El sorteo de cargos públicos: un método para mejorar la democracia

El concepto de democracia ha estado asociado, en diferentes épocas históricas, a dos métodos muy diferentes de selección de cargos públicos y asignación de responsabilidades: las elecciones populares y el sorteo de representantes. En los últimos doscientos años la teoría democrática ha dado por hecho que el único método democrático para escoger cargos públicos es la elección de representantes a través del voto popular. Sin embargo, desde sus orígenes en Atenas (435 A.C) hasta bien entrado el siglo XIX, el concepto de “democracia” solía hacer alusión al uso del sorteo para la selección de cargos públicos (Manin 1997).

Existen cuatro líneas de justificación del sorteo como herramienta para la selección de cargos públicos y asignación de responsabilidades. La primera, que abreva de la democracia ateniense, considera que el sorteo honra –mejor que cualquier otro método- el ideal democrático de igualdad política, al conceder a todos una igual probabilidad de salir seleccionado. La segunda línea de justificación, que encuentra respaldo en la obra de Rousseau, considera que el sorteo de cargos públicos se justifica siempre y cuando el ámbito de decisión sea uno del que pueda predicarse una igual competencia entre todos los ciudadanos. Allí donde los asuntos a decidir requieren de una competencia técnica experta o especializada, entonces resultaría preferible la elección, o el concurso de méritos. La tercera línea de justificación considera que el sorteo es valioso como herramienta para extraer muestras representativas de la población general. Si reunimos a un grupo numeroso de personas seleccionadas por azar, representativo de la población general en todos sus rasgos, actitudes, identidades y valores más relevantes, entonces cabría inferir que las decisiones que tome este grupo, después de una adecuada deliberación, son las que habría tomado la población general si todas las personas hubiesen podido intercambiar información y argumentos entre sí (Fishkin 2009). La cuarta estrategia de justificación, finalmente, considera que el sorteo es valioso para seleccionar un grupo numeroso de personas, en virtud de que potencia la “diversidad cognitiva” del grupo. Se ha demostrado (Page 2007), en esa línea, que los grupos amplios con diversidad de perspectivas, herramientas heurísticas, interpretaciones del mundo, y modelos predictivos, llegan a mejores decisiones que los grupos que poseen una competencia general promedio mayor pero menor diversidad cognitiva (Landemore 2013).

En el contexto académico del mundo anglosajón, en los últimos diez años ha habido una proliferación de propuestas de ingeniería institucional que propugnan el uso del sorteo para mejorar o profundizar las democracias electorales o poliarquías. Incluso en países como Canadá y Australia se han llevado a cabo experimentos de Asambleas de ciudadanos sorteados como herramienta de consulta de las autoridades políticas. En América Latina y España, sin embargo, existe muy poco debate sobre las virtudes del sorteo de cargos públicos. Las propuestas son sumamente heterogéneas. Algunas propuestas, guiadas por el ideal de igualdad política (que inspira a la primera y segunda estrategia de justificación), propugnan la creación de jurados de ciudadanos sorteados para “controlar” a los legisladores (atribuyéndole al jurado la potestad de designar una comisión de investigación legislativa), para seleccionar cargos públicos intermedios en la burocracia (Pluchino, Rapisarda, Garófalo 2010), para seleccionar candidatos partidarios (Amar 1984), o para elegir magistrados constitucionales (Gosh 2010). Hay hasta quienes proponen, inspirados en la misma justificación, la posibilidad de que los votantes puedan optar entre emitir un voto a los candidatos partidistas, o dar un voto al “sorteo” (Peonidis 2010). Los escaños correspondientes al porcentaje de votos asignado al sorteo serían distribuidos por azar entre todos los ciudadanos que hayan manifestado su voluntad de participar en el mismo.

Otras propuestas, guiadas por la tercera estrategia de justificación, proponen la selección por azar de muestras representativas para decidir con carácter consultivo algunos problemas puntuales (Crosby 1995; Fishkin 2009), o para informar a los votantes antes de emitir un voto en un referéndum (Healthy Democracy Oregon 2013), para elegir gobernantes en reemplazo del sufragio popular (López Guerra 2010), para crear una “cámara legislativa de ciudadanos sorteados” con capacidad de veto (Barnett y Carthy 2008; Zakaras 2010, Sutherland 2011),  o incluso para crear una especie de “cuarto poder”, destinado a reemplazar a los referéndums (Leib, 2004). Finalmente, quienes defendemos el sorteo como herramienta propiciadora de la “diversidad cognitiva”, estamos dispuestos a aceptar una cámara legislativa de ciudadanos sorteados numerosa, no necesariamente representativa, con capacidad no sólo para vetar sino también para plantear iniciativas legislativas (Landemore 2013).

No cabe duda que, en el plano del diseño institucional, existen profundos desacuerdos con respecto a cómo utilizar el sorteo y para qué fines. Sin embargo, esos desacuerdos son equiparables a los que existen en la teoría democrática tradicional a la hora de decidir el mejor diseño electoral. Y es que, aunque los politólogos discrepen en torno a la mejor combinación de los elementos que conforman un sistema electoral (magnitud del distrito, fórmula de distribución de escaños, barrera electoral, fórmula de reelección), al menos todos están de acuerdo en que hay que escoger algún sistema electoral. Por la misma razón: aunque estemos en desacuerdo en torno al mejor modo de instrumentar el sorteo, y por qué razones, hoy resulta muy difícil negar que el sorteo sea una herramienta útil para el mejorar la democracia.  Resulta desconcertante que el sorteo haya desaparecido del debate público y académico en América Latina. Es hora de rescatarlo del olvido.

Referencias

Amar, A. R. 1984. “Choosing Representatives by Lottery Voting.” Yale Law Journal 93 (7): 1283-1308.

Barnett, A., & Carty, P. 2008. The Athenian Option: Radical Reform for the House of Lords. Exeter: Imprint Academic.

Crosby, N. 1995. “Citizens Juries: One Solution for Difficult Environmental Questions.” En Ortwin Renn, Thomas Webler, and Peter Wiedemann (eda.) Fairness and Competence in Citizen Participation. Boston: Kluwer.

Fishkin, J. 2009. When the People Speak: Deliberative Democracy & Public Consultation. Oxford: Oxford University Press.

Gosh, E. 2010. ‘Deliberative Democracy and the Countermajoritarian Difficulty: Considering Constitutional Juries’. Oxford Journal of Legal Studies 30(2): 327–59.

Healthy Democracy Oregon. 2009. Improving Democracy in Oregon. Disponible en internet:  http://healthydemocracy.org/

Landemore, H. 2013. Democratic Reason. Politics, Collective Intelligence, and the Rule of the Many. Princeton University Press.

Leib, E. 2004. Deliberative Democracy in America: A Proposal for a Popular Branch of Government. University Park: Pennsylvania State University Press, 2004.

López-Guerra, C. 2011. “The Enfranchisement Lottery.” Politics, Philosophy & Economics 10 (2): 211-233.

Manin, B. 1997. The Principles of Representative Government. Cambridge: Cambridge University Press.

Page, S. 2007. The Difference: How the Power of Diversity Creates Better Groups, Firms, Schools and Societies. Princeton, NJ: Princeton University Press.

Peonidis, F. 2010. Bringing direct democracy in a representative assembly: The case of allotted MPs Filimon Peonidis. Working paper. Department of Philosophy. Aristotle University of Thessaloniki.

Pluchino, A., Rapisarda, A. y Garofalo, C. 2010. “The Peter principle revisited: a computational study”. Physica A 389: 467-472.

Sutherland, Keith. 2011. “The Two Sides of the Representative Coin”. Studies in Social Justice 5 (2): 197-211.

Zakaras, Alex. 2010. “Lot and Democratic Representation: A Modest Proposal”. Constellations 17(2): 455-471.

Zakaras, Alex. 2010b. Lottery and Legislative Powers: A Reply to Yoram Gat. En Equality by Lot: http://equalitybylot.wordpress.com/2010/10/01/lottery-and-legislative-powers-a-reply-to-yoram-gat/

 

 

Acerca de Sebastián Linares

Sebastián Linares es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca (España) e Investigador Titular del Instituto de Iberoamérica de la misma universidad.

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8 respuestas a El sorteo de cargos públicos: un método para mejorar la democracia

  1. Raul 6 Febrero, 2016 at 19:09 #

    Nuestro problema: tenemos eternos dirigentes de la sociedad Civil sin Valores viven del chantaje estos han encontrado el medio para vivir mejor y nuestros partidos políticos sin innovación,
    Los partidos de carácter social (izquierda) se dividen por el oportunismo personal – rompe el esquema de unidad para defender y plantear el desarrollo sostenido del país, por tanto es necesario cambiar las reglas de juego democrático, el sistema de delegados es mafia se negocian por debajo de la mesa (de c/ organización delegado electo por voto directo) , la democracia Ateniense fue la mejor, El sorteo honra –mejor que cualquier otro método- el ideal democrático de igualdad política, al conceder a todos una igual probabilidad de salir seleccionado, Pues en el congreso se ve la bronca concentración = Negociado de las mesas de trabajo, si todos ya son congresistas por que sortear las responsabilidades

  2. Raul 6 Febrero, 2016 at 19:07 #

    Nuestro problema: tenemos eternos dirigentes de la sociedad Civil sin Valores viven del chantaje estos han encontrado el medio para vivir mejor y nuestros partidos políticos sin innovación,
    Los partidos de carácter social (izquierda) se dividen por el oportunismo personal – rompe el esquema de unidad para defender y plantear el desarrollo sostenido del país, por tanto es necesario cambiar las reglas de juego democrático, el sistema de delegados es mafia se negocian por debajo de la mesa (de c/ organización delegado electo por voto directo) , la democracia Ateniense fue la mejor, El sorteo honra –mejor que cualquier otro método- el ideal democrático de igualdad política, al conceder a todos una igual probabilidad de salir seleccionado, Pues en el congreso se ve la bronca concertación = Negociado de las mesas de trabajo, si todos ya son congresistas

  3. Alessandro Pluchino 29 Mayo, 2013 at 8:11 #

    See also our new paper with a mathematica model about sortition in democracy : http://www.pluchino.it/parliament.html

  4. José Carlos Poveda 23 Mayo, 2013 at 0:24 #

    Me parece muy interesante el debate, y es algo, que pese a tener gran interés sobre la gobernanza política, no he solido tener en cuenta.

    Desde mi punto de vista, creo que este fórmula de representación ciudadana sería válida para cargos más bien técnicos concretos, en los que los aspirantes, como se señala en el artículo, superen un concurso de méritos. Un ejemplo que veo claro es el de los representantes judiciales, o el fiscal del Estado, etc. Podría hacerse con sorteo, así posiblemente se despolitizaría la justicia, o al menos los jueces no tendrían que posicionarse tanto en su carrera para así evidenciar, al poder político que los nombra, que de ser elegido sus sentencias estarán de su lado.

    Por otra parte lo veo también interesante, aunque no lo he reflexionado mucho, como grupo de control al parlamento, para vetar y proponer leyes. Si bien en general, creo que el sorteo puede perjudicar, de forma fortuita y aleatoria, a la diversidad. Imaginemos un parlamente elegido a sorteo donde casi todos los ciudadanos son un mismo partido o ideología, y la mayoría de la población fuera de otra. No creo que asegurara en ese sentido la mayor diversidad, a no ser que la muestra fuera muy grande.

    Si bien el sorteo sí generaría virtudes en los diputados del congreso, y seguramente serían más independientes en sus decisiones, podrían votar libremente, y no tendrían que estar pendiente de las decisiones de la jerarquía de su partido con el objetivo de volver a ser reelegido o ocupar otro cargo político en las siguientes legislaturas.

    Veo muy útil, no obstante, este sistema en la política municipal, y en la “micropolítica” en las que se toman decisiones que afectan a cosas muy concretas del día a día de las personas. Creo que rompería la visión de creer que ciudadanos y políticos son dos casi dos “clases de humanos” diferentes. Posiblemente crearía más empatía, colaboración y responsabilidad social entre unos y otros, o simplemente todo ciudadano sería consciente de que es un actor político influyente, que debe implicarse en los asuntos de la comunidad constantemente y no solo cuando la política entra en su cartera o en su jardín.

    Me ha gustado mucho saber de este asunto y el post, Sebastián Linares.

    • Sebastián Linares 23 Mayo, 2013 at 8:18 #

      Gracias José Carlos por tus comentarios. Es interesante tu planteo de usar el sorteo para cargos técnicos. Quienes justifican el sorteo sobre la base de que promueve la igualdad política, normalmente condicionan el uso del sorteo a ámbitos en los que puede presumirse una igual competencia entre todos los ciudadanos, lo cual excluye a los cargos muy técnicos. Pero tu sugerencia es sensata, y si la entiendo bien, se trataria de dividir el proceso de selección -de cargos judiciales o administrativos- en dos fases: un concurso de méritos, en el que los concursantes tuvieran que meramente “aprobar” unos requisitos mínimos, y una segunda fase, en la que se seleccionara por azar de entre los “aptos”. Esta sería una combinación interesante entre concurso de méritos y selección por azar, que debería ser explorada en la práctica. Hasta donde yo sé, sólo en Colombia se ha utilizado una especie de esta combinación para “adjudicar” concesiones de obras públicas en algunas municipalidades (primero se seleccionaban las empresas “aptas”), y luego se adjudicaban las obras por sorteo. Me parece una idea estupenda, que echaría por tierra muchas prácticas clientelares y corruptas, tanto en la selección de personal técnico, como en la adjudicación de obras. Un saludo!

  5. Braulio Machado 22 Mayo, 2013 at 23:58 #

    La idea del autor sería muy interesante se tuviéramos “cabezas pesantes e incorruptibles” para eso. Lo que pasa es que en Brasil además de la gente no ser politizada, se vende fácil. Así que los sorteados serian corrompidos por el legislativo.
    Pero, se tuviéramos los pensadores, creo que la idea de uno “poder moderador” a los proyectos del legislativo bien como haber un grupo selecto de la sociedad para también proponerlos sería de gran importancia. Pues evitaría una distorsión ideológica o daño a los intereses sociales públicos, hecho que ocurre con frecuencia en Brasil por influencia del modismo o para atender intereses ajenos a los importantes a la sociedad.
    Cuanto a una disposición de los cargos públicos, creo que no es saludable, pues causaría lesión a la democracia ya que el legislativo fue electo por el pueblo como los más adecuados al cargo. Ratifico que en mi opinión el grupo sorteado actuaria solo para evitar que hubiese distorsión de la actividad del legislativo en relación a los interés sociales de quien los elegirán, ya que en Brasil la gente so piensa en su bolcillo o tiene miedo “ por ter rabo preso”.

  6. Ludmila Quirós (Estudiante de Ciencia Política) 22 Mayo, 2013 at 22:54 #

    Resulta muy interesante el planteo, y considero humildemente que la adopción de mecanismos de sorteo podría ser sumamente provechoso para ciertas democracias latinoamericanas que adolecen de nepotismo.

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  1. ¿Y si nuestras democracias fuesen más griegas? | El placer es mío - 16 Noviembre, 2016

    […] estudios serios avalan la idea de que introducir el azar en la elección de parlamentarios mejoraría el sistema. Y caí, entonces, en la cuenta de que el quid de la cuestión sería introducir ese mecanismo […]

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