Crónica de una muerte no anunciada: elecciones brasileñas después de Campos

Eduardo Campos, de 49 años de edad, candidato a la presidencia de la República de Brasil del Partido Socialista Brasileño (PSB), falleció esta mañana en un accidente de avión en Santos, a 77 km de distancia de São Paulo. Las primeras informaciones indican que el mal tiempo en la zona puede haber contribuido al accidente, que mató a Campos y a seis otras personas, cuatro de las cuales estaban vinculadas a su campaña y dos miembros de la tripulación. Inmediatamente después del acontecimiento, los medios de comunicación y las redes sociales fueron tomadas y la muerte del candidato se convirtió en el asunto más comentado en Twitter. Tal movilización se debe a que Campos, ex-gobernador de Pernambuco, un estado en el Noreste brasileño, era uno de los principales candidatos en las elecciones de octubre. Su alta taza de aprobación (92%) al final de su gobierno, su disposición diplomática y conciliadora, y su larga trayectoria familiar (Campos era el nieto de Miguel Arraes, importante líder de la izquierda brasileña en el siglo XX), hicieron de Campos uno de los líderes políticos nacionales más exitosos y prometedores de Brasil.

Aunque su partido se negó a discutir la continuidad de la campaña en el momento inmediato de la muerte de su candidato y presidente nacional, el vacío dejado por el fin de la candidatura de Campos abrió espacio para una serie de dudas y cuestionamientos de la opinión pública como de los periodistas y académicos. La pregunta básica es qué sucederá ahora. La más importante y difícil será determinar cuál será el impacto de la muerte de Campos en las elecciones del 5 de octubre.

Lo que importa saber por el momento es que Campos puede ser substituido por cualquier votante afiliado a cualquier de los dos partidos de su coalición (aparte del PSB, un partido de centro izquierda de tamaño medio, integran la coalición el Partido Popular Socialista, también de la centro-izquierda, y los pequeños PHS, PRP, PPL y PSL). Esta decisión debe ser tomada dentro de los próximos diez días por las directivas de estos partidos. Ellas también pueden decidir no reemplazar a Campos, retirando su candidatura. En este caso, los recursos otorgados a la candidatura por la legislación brasileña, como el tiempo de publicidad electoral en la radio y la televisión, no serán redistribuidos. Esto significa que la coalición detrás de Campos difícilmente será cooptada por cualquier de las otras candidaturas, lo que consecuentemente produciría incluso mayores alteraciones en el escenario electoral brasileño.

El resultado más probable es que Campos sea substituido por la candidata a la vicepresidencia de su coalición, Marina Silva. Silva es la principal líder del movimiento ambientalista brasileño y es una militante experimentada de los movimientos sociales basados en la Amazonia. En 2010, Silva salió tercera en las elecciones presidenciales, conquistando 19,3% de los votos. Su porcentaje de votación, el más alto para un tercer candidato desde 1989, fue fundamental para obligar la disputa de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, finalmente ganadas por Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores, contra José Serra, del Partido de la Social-Democracia Brasileña.

Tras esas elecciones, no obstante, Silva había abandonado el Partido Verde por diferencias con la dirección del partido para formar su propia organización, la Red Sustentabilidad. Como la Red no fue capaz de satisfacer los requisitos para el registro de la organización, Silva se alió con el PSB de Campos pocos días antes del final del plazo que permitía su candidatura, y entró en un acuerdo con él para que competieran juntos en las elecciones.

Las encuestas de opinión pública realizadas a inicios de este año mostraron que Silva siempre fue una candidata más popular que Campos. Mientras menos de 9% de los electores escogían a Campos como su candidato en 2014, 27% apoyaban cuando las encuestas incluían a Silva como candidata del PSB en las elecciones. Esto sugiere que la sustitución de Campos por Silva puede incrementar el voto por el PSB, minimizando las chances de re-elección de la Presidenta Rousseff, incluso en en la primera vuelta de los comicios. El recuerdo de los buenos resultados de su candidatura anterior a la Presidencia puede provocar un acercamiento en los niveles de intención de voto a Aécio Neves, candidato del PSDB, cuyo resultado en las últimas encuestas se aproxima a 23%. La conmoción provocada por la muerte del candidato original puede mejorar incluso más el desempeño de Silva, haciendo significativamente más incierto el resultado de las elecciones brasileñas en octubre.

Sin embargo, un elemento que puede disminuir el impacto de la tragedia de hoy es el tiempo que falta hasta los comicios. Marcadas para el 5 de octubre, las elecciones todavía están lo suficientemente distantes para que la candidatura de Silva pierda parte de su carácter excepcional y sufra menos de los efectos que lo inesperado puede ofrecer. Incluso más, la campaña por los comicios presidenciales comenzó muy recientemente (a mediados del mes de julio) y la transmisión de propaganda política por la TV sólo comenzará la semana que viene. Cualquier elemento extraordinario producido por los acontecimientos de última hora probablemente pueda ser borrado por la continuidad de la campaña.

Una eventual segunda vuelta electoral, con la participación de Silva – algo que parecía poco probable para Campos – tiende a producir incluso más novedades. Su candidatura a esas alturas a lo mejor podría convertirse en la depositaria de los votos del electorado del PSDB, el principal partido de la oposición al PT, que se sumarían a los votos de la propia Silva. Dado su origen en la izquierda, Silva también puede ganar parte del voto por Rousseff y el PT. Además, es posible que su afiliación a los movimientos religiosos movilice al electorado evangelista, que hoy compone cerca de 20% de la población brasileña. En este escenario – optimista para la candidata de la Red Sustentabilidad y muy posible en este escenario – Silva se convierte en una candidata extremamente competitiva, con razonables chances de ganar las próximas elecciones presidenciales.

Falta saber si el PSB confirmará las expectativas nombrando a Silva como la nueva candidata. Aunque ésta parezca una decisión natural, esta decisión no está tan clara en estos momentos. Como Silva se alió con el PSB apenas tras el fracaso de su iniciativa de formar un nuevo partido propio y dejó claro que su alianza con el PSB era temporal (la candidata anunció que se esforzaría por obtener el registro de su propia organización a partir de octubre), las élites partidistas pueden no estar dispuestas a concederle la principal posición en la candidatura y el liderazgo de la coalición.

Para ilustrar los cálculos que las elites socialistas probablemente ya hicieron, imaginemos que una victoria de Silva en la disputa electoral de octubre produzca tres posibles escenarios. La candidata vence en las elecciones compitiendo por el PSB, pero deja el partido para formar la Red, haciendo del PSB un aliado en la coalición del gobierno. En este escenario, el partido elige el presidente, pero termina no ocupando la presidencia. En un segundo escenario, Silva permanece en el PSB, pero mantiene la Red como una organización paralela. En estas condiciones, el partido tendrá la presidencia, pero adquirirá un estatus de rehén, constantemente amenazado por su desafiliación. En el tercer escenario, Silva se convierte en la nueva líder principal del PSB, incorpora la estructura existente de la Red y sus militantes en la estructura partidista del PSB y, como en los cuentos de hadas, vive feliz para siempre. Esta opción es, mientras tanto, la más complicada, dada la trayectoria política de Silva, su esfuerzo anterior por organizar su propia estructura partidista, y el modelo de organización de los partidos brasileños, en el cual las elites regionales tienen un considerable poder de veto sobre los caminos de la organización nacional (el PSB ganó 6 gobernadores de estado en 2010).

Sea cual sea la configuración de la lucha que se aproxima – y recordando que cualquier alteración substantiva sería una hazaña herculiana de la candidatura de Silva dada la estabilidad y la bipolaridad entre el PT y el PSDB en las elecciones presidenciales desde 1994 – el fallecimiento de Campos involuntariamente demuestra la robustez de la joven democracia brasileña. La incertidumbre acerca de los resultados electorales persiste, los principales candidatos están vinculados a los mayores partidos en Brasil e incluso su eventual substituta es una de las principales líderes políticas del país, y la conmoción provocada por la muerte del joven político produjo variadas demostraciones de respecto y consternación, dando cuentas del respeto que la sociedad y sus elites tienen por aquellos que participan en la buena lucha de la política democrática.

Acerca de Fernando Bizarro y Bilyana Petrova

Fernando Bizarro Neto es estudiante de doctorado en la Universidad de Notre Dame y PhD Fellow del Kellogg Institute y Bilyana Petrovaes estudiante de doctorado en la Universidad de North Carolina en Chapel Hill.

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