Desigualdad y representación segmentada

La ciudad de Santiago de Chile tiene un problema endémico con los perros callejeros. A principios de los 2000, un partido político que poseía varias alcaldías en la región metropolitana de Santiago implementó una solución para dicho problema, sin tener que esterilizar o sacrificar a los perros (lo que hubiera generado alarma pública, además de ir en contra de las preferencias ideológicas de la base tradicional del partido radicalmente opuesta a la anticoncepción).

Lo que el partido hizo fue cazar y atrapar a los perros que habitaban en la Municipalidad de Santiago de Chile (una alcaldía emblemática y con alta visibilidad pública a nivel nacional) y gradualmente –sin anunciarlo públicamente–, trasladar los perros a municipalidades pobres en las que el mismo partido controlaba la alcaldía. Implementada gradualmente esta estrategia no atraería demasiada atención pública en el corto plazo, pero contribuiría a mejorar la calidad de vida en los sectores acomodados. Mientras tanto, los alcaldes del partido que estuviesen dispuestos a recibir perros en sus municipalidades recibirían una compensación económica por la contribución de los perros a deteriorar la calidad de vida en sus comunas. La compensación económica (en ocasiones pagada en especies donadas por la base social tradicional del partido) podría utilizarse para financiar campañas electorales particularistas. Los alcaldes de municipalidades pobres dispuestos a recibir perros también recibirían el reconocimiento de los líderes del partido, a cargo de instrumentar la estrategia. Mientras tanto, el alcalde de la Municipalidad de Santiago podría aumentar su popularidad a nivel nacional, y proyectarse como candidato presidencial, en función de la contribución de su gestión a mejorar la calidad de vida durante su mandato (sin necesariamente hacer referencia directa a la menor cantidad de perros en el espacio público).

Esta viñeta sintetiza el núcleo duro de mi argumentación reciente sobre cómo debemos pensar, y re-pensar, la relación entre representación política y desigualdad social y territorial en las democracias contemporáneas. Dicha argumentación puede resumirse en siete puntos relacionados pero distintos, los que se encuentran implícitos en la viñeta sobre los perros vagos.

Primero, los partidos políticos son capaces de implementar estrategias altamente segmentadas con el objetivo de movilizar electoralmente a distintas bases sociales, particularmente en contextos de alta desigualdad social. En el ejemplo, un mismo partido puede competir proveyendo bienes públicos en un distrito y deteriorándolos en otro distrito.

Segundo, si la sociedad se encuentra fragmentada, y los partidos logran simultáneamente segmentar y armonizar sus estrategias electorales, dichas estrategias pasan usualmente desapercibidas para los votantes o la prensa. Esto último es posible incluso si los distritos son colindantes y están separados, como en el ejemplo anterior, solo por unos pocos kilómetros.

Tercero, aunque la segmentación electoral (es decir, la implementación de estrategias diferenciadas para distintos sectores sociales) es promisoria para los partidos políticos, puede también generar dilemas y tensiones. A modo de ejemplo, si la estrategia del partido del ejemplo hubiese sido conocida a nivel público, y/o si los alcaldes de las municipalidades pobres no hubiesen estado de acuerdo con implementarla.

Cuarto, para minimizar dichas tensiones, los líderes del partido deben lograr armonizar las estrategias segmentadas. Dicha armonización requiere que los líderes del partido posean recursos materiales y simbólicos para disciplinar y movilizar a los miembros y activistas del partido. En la viñeta, los líderes del partido necesitaban contar con acceso a bienes materiales para distribuir entre los alcaldes de las municipalidades pobres. Dichos recursos harían viable, más adelante, el éxito electoral de aquellos alcaldes. Al mismo tiempo, los líderes del partido jugaron un rol clave en potenciar la imagen pública del alcalde al que querían potenciar como candidato presidencial para las siguientes elecciones, evitando vulnerar, además, las preferencias ideológicas de la base tradicional y los principales donantes al partido.

Quinto, no todo partido puede simultáneamente segmentar y armonizar sus estrategias de esta manera. La capacidad de un partido para implementar distintos esquemas de segmentación depende de su situación estratégica en el sistema de partidos, así como del rango de recursos simbólicos y materiales que se encuentren a su disposición. Para que la estrategia de los perros vagos funcionase, el partido en cuestión requería poseer simultáneamente alcaldes en municipalidades acomodadas y en municipalidades pobres. También necesitaba contar con acceso a recursos privados para poder aportar al financiamiento de las estrategias particularistas en los distritos pobres. Finalmente, el partido también necesitaba contar con un liderazgo legítimo y con poder interno, para poder reducir las eventuales tensiones que genera la implementación de una estrategia segmentada.

Sexto, la segmentación socioeconómica y territorial de la población, y los esquemas institucionales que la refuerzan (por ej., la presencia de distritos electorales cuyos límites se sobreponen con límites socioeconómicos) facilitan la instrumentación de estrategias segmentadas. La estrategia de los perros vagos no hubiera sido factible en presencia de distritos electorales socialmente más heterogéneos.

Séptimo, las estrategias segmentadas producen resultados distributivos tangibles. En nuestra viñeta, quienes viven en municipalidades de clase alta se benefician de la provisión de mejores bienes públicos (por ej., la reducción de la presencia de perros vagos en el espacio público). Mientras tanto, los habitantes de municipalidades pobres ven deteriorada su calidad de vida. Aunque invisible para este último grupo social, el deterioro de los bienes públicos provistos localmente aumentó, en el corto plazo, su acceso a bienes particularistas (distribuidos por sus alcaldes durante el período electoral).

Como intento mostrar en el libro Segmented Representation. Party Strategies in Unequal Democracies, el tipo de estrategia electoral descrito en la viñeta no es inusual. Si esta última afirmación es correcta, la forma en que pensamos y analizamos la representación política en las sociedades contemporáneas debe ser revisada radicalmente. Entre otros, pensar que existen partidos (y sistemas de partidos) que son predominantemente clientelares, programáticos, o caudillistases probablemente falaz. Suponer que en sociedades desiguales la democracia contribuirá progresivamente –vía la manifestación electoral de las preferencias del votante mediano–a disminuir la desigualdad también lo es.

Acerca de Juan Pablo Luna

Juan Pablo Luna es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, y actualmente es el coordinador en Chile de la Encuesta LAPOP, desarrollada por la Universidad de Vanderbilt.

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