Democracias y dictaduras: la importancia de los actores políticos

¿Cómo explicarse por qué las democracias subsisten o colapsan? ¿Cómo elucidar por qué las dictaduras resisten o caen? ¿Cómo podemos entender las olas de cambio de régimen?

Estas preguntas empíricas revelan una problemática teórica más amplia. ¿Qué enfoques teóricos nos ofrecen una mayor capacidad para entender el surgimiento, supervivencia y caída de los regímenes democráticos y autoritarios en América Latina?

Nuestro libro Democracias y dictaduras en América Latina explora estas cuestiones en función de dos objetivos centrales. El primero busca contribuir a los extensos debates teóricos sobre la supervivencia y caída de los regímenes autoritarios y de los regímenes competitivos (democracias o semi-democracias). El segundo consiste en explicar el cambio y la permanencia de las dictaduras y los regímenes competitivos latinoamericanos entre 1945 y 2010, con una mirada retrospectiva al período 1900-1944.

Desde los inicios del proyecto nos mantuvimos escépticos con respecto a la capacidad de algunas teorías prominentes para explicar estos procesos en el contexto latinoamericano. Concluimos entonces que sería útil elaborar una teoría alternativa basada en micro-fundamentos más realistas sobre las motivaciones de los actores políticos. Nuestra teoría se enfoca en los sistemas de actores, articula supuestos sobre sus preferencias, y deduce de ellos hipótesis sobre por qué los regímenes sobreviven o colapsan:

1) Los actores políticos deben ser el centro de las teorías sobre cambio y estabilidad de los regímenes. Los actores políticos, no las estructuras o las culturas, determinan el proceso de cambio de régimen, aun cuando las condiciones estructurales o culturales afecten su conformación y sus preferencias. Entendemos que los actores más relevantes son algunas organizaciones como los partidos, los sindicatos, las asociaciones de negocios, los militares, las organizaciones guerrilleras, y también ciertos líderes como el presidente (presidenta). Estas organizaciones y líderes controlan recursos políticos y por ende ejercen una fuerte influencia en la disputa por el poder.

2) Las actitudes normativas de los actores con respecto a la democracia y la dictadura influyen de manera importante en la supervivencia o caída del régimen. Si los actores más poderosos tienen una preferencia normativa por la democracia—si creen que la democracia es intrínsecamente el mejor tipo de régimen aunque no satisfaga sus preferencias por otras políticas públicas—la democracia tiene mayor oportunidad de sobrevivir. Nuestro énfasis en la importancia de las preferencias normativas se asienta en otras tradiciones en ciencia política y sociología que enfatizan la relevancia de las creencias para explicar los procesos políticos, y en cierta investigación en economía que muestra que los individuos a veces valoran los procedimientos en sí mismos, más allá de los resultados.

3) El radicalismo de los actores reduce la probabilidad de que un régimen sobreviva, mientras que la moderación facilita la supervivencia de los regímenes competitivos. Varios estudios han sostenido que las preferencias de política pública de los actores poderosos (por ejemplo, sus preferencias en favor o en contra de la redistribución del ingreso) tienen importantes consecuencias para los regímenes políticos. Nosotros sostenemos que la intensidad de estas preferencias, y no solamente su orientación sustantiva, es crítica para la supervivencia y caída de un régimen. Las preferencias radicales hacen que los actores a la derecha y a la izquierda del espectro político se tornen intransigentes, y por lo tanto poco propensos a tolerar el toma y daca de la política democrática.

4) Los actores están inmersos en un contexto internacional. Un ambiente regional favorable, caracterizado por la existencia de múltiples democracias, incrementa la probabilidad de una transición desde el autoritarismo y reduce el riesgo de una quiebra de la democracia. Las explicaciones más prominentes del proceso democratizador invocan la cultura política, el nivel de desarrollo económico, la fortaleza de la clase obrera, o la desigualdad del ingreso. Estas variables operan en el nivel doméstico y cambian lentamente en el largo plazo. Sin embargo, la democratización se manifiesta en olas regionales que producen cambios profundos en períodos relativamente cortos.  América Latina, dominada por dictaduras en 1977, ya estaba predominantemente poblada por democracias hacia 1990. Para explicar este fenómeno, nuestra teoría enfatiza la inserción de los actores domésticos y de sus regímenes en el contexto regional e internacional.

¿En qué medida permiten estos cuatro principios explicar los procesos de democratización latinoamericanos? Con la ayuda de 19 asistentes de investigación recolectamos información sistemática sobre las preferencias normativas y el radicalismo de 1460 actores políticos en 20 países entre 1945 y 2010. También recolectamos información sobre el contexto internacional, incluyendo las políticas estadounidenses hacia la democracia y la evolución anual del número de países en la región con un régimen democrático.

Utilizando esta información desarrollamos una serie de modelos estadísticos para estimar la probabilidad de transiciones desde el autoritarismo y el riesgo de quiebre de la democracia para cada país en un año dado. En estos modelos controlamos además por otras explicaciones convencionales como el nivel de desarrollo económico, el tamaño de la clase obrera, dependencia económica de los recursos naturales, y tasas de crecimiento. (Algunos resultados de este análisis serán publicados en castellano en el número de diciembre de la revista América Latina Hoy).

Los gráficos que acompañan este post representan dos simulaciones basadas en los resultados de ese análisis estadístico. Estas simulaciones confirman que nuestra teoría es capaz de explicar la emergencia de una ola de democratización en América Latina a partir de 1978, y también prueban que la democratización fracasa cuando los actores políticos no están comprometidos con el proceso.

La línea gris en el fondo de ambas figuras refleja la proporción de regímenes competitivos (democracias y semi-democracias) existentes en América Latina entre 1978 y 2010. Hasta que la ola democratizadora comenzó en 1978, los regímenes autoritarios prevalecían en toda la región. Las democracias eran a menudo poco duraderas, y algunos países nunca habían experimentado un régimen competitivo. La situación cambió profundamente entre 1978 y 1990. Una región que había sido prevalentemente autoritaria hasta entonces asistió a sorpresivamente la caída de los regímenes abiertamente dictatoriales.

Simulaciones de la Tercera Ola de Democratización

Captura

La línea más oscura refleja las predicciones referidas al nivel de democracia alcanzado en la región bajo dos escenarios. En ambas simulaciones, fijamos todas las variables de control en su valor promedio para cada país en el período 1978-2005. La proporción de democracias en la región al momento t = 0 de la simulación fue fijada en el nivel observado en 1978. Tomando estos datos como valores iniciales, la simulación empleó los coeficientes de los modelos estadísticos para predecir la probabilidad de una transición y el riesgo de una quiebra democrática en cada país durante 1978. A partir de esta información se estimó entonces la probabilidad de que cada país fuese una democracia, una semi-democracia, o una dictadura al final de ese año. La distribución de estos tipos de régimen, agregada a nivel regional, permitió calcular la proporción de democracias esperada en 1979. Completado el cálculo correspondiente a ese año, el proceso fue repetido. El nuevo nivel de democracia anticipado para la región, combinado con las variables de control, fue usado para estimar la probabilidad de transiciones y quiebras en 1980, y las probabilidades estimadas fueron nuevamente agregadas para predecir el nivel regional de democracia en 1981. La secuencia fue repetida de manera iterativa hasta llegar a 2010.

La diferencia entre los gráficos 1 y 2 radica en el tratamiento de las variables que miden la preferencia de los actores por la democracia y su grado de radicalismo. En el gráfico 1 utilizamos los valores medios para las preferencias normativas y el radicalismo observados en cada país entre 1978 y 2005 como insumo para estimar los niveles de democracia. La secuencia identificada por la primera simulación se aproxima muy cercanamente a la ola regional observada, lo que sugiere que nuestra teoría produce una explicación confiable de esta transformación histórica.

En el gráfico 2 creamos un escenario hipotético manipulando las preferencias normativas y el radicalismo. Asumimos para ello que una mayoría de los actores políticos en los 20 países prefería normativamente alguna forma de dictadura, y que la mitad de los actores tenían preferencias radicalizadas de política pública. El patrón emergente es notable: los efectos de difusión en la región nunca hubiesen resultado suficientemente fuertes, y la tercera ola de democratización nunca hubiese sido exitosa, bajo tales circunstancias.

Estos resultados son importantes no solo para explicar el pasado, sino también para proyectar el futuro. En la última década y media, las variables independientes que constituyen el núcleo de nuestra teoría han cambiado en una dirección ligeramente negativa, con efectos adversos sobre unos pocos regímenes hasta el momento.

Las tendencias negativas en el proceso democratizador han sido particularmente agudas en países donde los presidentes buscan consistentemente concentrar poder, socavando los partidos de oposición y las instituciones independientes. En Venezuela y Nicaragua, y en menor medida en Bolivia y Ecuador, gobernantes con agendas parcialmente radicalizadas han intentado remodelar las coaliciones que sostienen el régimen. Se ha seguido así un viejo guión de la política latinoamericana, según el cual los presidentes con una agenda radical alteran dramáticamente el equilibrio de poder en su favor. Los temores inspirados por los gobiernos de centroizquierda también activaron la radicalización de la oposición conservadora en Honduras (2009) y en Paraguay (2012).

Desde una perspectiva de largo plazo, la mayor sorpresa en América Latina no es que la democracia enfrente serios problemas, sino que haya sobrevivido. Sería prematuro—quizás un sinsentido—proclamar el triunfo definitivo de la democracia en América Latina, pero la dictadura resulta hoy menos extendida que en cualquier tiempo pasado. Las condiciones internacionales favorables han ayudado a prevenir el colapso de las democracias en años recientes, pero estas condiciones resultan poco efectivas para prevenir la erosión que se produce cuando los actores políticos no están comprometidos con el proceso de democratización.

Para explorar estas cuestiones, el libro combina el análisis cuantitativo de transiciones y quiebras democráticas con estudios detallados de Argentina y El Salvador. Estos estudios de caso permiten un análisis más específico de los actores políticos y de los mecanismos históricos involucrados.

Acerca de Scott Mainwaring y Aníbal Pérez-Liñán

Scott Mainwaring es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Notre Dame y Aníbal Pérez-Liñán es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Pittsburgh.

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2 respuestas a Democracias y dictaduras: la importancia de los actores políticos

  1. Daniela Vairo 6 Noviembre, 2014 at 20:34 #

    Quería felicitar a los autores por el libro, cuya lectura recomiendo. Entre muchas otras virtudes, este trabajo se destaca por persuadir al lector de que los actores importan y que sus preferencias y actitudes son determinantes para la supervivencia de los regímenes. Lo hacen a través de la construcción de teoría sólida y evidencia empírica contundente con múltiples abordajes metodológicos. Una vez más felicitaciones!

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