Criterios para hacer una antología de poesía: la uruguaya Ida Vitale y Todo de pronto es nada

En el artículo aparecido recientemente en ABC con el título “Poética y políticas de las antologías” Jaime Siles reflexiona sobre los criterios, función y proyección de una compilación poética a partir de La cuarta persona del plural (Mora, 2016).

En su opinión, las antologías son decisivas y necesarias porque “sancionan y ratifican”, apuestan por un canon, siempre arbitrario, siempre personal, pero fruto de un método y un modelo de lectura que resulta siempre, de un modo u otro, clarificador. Las antologías temáticas o las que se refieren a periodos históricos suelen ser las que gozan de mayor consenso y aceptación por parte de críticos literarios y lectores. Más difícil es el asunto cuando las antologías se refieren a lo estrictamente contemporáneo o muy reciente literariamente hablando. En este sentido, antologías como las de Gerardo Diego o José María Castellet, pese a las ausencias –y la cuestión de género es relevante aquí-, son representativas y ya clásicas.

En efecto, el antólogo, la antóloga propone un nuevo panorama, abre sendas, no siempre fáciles y en ocasiones polémicas, que suele justificar en un prólogo previo en el que aparecen los criterios por los que se guió para su selección.

Cuando Ediciones Universidad de Salamanca me asignó la tarea –encargo que asumí como un regalo- de realizar una antología de la obra completa de la uruguaya Ida Vitale, XXIV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, decidí tener en cuenta, tras intensas lecturas de la mayor parte de su obra, varios criterios de selección que fundamenté y expliqué en el prólogo correspondiente titulado “Territorios minados, puentes dinamitados, paisajes vivos”. En primer lugar, el rigor desde un punto de vista editorial y conceptual, formal y estético, lo que fue hasta cierto punto sencillo por el esmero, profesionalidad e implicación en la maquetación y elaboración física del libro por parte de la editorial. La exhaustividad en la lectura y posterior selección me parecía a todas luces imprescindible. En segundo lugar, la coherencia en la elección de los poemas. Esta coherencia marcó la propia estructura del libro, dividido en cuatro etapas que apuntaban a cuatro estéticas posibles, cuatro momentos en la larga trayectoria de la escritora uruguaya que también correspondían a varios países y a cómo el ambiente cultural de cada uno de ellos nutrió su poesía: Uruguay, México, Estados Unidos. En tercer lugar, frente la audacia y la originalidad como criterio, opté por ser más clásica en esta ocasión a la hora de seleccionar los poemas. Esto puede ser discutible –más aun en el caso de una creadora que experimenta y arriesga siempre, es sumamente versátil y va de la poesía pura, esencial, despojada al juego irreverente con el lenguaje-, pero la razón que aduje es que la obra de Vitale precisa todavía una visibilidad que no ha tenido, especialmente en España. Elegí, pues, poemas representativos y no los más raros o atípicos porque quería que su figura pudiera ser conocida y reconocida de manera completa, integral. En un segundo momento, en otro libro, si sería interesante hacer una criba de la criba, pero no era el objetivo de un compendio que no sólo es para especialistas, sino que pretende dar a conocer una obra consagrada en un país en el que todavía no lo es. Escogí por ello también una estructura cronológica y no temática, menos original, es cierto, pero lo hice porque me parecía que se avenía mejor con el hilo vital y creativo de la autora. Los primeros libros, publicados en Uruguay, correspondían a una etapa de formación en la Universidad de la República y en el grupo de la Generación del 45 con Amanda Berenguer, Carlos Maggi, Mario Benedetti. La luz de esta memoria, Palabra dada o Paso a paso  pertenecen a esta primera etapa que yo he titulado “La luz, la noche. Sus preguntas”. Una segunda etapa posible es “De tiempo, presagios y orillas”. Constituye una época más experimental, más de lenguaje, más compleja –neobarroca casi pues Enrique Molina y Oliverio Girondo laten de fondo-.

A ésta pertenecen los libros Jardín de sílice o Sueños de la constancia. Por último, la tercera etapa llamada “Asombro, lenguaje, asombro” incorpora nuevas búsquedas e intereses: la prosa de Léxico de afinidades o Donde vuela el camaleón, que es, por otra parte, una de las novedades de la edición porque otras antologías optan por no incluir muestras de sus poemas en prosa. Rigor, coherencia, visibilidad de lo más representativo. Y, por supuesto, y esto es imposible de argumentar: el criterio del gusto o sensibilidad personal, pues como dice la propia Vitale “en un libro cabe el azar. En una antología reina” (Vitale, 2015, 9)

Para acometer tal reto conté con algo muy valioso: la lectura y apoyo de la propia autora y de su marido, el extraordinario crítico literario y poeta desaparecido hace unos meses Enrique Fierro. Su mirada fue una mirada doblemente autorizada, además, por su doble condición de críticos y poetas. Las conversaciones con ambos fueron iluminadoras porque me ayudaron a entender sus diferentes apuestas y estéticas –es clásica y simultáneamente vanguardista-, a fijar la última versión de los textos, a comprender cómo entiende la propia Ida Vitale el mundo, pero también el arte, la filosofía, la poesía, el cine. Y los entiende desde una curiosidad e inquietud admirables, desde una búsqueda infatigable, desde el deseo voraz de descubrir otros horizontes. Su sed de conocimiento se relaciona de manera evidente con su erudición –aunque es una poeta “más docta que culturalista” como señaló hace unas semanas Juan Antonio González Iglesias en la jornada homenaje a la uruguaya-, con su dominio de la tradición cultural, con su espíritu humanista –lee y traduce del italiano, del francés, del portugués, del inglés-. Para Vitale la poesía es enigma, misterio en una concepción simbolista de la creación, pero también es trabajo, esfuerzo, corrección, tiempo. La autora es “dueña y soberana del lenguaje” y tiene, como todo poeta imprescindible, “un idioma propio” (Juan Antonio González Iglesias)

En definitiva, esta antología de título de raigambre barroca –Todo de pronto es nada– supone un recorrido por la extensa trayectoria de la uruguaya que se acompaña de dos poemas inéditos, un poema manuscrito –“Accidentes nocturnos”- y una amplia bibliografía crítica que espero sea útil para los lectores y futuros investigadores.

Todo antólogo ofrece su propio libro. Como antóloga de Todo de pronto es nada de Ida Vitale, ofrezco el mío.

 

Bibliografía

Bruña Bragado, María José (2015). Todo de pronto es nada. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca

Mora, Vicente Luis (2016). La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015). Madrid: Vaso Roto.

Siles, Jaime “Poética y políticas de las antologías” ABC (16 de mayo de 2016) http: www.abc.es/cultura/cultura/abci-poetica-y-politica

Vitale, Ida (2015). Cerca de cien. Antología poética. Madrid: Visor.

Acerca de María José Bruña

María José Bruña es Profesora de la Facultad de Filología e Investigadora Titular del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.
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