Demócratas pero violentos: una aproximación descriptiva al problema de la inseguridad en América Latina

América Latina es una región democrática pero violenta, y las causas que producen la inseguridad ni son tan claras ni tan evidentes como muchos “decisores” y “opinadores” en general afirman. En torno al tema de la violencia y la inseguridad en la región existen muchos más mitos que evidencias, así como la formulación de preguntas incorrectas y argumentos fuera de lugar.

En términos globales, en América Latina se cometen alrededor de 36% de los homicidios dolosos a nivel mundial, lo que convierte al subcontinente en una región altamente violenta en la medida que se trata de un territorio en democracia y en paz que apenas representa 8,5% de la población mundial (UNODC, 2014). La cara más visible de la violencia en esta parte del mundo está asociada al narcotráfico, pero está claro que no es la única en cuanto el crimen organizado ha expandido sus fronteras de operación y ha diversificado sus actividades criminales en áreas como el tráfico de armas, la trata de personas, migrantes, el contrabando o el robo de vehículos, por mencionar algunas.

Derivado de un proyecto de investigación en curso desarrollado desde la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, y que aún tiene un largo trecho por delante, se busca establecer el nexo de causalidad de la inseguridad a partir del estudio de variables institucionales y socioeconómicas tales como la debilidad institucional, la corrupción, las fallas de los sistemas de justicia, las deficiencias en la cooperación entre Estados, la desigualdad y el bajo capital social.

El estudio en construcción ha permitido distinguir que los países más violentos de la región se encuentran en el denominado Arco Norte del continente en donde las rutas del narcotráfico y de las armas son más activas. Esto quiere decir que mientras el crimen en Norteamérica, Centroamérica y el Caribe es más letal, en el sur del continente deja a más personas heridas o lisiadas, y no por ello es menos violento.

 

Imagen 1. Dispersión de la violencia en América Latina por país

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Fuente: esta imagen fue diseñada gráficamente por Alejandro Espericueta (UASLP) con base en los datos de UNODC, 2014.

 

Una revisión de la literatura que hasta ahora se ha escrito en torno a este problema permite distinguir ocho características que posee la región: a) que América Latina es la región más violenta del mundo; b) que la accesibilidad a las armas de fuego es notoriamente mayor en esta región lo que incrementa la letalidad de las agresiones violentas; c) que dicha letalidad es más prevalente en el norte que en el sur del continente; d) que la mayoría de los homicidios cometidos están vinculados al crimen organizado; e) que este tipo de organizaciones han diversificado su portafolio de negocios lo que ha hecho más complejo rastrear sus espacios de operación tanto en la economía formal cuanto en la informal; f) que son la corrupción y la desigualdad, y no la pobreza, dos de los factores clave para entender el fenómeno de la violencia; g) que la debilidad de las instituciones ha sido el marco propicio para fraguar políticas de populismo punitivo cuyos resultados distan mucho de ser positivos; y h) que, en suma, dos de cada cinco latinoamericanos se siente más inseguro ahora que hace cinco años (LAPOP, 2012).

Un primer acercamiento a tres variables (debilidad institucional, corrupción y desigualdad) permite destacar que la mala recaudación fiscal que caracteriza a los Estados latinoamericanos es apenas la punta de la hebra de un problema que se despliega en múltiples direcciones. De esta manera, la insuficiente financiación de los Estados ha redundado en la mala formación de los policías, su insuficiente equipo y sus precarias condiciones laborales, que convierten a los elementos policiacos en blancos fáciles para la corrupción.

Al mismo tiempo, la militarización de las policías como resultado de las políticas de populismo punitivo, además de estar lejos de ofrecer los resultados que los tomadores de decisiones esperaban no ha mitigado el fenómeno de la corrupción en entornos en los que existe una percepción bastante generalizada de que el Estado de Derecho no se cumple y se pueden jugar las cartas por fuera de la ley. Cuestión que ha redundado en la escasa confianza que los ciudadanos y las propias élites confieren a las instituciones, que en principio, tienen que hacer frente y ofrecer respuestas a los desafíos de quienes infringen las normas socialmente aceptables.

Aunado a la desconfianza a las instituciones, la evidencia empírica arroja que la región experimenta una creciente desconfianza interpersonal, que a su vez ha establecido las bases para sostener, infundadamente un miedo a la otredad, especialmente hacia los pobres, los pandilleros, los inmigrantes, etc., que en su condición de postergados han tenido que cargar con el estigma que los asocia automáticamente como los portadores de la violencia cuando bien por el contrario son las inequidades en el acceso a bienes y servicios, como la educación, la salud, el mercado de trabajo e incluso la justicia las que han creado condiciones bastante asimétricas para que las personas permanezcan más años en la escuela, cuenten con buenos servicios de salud, o bien, puedan enrolarse con mayor facilidad a un mercado de trabajo que satisfaga sus perspectivas aspiracionales. Cuestión, esta última, que está lejos de cumplirse en tanto los Estados latinoamericanos no sólo no crean los empleos suficientes para absorber adecuadamente a la fuerza laboral que busca un empleo, sino que difícilmente pueden crear plazas mejor remuneradas en tanto en las últimas dos décadas los gobiernos de la región se han empeñado en competir en los mercados internacionales por ofrecer los salarios más bajos posibles para atraer la inversión (Grynspan, 2012) convirtiendo a América Latina no sólo en la región más desigual del mundo, sino en una región marcada por la precarización en todos los sentidos.

Es precisamente en estas condiciones que el crimen, principalmente el organizado, ha encontrado las condiciones más propicias para ocupar los vacíos de Estado, expandirse y cumplir las expectativas que amplios sectores, sobre todo los juveniles ven difíciles de satisfacer en el marco de las instituciones formales. En suma, de lo que no cabe duda es que los niveles de inseguridad en la región no son normales, por más que millones de personas hayan ido naturalizando, o bien, normalizando la violencia en su vida cotidiana. Y por otro lado, resulta cuando menos paradójico que muchos gobiernos con una matriz democrática empleen recursos autoritarios para contener un problema que tiene que ver más con los déficits de la democracia prescriptiva (O’Donnell, 2007) que con la criminalización de la pobreza. En efecto, con la democracia por sí sola ni se come ni se cura ni se educa, pero es bien cierto que sin ella no existirían reglas que den certidumbre para hacer las cosas de manera distinta.

 

Bibliografía y referencias:

Grynspan, Rebeca. 2012. “América Latina y los nuevos retos para el desarrollo y la cooperación”. Madrid. Secretaría General Iberoamericana.

Latin American Public Opinion Project (LAPOP). 2012. “The Americas Barometer”. Vanderbilt University.

O’Donnell, Guillermo. 2007. “Disonancias. Críticas democráticas a la democracia”. Buenos Aires. Prometeo.

UNODC. 2014. “Global Study on Homicide 2013. Trends, context, data”. Viena. UN Publication.

También se recomienda ver:

Salvados. 2014. “Drogas S.A.”. Temporada 8, Capítulo 6. Atres Media.

Acerca de Juan Mario Solis Delgadillo

Juan Mario Solís Delgadillo es doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.

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6 respuestas a Demócratas pero violentos: una aproximación descriptiva al problema de la inseguridad en América Latina

  1. Carlos Peris 18 octubre, 2014 at 17:16 #

    Excelente articulo! Unos puntos que quizás estén buenos de aclarar:

    1. así como muchos teóricos ven al Continente Africano como el de la pobreza, América cada vez es mas visto como el de la violencia. Violencia ejercida en todas sus formas tanto a nivel físico (la que vemos) a nivel cultural (la que pensamos) y estructural (la que incorporamos).

    2. Hoy en día el narcotráfico esta en toda la estructura de nuestras sociedades, y no solamente hay que ver a los grupos ilícitos, sino también, la propia política de nuestros países. Pero también es observable en otros ámbitos como podrían ser la policía, las FFAA, la Religión y el deporte.

    3. La exclusión también es violencia, que posteriormente genera inseguridad, el trato común, de todos los días, que genera una manera violenta de mirarnos uno entre otros.

    Me encanta! Feliciadades JMSD!

  2. Marcelo Moriconi 17 octubre, 2014 at 12:17 #

    Estimado Juan Mario,
    Muy interesante tu post. Hay dos cuestiones de lo que dices que llaman mi atención y han llamado la atención de mis investigaciones:
    1) …el Estado de Derecho no se cumple y se pueden jugar las cartas por fuera de la ley. Podemos continaur hablando de desigualdad, pobreza, corrupción… pero hay dos cuestiones que se relacionan con la violencia actual y que dan pie a la hipótesis de mi último libro (la violencia y la inseguridad no son los problemas centrales sino la consecuencia lógica de problema central que es el colapso de la legalidad como valor central de las interacciones humaans): estos problemas son las impunidad y la tolerancia social a la/s ilegalidaded/es.
    El problema de las estigmatizaciones también es muy problemático si tenemos en cuenta diversas teorías de la psicología social como el pygmalion effect.

    Abrazo,

    Marcelo

    • Juan Mario 17 octubre, 2014 at 22:23 #

      Estimado Marcelo,
      Coincido plenamente contigo cuando planteas que es la erosión de la legalidad el corazón de un problema que se traduce posteriormente en la violencia/inseguridad.
      Analizando superficialmente algunas variables y sus respectivos indicadores hemos encontrado que en aquellos países en los que la institucionalidad/legalidad está más debilitada (escasa confianza en las instituciones, alta percepción sobre la corrupción y baja independencia judicial) la inseguridad es notoriamente alta.
      Sin embargo, también es cierto que la corrupción es un factor muy central en esta historia pues a diferencia de lo que los tomadores de decisiones asumen al criminalizar la pobreza y determinar que el crimen organizado es violento por naturaleza omiten considerar que por el contrario es corruptor, y cuando su capacidad corruptora deja de ser eficiente es cuando se torna violento.
      Por otra parte, la cuestión de la fiscalidad es un tema que no dejaría aparte en tanto la débil presión fiscal de los países latinoamericanos es consecuencia de toda una red de factores que confluyen en ese punto (promedio escolar bajo, insuficiencia de empleos creados, informalidad del trabajo, precarización salarial, tipo de empleos que se crean -por lo general escasamente productivos). Pero además, un punto que no se debe perder de vista en toda esta historia es el que juegan los puertos como la puerta grande por la que entra la droga o los precursores de éstas y son hasta la fecha escasamente analizados. Como botón de muestra, la exacerbada violencia que experimentan los estados mexicanos de Michoacán, Guerrero y Tamaulipas está íntimamente ligada al control que sobre los puertos se disputan todos los cárteles para exportar/importar drogas y precursores, así como para tener zonas francas para su trasiego hacia el interior del país.

  3. Andrés Pereira 16 octubre, 2014 at 5:23 #

    Estimado Juan,

    Antes que nada quiero aclarar que conozco muy poco sobre cuestiones de inseguridad. No obstante, al leer tu intervención me surgieron algunas preguntas que de algún modo pueden ser transversales a distintos estudios sobre diversos procesos sociales y políticos.

    El primer aspecto tiene que ver con la construcción del objeto de estudio. ¿Qué se entiende por inseguridad, de dónde proviene esa palabra, quiénes la utilizan y cómo? Al mismo tiempo, estas preguntas podrían derivar en la historización del objeto de estudio: ¿Siempre se habló de inseguridad? ¿Es una palabra nueva? ¿Desde qué momento se comienza problematizar la inseguridad? ¿Desde cuándo se puede hablar de la inseguridad como un tema de estudio?

    Por otro lado se me ocurrían algunos interrogantes con respecto a la relación entre la debilidad institucional y las medidas de populismo punitivo. Estoy totalmente de acuerdo en que el Populismo Punitivo existe, que es un fracaso y que lleva a la estigmatización de ciertos sectores sociales. Sin embargo hay algo que no me convence con respecto a la relación debilidad institucional – populismo punitivo. ¿Por qué? Generalmente se suelen ubicar como ejemplos de democracia y de sistemas institucionales fuertes a países del norte como Estados Unidos y algunos de la Unión Europea, entre otros. Sin embargo allí, a mi modo de ver, el populismo punitivo existe con respecto a los migrantes de diferentes partes del planeta, y se expresa a través de la construcción de muros, centros de internamiento para extranjeros “ilegales” y millones de dólares invertidos en fuerzas de seguridad (Border Patrol o FRONTEX). No permitiría esto, al menos, interrogarse si existen sistemas institucionales fuertes que también propician una especie de populismo punitivo. La misma lectura cabe para las políticas migratorias de securitización y exclusión, que con menores recursos pero con similares intenciones, también implementan distintos países de América Latina y del resto del mundo.

    Para decirlo de otro modo. Muchos países del mundo, aplican con respecto a los extranjeros políticas de populismo punitivo o de securitización, y parece que allí la cuestión de la calidad institucional o el estado de derecho no tiene tanto para explicar. Yo me pregunto ¿por qué?

    Desde ya que es sólo un humilde pensamiento y ojalá abra una puerta para el debate y la discusión. Creo que tenes un interesantísimo desafío por delante y un tema de actualidad insoslayable.

    Saludos cordiales,

    Andrés Pereira

    • Juan Mario 17 octubre, 2014 at 12:49 #

      Estimado Andrés,
      Aprecio mucho tu comentario, el cual encuentro muy interesante por la reflexión teórica a la que obliga. Ello implica que efectivamente que hay que hacer un ejercicio para definir o precisar qué es o qué se entiende por inseguridad. De momento no me atrevería hacerlo pues me encuentro justamente estudiando la literatura, para lo cual el texto de Marcelo Moriconi (2013) es una buena fuente por el debate teórico que plantea.
      Lo que sí puedo decirte es que el tema de la violencia/inseguridad se ha instalado con fuerza en las sociedades latinoamericanas a raíz de coyunturas muy específicas, y así, en América Central ha comenzado a ser visible tras las guerras civiles que golpearon a estos países, pero que tras las mismas dejaron a estos Estados y a sus habitantes pacificados, desempleados pero armados; o en el caso de México o Colombia, a partir de que la nueva generación de narcos que tomaron el testigo tras la retirada de los viejos capos de los años ochenta comenzaron a mostrarse por el uso más público de su crueldad.
      Agradezco además la observación amplificadora del concepto de populismo punitivo que me ofreces, la encuentro muy válida y útil para el perfeccionamiento del trabajo de investigación.
      El reto de aquí en más es sistematizar el cúmulo de datos que el equipo de investigación se ha dado a la tarea de recopilar (tarea nada fácil pues no todos los Estados la tienen disponible, especialmente en lo que se refiere al número de homicidios cometidos a nivel local).
      Seguramente lo que terminaremos haciendo son dos cosas: a) una caracterización de la violencia a partir de la dispersión geoespacial de los datos de homicidios, perfiles de los jefes policiacos y control de aduanas portuarias; y b) un ejercicio explicativo con base en el método comparado insistiendo en variables institucionales y socioeconómicas.

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