¿El problema de la corrupción o el de la tolerancia a la corrupción?

Uno de los fenómenos más llamativos de la democracia es el hecho de que los políticos acusados o condenados por corrupción son reelectos y/o consiguen continuar en sus cargos. En algunos casos, la corrupción no afecta negativamente el desarrollo de las carreras políticas. Y la política latinoamericana, en todos sus niveles, y particularmente en el nivel local, ha dado muestra de este dilema en las últimas décadas.

No obstante, la paradoja corrupción impopular y políticos corruptos populares (Kurer, 2001: 63; Manzetti y Wilson 2007) se puede percibir, tanto en las democracias en desarrollo, como en las avanzadas. Chang et. al. (2007) advierte que los votantes de todas las democracias industriales parecen sorprendentemente tolerantes con la conducta ilegal de sus representantes políticos. Varios estudios cuantificaron el castigo electoral de la corrupción y advirtieron que no existe condena efectiva. En Brasil, Renno (2007) sostiene que la preocupación de los votantes sobre la corrupción tuvo poco impacto en el comportamiento electoral. Winters y Weitz-Shapiro (2010) analizaron cómo Lula consiguió no salir dañado ante los escándalos de corrupción de su administración. Datos similares pueden encontrarse para España (Rivero y Fernández 2011; Jiménez y Cainzos 2006, Anduiza et. al 2012; Riera et. al. 2013; Barbera y Fernández 2012); México (McCann y Domínguez 1998); Estados Unidos (Welch y Hibbing 1997); Japón (Reed 2005); Francia (Lafay y Servais 2000); Italia (Chang et al. 2007; Sberna y Vannucci 2013), Brasil (Ferraz y Finan 2008, Brollo 2010); Grecia (Kostantinidis y Xezonakis 2013).

Aproximación multidimensional

La tolerancia electoral a la corrupción ha sido estudiada a través de una variedad de perspectivas, que se centran en diferentes variables explicativas y usan diversas metodologías. Los estudios de caso de países individuales aún dominan esta área de estudio emergente, aunque es verdad que los estudios comparados han aumentado en los últimos años debido a una recogida de datos más sistemática, al tratamiento de registros electorales y a la inclusión del problema de la corrupción en las encuestas pre y postelectorales.

Tradicionalmente, estos estudios definen grandes conjuntos de condiciones en las que se podría esperar que la corrupción tuviese consecuencias electorales. Aunque existe un acuerdo generalizado que en ciertos contextos económicos, culturas políticas y características institucionales tienden a limitar el castigo electoral de la corrupción, todavía estamos lejos de entender en profundidad el fenómeno.

En los últimos tiempos, gracias al uso de encuestas sobre actitudes de los votantes, las explicaciones a nivel individual han aumentado. Sin embargo, la mayoría de estos estudios ofrecen un análisis estático del castigo electoral. Falta una explicación más dinámica que tenga en cuenta explicaciones a nivel individual y a nivel macro. Esto es precisamente lo que propone Why voter do not throw the rascals out? (De Sousa y Moriconi 2013), a partir la sistematización de la bibliografía existente.

El comportamiento de los electores está influenciado por factores de nivel micro y macro, y esto no cambia cuando se trata de valoraciones sobre la integridad de un candidato y la materialización, o no, de un castigo electoral. Los factores a nivel micro se relacionan con las características personales, con la identidad de las personas, sus deseos y el marco cultural.

En el nivel macro, la estructura social normativa, el escenario institucional en el que el escándalo acontece, las características de la denuncia y quién es acusado, y el contexto político interfieren y median las consecuencias electorales del flagelo.

Mientras las condiciones del sistema y la coyuntura son iguales para todos los electores, su impacto en los juicios personales es variado. Los votantes son más o menos permeables a estos factores en función de sus características individuales, motivaciones, deseos y biografías. Las predisposiciones y actitudes hacia la corrupción varían considerablemente de un individuo a otro, por lo tanto no hay efectos homogéneos de la corrupción en el comportamiento de los votantes.

Los factores micro y macro-nivel se pueden agrupar en dos conjuntos de indicadores formados por un conjunto de variables (ver Tabla 1). Estos diversos factores se entrelazan, creando un conjunto de oportunidades, limitaciones e incentivos a través del cual los votantes hacen que sus representantes rindan cuentas. Estos mecanismos causales no siempre afectan armoniosamente la decisión de un ciudadano para premiar/castigar la corrupción en las urnas. 

tabla 1 post5

Justificantes para votar a corruptos
No hay una justificación única de por qué los votantes no castigan a los políticos corruptos. Sin embargo, hay una serie de dimensiones que explican las actitudes de los electores. Los ciudadanos no castigan la corrupción en las urnas porque:
a) Les falta información veraz o contrastada sobre el mal desempeño del candidato.

b) No confían en la justicia y, en consecuencia, minimizan la importancia de las acusaciones y las sentencias judiciales a la hora de evaluar la integridad de los candidatos.

c) Nunca cuestionan al candidato de su partido.

d) Son beneficiarios directos de la discrecionalidad, del clientelismo o de las políticas redistributivas no programáticas del candidato o de su partido.

e) Su participación en la política está determinada principalmente por el cumplimiento de sus propios intereses, de ahí que valoran la eficacia por encima de cualquier otra norma ética.

f) Creen que el poder corrompe y que, por definición, todos los políticos son corruptos.

g) No tienen en cuenta la integridad como un asunto electoralmente relevante: los partidos y los candidatos son elegidos por sus programas y por los resultados de sus políticas durante su mandato.

Bibliografía

Anduiza, E., Gallego, A. & Muñoz, J. (2012). Turning a blind eye: experimental evidence of partisan bias in attitudes towards corruption. Comparative Political Studies.

Barberá, P. & Fernández-Vázquez, P. (2012). Los electores ante la corrupción. En Fundación Alternativas (ed.) Informe sobre la democracia en España, 2012. Available online: http://www.falternativas.org/laboratorio/libros-einformes/ide/informe-sobre-la-democracia-en-espana-2012.

Brollo, F. (2010). Who is punishing corrupt politicians – voters of central government? Evidence from the Brazilian Anti-Corruption Program. IGIER – Università Bocconi Working Papers, No. 336. Available online: ftp://ftp.igier.uni-bocconi.it/wp/2008/336.pdf.

Chang, E.C., Golden, M.A. & Seth, J. H. (2007). Electoral consequences of political corruption. Paper presented at the 2007 Annual Meeting of American Political Science Association.

De Sousa, Luís and Moriconi, Marcelo (2013): “Why voters do not throw the rascals out? Conceptual framework to understand electoral tolerance to corruption”; en De Sousa y Moriconi (editores): Special Issue: Electoral Punishment of Corruption in Southern Europe, Crime, Law and Social Change, Volume 60, Issue 5, December 2013, pp. 471-502. On line: http://link.springer.com/journal/10611/60/5/page/1 

Ferraz, C., & Finan, F. (2008). Exposing corrupt politicians: the effects of Brazil’s publicly released audits on electoral outcomes. Quarterly Journal of Economics, 123(2), 703–745.

Jiménez, F., & Caínzos, M. (2006). How far and why do corruption scandals cost votes? In J. Garrard & J. L. Newell (Eds.), Scandals in past and contemporary politics (pp. 194–212). Manchester: Manchester University Press.

Konstantinidis, Iannis y Georgios Xezonakis (2013) Sources of tolerance towards corrupted politicians in Greece: the role of trade offs and individual benefits, Symposium on electoral punishment of corruption. Law, Crime and Social Change, volumen 60, Issue 5, pp. 549-563.

Kurer, O. (2001). Why do voters support corrupt politicians? In A. K. Jain (Ed.), The political economy of corruption (pp. 63–85). London: Routledge.

Lafay, J., & Servais, M. (2000). The influence of political scandals on popularity and votes. In M. S. Lewis-Beck (Ed.), How france votes. New York: Chatham House.

Manzetti, L., & Wilson, C. (2007). Why do corrupt governments maintain public support? Comparative Political Studies, 40(8), 949–970.

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Reed, S. R. (2005). Japan: Haltingly toward a two-party system. In M. Gallagher & P. Mitchell (Eds.), The politics of electoral systems. Oxford: Oxford University Press.

Rennó, L. R. (2007). Escândalos e voto: as eleições presidenciais brasileiras de 2006. Opinião Publica, 13(2), 260–282.

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Rivero, G. & Fernández-Vázquez, P. (2011). Las consecuencias electorales de los escándalos de corrupción municipal, 2003–2007. Estudios de Progreso, Fundación Alternativas. Available online: http://www.falternativas.org/estudios-de-progreso/documentos/documentos-de-trabajo/las-consecuenciaselectorales-de-los-escandalos-de-corrupcion-municipal-2003-2007.

Sberna, Salvatore y Alberto Vannucci (2013): “It’s the politics, stupid!”. The politicization of anti-corruption in Italy, Symposium on electoral punishment of corruption. Law, Crime and Social Change, volumen 60, Issue 5, pp. 565-593.

Welch, S., & Hibbing, J. (1997). The effects of charges of corruption on voting behavior in
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Winters, M. S. &Weitz-Shapiro, R. (2010). “Rouba, mas faz” or not? Exploring voter attitudes toward corruption in Brazil. Paper presented to APSA Conference 2010. Available online: https://netfiles.uiuc.edu/cheibub/www/Faculty-Student_Seminar_FALL_2010_files/WintersWeitz-Shapiro_ VoterAttitudesTowardCorruption_APSA2010.pdf.

Acerca de Marcelo Moriconi Bezerra

Marcelo Moriconi Bezerra es investigador del Centro de Investigaçao e Estudos en Sociología, del Instituto Universitario de Lisboa, Portugal.
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