Coordinación estratégica entre entidades gremiales agropecuarias y élites partidarias a partir del conflicto del 2008 en Argentina

“Estamos frente a una oportunidad histórica para
el gremialismo agropecuario (…)[1]

Entre marzo y julio de 2008[2] la Argentina vivió un profundo conflicto[3] protagonizado por las principales entidades gremiales de un poderoso sector agropecuario[4] y el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner elegido en octubre de 2007. El “conflicto de campo” tuvo su origen en la Resolución Nro. 125 del Ministerio de Economía, la cual, en el marco del continuo incremento de los precios internacionales de las commodities, establecía un sistema de retenciones móviles a las exportaciones de oleaginosas (fundamentalmente soja). Así, el 11 de marzo de 2008 se daba inicio al más profundo paro y lockout agropecuario en la historia del país. Como corolario, las elecciones de medio término de 2009 estarían marcadas por un elemento singular: el ingreso de referentes de origen gremial-agropecuario en las listas partidarias y, como resultado, en el Congreso Nacional (Figura Nro. 1).

Figura Nro1De dicha constatación surgen preguntas como: ¿Las entidades representativas del sector pretendieron negociar lugares en las listas de los partidos de la oposición para promover sus intereses de grupo? ¿O fue ello el resultado de una estrategia netamente partidaria en un contexto en el que el sector se había vuelto depositario de un importante capital político?En el marco de los estudios sobre la vinculación entre grupos de interés y partidos políticos, el objetivo de este post es presentar uno de los principales hallazgos arrojados por una investigación sobre el proceso de coordinación electoral entre la elites agropecuarias y partidarias que tuviera lugar de cara a las elecciones de 2009.Desde la teoría sobre coordinación estratégica (Cox 1997), es factible conjeturar que dado el contexto de oportunidad generado por el conflicto, las elites agropecuarias buscaron el apoyo partidario a candidaturas propias o promovieron su incorporación a ciertos partidos con posibilidades de obtener cargos, con la intención de lograr la representación institucional de sus intereses.
Sin embargo, el caso analizado contradice los presupuestos del modelo de Cox en este sentido. La nominación de referentes de origen gremial agropecuario demostró ser consecuencia de decisiones estratégicas tomadas por los debilitados partidos políticos de la oposición al gobierno de turno, orientadas a la maximización de su performance electoral en el corto plazo.El paro de 2008 comienza siendo uno de los históricos reclamos del agro por precios, impuestos o condiciones de producción[5] para convertirse en un conflicto sin precedentes capaz de alterar el escenario político nacional en varias dimensiones. Concentrada geográficamente en la principal zona de producción sojera del país (figura Nro. 2), la movilización sectorial que el conflicto trajo aparejada demostró no ser una cuestión meramente coyuntural. Era, por el contrario, expresión de un cleavage que hasta el momento había permanecido latente, pero que se venía observando electoralmente en el peculiar respaldo a terceros partidos nacionales [6] (Escolar 2003, Calvo y Escolar 2005). Hasta entonces dicho cleavage no se había activado ni había adquirido entidad propia por la incapacidad de las elites políticas y de los electores de coordinarse electoralmente a través de las distintas provincias en que el mismo se encontraba regionalizado. Del mismo modo, imposibilitada la coordinación interdistrital de una propuesta política agropecuaria unificada en 2008 –la formación de un partido agrario- en la zona de implantación del conflicto, y dado el tradicional desinterés del agro por la participación electoral, en 2009 dicho clivaje solo pudo traducirse en candidaturas agropecuarias dentro de las listas de los partidos de la oposición.Figura Nro2En efecto, la movilización sectorial constituiría una coyuntura crítica para el sector y para el sistema político en su conjunto. Esta daría lugar al desarrollo de un contexto de oportunidad que permitiría la incorporación del sector en el proceso electoral, punto de inflexión para un grupo que tradicionalmente se había mantenido al margen de la política electoral y que ahora era llamado al juego de los cargos por votos.El análisis de las entrevistas realizadas a los protagonistas partidarios y sectoriales del proceso abordado demuestra que, contrariamente a lo esperado, el agro no promovió su nominación de forma activa. Dicho proceso fue una decisión de coalición estratégica motorizada por los partidos para mejorar sus posibilidades de éxito electoral en las primeras elecciones post-conflicto.

Ante la oportunidad de canalizar sus reclamos a través del sistema partidario en un momento en que las condiciones para hacerlo eran notablemente propicias, el grupo se mantuvo prescindente. No obstante, la coordinación electoral entre el sector y las elites partidarias fue posibilitada por la incapacidad del agro de coordinarse y constituirse en alternativa electoral y por las expectativas de los partidos sobre la coordinación de las preferencias del electorado allí donde el sector había demostrado tener mayor capacidad de movilización.

Como consecuencia, los hallazgos de la investigación permiten concluir que el presupuesto del modelo de Cox (1997 215, 2004) según el cual en un contexto de permeabilidad de los avales partidarios el grupo pretenderá conseguir lugares expectantes en las listas, es objetado por la evidencia empírica. Tanto las investigaciones históricas sobre el sector como el relato de los entrevistados evidencian la aversión política del grupo. Por lo tanto, la efectiva permeabilidad del proceso de aval partidario y el contexto de oportunidad existente no resultaron condiciones suficientes para el desarrollo de una estrategia sectorial de negociación de candidaturas propias. Al respecto, la investigación demuestra que tanto el sistema político (partidos, instituciones electorales, federalismo y lógica de funcionamiento legislativo) como el propio sistema de intereses constituyen límites para la coordinación electoral por parte de un grupo de interés aun bajo excepcionales condiciones de oportunidad política.

Bibliografía:

Arceo, E., Basualdo, E. y Arceo, N. 2009. La Crisis Mundial y el Conflicto del Agro. Buenos Aires: Ed. La Página.

Basualdo, E. 2008. “El agro pampeano: sustento económico y social del actual conflicto en la Argentina”, Cuadernos del CENDES año 25. n° 68, Tercera Época, Pp. 29-54.

Calvo, E. and Ponce, A., 2013. “Meet the Producer: Exchange Rate Shocks, Media Salience, and the Legislative Importance of Economic Sectors in Argentina”. Studies in Comparative and International Development (SCID), Vol. 48, Issue 4: 331-355.

Calvo, E. y Escolar, M. 2005. La Nueva Política de Partidos en la Argentina: Crisis Política, Realineamientos Partidarios y Reforma Electoral. Buenos Aires: Prometeo.

Cox, G. W. 2004 (1997). La coordinación estratégica de los sistemas electorales del mundo. Hacer que los votos cuenten. Barcelona: Gedisa.

Escolar, M. 2003. “De lo obvio y lo oculto en las elecciones presidenciales 2003. Transversalidad, realineamiento partidario y volatilidad electoral en Argentina”. Documentos de Trabajo. Buenos Aires: Fundación Pent.

Gras, C. 2012. “Empresarios rurales y acción política en Argentina”. Estudios Sociológicos Vol. XXX, Núm. 89.

Grossman, G. and Helpman, E. 1996. “Electoral Competition and Special Interest Politics”. Review of Economic Studies vol. 63: 265-286.

Manzetti, L. 1992. “The Evolution of Agricultural Interest Groups in Argentina”. Journal of Latin American Studies. Volume 24, Issue 03: 585 – 616.

 

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Breve presentación del principal argumento de mi tesis doctoral: “Partidos Políticos y Grupos de Interés en Argentina. Un Estudio sobre la Coordinación Estratégica entre Entidades Gremiales Agropecuarias y Elites Partidarias a partir del Conflicto del Año 2008”. EPyG, UNSAM, Buenos Aires, Argentina, 2014.

[1] Comunicado de la Asamblea de Salliquelo (Provincia de Buenos Aires) realizada el 17/03/08. Fuente: Prensa Carbap.

[2] El voto no positivo del entonces vice-presidente Julio Cobos que evitó que la Resolución N° 125 se convirtiera en ley en el Senado de la Nación el 17 de julio del año 2008, marcó el fin (al menos transitoriamente) de la lucha sectorial (http://edant.clarin.com/diario/2008/07/17/um/m-01717007.htm). Sin embargo, el desenlace de la 125 fue solamente el prólogo de lo que de manera políticamente aun más significativa estaba por darse en el plano electoral.

[3] Fue un enfrentamiento inédito, tanto por su duración como por la inusual cohesión alcanzada por las organizaciones principalmente representativas del agro pampeano y los métodos utilizados durante su desarrollo (cortes masivos de rutas, desabastecimiento de alimentos a los centros urbanos, alianzas con los transportistas, cacerolazos, etc.) (Basualdo y Arceo 2009).

[4] El paro agrario fue esencialmente impulsado por las bases del sector y organizado y dirigido por sus principales entidades gremiales (CRA, FAA, SRA y CONINAGRO), quienes desde la Mesa de Enlace lideraron el conflicto.

[5] Como sostiene Manzetti en su estudio sobre la evolución de los grupos de interés agrícolas en Argentina (1992: 586), “most agricultural interest groups have consistently resisted governmental attempts to jeopardise their vested interests in areas like land taxation, export tariffs, and price controls”.

[6] Estudios electorales precedentes han demostrado la presencia de un comportamiento electoral divergente a la media nacional en el mismo espacio interprovincial donde se concentró el conflicto. Se trata de un proceso de la tendencia a la territorialización del voto obtenido por terceras fuerzas nacionales de diferente signo político (UCD, APR, FREPASO).

Acerca de Natalia Del Cogliano

Natalia del Cogliano es Doctora en Ciencia Política por la Universidad Nacional de San Martín. Becaria Post-doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

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