El 25 aniversario de la Convención de los Derechos del Niño/a: retos pendientes

La británica Eglantina Jebb, fundadora de la primera ONG de infancia – Save the Children, 1920-, participante activa en la redacción de los Derechos del Niño del año 1924 no suponía por entonces que, con sus esfuerzos y el paso del tiempo, se legitimaría un espacio propio y diferenciado para la infancia. Este cambio en la concepción social de la infancia fue impulsado por la Convención de los Derechos del Niño (1989) (CDN), aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, siendo el Tratado Internacional que más ratificaciones ha recibido por parte de los Estados.

Desde este marco, que suscita una gran acogida, se manifiesta la responsabilidad de las políticas públicas en el superior interés del niño/a (art. 3 CDN), así como un avance en la protección de la infancia. La CDN pone de manifiesto que las representaciones sociales sobre el niño/a han de evolucionar, valorando la protección integral de la infancia. Es decir, no imponer una intervención exclusivamente protectora sino considerar la ciudadanía del niño/a, contemplar su protagonismo.

Además, la CDN también ha supuesto un gran progreso en la adopción de protocolos facultativos, en las reformas legislativas internas de cada país y en el cambio de los modelos de práctica dirigidos a su implementación. Se ha ido evolucionando desde posiciones benéfico-asistencialistas hacia otros enfoques no basados en necesidades sino en la garantía de la participación real de los niños/as. Ahora bien ¿se ha mejorado la situación de la niñez en el mundo y el ejercicio de sus derechos?

Sigue siendo muy actual la afirmación de Gaitán: “la posición de la infancia es contradictoria, a medias objeto de protección, a medias sujetos de derechos y actores sociales los individuos que la pueblan” (1999: 36). Es decir, que, a pesar de que la CDN recoge tanto derechos civiles y políticos como económicos, sociales y culturales, la realización plena de tales derechos fundamentales no está siendo efectiva, tal y como denuncian diferentes ONGs de ámbito internacional, como por ejemplo Save the Children (2014). No existen garantías políticas ni jurisdiccionales que contemplen al niño/a y al adolescente como un actor social y tampoco se trabaja por, para y con la infancia desde una perspectiva de derechos.

Entonces ¿es suficiente todo lo que hacemos para hacer efectiva la CDN?

En el contexto neoliberal actual donde se manifiesta un desequilibrio en el acceso a los bienes y servicios en igualdad de condiciones, el incumplimiento de los derechos y la mayor vulnerabilidad repercute especialmente en los niños/as. Así lo verifican estudios como el del Comité Español de UNICEF (2014), el de la CEPAL (2013) o el Informe de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2014), entre otros, en los que se muestran privaciones en el ejercicio de los derechos de los niños/as. Tales informes, respectivamente, apuntan que en España el 27,5% de los niños/as vive bajo el umbral de la pobreza; que el 40,5% de los niños/as latinoamericanos son pobres y uno de cada seis (16,3%) se encuentra en extrema pobreza; y que se han reducido las muertes diarias de niños/as menores de 5 años, a nivel mundial, pero todavía siguen muriendo 6 millones de niños/as cada día. Son evidencias de que las políticas públicas, con sus prácticas opresivas, están sustentando una sociedad dual injusta.

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Fuente: CEPAL (2013)

En definitiva, hoy en día siguen existiendo retos. Habría que replantearse la aplicación de la CDN. Y, para ello, la clave sería avanzar en la visión de los niños/as; no son ‘mini adultos’. Olvidar su subordinación y dependencia familiar y asumir que son ciudadanos, con una especificidad concreta y con capacidad para participar plenamente en la familia y en la vida social y cultural. Éste sería el gran paso para una nueva y transparente gestión de los derechos infanto-juveniles. Y, desde el compromiso político e institucional, habiendo asumido de antemano las directrices y recomendaciones internacionales, promover estrategias modernas de intervención, que promuevan y refuercen el enfoque basado en derechos. Es decir, aquéllas que aseguren el bienestar de todos los niños/as y adolescentes, reduciendo cualquier situación de vulnerabilidad que pudiera conducir a la exclusión social –educativa, económica, sanitaria, judicial, de necesidades especiales, de ocio y juego, etc.-

A pesar de todo lo expuesto, hemos de conmemorar el 25 aniversario de la CDN por los logros alcanzados. Pero no olvidemos que “o modo como cuidamos e tratamos as nossas crianças é indicativo da nossa estrutura social, da nossa civilizaçao, do nosso desenvolvimento de sociedade e significa a forma como a relaçao humana superou a relaçao económica na vida diária das pessoas” (Ferreira 2011:114).

 

Bibliografía y referencias:

CEPAL. 2013. Panorama Social de América Latina. Naciones Unidas.

Comité Español UNICEF. 2014. La infancia en España 2014. El valor social de los niños: hacia un Pacto de Estado por la Infancia. Madrid: UNICEF.

Ferreira, J. M. 2011. Serviço Social e Modelos de Bem-estar para a Infância. Lisboa: Quid Juris.

Gaitán, Lourdes. 1999. El espacio social de la infancia. Los niños en el Estado de Bienestar. Madrid: Instituto Madrileño del Menor y la Familia.

Save the Children. 2014. Pobreza infantil y exclusion social en Europa. Una cuestión de derechos. Bruselas: Save the Children.

Acerca de Antonia Picornell-Lucas

Antonia Picornell-Lucas es doctorada en educación, con especialidad en los Derechos de la Infancia, por la Universidad de Salamanca y presidenta de la Red Iberoamericana para la Docencia e Investigación de los Derechos de la Infancia (REDIDI).

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3 respuestas a El 25 aniversario de la Convención de los Derechos del Niño/a: retos pendientes

  1. Kepa Paul 2 Diciembre, 2014 at 11:42 #

    La censura queda vinculada a la accesibilidad. Es el censor romano quien ‘censo en mano’ señalaba a qué estamento social pertenecía cada ciudadano-romano. Forma de adjudicar el espacio de pertenencia, el gueto donde cada uno habita.
    Los niños y las niñas en muchos casos (entendiéndose de manera ponderada) pueden carecer de ‘registro civil’, pero esta ‘apatría’ real se suma a la ‘apatría’ simbólica cuando ‘estar en censo’ supone el acceso al ejercicio que soporta el derecho de pertenencia y de su posible correspondiente accesibilidad. Más, teniendo en cuenta la carencia de estadísticas y datos que cuantifiquen la manera cómo debe observarse su realidad. O (en los medios de comunicación, lo españoles) hablan de ‘pobreza infantil’ en base a la renta familiar o te hablan de despilfarro de los niños y niñas por las excesivas ‘pagas’ que reciben.
    Así, sin datos no hay ciudadanía sobre su primera capa: que era el ejercicio del censor romano.

  2. Malory 30 Noviembre, 2014 at 16:49 #

    Estoy de acuerdo que hay que dar mas poder a los ninos como ciudadanos. Tambien estoy de acuerdo que los ninos deberian tener la proteccion maxima contra la violencia y pobreza. Pero para esto hay que decidir si podemos hacer algo significante mientras no tenemos

    Me parece terible que hay tantos ninos muriendo cada dia. La violencia estructural, es un tema que reaparece fuerte aqui. Mientras que el 0.001% de la poblacion mundial se hace cada vez mas rico y controla cada vez mas bienes, a nosotros no nos queda otra que observar como se mueren los ninos y la gente pobre a traves del mundo en general. Cualquier ajuste sera solamente ajuste.

    Todo nuestro trabajo hasta ahora sirvio solamente para suavizar ciertas desigualdades, pero temo que no sirve para cambiar la situacion en la que las estructuras, instituciones, politicos y sector privado tienen poca interes en el financinamiento de la vida de los marginalizados, sobre todo ninos. Ellos no representan ni fuerza laboral ni son necesarios para ganar elecciones.

  3. Paco López 27 Noviembre, 2014 at 15:46 #

    Gracias por el análisis, Antonia y por el acento en la necesidad de ajustar la mirada sobre la infancia. Después de 25 años de la Convención, todavía construímos discursos que se acercan a la infancia exclusivamente en clave de futuro y de protección. Se hace imprescindible escuchar y narrar sus historias como las de ciudadanos y ciudadanas con un presente cargado de derechos y posibilidades que nos pueden ayudar a todos a mejorar este mundo mal repartido.

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