“¿Contra el destino nadie la talla?” Los legados de la experiencia autoritaria latinoamericana*

¿Son algunas sociedades naturalmente democráticas? ¿Están ciertos países condenados a sufrir una historia de autoritarismo?

Según las teorías vigentes, la democratización depende de las condiciones específicas de cada país en un momento dado: el grado de desarrollo económico, la cultura política, el comportamiento de las élites, entre otros.  Aunque la historia importa, nada impide que un país con un pasado autoritario pueda tener un futuro democrático si las condiciones se vuelven apropiadas.

La cuestión de los legados históricos, sin embargo, parece ser bastante más compleja.  En un trabajo realizado con Scott Mainwaring, de la Universidad de Notre Dame, analizamos la experiencia de los regímenes latinoamericanos a partir de la “tercera ola” de democratización, entre 1978 y 2010. Si bien todos los países de la región, con excepción de Cuba, experimentaron elecciones libres y competitivas, estos logros fueron más marcados en algunos países que en otros.

Curiosamente, los países que alcanzaron mayores niveles de democratización en el período contemporáneo—Chile, Costa Rica y Uruguay—son justamente conocidos por su larga historia republicana, mientras que los países con mayores dificultades—Haití, Guatemala, Nicaragua—sufrieron prolongadas experiencias autoritarias durante el siglo XX.

El pesado lastre de la historia puede verse más claramente en los gráficos siguientes, que comparan los niveles de democracia alcanzados por los países de la región en el presente y en el pasado utilizando dos indicadores comúnmente empleados en la Ciencia Política contemporánea.

Niveles de democracia en el periodo actual (Freedom House) y en períodos previos (Polity)

Imagen6

El eje vertical de cada gráfico representa el grado de derechos políticos y libertades civiles medidos a través del índice de Freedom House, en el que 12 indica el mayor grado de democratización. Los valores fueron calculados como el promedio anual para el período posterior a 1977, comenzando a partir de 1978 en los casos de Colombia, Costa Rica y Venezuela, y de la transición democrática en el resto de los casos (Cuba no fue incluida).

Los ejes horizontales miden la experiencia histórica previa, capturada a partir del índice de Polity. Este índice varía entre -10 (autocracia) y 10 (democracia). A diferencia del índice de Freedom House, que comienza en 1972, Polity ofrece información anual para todo el siglo XX, lo que nos permite calcular los promedios para cada país en 1900-44 y 1945-77.

En ambos casos los gráficos muestran una correlación positiva, aunque imperfecta, entre las trayectorias del pasado y los logros del presente. Los países con mayor experiencia democrática fueron más exitosos al encarar el proceso de re-democratización, mientras que los países con fuertes legados autoritarios establecieron menos derechos políticos y libertades civiles en años recientes. Las líneas diagonales muestran la tendencia identificada por una regresión bivariada. Es interesante notar que incluso el período más distante parece ejercer influencia en la situación actual, conectando la historia de comienzos del siglo XX con la política del siglo XXI. Existen legados del pasado distante para el proceso actual de democratización, que es necesario explicar.

Esta continuidad histórica resulta intrigante si consideramos los vaivenes de la política latinoamericana a lo largo del siglo. A pesar de su pasado democrático, países como Chile (1973-90) o Uruguay (1973-85) sufrieron dictaduras brutales que buscaron transformar la vida política desde sus raíces.  Asimismo, incluso sociedades con largas historias de autoritarismo, lograron establecer regímenes competitivos en el contexto favorable posterior a 1978. En algunos casos, como El Salvador o Guatemala, estas transiciones superaron no solo el pasado autoritario sino también la herencia de la guerra civil. Estas rupturas históricas cuestionan cualquier argumento simplista sobre “trayectorias dependientes” (path dependence) en la vida de los regímenes políticos.

¿Cómo explicar entonces estos legados?  Una posible explicación radicaría en que existen factores profundos—como el grado de desarrollo económico o la heterogeneidad social—que cambian muy lentamente y que afectaban las posibilidades de democratización hace cien años de la misma manera en que lo hacen hoy. Esta explicación basada en causas invariables no resulta del todo plausible porque si controlamos por estas variables en una regresión multivariada, la correlación entre la historia democrática pasada y el grado de democracia presente no desaparece—incluso cuando empleamos efectos fijos por país para controlar por factores inobservables, como la supuesta “cultura democrática” de algunas sociedades.

Nuestra explicación para este fenómeno tiene que ver con la dinámica reproductora de las instituciones políticas. En algunos contextos históricos, y por razones no siempre fáciles de entender, las élites deciden invertir en la construcción de instituciones: partidos políticos fuertes, fuerzas de seguridad profesionales y respetuosas de la ley, o poderes judiciales independientes. Al igual que otras formas de inversión, la inversión en capital institucional puede resultar poco rentable en el corto plazo, pero tiende a generar beneficios acumulativos a lo largo del tiempo. Las instituciones reproducen sus valores y orientaciones, socializando nuevas generaciones y constituyendo una red de intereses alrededor de su funcionamiento.

De este modo, las instituciones se transforman en el vehículo inter-generacional que porta los comportamientos democráticos en el tiempo y los preserva de manera latente, incluso durante largos intervalos de dictadura. Por supuesto que nada garantiza este resultado. Las instituciones con raíces autoritarias pueden también conservar y reproducir prácticas antidemocráticas, lo que explica las dificultades para romper con largas tradiciones de intolerancia o patrimonialismo.

Reconocer el origen y el peso de estos legados históricos significa también asumir nuestra responsabilidad por los legados del presente. Nuestra inversión en capital institucional para fortalecer la democracia de hoy es quizás la única forma de desafiar el destino y transformarlo para las generaciones por venir.

* Contra el destino nadie la talla es una frase que forma parte del tango “Adiós Muchachos” (1927)

Acerca de Aníbal Pérez Liñan

Aníbal Pérez Liñan es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU).

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16 respuestas a “¿Contra el destino nadie la talla?” Los legados de la experiencia autoritaria latinoamericana*

  1. Bruna Cavalcanti 11 Abril, 2013 at 15:47 #

    Hola profesor,

    En primer hogar, me gustaría de felicitarlo por el excelente artículo. También lo felicito por hablar de las instituciones en América Latina a través de una mirada al autoritarismo militar y su legado, cuyas raíces son muy fuertes hasta el dia de hoy desde mi perspectiva. Como ya fue comentado acá, esto es un tema que la Ciencia Política ya dio por concluido, pero pienso que no debería ser así ya que hay mucho todavía por estudiar y comprender. Por ejemplo, usted habla de las instituciones, principalmente los partidos políticos, como una influencia en este legado y en estas democracias post dictaduras. Pero ¿y las Fuerzas Armadas? ¿Y los militares como Institución? ¿Cuál es la influencia de los mismos en la actualidad y la relación con el ejecutivo en países, como por ejemplo, Brasil?

    No sé si tú conoces bien el caso brasileño, pero es muy discutible en los días actuales la posición y hasta una cierta influencia de los militares en relación al gobierno. Por ejemplo, muy tardemente, comparado con países como Argentina, el Congreso de Brasil aprobó el 18 de noviembre de 2011, una ley que creó la Comisión Nacional de la Verdad. Este órgano tiene como principal objetivo investigar las violaciones de derechos humanos ocurridas durante la dictadura brasileña por los agentes del estado. Pero la principal crítica es que esta comisión no tiene el papel de juzgar los crímines cometidos durante los años de ´chumbo´. Otro punto crítico fue la dimisión del ex ministro de la Defensa en Brasil, José Viegas, en 2004, después de estar envuelto en críticas muy polémicas al comandante del Ejército Francisco Roberto de Albuquerque. En otras palabras: el punto principal para mi es entender este legado, que tanto fue hablado por ti, del punto de vista de la importante influencia del ejercito hasta hoy en países como Brasil.

    Así mismo, creo que es fundamental ´echar un ojo´ a las transiciones pactadas, considerando las importantes prerrogativas militares dejadas por dichos pactos. Evidentemente, esto es distinto en cada país. Y más aún cuando traemos a la discusión el concepto de Stepan, en el cual el propio autor se posiciona diciendo que una de las mejores maneras de medir la calidad de las nuevas democracias es mirar para el nivel y la evolución de las prerrogativas militares. Por eso pienso que es esencial observar la influencia que las Fuerzas Armadas siguen asumiendo dentro del Estado y en la sociedad.

    • Anibal 14 Abril, 2013 at 20:20 #

      Creo que hay dos temas importantes que estás mencionando aquí. Uno es el efecto de mediano plazo del modo de transición (pactado o no) sobre el proceso de democratización posterior. Un artículo d Robert Fishman y Omar Lizardo en el último número de American Sociological Review muestra que el modo de transición puede tener importantes consecuencias para la vida de la sociedad. El otro tema es el efecto de largo plazo de la organización militar sobre la calidad de la democracia. Las instituciones de seguridad reproducen prácticas que pueden ser funcionales a la democracia o muy problemáticas en el largo plazo (por ejemplo, si no forman a sus cuadros para respetar los derechos humanos).

  2. Joel Romero 20 Marzo, 2013 at 21:51 #

    Excelente publicación de “Con-distintos-acentos”. Profesor Pérez Liñan, tengo algunas preguntas a partir de la evidencia empírica y de la idea de la “dinámica reproductora de las instituciones”: ¿porque considerar a la democracia como, necesariamente, un beneficio al largo plazo para las élites? Otra pregunta sería ¿qué variables podrían explicar un desenlace nada esperado en entornos institucionales fortalecidos (como bien mencionó, el caso chileno y uruguayo)? Muchas gracias, y, repito, excelente post.

    • Anibal 21 Marzo, 2013 at 1:48 #

      Creo que no tengo una respuesta clara, pero me interesan mucho estos puntos. Una de las preguntas que más me intriga, justamente, es bajo qué condiciones las instituciones republicanas se desgastan y son reemplazadas por otra forma de gobierno. No estoy pensando en un colapso de manera abrupta (como en el caso de un golpe militar) sino en el surgimiento otra forma de gobierno, generalmente con poder concentrado en una persona, que se (auto) justifica y construye su legitimidad a partir de la necesidad de renovar y salvar esas instituciones decadentes. Sospecho que este proceso se origina mucho antes de que aparezca la persona que concentra el poder. Y justamente tiene que ver con que, en algún momento, las élites dejan de considerar las instituciones como una fuente de beneficios en el largo plazo y entonces dejan de invertir en ellas (lo que es más, comienzan a debilitarlas para obtener más poder en el corto plazo). Quien finalmente logra concentrar el poder en nombre de la salvación de la república es apenas el competidor más talentoso en este juego, pero no el único responsable. Lo más interesante es que este patrón de erosión institucional no se observa solamente en las democracias modernas. Creo que podemos pensar en el fin de la República Romana como un ejemplo clásico de este proceso.

  3. Santiago A. 20 Marzo, 2013 at 21:40 #

    Aníbal, muy buen post, en particular porque como destaca Fer en otro comentario, las transiciones y las democracias posteriores pueden tener raíces históricas complejas.

    pero tengo una pregunta: si el nivel de ingreso (per capita) de principios de siglo xx es un buen predictor del nivel de ingreso al final del siglo, ¿cómo hacés para distinguir el efecto de uno y otro? volviendo a los “modernizadores”, el nivel de desarrollo relativo puede explicar aquellas instituciones democraticas incipientes y tambien estas democracias de tercera-ola.

    no sólo las instituciones, sino tambien el nivel de desarrollo es path-dependent.

    un abrazo

    • Anibal 21 Marzo, 2013 at 1:30 #

      Hmm, muy buena pregunta. En el análisis estadístico controlamos por el nivel de ingreso y por la experiencia democrática, y las dos variables tienen un efecto positivo sobre el nivel de democracia actual. Posiblemente las diferencias de nivel de ingreso en el pasado (digamos, a comienzos del siglo XX) hayan favorecido el desarrollo de una experiencia democrática más temprana en ciertos países, pero en tal caso el nivel de ingreso del pasado estaría ejerciendo un efecto indirecto sobre el nivel de democracia actual a través de la experiencia democrática previa (y también a través del nivel de ingreso actual). La pregunta pendiente es de qué manera la experiencia democrática pasada (más allá de sus causas) puede tener un efecto sobre el presente. No sé si esta respuesta es muy clara, pero se puede ver el estudio con los modelos estadísticos aquí: http://pittsburgh.academia.edu/AnibalPerezLinan/Forthcoming-papers

  4. Mara 20 Marzo, 2013 at 19:39 #

    Me parece excelente el post sobre todo porque plantea cuestiones que desafían ciertas premisas como la idea del path dependence.
    Al leerlo, sin embargo, no puedo evitar pensar en cuanto de la inversión institucional democrática no está influenciado, más a nivel de elites, por el modo de transición. Para simplificar, me refiero a transiciones pactadas y no pactadas.
    Y ahí es donde automática reflexiono sobre el caso chileno. Chile aparece como uno de los países con mayor legado histórico democrático, lo que explica su performance democrática actual, pero no se considera que la Constitución Chilena cuenta con enclaves autoritarios y poco han hecho las elites politicas por reformarlos.
    Finalmente, dos de los tres países que presentan mayor nivel de democratización: Chile y Uruguay, cuentan, paradojicamente, con transiciones pactadas, legados institucionales autoritarios y no revisión de lo cometido durante las dictaduras. Tiendo a pensar que es cierto que el path dependence no impacta tanto como se refiere tradicionalmente y coincido en que las instituciones son un vehículo intergeneracional, pero me pregunto si son las instituciones formales las que resultan ser ese vehículo o si en verdad hay instituciones informales – que generalmente suelen ser denomindas como cultura política – que bien podrían explicar alta perfomance democrática con diseños institucionales formales no tan democráticos.

    • Anibal 21 Marzo, 2013 at 0:41 #

      Buen punto. Creo que la cuestión de los “pactos” (formales o informales) es muy importante. Sospecho que lo que ocurre es que los pactos hacen la transformación democrática mucho más lenta (en el caso de Uruguay, esto se ve claramente en la composición de la clase política en términos de edad y género), pero, en la medida en esta transformación que se produce, mucho más estable. Con instituciones fuertes, los avances son difíciles de negociar pero son más fáciles de sostener a lo largo del tiempo.

  5. Gabriel 19 Marzo, 2013 at 13:13 #

    Hola Aníbal. Muy interesante el post.
    En el texto abordas dos ejes que me gustaría cuestionar: antecedentes autoritarios y estabilidad económica.
    Muchos de los países latinoamericanos sufrieron dictaduras pero con diferentes intensidades. No se puede comparar las dictaduras de Venezuela y Ecuador antes del retorno a la democracia con las dictaduras en Chile y Uruguay durante el mismo periodo. Esto coincide con la reciente emergencia de presidentes (populistas) que cuestionan permanentemente los fundamentos del sistema democrático en los primeros países, lo que no ocurre en los segundos. ¿Será entonces que las elites de los países que sufrieron dictaduras cruentas tienen mayor respeto e interés por la democracia?
    La prosperidad de los primeros países, que proviene de su dependencia rentista, también permite cierto autoritarismo que no sería posible si el caudal de recursos se cortara.
    Te esperamos en mayo en Salamanca.
    Saludos.

    • Anibal 21 Marzo, 2013 at 0:49 #

      Es verdad, sin duda los procesos de aprendizaje político son muy importantes, y las experiencias traumáticas de las dictaduras más represivas representaron formas de aprendizaje para los actores políticos (en algunos países, como bien marcabas, más que en otros). Lo que me parece más interesante es de qué manera las instituciones (sobre todo los partidos) transfieren ese aprendizaje a nuevas generaciones que no tuvieron esa experiencia directamente. El caso de Venezuela es un buen ejemplo, porque hubo un aprendizaje de la clase política entre 1948 y 1958 y parte de ese aprendizaje se sostuvo en años posteriores. Pero lo que se transmite a cada generación no es siempre lo mismo; el liderazgo de cada nueva generación reinterpreta las lecciones y modifica los compromisos. Esto es lo que hace que el proceso de reproducción institucional sea dinámico. Nos vemos pronto!

  6. Fernando 19 Marzo, 2013 at 5:01 #

    Excelente post. Creo que la incorporacion de de un plano historico en el tema de las transiciones es fundamental y no muy tenido en cuenta. Ahora bien, te propongo un ejercicio para complicar un poco las cosas. Incluyamos en el grafico los paises de Europa de sur que transitaron el camino a la democracia unos años antes de los latinoamericanos, Portugal y España. Asi tendriamos el conjunto paises iberoamericanos representado. Ahora el resultado seria diferente, pues paises con legados autoritarios muy fuertes, sin embargo, estarian entre los mas democraticos en la etapa post transicion. Mi pregunta es ¿que explicaria la diferencia? ¿la pertenencia a Europa?

    Se me ocurre que podria tener que ver con el desarrollo de estructuras estatales densas, con burocracias e infraestructuras que facultan el dominio de las nuevas elites y que ayudan a que el cambio de regimen llegue a concluir exitosamente, es decir, con un grupo que reemplaza al otro como dueños del poder. Paises como NIcaragua y Haiti carecian de eso. No conozco el caso guatemalteco. Pero podria ser una explicacion. Quizas es mas facil la primera, decir que Europa es diferente.

    El texto me gusta mucho y creo que es una agenda que la Ciencia Politica ya dio por terminada y que deberia repensarse. Saludos

    • Anibal 21 Marzo, 2013 at 1:03 #

      Claro, es verdad. La cuestión fundamental es que el nivel de democracia está determinado por múltiples factores (y entre ellos, las influencias regionales son muy poderosas). Y como las medidas de democracia tienen un límite superior, cuando hay varios factores favorables poderosos, los casos son difíciles de distinguir. Esto significa efectivamente que otros mecanismos ayudan a compensar (al menos en el corto plazo) los legados autoritarios. Pero en aquellas regiones en que los casos presentan variación, sospecho que en general vamos a encontrar una correlación entre historia democrática pasada y nivel de democracia en el presente.

  7. José 19 Marzo, 2013 at 2:34 #

    Aníbal, creo que la propuesta de explicación es plausible, si bien no puede dejar de pensar en la existencia de instituciones informales, cuya resistencia podría ser incluso más importante que la inversión institucional o en el desarrollo de instituciones. Especialmente allí donde el papel de las reglas informales no es de acomodación -como en el caso de Chile- (Siavelis, 2005), o complementariedad (como pudiera ser el caso de Brasil, a partir de 2002). En tal sentido, puede darse una paradoja: la existencia de altos niveles de inversión en instituciones con -al menos a corto plazo- resultados decepcionantes. Se me ocurre México como caso paradigmático, y en el caso inverso, Uruguay (no demasiada inversión, sino más bien la persistencia de patrones democráticos arraigados en la sociedad). Para sintetiza, me parece un argumento plausible, aunque yo incorporaría en el análsis, el carácter y nivel de resistencia de las reglas informales -al estilo de Helmke y Levitsky (2005)- ya que -casi por definición- ninguna sociedad invertirìa a través de sus elites, en el desarrollo de estas últimas.

    • Anibal 21 Marzo, 2013 at 0:57 #

      Sí, estoy de acuerdo con esto. Intuyo que lo que ocurre dentro de las organizaciones formales (los partidos, el poder judicial, el ejército) es que reproducen pautas de comportamiento informal que pueden ser más o menos funcionales a la democracia. Por poner un ejemplo cercano, lo mismo ocurre en las universidades. La institución formal (digamos, un seminario) puede ser la misma en dos casos, pero las pautas informales (sobre cómo debatir, o sobre cómo respetar las opiniones de otros) pueden ser completamente distintas en dos seminarios aparentemente similares.

  8. Agustín 18 Marzo, 2013 at 18:21 #

    El argumento es interesante porque cuestiona las explicaciones deterministas y presenta evidencia empírica en su contra. Sin embargo me sugren las preguntas: ¿Por qué las élites políticas habrían de invertir en un capital que solo tendría efecto al largo plazo?, ¿Qué variables estuvieron presentes en los países en cuyas élites desarrollaron instituciones duraderas y democráticas, y ausentes en los países en que no existieron en este tipo de instituciones?, ¿Solamente las élites son los actores capaces de crear instituciones?
    Saludos y muy bueno el blog

    • Anibal 18 Marzo, 2013 at 21:20 #

      Gracias, Agustín. Excelentes preguntas. No tengo respuestas definitivas, pero se me ocurren dos ideas. Por elites me refiero generalmente a líderes(as) con poder o influencia, más allá de su status social o de su posición económica. No son solamente las elites quienes construyen instituciones, pero su influencia es decisiva para orientar la conducta de sus seguidores en favor de las instituciones o en su contra. Sin embargo, ¿por qué deberían estos líderes (y sus seguidores) invertir en instituciones que tienen efectos en el largo plazo? Creo que necesitamos una teoría más desarrollada sobre la inversión social para responder a esta pregunta, pero quizás podemos pensarla como un problema de acción colectiva inter-temporal: si todos invertimos en instituciones, todos (nuestros descendientes) estarán mejor en el largo plazo, pero todos tenemos incentivos para explotar los beneficios actuales ofrecidos por las instituciones sin invertir para el futuro. Por ejemplo, un candidato popular que se beneficia de una elección competitiva tiene incentivos, una vez en el poder, para que la próxima elección ya no sea tan competitiva. El punto es que quizás haya ciertas circunstancias históricas en las que las elites se beneficien directamente de la construcción institucional (tal vez porque perciben la inversión en instituciones como una forma de construcción de capacidades estatales). Pero cuando las elites perciben las instituciones apenas como una forma de auto-limitación frente a sus adversarios, no parece probable que quieran invertir en su fortalecimiento. No sé qué variables distinguen tales situaciones, pero quizás esto explique la dificultad de romper estos patrones en el tiempo: la contribución de las instituciones a la capacidad estatal (y por tanto, al poder de las elites) es visible después de que se ha producido una inversión sostenida, pero no en el momento inicial en que las elites deben auto-limitarse.

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