “clase política”, especialmente en latinoamérica. Tal vez gran parte de la explicación al problema/situación que detectan los autores se encuentre en esos filtros, en el costo de entrada para “ser político” y los patrones de carrera que siguen posteriormente. En otras palabras, queda por averiguar “por qué se decide entrar en política” y “si me dejan hacerlo”. Esas preguntas son las que deberíamos hacernos y, de esa forma, complementar ambas agendas: estudiar los filtros y analizar en qué medida, una vez avanzada en la carrera, incide la formación profesional de cada legislador y las decisiones que toma (si son más progresistas o no las leyes propuestas, por ejemplo).
    Congeniando ambas líneas, podría surgir algo interesante de indagar.
    Muy interesante para continuar más adelante. Los aliento a hacerlo.

    • Noam Lupu 17 septiembre, 2013 at 17:44 #

      Facundo, estamos totalmente de acuerdo. De hecho, hemos empezado a investigar estos temas de por que personas de clase trabajadora no quieren o no pueden llegar a cargos politicos. Les avisaremos cuando tengamos algunas respuestas!

  4. Fernando 16 septiembre, 2013 at 21:17 #

    Muy interesante y provocador el post. Me cuesta operacionalizar algunos conceptos, por ejemplo “progresista” pero supongo que entiendo a que se refiere. Tambien con “clase obrera” y que grupos se incluyen o no dentro de ella.

    Esa discusion quizas esta mas ligada a otro momento de la Historia, cuando la sociedad estaba dividida claramente en patrones y obreros y en ese marco, los partidos socialistas y los sindicatos representaban muy claramente a los obreros. Sin embargo la composicion de las sociedades occidentales fue cambiando y la clase obrera tradicional se fue reduciendo y creciendo las diferenciaciones en su interior. Tanto se redujo (y a las vez se fragmentó tambien en sus preferencias electorales) que amenazó a los partidos socialistas con una crisis que para algunos analistas era definitiva. La aparicion de los valores posmateriales tuvo algo que ver con eso. Si bien todo esto fue en Europa, tambien hay un reflejo en America y sumado a otros fenomenos como el populismo, y sus estrategias policlasistas.

    Pero hablar de clase obrera como un sector numericamente mayoritario se complica aun mas en los 90 con una mayor informalizacion de los trabajadores, desocupacion, un marcado proceso de desindutrializacion y un aumento del sector servicios en la economia. Con todo ello me parece que hablar de clase obrera en America Latina como sector mayoritario se vuelve mas complejo y mas con las cifras que se mencionan.

    Por otra parte, la idea que el representante legislativavo de clase pueda vehiculizar más politicas progresista, me parece que debe ser demostrado mejor. Los sindicalistas argentinos en los ultimos 30 años son un ejemplo de eso. No me parece que alli funcione la correlacion “origen obrero-politicas de clase progresistas”

    Igualemente, coincido con el fenomeno de los millonarios, sobre todo, de una nueva raza de millonarios, muy diferente a los aristocratas del XIX. Brutos, incultos y, en este caso, enriquecidos a la sombra de relaciones irregulares con el Estado y la politica.

  5. Julia 16 septiembre, 2013 at 16:50 #

    Me pareció muy interesante la discusión. Creo que deberíamos reflexionar sobre por qué el 80% de los ciudadanos elige a una minoría que no representa sus intereses. Me surge la pregunta de si el problema no radica en la falta de accountability y la ausencia de mecanismos para influir en las decisiones de los legisladores una vez que estos ya han ocupado el cargo. Me pregunto si lo importante es que haya más legisladores de clase obrera, o encontrar los mecanismos para que aquellos que son elegidos por dicha clase realmente representen sus intereses, más allá de sus orígenes.

  6. Santiago A. 15 septiembre, 2013 at 22:17 #

    Muy interesante discusión El punto me parece sustantivo, porque la dirigencia latinoamericana es desproporcionadamente más. rica y educada que sus votantes, respecto a Estados Unidos u otros países desarrollados. No obstante, ¿qué tan sustantivo es observar la iniciación legislativa para evaluarlo? La enorme mayoría de la legislación es iniciada por el presidente, por lo cual los efectos de esas diferencias de composición pueden ser realmente marginales.

    Por ejemplo, se indica que “En una típica sesión legislativa en Argentina, la falta de legisladores de origen obrero se traduce en que se dejan de presentar aproximadamente unos 50 proyectos de ley con tinte progresista.” ¿Pero cuántos de esos 50 proyectos de ley, en una típica sesión legislativa, se hubieran convertido en legislación efectiva? ¿Cuál es el porcentaje de proyectos que se transforman finalmente en legislación? Imagino que muy pocos. En ese caso, la evaluación de ese sesgo de clase ¿no debería intentar observar el “policy outcome” antes que el “cheap talk” de los legisladores, al presentar proyectos sin ninguna perspectiva de ser siquiera discutidos?

    Muy interesante 🙂

    • Jorge López Arévalo 16 septiembre, 2013 at 16:32 #

      Interesante discusión en un blog plural: Con distintos acentos. Sin embargo, hay que hacer algunas observaciones. Considero que en los países de menor nivel de desarrollo en América Latina y el mundo no es la clase obrera la mayoritaria, es el caso de Honduras o Bolivia que refieren los autores. No es la relación capital-trabajo la relación fundamental, pues si bien la mayoría son pobres no existe un mercado de trabajo formado y muchos de ellos de desenvuelven en los márgenes, en la informalidad o trabajan sin percibir salarios en el campo.
      No creo que en el caso de México, Andrés Manuel sea rico, aunque en países como el nuestro (México) donde el 50% vive en la pobreza ser clase media es casi como ser rico, no lo sería en un país normal con mejor distribución del ingreso. En lo demás, si estoy totalmente de acuerdo.
      La democracia en México es puramente formal, las elecciones no son democráticas desde el momento que el duopolio televisivo es actor central en la guerra sucia contra los candidatos diferentes a los elegidos por ellos. El IFE dista mucho de ser autónomo y el Tribunal electoral igual.

    • Noam Lupu 17 septiembre, 2013 at 17:34 #

      Gracias por tu comentario, Santiago. Es un punto que suele surgir cuando presentamos estos resultados. Es cierto que en nuestro analisis de Argentina la clase social del diputado no afecta su voto, pero eso no implica que no afecta los “policy outcomes.” Hay que tener en cuenta que la observacion del voto de un diputado es condicionado por el hecho de que alguien haya propuesto ese proyecto de ley. Los que estudian la politica de los legislativos se han dado cuenta en los ultimos anos que la introduccion de proyectos de ley es un paso importante de “agenda-setting” que es poco monitoreado por los partidos y por los votantes. Por eso creemos que nuestros resultados demuestran que la falta de representatividad implica menos probabilidad de que los legisladores actuen cuando surgen oportunidades para introducir proyectos preferidos por la clase trabajadora.

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