El dilema de la lealtad: algunas razones de la inestabilidad de la vicepresidencia en América Latina

La muerte del presidente venezolano, Hugo Chávez, y el posterior proceso y conflicto de sucesión, han generado mucha atención sobre los temas de la sucesión presidencial y la vicepresidencia. El tema de la sucesión en cualquier sistema político es delicado porque se trata de un período de crisis para el régimen político o el gobierno de turno, y es importante, porque remite a las reglas que deben asegurar la continuidad del sistema e indicar quién debe tomar el control del gobierno cuando la presidencia queda vacante. A pesar de la importancia del tema, es poco lo que sabemos de la vicepresidencia en América Latina. Con algunas pocas excepciones (Serrafero 1999; Sribman 2011), la vicepresidencia ha sido ignorada en la literatura sobre el sistema presidencial en América Latina.

La vicepresidencia en Venezuela y América Latina: una institución controvertida

El presidencialismo en América Latina ha sido estable en el sentido de que han sido pocos los experimentos con otros sistemas políticos. Sin embargo, la institución vicepresidencial no ha gozado de la misma estabilidad. El siguiente gráfico demuestra la proporción y tendencia de países en América Latina que han incluido la vicepresidencia en sus Constituciones a través del tiempo.

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Nota: Los datos provienen del Comparative Constitutions Project de Elkins et al. (2010).

El gráfico destaca dos cosas interesantes. Primero, la histórica inestabilidad de la vicepresidencia, y, segundo, la tendencia relativamente reciente de incluir la vicepresidencia en las Constituciones (México y Chile son los dos únicos países de América Latina que no tienen vicepresidencia). Esta entrada tratará precisamente sobre la inestabilidad política que genera la vicepresidencia.

La inestabilidad de la vicepresidencia

¿A qué se debe esta inestabilidad de la vicepresidencia en la región? Sobre este tema no se sabe mucho, y esta entrada tampoco ofrecerá una respuesta clara. La pregunta es parte de una investigación más amplia sobre la vicepresidencia en América Latina que apenas estoy comenzando. Sin embargo, intentaré dar algunos razones por las cuales la institución ha sido objeto de muchos cambios constitucionales.

La inestabilidad de la institución demuestra que la vicepresidencia ha sido controvertida. Mecham (1959) caracteriza la vicepresidencia en la región como “un imán de las conspiraciones”, en igual tono que Sribman (2011), al citar un dicho argentino: “El vicepresidente es el único golpista a sueldo del Estado”. Las dos citas indican que la percepción de la oficina vicepresidencial es mala. Pero, ¿por qué se identifica el vicepresidente con golpistas y conspiraciones? La respuesta puede ayudar a explicar la inestabilidad de la oficina.

Creo que las razones se encuentran en los rasgos institucionales de la misma vicepresidencia que son iguales en todos los casos, menos el venezolano. Son dos los rasgos problemáticos. El primero es que el vicepresidente por ser el sucesor del presidente, es la única persona dentro del gobierno que asciende de posición si la presidencia queda vacante. El segundo es que el vicepresidente (por ser elegido junto con el presidente), no es destituible por el presidente. Es decir, que si ocurre algún conflicto grave entre el presidente y el vicepresidente, no se puede resolver hasta las próximas elecciones. El mejor ejemplo reciente se encuentra en Argentina entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el vicepresidente Julio Cobos cuando este último desde el Senado votó en contra del gobierno sobre el asunto de los impuestos de las exportaciones agrícolas en el 2008. En el caso de Cobos, éste no constituyó ningún peligro para la estabilidad del gobierno, pero sí quedó aislado por el resto del período electoral y el conflicto debilitó al gobierno.

Lealtad y el dilema vicepresidencial

En la época moderna, el problema vicepresidencial no es la alianza con golpistas militares, sino qué haría el vicepresidente cuando su presidente se encuentre en una crisis. ¿Lo apoyará para así ofrecer estabilidad y unidad gubernamental frente a la crisis? o ¿lo abandonará para así fomentar aún más la situación de crisis creando divisiones dentro del gobierno? EstE es el dilema vicepresidencial que puede afectar no sólo la supervivencia del gobierno sino también el futuro del propio vicepresidente. Si cae el presidente, puede beneficiar al vicepresidente haber tomado distancia del presidente. TomaR distancia le ayudaría a salir ileso de la crisis que afecta al presidente, pero también debilitaría la posición del presidente (como hizo el vicepresidente Federico Franco en Paraguay con el presidente Fernando Lugo en 2012). Si en cambio el vicepresidente apoya de manera incondicional al presidente, puede caer con el presidente como ocurrió en Guatemala tras el autogolpe fallido del presidente Jorge Serrano Elías en 1993. Si el gobierno sobrevive la crisis, un vicepresidente que ha criticado a su presidente puede quedarse aislado dentro del gobierno (caso Cobos), mientras que un vicepresidente que apoya al presidente, como lo hizo Diosdado Cabello en Venezuela durante el fallido golpe de estado en 2002, podría ser premiado.

Por lo menos dos variables adicionales pueden afectar la lealtad de un vicepresidente a su presidente: si el vicepresidente y el presidente vienen del mismo partido y cómo se elige el vicepresidente.

Primero: 30 de los 83 vicepresidentes sobre los cuales tengo datos partidistas (hasta hoy en día) durante la última ola democrática, procedían de un partido distinto al del presidente. El tema se ha estudiado poco, pero tener presidente y vicepresidente de diferentes partidos crea retos para el manejo de conflictos intra-gubernamentales. En primer lugar, se puede suponer que afecta negativamente a la lealtad que demuestra el vicepresidente hacia el presidente, ya que lo que conviene al gobierno y al partido no necesariamente es lo mismo (un ejemplo es el reciente caso de Franco y Lugo en Paraguay). En segundo lugar, si se rompe una coalición cimentada por la vicepresidencia, no sólo se debilita la posición parlamentaria del gobierno, sino que sitúa a la oposición dentro del gobierno porque el vicepresidente no necesariamente renunciaría con la quiebra de la coalición. Esto ocurrió en Bolivia durante el gobierno de Hernán Siles Zuazo después que su pareja de coalición, el MIR, liderado por el vicepresidente Jaime Paz Zamora, decidiera abandonar el gobierno. Paz Zamora se quedó en el gobierno apoyando los intentos de la oposición de organizar un juicio político contra Siles Zuazo.

Segundo: En todos los países, menos Venezuela, el vicepresidente se elige en la misma boleta electoral que el presidente, y el candidato vicepresidencial normalmente es escogido por el candidato presidencial (o su partido), o si es resultado de una coalición, mediante un acuerdo pre-electoral entre los dos candidatos y sus partidos. Históricamente, Brasil en su segunda república experimentó eligiendo al presidente y vicepresidente en dos boletas separadas y consiguientemente, sin acuerdo pre-electoral. El experimento acabó con la elección del conservador presidente Jânio Quadros (UDN) junto con el vicepresidente João Goulart (PTB) de la izquierda en 1960. Tres años después de la renuncia de Quadros y la ascendencia de Goulart a la presidencia, los militares intervinieron, temiendo la fuerza de la izquierda, con un golpe de estado.

No obstante el conflicto de sucesión venezolano, es posible que fuera el mismo Chávez, consciente de la historia de Simón Bolívar quien acusó a su vicepresidente Santander de orquestar un golpe de estado, quien encontró la fórmula para crear lealtad hacia el presidente. En Venezuela, el presidente elige su vicepresidente, y lo puede destituir (Chávez tuvo ocho vicepresidentes). Esta fórmula resuelve el problema de la lealtad, pero crea otro de sucesión. Al no ser elegido popularmente, el vicepresidente en Venezuela no es el sucesor presidencial en todos los casos, sino que se debe llamar a elecciones anticipadas si durante los primeros cuatro años después de la elección la presidencia queda vacante. La razón es que el vicepresidente no goza de una legitimidad popular. Esta fórmula de sucesión la comparte Venezuela con los dos países sin vicepresidente, Chile y México. Por el conflicto de sucesión que se ha observado en Venezuela tras la muerte de Chávez, podemos tentativamente concluir que al resolver el dilema de lealtad, se crea otro de sucesión. También se observa con el reciente caso venezolano que la vicepresidencia y la sucesión presidencial sigue siendo un tema conflictivo, importante y relevante en América Latina.

Referencias:

Elkins, Zachary, Ginsburg, Tom y Melton, James. 2010. Characteristics of National Constitutions, Version 1.0. Comparative Constitutions Project.

Mecham, J. Lloyd. 1959. “Latin American Constitutions: Nominal and Real” The Journal of Politics 21 (2): 258-275.

Serrafero, Mario D. 1999. El poder y su sombra. Los vicepresidentes. Buenos Aires: Fundación Editorial de Belgrano.

Sribman, Ariel D. 2011. La Vicepresidencia Argentina (1983-2009). Cadernos de Estudos Latino-Americanos. Porto: Ediçoes Universidade Fernando Pessoa.

Acerca de Leiv Marsteintredet

Leiv Marsteintredet es profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Oslo, Noruega.

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