El canon literario latinoamericano en la transposición de impresos al catálogo digital

Una parte importante de la discusión contemporánea sobre la existencia de un canon literario pasa por la reivindicación y la crítica al ensayo de Harold Bloom El Canon Occidental (1995). De manera independiente a los debates desplegados en torno a esa obra, podemos analizar qué sucede con los componentes de aquel canon en el marco de la oferta de catálogos digitalizados de aquellos textos previamente existentes en soporte papel. Y, en especial, con el segmento del canon occidental que Bloom destaca como componente latinoamericano del mismo (aquellas obras y autores que representan a la literatura latinoamericana en el corpus general de la literatura occidental propuesta por Bloom).

Cuando hablamos de canon se trata del catálogo de obras y autores que las instituciones literarias determinan como “literarios auténticamente”. Las acciones que parten de la crítica literaria abarcan desde la inclusión de autores, obras, géneros, perspectivas de abordaje a las obras hasta la exclusión de autores y obras. Es decir, no se puede negar la influencia de la institución literaria en la imposición de criterios de “lo editable”.

Los críticos literarios y  académicos poseen una influencia destacada sobre las decisiones de qué libros y autores van a ser editados. Los editores intervienen en el campo intelectual conformando un campo que legitima lo escrito al publicarlo y distribuirlo socialmente; consagra autores al mismo tiempo que desecha a otros y habilita formas de lectura y niega otras (Bourdieu 1999). Y es en este punto donde la idea de un canon único más allá del soporte ingresa en tensión con la acción de la industria editorial (en digital).

En el mencionado canon occidental Bloom introduce a 18 autores latinoamericanos y 36 obras de esos autores como parte de lo que llama “profecía canónica” de la “edad caótica” (siglo XX), “edad literaria” que destaca como etapa actual, conformada por aquellos autores que menciona como representantes de la modernidad[1].

Ahora bien, con el objetivo de relevar la transposición de estas obras a formato digital, se realizó una búsqueda en las mayores plataformas multinacionales tales como Amazon, -representa el 70% del mercado de libros electrónicos mundial (Cordón García et al. 2011) y sus competidoras Barnes&Noble y Google Books. Asimismo, se efectuó una búsqueda en la plataforma española Leer-e en función de poseer un estado del arte de la presencia de los títulos y autores del canon latinoamericano de Bloom en el mercado específico de habla hispana (V. Cuadro de búsquedas en plataformas).

Muchas veces en el proceso de transposición/migración la industria actúa con criterios que escapan (y/o se oponen) a las estrategias académicas de creación y sostenimiento de tradición misma en derredor de las obras canónicas. Quizá, las obras no deban tanto su presencia en los catálogos de las principales plataformas de ventas de libros digitales a los principios de circulación académica del orden tradicional como a las estrategias de lo que la industria considera “demanda real” de mercado (Cordón García 2004: 23). En el caso del Amazon, Google Books y Leer-e menos de la mitad de los títulos del canon latinoamericano está disponible en castellano en formato digital. En Barnes & Noble aparecen en oferta en digital exactamente la mitad de las obras. Algunos autores (Nicolás Guillén, Octavio Paz, José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy y Reinaldo Arenas) no poseen disponibles en digital ninguna de sus obras consideradas canónicas por Bloom. Así, la idea de una transposición “vertical”, automática del canon latinoamericano a las distintas formas del digital se torna errónea.

Si para Chartier (1995: 111) “los autores no escriben libros: escriben textos que luego se convierten en objetos impresos” el libro es el punto de convergencia de la batería de recursos que un sinnúmero de actores (“la industria”) pone a disposición del texto. En nuestro caso, podríamos hablar de la batería de recursos puestos a disposición de la industria de la edición digital en la transposición de las obras y autores de aquel canon latinoamericano elaborado por Bloom.

En síntesis: en la tensión entre el mantenimiento del canon y la construcción del catálogo editorial digital, la transformación al nivel de los dispositivos materiales también ofrece un recorte de la estructura del canon latinoamericano.

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Referencias Bibliográficas:

Bloom, Harold. 1995. El canon occidental: La escuela y los libros de todas las épocas. Trad. de Damián Alou. Barcelona: Anagrama.

Bourdieu, Pierre. 1999.  Intelectuales, política y poder. Sobre todo, “Una revolución conservadora en la edición”. Buenos Aires: EUDEBA.

Chartier, Roger. 1995. El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural. Barcelona: Editorial Gedisa.

Cordón García, José Antonio. 2004. La visibilidad en los circuitos de la creación: literatura y traducción. En Gonzalo García, Consuelo y García Yerba, Valentín (editores).  Manual de documentación y terminología para la traducción especializada. Madrid: Arco/Libros.

Cordón García, José Antonio,  Gómez Díaz, Raquel y Alonso Arévalo, Julio 2011. Las plataformas de venta de libros electrónicos: modelos de negocio y estrategias de mercado. Revista bid,  textos universitaris de biblioteconomia i documentació, número 26, junio de 2011.

Cordón García, José Antonio, Carbajo Gascón, Fernando, Gómez Díaz, Raquel y Alonso Arévalo, Julio (Coords.). 2012. Libros electrónicos y contenidos digitales en la sociedad del conocimiento. Mercado, servicios y derechos. Madrid: Pirámide.

 


[1] Autores y obras: Rubén Darío (Antología Poética); Jorge Luis Borges (El Aleph; El Hacedor; Ficciones; Ensayos completos; Antología personal); Alejo Carpentier (El siglo de las luces; Los pasos perdidos; El reino de este mundo; El recurso del método); Guillermo Cabrera Infante (Tres tristes tigres; La Habana para un infante difunto); Severo Sarduy (Maitreya); Reinaldo Arenas (El mundo alucinante); Pablo Neruda (Canto general; Residencia en la tierra; Veinte poemas de amor y una canción desesperada; Plenos poderes; Antología poética); Nicolás Guillén (Antología poética); Octavio Paz (Poesía completa; El laberinto de la soledad); César Vallejo (Antología poética; España, aparta de mí este cáliz); Miguel Ángel Asturias (Hombres de maíz); José Lezama Lima (Paradiso); José Donoso (El obsceno pájaro de la noche); Julio Cortázar (Rayuela; Todos los fuegos el fuego; Relatos escogidos); Gabriel García Márquez (Cien años de soledad; El amor en los tiempos del cólera); Mario Vargas Llosa (La guerra del fin del mundo); Carlos Fuentes (Cambio de piel; Terra Nostra); Carlos Drummond de Andrade (Poemas).

 

Acerca de Adrián Vila

Adrián Vila hace parte del Instituto Superior de Formación Docente N° 6 y del Instituto Nacional de Asociatividad y Economía Social de Argentina.

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16 respuestas a El canon literario latinoamericano en la transposición de impresos al catálogo digital

  1. Daniel cruz 17 Marzo, 2014 at 12:57 #

    Está muy bueno tu artículo, siempre existe la amenaza que ellos nos diseñen!

    • Adrián 18 Marzo, 2014 at 17:22 #

      Gracias, Daniel: si hay algo en que no creo es en “el diseño inteligente”.

  2. Silvia Toloza 12 Marzo, 2014 at 22:18 #

    Interesantes conceptos. Dan pie a diversas cuestiones. Como sabemos, no hay un solo canon vigente sino la convivencia de varios, ya que es un producto social y político. Pero sí podemos decir que el tiempo es configurador de todas esas variedades. Y el tiempo tiene que ver tanto con las formas de los textos literarios como con los soportes.
    Primera cuestión: si las TICs producen un cambio en la relación entre enunciador-enunciatario, productor-destinatario, ¿quién es el “lector” de esta experiencia cultural?
    Segunda cuestión: si como Tessio le aclara a Tom, “dile a Michael que sólo fue negocio”, ¿cuáles son los alcances reales de la democratización, ampliación y circulación de los productos culturales y las nuevas experiencias lectoras?
    Y tercera: si, a contramano de lo que se profetiza desde ciertas miradas aún con peso, podemos visualizar que las nuevas generaciones no son socias del ocaso de la lectura, ¿cuáles son las mayores dificultades para un acceso abierto a ciertos textos en las redes?
    Quizás todos los que de alguna u otra manera estamos en relación con estos aspectos, debamos interactuar desde diferentes lugares. Saludos

    • Adrián 13 Marzo, 2014 at 19:52 #

      Hola, Silvia. Gracias por tus aportes.
      La primera cuestión que propones nos remite a las dificultades que suponen para aquellos que no somos nativos digitales o que provenimos de campos “aferrados a la galaxia Gutenberg” la delimitación de roles propios de aquella “galaxia”. Creo que en este punto el fenómeno de lo que se denomina “lectura social” nos permite también describir lo que llamas “lector de esta experiencia cultural”. Es decir, usuarios protagonistas, experiencias de lecturas en redes, organización inteligente de la información, conformación de comunidades virtuales, colaboración entre iguales, procomún, etc.

      En relación con tus otros dos aportes/cuestiones:
      Digitalizados extremos, gutenbergianos, semianalfabetos digitales, “chicos globales”, en esa heterogeneidad también se desarrolla la acción de la industria cultural, que no ha dejado de existir, ni mucho menos (Amazon maneja casi el 75% del mercado de libros digitales). En este punto la industria cultural no nos remite solamente a innovación tecnológica, sino también a formas de sensibilidad/recepción y apropiación en la lectura, aunque “parezcan un accidente” en marco de… un “nicho de mercado” . Por cierto, que el planteo del “ocaso de la lectura” tiene que ver también con la dificultad que tienen tanto la industria como el Estado en generar estrategias a gran escala: de creación de nuevos clientes por un lado; de generar mecanismos de educación “letrada” por el otro. Se encuentran con la dificultad material objetiva de articulación de estrategias comunicacionales “de masas” no individualizadas ni contextualizadas, cuando los jóvenes urbanos se mueven en un universo “multitasking” digital, entre móviles, tablets, internet, sms, mensajería instantánea, etc., de manera, podríamos decir, “aleatoria” o no cartesiana, rápida y no lineal, hipertextualizada. Asimismo, al mismo tiempo, la valla insalvable de la existencia de amplias franjas de la población que no acceden a ninguna de las tecnologías mencionadas, con lo cual la tensión modernidad-posmodernidad en “lo social” se refuerza (digresión: aunque este último punto no le agrade demasiado a Nicolás Javaloyes, que hace mención expresa a esta tensión en el post del 12 marzo, 2014 de esta conversación).

  3. julieta 12 Marzo, 2014 at 15:01 #

    hola..leí tu nota Adrián, que me parece muy interesante y actual. primero tengo que decir que no leí a Bloom pero reconozco que de algún lado hay que partir. pero independientemente de su lista de autores latinoamericanos, hay una realidad de la edición digital que es la siguiente: las grandes editoriales ya entendieron que tener disponibles los libros en formato digital es una necesidad, porque la lectura en dispositivos avanza y si no lo hacen las editoriales, lo terminan haciendo los lectores (u otros actores de la industria, legales o no). por ese motivo, el primer paso fue (esta siendo) publicar las versiones digitales de los libros que están en el catálogo. pero eso no implica necesariamente que todos los autores latinoamericanos (que menciona Bloom) esten actualmente en esos catálogos. habría que ver si esos libros que hoy no están en versión digital están en versión papel. y viceversa. o sea, la edición digital va por otros rumbos, y está todavía en pañales… las editoriales independientes, por ejemplo, han actuado de diversas maneras al respecto, algunas publican en digital y otras no. algunas solo en digital. los caminos del Señor (Bloom) son inescrutables..

    • Adrián 12 Marzo, 2014 at 20:21 #

      Julieta. Pienso que tenés razón en algunas hipótesis que se derivan del artículo: ¿qué versiones leyó Bloom? ¿En español o en inglés? ¿Las ediciones en papel, están vigentes? ¿O están fuera de stock? ¿Qué tratamiento tienen los derechos de autor de las obras (en digital) para cada caso? Esta etapa del catálogo de la “sección latinoamericana” del canon de Bloom, ¿es transitoria o definitiva? Es decir, ¿es el presente catálogo general de la edición digital un momento en el arte ? Gracias por tu post.

  4. Nicolás Javaloyes 12 Marzo, 2014 at 3:00 #

    Recuerdo la polémica cuando llegó el libro de Harold Bloom. Su prédica de la soberanía de lo estético por sobre lo social o ideológico y la pretensión del un canon universal era realmente irritante. Ya han pasado los estudios Culturales, la afamada posmodernidad, el multiculturalismo y el giro poscolonial.
    Me parece que la pretensión de Bloom quedó anacrónica y se ahogó en un océano de la globalización. Creo que los catálogos de las editoriales de hoy son la fiel demostración de la inexistencia de un canon. Lo que no quiere decir que las editoriales sueñen con su regreso para hacer el negocio un poco más estable.
    Espero tener más noticias de estos estudios. Saludos!!

    • Adrián 12 Marzo, 2014 at 20:11 #

      Estimado Nicolás: Creo que, pasado o presente de los llamados “estudios culturales” -sobre todo- la tensión entre canon y catálogo va a seguir ahí, en expectación. Gracias por tu post!

  5. Elwin Huaman 11 Marzo, 2014 at 23:08 #

    Buen trabajo
    “Y es en este punto donde la idea de un canon único más allá del soporte ingresa en tensión con la acción de la industria editorial (en digital).”[Adrian Vila].
    Un cordial saludo
    Elwin

    • Adrián 12 Marzo, 2014 at 20:13 #

      Gracias, Elwin, por la cita-comentario. Muy amable!

  6. Silvina Jasiukiewicz 11 Marzo, 2014 at 17:59 #

    “Excelente trabajo, y excelente artículo. igual gracias al Acrobat, a los scanners, páginas y bloggs y a los desinteresados que suben textos sólo por amor al arte, cada vez hay más grietas por donde armarnos nuestros propios cánones. “

    • Adrián 11 Marzo, 2014 at 19:26 #

      Gracias, Silvina. “Deconstruyendo el canon” o mejor, “canon de autor”, sería tu post. Muy amable.

  7. Santiago Rengifo 11 Marzo, 2014 at 0:19 #

    Un texto interesante, aunque breve. Una pregunta que me resultó del texto es ¿Qué refleja esto que se describe en el texto respecto las preferencias (de compradores y por lo tanto de las editoriales) contemporáneas en materia de literatura? ¿Es posible entonces que la fuerza de un canon instituido se haya perdido?

    • Adrián 11 Marzo, 2014 at 12:19 #

      Santiago: yo creo que la idea misma de canon sugiere una de las posibilidades de tratamiento de “lo literario”: la de cierta preeminencia del hecho académico y su lectura del catálogo general de la edición literaria. Y, como sabemos, no es precisamente la capacidad de influencia del canon académico el recurso principal que tomen en cuenta las editoriales para la construcción del catálogo. Es decir: considero que el “gusto” (Bordieu) de los consumidores puede desarrollarse tanto en la influencia de la “crítica profesional” (literaria, académica, revistas culturales, recensiones, blogs de expertos, revistas científicas) como en la acción de corrientes más lejanas del campo, como el marketing, la farandulización del catálogo, la acción de la industria publicitaria, etc. Te agradezco tu post y tus palabras.

  8. Fernando Pedrosa 10 Marzo, 2014 at 3:52 #

    Excelente post. Felicitaciones Adrian. Tengo dos consultas. La primera. ¿Que otras obras o autores latinoamericanas que no estan en el canon, son muy difundidas en el catalogo digital actualmente? La segunda, desde que Bloom definió ese canon, ¿ha habido alguna actualizacion de parte de de la academia, del mercado o de otros especialistas que hayan generado algun consenso al respecto?
    Te felicito nuevamente, un tema muy interesante y novedoso.

    • Adrián 11 Marzo, 2014 at 12:49 #

      Fernando: gracias por tus comentarios. En relación con tu primera pregunta, considero que existe una batería innumerable de autores latinoamericanos que no fueron incorporados en el canon (Occidental, de Bloom) y que son editados en digital. Por un lado, existen autores cuyas obras son relativamente nuevas, por otro lado, escritores que fueron excluidos del tratamiento académico y que han sido, poco a poco, incorporados al canon (tal es el caso de Jorge Asís, por ejemplo, en la versión académica de las Literaturas Argentinas) pero que no poseen (¿todavía?) en digital aquella masividad de su obra en impresos. Asimismo, existen escritores que escriben desde los márgenes del mainstream a los que la incorporación de su obra al catálogo digital está tornándose lenta (o dificultosa, depende el caso). Además, hay una corriente de “literatura masiva” que ha sido digitalizada de forma relativamente rápida. Esta zona literaria, más cercana al “polo industrial o del mercado” (Bordieu) ni siquiera es considerada en función de criterios de gusto de lo que podemos llamar “literatura culta o erudita” y que, recién en los últimos años, ha sido incorporada a la academia por intermedio de los llamados estudios culturales (digresión: es célebre la frase de Stuart Hall “If I have to read another cultural studies analysis of The Sopranos, I give up”).
      En cuanto a la pregunta acerca de una actualización acerca de la idea de canon, la sola idea de existencia de ese tipo de corpus ha sido puesta en discusión. La crítica al canon proveniente de los estudios culturales, desde la teoría queer, desde la crítica feminista, desde la corriente marxista más clásica, desde los estudios subalternos y poscoloniales, coloca a la noción misma de canon en tela de juicio. Y van desde la crítica al “canon de Bloom” como anglocentrista a la acusación de heterocentrista a la lisa y llana propuesta de la necesidad de liberar a la literatura (y los estudios culturales) de cualquier noción de “norma” o “imposición de corpus a los estudios literarios”. Espero haberte respondido con la exactitud con la que me posteaste. Saludos.

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