El Congreso Nacional Argentino en perspectiva histórica. Una mirada desde la “Confederación” (1852-1862)

En Argentina, en el momento en que escribo estas líneas, el congreso nacional ha dirimido ciertas cuestiones tributarias estratégicas debido a variantes negociaciones y conflictos entre el oficialismo y la oposición; que se han replicado en 2016 durante varias sesiones.

Este tipo de situaciones siempre provocan reflexiones académicas encontradas sobre lo que es el régimen político y sobre el rol del poder legislativo en este marco. En efecto, una nutrida bibliografía de las ciencias humanas y sociales lo ha examinado en diversos contextos a lo largo de la historia argentina.

Con todo, en lo respectivo al análisis historiográfico del siglo XIX, resultaría estimulante avanzar hacia una agenda específica tanto de estudios comparativos como de síntesis, sobre la base de las importantes investigaciones desarrolladas en las últimas décadas relativas a las legislaturas provinciales y a los distintos congresos. De hecho, al ponerlas en diálogo se advierten interesantes cruces sincrónicos y diacrónicos que redundan en una imagen más integrada sobre el sinuoso proceso de edificación del orden político que tuvo lugar en dicho siglo. Claro que, a la vez, se advierte la imposibilidad de realizar afirmaciones generalizadoras y poco sensibles a los escenarios históricos (Lanteri y Nanni, 2016).[1]

En particular, el análisis del protagonismo del congreso en los designios nacionales entre 1853 y 1880, en buena medida eclipsado por el énfasis en la tradición institucional “presidencialista”, ha cobrado creciente interés.[2] En 1853 la constitución nacional –que rige actualmente con sucesivas modificaciones- arbitró una nueva relación entre las provincias, que se encontraron ante el desafío de pensarse y organizarse como parte de un estado federal. Buenos Aires negó su incorporación, por lo que coexistió como estado independiente hasta 1862 en lucha con la “Confederación” –que nucleaba las restantes trece provincias al momento integrantes del territorio argentino- por obtener la unidad y la supremacía nacional.[3]

En este marco, recuperar la experiencia parlamentaria de la “Confederación” resulta importante, ya que fue central en el largo camino de la profesionalización política y de la maduración estatal nacional. Por una parte, interesa advertir la potencialidad metodológica de conjugar el examen de la labor e interacción del Congreso con los poderes ejecutivo y judicial –que se definían constitucionalmente en un equilibrio teórico-, junto a un abordaje de tipo prosopográfico y relacional de las élites parlamentarias y de su conformación en tanto dirigencia nacional. De hecho, el enfoque en las trayectorias privadas y públicas –considerando los capitales que las nutrieron- y, principalmente, en las múltiples redes de relaciones personales de los parlamentarios merecería mayor atención en Argentina por parte de los estudios históricos relativos a la “organización nacional” -1853-1880-.

En el caso de la “Confederación” dicho enfoque, por ejemplo, ha redundado en una fructífera clave explicativa de la articulación entre nación y provincias que tuvo lugar durante el período, ya que las redes dinamizaron en buena medida el sistema político. Además, el seguimiento de los derroteros permitió observar que la formación de una dirigencia que integró a los parlamentarios exigió recapitalizar y unificar un personal diverso, que sin embargo tenía su sustrato común en su desempeño durante la primera mitad del siglo XIX. Más allá de sus divergentes itinerarios y propósitos, habían adquirido empíricamente un bagaje de saberes en el manejo de la actividad política y militar, que reorientaron en la dinámica legislativa hacia la construcción de las instituciones del estado. En este devenir, el vínculo entre los poderes legislativo y ejecutivo plasmó la armonía alberdiana de un sistema federal con un ejecutivo fuerte. Pero ello no supuso que las provincias y sus representantes resignasen su poder, sino que el congreso fue convirtiéndose en un ámbito con atribuciones y formas de acción propias y colectivas, que podían eventualmente limitar el avance coercitivo del poder central. Las permanentes negociaciones y alianzas situaron a los actores en la necesidad de utilizar sus variados capitales, información y redes en una escala espacial amplia. A la vez que se evidenciaron especificidades en la integración federal de las distintas provincias.

En este período de transición y fuerte experimentación, circularon diversas ideas y acciones que modelaban el alcance y la naturaleza del nuevo régimen, dando lugar a lógicas y prácticas políticas e institucionales que solidificaron y que también intentaron ser eliminadas posteriormente. De hecho, finalmente, importa destacar que avistar desde el recinto legislativo la manera en que la “Confederación” transitó entre el proyecto y la realidad política, admite asumir una postura intermedia entre las interpretaciones históricas más difundidas, que pivotearon entre la exaltación de la organización y progreso alcanzados y el fracaso de su proyecto nacional. Pese a la imposibilidad de terminar de institucionalizar los órganos estatales y de dirigir un estado con sede en Entre Ríos, las provincias y sus representantes comenzaron a entenderse y a asumirse en una forma representativa, federal y republicana. Además, un núcleo importante continuó integrando el elenco nacional. La “Confederación” supuso entonces un legado de personas, redes e instituciones como el congreso, que fueron un plafón político. Bartolomé Mitre logró capitalizarlo desde 1862 en su presidencia, en una nueva etapa de conformación estatal ahora bajo la hegemonía de Buenos Aires –tras su victoria militar en la batalla de Pavón-(hasta aquí resumen de Lanteri, 2015).

Sucederían desde entonces otras décadas hasta la consolidación del orden político nacional,que darían lugar a los debates de hoy, tanto sobre las prerrogativas de la nación y las provincias como acerca de la relación entre los poderes públicos estatales. En síntesis, la “Confederación” aporta claves problemáticas para continuar reflexionando sobre los laberintos de la política. La fisonomía actual del congreso no era siquiera imaginada por sus legisladores, aunque también debatieron sobre el pasado y buscaron fórmulas para el presente y el futuro de lo que luego sería la Argentina. Algunas continúan como un marco de referencia que cristaliza percepciones “con distintos acentos” sobre los límites y alcances de aquella experiencia.[4]

 

Bibliografía 

Alonso, Paula (2000). Entre la revolución y las urnas. Los orígenes de la Unión Cívica Radical y la política argentina de los años 90′, Sudamericana: Buenos Aires.

Lanteri, Ana Laura y Nanni, Facundo (2016). “Espacios legislativos y política en la Argentina del siglo XIX (I). Las Legislaturas” y “Espacios legislativos y política en la Argentina del siglo XIX (II). Los Congresos”, Sección Dossiers de la plataforma del Programa Interuniversitario de Historia Política, Nº 88 y 89, puestos en línea en septiembre: http://historiapolitica.com/dossiers/dossier-espacios-legislativos-y-politica-en-la-argentina-del-siglo-xix-i-las-legislaturas/ y http://historiapolitica.com/dossiers/dossier-espacios-legislativos-y-politica-en-la-argentina-del-siglo-xix-ii-los-congresos/

Lanteri, Ana Laura (2015). Se hace camino al andar. Dirigencia e instituciones nacionales en la “Confederación” (Argentina, 1852-1862), Rosario: Prohistoria Ediciones.

Lanteri, Ana Laura (2011). “Unos cuantos aventureros de la política. Notas sobre los alquilones en la Confederación (1854-1861)”, PolHis. Revista Bibliográfica del Programa Interuniversitario de Historia Política, 7 (4):115-126.

Palacios, Guillermo (Coord.) (2007) Ensayos sobre la Nueva Historia Política en América Latina, siglo XIX, México: COLMEX.

Palermo, Silvana (2006). “Del Parlamento al Ministerio de Obras Públicas: la construcción de los ferrocarriles del Estado en Argentina, 1862-1916”. Desarrollo Económico, 182 (46): 215-244.

*La fotografía de presentación del texto es la fachada de la Cámara de Diputados (Paraná, ciudad capital de la “Confederación”). Fuente: Cámara de Diputados de la Nación (1939), El Poder Legislativo de la Nación Argentina, por Carlos Alberto Silva, Buenos Aires, Tomo II, entre páginas 256 y 257.

[1] Por cuestiones de espacio nos permitimos obviar referenciar a los numerosos estudios existentes, aunque en los dossiers compilamos una muestra de ellos. Los mismos se encuadran en la renovación de interrogantes y enfoques sobre la historia política latinoamericana decimonónica sucedida en las últimas décadas (entre otros, Palacios (Coord.), 2007). En adelante excluimos a las legislaturas provinciales ya que exceden nuestro planteo.

[2] Sobre el punto y el rol activo del congreso han llamado la atención, entre otros, Alonso (2000:231) y Palermo (2006).

[3] Se utilizan comillas ya que el período es comúnmente llamado “Confederación” cuando se conformó un estado federal. La estructura del sistema político, inspirado en los postulados de Juan Bautista Alberdi, reposó en un equilibrio teórico entre un poder ejecutivo con amplias atribuciones pero sin posibilidad de reelección, un poder legislativo bicameral donde estaban representadas todas las provincias y un poder judicial. La nueva federación se amalgamaría por la delegación en el poder nacional de ciertas facultades por parte de los gobiernos provinciales. Con Congreso nacional referimos al que funcionó en Paraná, la ciudad capital de la “Confederación” situada en la provincia de Entre Ríos, entre 1854 y la disolución de los poderes nacionales en diciembre de 1861. A la cabeza del poder ejecutivo durante el período estuvieron como presidentes Justo José de Urquiza de 1854 a marzo de 1860 y, desde entonces, Santiago Derqui. También excluimos nuestras reflexiones sobre la justicia federal por exceder el planteo del post.

[4] Por citar algunos ejemplos. En 2009 con motivo de las elecciones legislativas, diversas notas periodísticas se expresaron a favor y en contra de la comparación crítica de algunas candidaturas con la peculiar situación de los “alquilones” de la “Confederación”, quienes no habían nacido ni tenían residencia inmediata en las provincias que representaban. Entre otros ver https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-125344-2009-05-22.html Sobre los “alquilones” Lanteri (2011). Por el contrario, en su discurso de asunción en 2015, el actual gobernador de Entre Ríos Gustavo E. Bordet entroncó a la provincia en una genealogía de la organización nacional, destacando como hito a la labor de Justo José de Urquiza. Ver http://analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=228981

Acerca de Ana Laura Lanteri

Ana Laura Lanteri es Investigadora del CONICET (Argentina) y trabaja en el CEHis-UNMDP. Realizó estancia en el Instituto de Iberoamérica en 2016 como parte de su investigación en la Universidad de Colonia bajo el auspicio de una beca de la DAAD (Alemania).
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