Elecciones de medio término en Argentina: continuidades y nuevas tendencias en la competencia interpartidaria

El pasado 22 de octubre se celebraron elecciones de medio término en Argentina, en las cuales se renovó a la mitad de la Cámara de Diputados, y a un tercio del Senado. Junto con ello los 24 distritos electorales en los que se divide el país eligieron también a legisladores provinciales y municipales. Cambiemos, la coalición oficialista de centro-derecha que gobierna a nivel nacional consiguió reunir el 41% de los votos en todo el país superando así la marca alcanzada en la primarias abiertas simultáneas y obligatorias celebradas en agosto (36%), y lo que es más importante, el apoyo electoral obtenido en primera vuelta en las elecciones presidenciales de 2015 (34%)[1]. Este logro constituye una excepción, si se consideran los resultados de las elecciones intermedias celebradas en la región desde la última transición a la democracia. (http://www.revistaanfibia.com/ensayo/un-voto-para-controlar-al-presidente/).

En términos de escaños, Cambiemos pasó de tener 86 a 107 bancas en la Cámara de Diputados sobre un total de 257 convirtiéndose en la primera minoría y quedando así bastante cerca del quórum para sesionar que exige 129 legisladores/as. En el Senado, el oficialismo también mejoró sensiblemente su desempeño consiguiendo 24 bancas propias sobre un total de 72. Sin embargo, la excelente performance de Cambiemos se ve más clara cuando se analiza la distribución territorial del apoyo reunido. En la elección de diputados esta retuvo a los cinco distritos en los que salió primero en las elecciones generales de 2015 (Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Fé y Entre Ríos) y venció en ocho más (Buenos Aires, Chaco, Jujuy, Santa Cruz, Corrientes, Neuquén, Salta, y La Rioja). Entre las nuevas provincias en las que Cambiemos se consagró ganador las cuatro primeras supieron ser antiguos bastiones del Kirchnerismo y las dos últimas del peronismo no kirchnerista. En cuanto al Senado, la fuerza logró el primer lugar en cuatro de las ocho provincias cuyas bancas estaban en juego, y se quedó con la primera minoría en las otras cuatro. Si bien su posición ha mejorado, estos resultados no modifican la situación de ser un gobierno en minoría que deberá negociar cada iniciativa que requiera la aprobación del congreso.

Aunque un análisis exhaustivo de las causas de estos resultados excede el espacio del post, no puede dejar de mencionarse la estrategia de polarización propuesta por la campaña del oficialismo- que buscó confrontar con la figura de la ex Presidente Cristina Kirchner, quien desde diciembre será Senadora Nacional por la Provincia de Buenos Aires- y la fragmentación de la oferta electoral Justicialista. Todo ello a caballo de la expansión del gasto público y el endeudamiento externo operados por el gobierno nacional.

¿En qué medida el resultado de estas elecciones implica un cambio en la tendencia del sistema de partidos en el nivel nacional que repercute en la competencia legislativa? Por un lado, el rol protagónico de las alianzas electorales sigue vigente. La competencia electoral a nivel nacional se viene dando en clave de frentes, alianzas o coaliciones, registrándose un crecimiento no solo en la cantidad de alianzas por distrito, sino también en la cantidad de fuerzas políticas que las integran[2]. Frente a la fragmentación de los partidos tradicionales, y la territorialización de la competencia partidaria que afectó mayormente a las fuerzas no peronistas desde comienzos de los 2000, la novedad que aportan estas elecciones es la nacionalización de Cambiemos, que pasó de ser una fuerza política con presencia electoral en las provincias más desarrolladas y pobladas a ganar apoyo también en las periféricas. La falta de competitividad electoral en estas provincias también fue puesta en jaque en estos últimos comicios, en los que la coalición oficialista peleó voto a voto el primer lugar en distritos como La Pampa, Tierra del Fuego y Chubut. También comienza a modificarse el predominio electoral del Justicialismo en el Senado, que tuvo mayoría justicialista desde 1983, y ahora deberá conformarse con ser la segunda minoría.

Este respaldo electoral logró apuntalar la gestión de Mauricio Macri e imbuir de una mayor legitimidad el rumbo asumido por su gobierno. Junto con él, algunas figuras de su entorno salieron fortalecidos, entre ellas María Eugenia Vidal, gobernadora de la Provincia de Buenos Aires. A la vez, Cristina Fernández de Kirchner quedó posicionada como la opositora con mayor apoyo electoral, y al mismo tiempo, la más resistida dentro del peronismo. Finalmente, el peronismo, desarticulado, vio desvanecer las aspiraciones presidenciales de varios de sus dirigentes, derrotados en sus propios distritos, que ahora enfrenta el desafío de construir una candidatura presidencial de cara a 2019.

[1] Un análisis exhaustivo de las elecciones de 2015 se puede leer en “Elecciones 2015 en Argentina: Cambio de ciclo”, en Alcántara Sáez, Manuel y María Laura Tagina (Eds.), Elecciones y cambio de Élites en América Latina, 2014 y 2015, Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2016, pp. 229 a 252.

[2] Clérici, Paula. 2015. La creciente importancia de las alianzas electorales en
un escenario de competencia territorializada. El caso argentino. Revista SAAP, Vol. 9, No 2.

 

Acerca de María Laura Tagina

María Laura Tagina es Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca. Profesora Adjunta Regular de la Universidad Nacional de San Martín.
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