Democracia y protesta: una relación de necesidad

“Bolivia es un hermoso país, geográficamente diverso, multiétnico y democrático en el corazón de América del Sur. Conocido como el Tibet de las Américas, es uno de los países más remotos en el hemisferio occidental (…) A menudo se observan grandes protestas debido a cuestiones como la protección del medio ambiente, la tala, la extracción de hidrocarburos, las importaciones de automóviles, minería, construcción de carreteras, así como otros temas. Estas protestas causan el cierre de calles y la creación de bloqueos a lo largo de las principales rutas de viaje entre ciudades. En caso de viajar en autobús, puede ser común quedar detenidos por varias horas” (Bolivia, descrita por Wikitravel).

El párrafo anterior, extraído de una de las fuentes más consultadas por turistas en el mundo, muestra dos características que todo boliviano reconoce en su país: es hermoso y tiene un alto nivel de conflicto. Este último rasgo suele incluso ser tomado con algo de humor (a veces no queda otra alternativa), y popularmente se señala que el día en que se reconozcan la marcha de protesta y el bloqueo de carreteras como deportes olímpicos, podremos aspirar sin dudas a una medalla de oro. No obstante, la movilización y la protesta no son patrimonio boliviano, los observamos en todo el mundo y normalmente se los asocia con insatisfacción social.

Dentro de algo que estoy investigando incluí 19 variables que suelen ser asociadas con inestabilidad política y, usando una técnica estadística conocida como análisis de componentes principales, analicé como se agrupan los datos de 160 países entre 1950 y 2012. Uno de los resultados es que las siguientes variables se agrupan en una misma dimensión a la cual llamo “irrupción pacífica”: huelgas, purgas, disturbios, protestas, cambio de gabinete y cambio del ejecutivo. Es sumamente interesante constatar que hay una relación cercana entre la movilización colectiva, la respuesta gubernamental hostil y la salida de gobernantes o de altos funcionarios de gobierno. ¿Dónde es usual observar episodios de irrupción pacífica?

grafica0Diferenciando a los países según su régimen político, podemos comprobar que las democracias se caracterizan por la expresión pacífica del descontento y por la salida de gobernantes producto de esa presión. En cambio, los autoritarismos se especializan en reprimir ese tipo de acciones y las democracias deficitarias (aquellas donde hay elecciones pero todavía se violan derechos básicos de la población) se ubican en algún lugar intermedio. Es posible, incluso, que la irrupción pacífica no sólo sea una característica de las democracias, sino que éstas la necesiten.

Usando datos de Polity Project, encontramos una relación positiva y significativa (a través de un modelo de regresión lineal) entre nivel de democracia e irrupción pacífica, lo cual confirma que para una mayor democratización se requiere movilización colectiva y salida de altos funcionarios de gobierno. Esta relación no está influida por la riqueza de los países (la literatura especializada ha demostrado que existe una relación estrecha entre democracia y desarrollo económico) ya que se incluyó al PIB per cápita como variable de control (es decir, se mantuvo constante el nivel medio de ingreso de las naciones). El siguiente gráfico nos muestra qué diferencias obtenemos en la estimación del nivel de democracia cuando 1) la única variable explicativa es el PIB per cápita, y 2) se agrega a la ecuación la irrupción pacífica.

graficaISi todos los puntos cayeran sobre la línea roja de 45 grados, la irrupción pacífica no agregaría nada a la explicación sobre democracia que puede darse considerando únicamente la riqueza de los países. Resulta muy interesante notar que cuando esa dimensión de inestabilidad política es incluida, los niveles de democracia son mayores a los que se espera dado el nivel de desarrollo de la gran mayoría de las naciones (los puntos se ubican masivamente a la derecha de la línea). Ahora bien, es lógico pensar que esta relación a nivel general tiene sus excepciones. Una de las formas de llegar a ellas es encontrando qué países son los más extremos. A continuación presento el top 5 de los países que más protestan en el mundo. Esto se obtuvo a partir de observaciones anuales mayores a una desviación estándar a la media de irrupción pacífica durante los 62 años estudiados.

 

Cuatro de los cinco países que más protestan pertenecen a América Latina. Por el nivel de irrupción pacífica que se observa en ellos deberían no sólo pertenecer al grupo de naciones democráticas, sino incluso ser las democracias más desarrolladas, pero no es el caso. El ingreso promedio en ese grupo entre 1950 y 2012 es mayor a 16 mil dólares, cifra que a la fecha sólo ha sido alcanzada por Corea del Sur.

graficaIIIEsta anomalía en relación a la estadística muestra las grandes dificultades que históricamente tienen varios países latinoamericanos para democratizarse. En consecuencia, no podemos esperar que el alto nivel de movilización y protesta que poseen disminuya de la noche a la mañana, esto es parte de sus procesos políticos, incluso de su cultura política, y no cambiará debido a que gane tal o cual candidato presidencial (este año hay elecciones en Bolivia y en Argentina), quienes, sin lugar a dudas, se frustrarán por ello y buscarán algunas soluciones no muy democráticas. Es más, dada la relación de necesidad entre democracia e irrupción pacífica, es posible que los avances democráticos logrados en ellos sean gracias al alto nivel de protesta. Malas noticias para el turismo pero buenas para las perspectivas de la democracia en el largo plazo.

 

Acerca de Mario Torrico

Mario Torrico Terán es Profesor - Investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede México.

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4 respuestas a Democracia y protesta: una relación de necesidad

  1. José Del Tronco 14 Julio, 2014 at 4:27 #

    Muy bueno Mario, muy muy bueno. Linda agenda de investigación hay detrás. Un abrazo. José

    • Mario Torrico 15 Julio, 2014 at 6:52 #

      Gracias Pepe. Un abrazo

  2. Mario Torrico 11 Julio, 2014 at 19:09 #

    Muchas gracias por tu felicitación Karina. Mira, la democracia está llena de tensiones. Una de ellas es que la protesta es indispensable pero a los gobernantes no les resulta agradable, por lo que intentan, por varios caminos, minimizarla (esto es independiente del signo ideológico de los gobernantes). Pueden emplear varias estrategias para ello, por ejemplo, dando respuesta favorable a las demandas de los grupos mejor organizados, negociando con los actores más importantes, cooptando a las organizaciones sociales e, incluso, criminalizando la protesta. Considero que cuando las otras opciones están canceladas, los gobiernos recurrirán a la criminalización de la protesta, pero ésta es una hipótesis que debería comprobarse. De cualquier manera, es indispensable, como bien señalas, preservar y reclamar el derecho a la protesta, y para ello no hay mejor camino que el reforzamiento de la sociedad civil y una creciente organización de los grupos sociales que sea autónoma al poder político.
    Saludos!

  3. Karina Cáceeres 10 Julio, 2014 at 2:31 #

    Profesor,
    Excelente su artículo!!
    Su reflexión me provoca pensar que en un sistema institucional como el democrático, en donde delegamos la toma de decisiones, delegamos el control de los recursos económicos, delegamos el uso de la violencia, el monopolio de la fuerza en el Estado, lo mínimo que podemos hacer es preservarnos el derecho de criticar a aquellos en los que hemos delegado todo.
    Mucho de lo más importante de nuestras vidas está en manos de otros. Por eso es que me parece importante reclamar el derecho a la protesta como un derecho esencial. Sin embargo también existe una fuerte posición o tendencia a la “criminalización” de la protesta o a las irrupciones pacíficas, ¿qué piensa de la misma?

    Muchas gracias!

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