Elecciones estrechas, los perdedores de la política y su consentimiento

Contrario a lo que se suele estudiar en la competencia electoral, donde se prioriza el estudio de los ganadores en la política, estos actores no son sinónimo de mayoría en términos de representación y mucho menos de equilibrio democrático, retomando la frase de William Riker (1983): “La dinámica de la política está en las manos de los perdedores. Son ellos los que deciden cuándo, cómo y si se sigue peleando”, dejando claro que del consentimiento de los políticos perdedores inconformes depende, en gran parte, la viabilidad, la estabilidad e incluso, el equilibrio democrático.

Anderson et al. (2003: 7) se refieren a los perdedores como los veto players de la gobernanza democrática; por su parte Nadeau y Blais (1993: 553) argumentan que la viabilidad de la democracia electoral depende de la habilidad de asegurar el apoyo de una proporción sustancial de individuos descontentos con el resultado electoral.

Para ver a las derrotas electorales y a los perdedores de la política, es necesario tomar en cuenta varios puntos, uno de los más importantes es el margen de la victoria/derrota (winner-loser gap). Recientemente, en las Américas, los resultados electorales se han hecho cada vez más estrechos (1), lo que en ocasiones produce que el candidato perdedor ponga en duda todo lo que está relacionado con la elección: reglas electorales, existencia de fraude, inequidad competitiva. Estos resultados han generado uno de los planteamientos más importantes en torno a la competencia electoral: ¿Por qué persisten los conflictos post electorales en América Latina? En tal sentido, se puede tomar en cuenta los problemas de institucionalización, los defectos de un sistema electoral, la imparcialidad de las autoridades electorales, o bien a los mismos candidatos.

Precisamente, hablando de candidatos, se tiene que hacer una reflexión importante, es decir, saber si en realidad los actores políticos al rechazar el resultado de una elección están rechazando el resultado como único factor que evita el consentimiento de una derrota, o bien si están rechazando al régimen político, las reglas electorales y demás factores que hacen que los propios derrotados se sientan apilados y por tanto se sientan obligados a buscar el conflicto. De aquí se puede generar la siguiente pregunta: ¿Los perdedores cuestionan la legitimidad del ganador o ponen en duda a las propias reglas electorales?

Partiendo de esto, es clave ahondar en el campo de la elección, saber si tales elecciones son inequitativas. Cuando esto sucede, un candidato tiene toda la razón para argumentar violaciones sistemáticas en su contra. Existen candidatos que consienten su derrota con un winner-loser gap muy estrecho, incluso negativo, como sucede en Estados Unidos (Al Gore vs. Bush 2000) (2), porque a su parecer las elecciones se dieron en un contexto de legalidad e imparcialidad y bajo condiciones democráticamente competitivas, donde cualquier candidato pudo haber ganado (Sartori 1976: 218).

Contrario a esto, especialmente en los países latinoamericanos, existen candidatos que no aceptan su derrota, y más aún, se valen de que el resultado fue tan estrecho, incluso menor a 3 puntos, que además de no aceptarla, deciden reaccionar con una conducta anti-sistémica, argumentando todo tipo de violaciones; de aquí la importancia en diferenciar los tipos de candidatos, haciendo un énfasis en su perfil ideológico. Los ejemplos más recientes y emblemáticos son el candidato mexicano de izquierda Andrés Manuel López Obrador, y el opositor chavista en Venezuela Henrique Capriles Radonski.

López Obrador perdió las elecciones presidenciales de 2006 y 2012. Las primeras las perdió por un margen de gran estrechez (0,56%) y las segundas por un margen mucho más amplio (6,62%). Obrador rechazó el resultado de ambas elecciones, argumentando toda clase de fraudes apilados en su contra. No obstante, los comicios de 2006 abrieron las puertas a uno de los episodios que más desequilibrio y polarización causaron a la vida pública en México. Sin duda estas elecciones, al igual que las de 1988, tuvieron efectos que continúan permeando el ambiente político e institucional. Este resultado tan estrecho crispó y confrontó la política nacional, pero tras distintas lecciones aprendidas, generó impactos positivos en el derecho electoral mexicano. Por su parte, en las elecciones de 2012, donde el margen de su derrota fue más amplio, el candidato salió del partido (PRD-PT-Convergencia) y se fue a fundar otro (MORENA).

El actual Gobernador del Estado Miranda en Venezuela, Capriles Radonski, perdió 2 elecciones presidenciales en 6 meses. En las primeras elecciones de Octubre de 2012, su derrota fue contundente frente al líder venezolano Hugo Chávez (10,76%). La actitud de Capriles frente al resultado fue de aceptación y su conducta dentro de los límites legales. En la segunda elección de abril de 2013, frente a un mermado Nicolás Maduro, la derrota fue marcada por el encono y estrechez (1,77%), razón por la cual en su discurso no aceptó su derrota, deslegitimizando en su primer discurso a su oponente:

“El derrotado el día de hoy, es usted, y se lo digo con toda firmeza, usted es el derrotado, usted y su gobierno y lo digo con toda la firmeza, con todo el compromiso y con toda la transparencia: Nosotros no vamos a reconocer un resultado hasta tanto aquí no se cuente cada voto de los venezolanos, uno por uno, nosotros le exigimos al Consejo Nacional Electoral, que aquí se abran todas las cajas y que cada voto de Venezuela sea contado, el pueblo venezolano merece respeto”.

A pesar de no aceptar su derrota, Capriles llamó a la movilización pacífica, es decir, su conducta fue dentro de los límites legales, siendo pocas las conductas contenciosas en el conflicto post electoral.

Imagen 1 (2)

De lo planteado, surgen reflexiones sumamente interesantes. Si se está hablando de un candidato que es oposición y al que realmente el sistema electoral no le favorece nunca, entonces se estaría discutiendo un tema reciente como el presidencialismo autoritario (Alarcón Olguín 2013), donde el sistema se encuentra efectivamente diseñado para que los candidatos o partidos non Incumbent sigan perdiendo.

Pero si se está hablando de un candidato que además de ser una oposición, es un fuerte crítico de todo el sistema y que por tal razón se manifiesta como una alternativa totalmente diferente, incluso ofreciendo cambio de régimen, se entraría a un espacio de debate que va más allá de la cuestión de la actitud democrática convencional. Bajo esta condición, se estaría hablando de candidatos que argumentan violaciones sistemáticas constantes y durante todo el periodo preelectoral y no violaciones durante un espacio específico de tiempo, como el día de la elección. Este tipo de candidatos tienden a polarizar a la sociedad, ya que se presentan como alternativas totalmente diferentes de las que están en el poder.

No obstante, pese a que los organismos electorales se han ido consolidando como instituciones más confiables que garantizan la voluntad popular en las urnas, debido, en gran parte, a numerosas reformas legales y escrupulosas depuraciones con el objeto de fortalecer la institucionalidad democrática, ante la recurrencia de resultados estrechos, es necesario un protocolo común de referencia para enfrentar dichas situaciones. Si bien se pueden aportar importantes recomendaciones que surgen del análisis: intensificación de controles, no emitir resultados parciales oficiales dejando claro que no son representativos del comportamiento electoral, recuento de votos cuando los resultados sean estrechos en el caso que lo solicite el perdedor, entre otras medidas, también parece relevante considerar que se evalúen a fondo mecanismos que eviten actitudes irresponsables y comportamientos antidemocráticos por parte de los políticos derrotados.

El consentimiento de la derrota es una forma democrática de aceptar la asignación de valores, que en suma, evita un desequilibrio democrático especialmente en escenarios complejos que erosionan la confianza ciudadana como los comicios con resultados reñidos. Sin embargo, la magnitud y el peso decisivo del consentimiento dependen de la noción que se le otorgue a su significado. Si el consentimiento se practica como una manera elegante de perder con gracia una elección, dependería del perfil del candidato derrotado, pero si se le da un carácter al que le corresponda una noción de obligación política, se estaría desarrollando una teoría alternativa que favorece el equilibrio y protección del sistema político y de sus instituciones.

Notas

(1) En la última década, las elecciones más estrechas en Latinoamérica se han dado en Bolivia 2002; Chile 2010; Costa Rica 2006; El Salvador 2009; Honduras 2005; México 2006; Perú 2011 y Venezuela 2013.

(2) En la historia de Estados Unidos de América se han dado otros 3 casos en los que el ganador en voto popular pierde la elección. En 1824 ganó John Quincy Adams, a pesar de estar muy por debajo de su opositor Andrew Jackson (10,4%); en 1876 se declaro ganador a Rutherford B. Hayes frente a Samuel J. Tilden a pesar de que el winner-loser gap también fue negativo en 3,1%; en 1888 Groover Cleveland pierde en su intento de reelección a pesar de haber ganado en votos populares frente al republicano Benjamin Harrison: el winner-loser gap fue negativo en 0,8%.

Referencias

Alarcón Olguín, Víctor. 2013. Situación y tendencias metodológicas para el estudio del presidencialismo en América Latina y México (Seminario de Investigación del Doctorado de Procesos Políticos Contemporáneos).

Anderson, Christopher J.; Blais, André; Bowler, Shaun; Donovan, Todd y Listhaug, Ola. 2005. Losers’ Consent: Elections and Democratic Legitimacy. Oxford University Press.

Bowler, Shaun y Donovan, Todd. 2003. “The effect of winning and losing on attitudes about political institutions and democracy in the United States”. Paper presented at the annual meeting of the Midwest Political Science Association, Chicago, IL, April.

Myers Gallardo, Alfonso y Fajuri, Sara. 2012. “Derrotas Electorales, Dinámica de la Política y Estado de Derecho: Reflexiones sobre el caso mexicano”. Sufragio: Revista especializada en Derecho Electoral 9: 142-161.

Myers Gallardo, Alfonso. 2012. “Derrotas Electorales y estrategias de competencia partidista: El caso del PRI en México”. En Myers, Alfonso y Martínez, Gabriel (Coords.). Nociones sobre Democracia y Buen Gobierno. Universidad de Salamanca: Ratio Legis.

Myers Gallardo, Alfonso. 2013. “Derrotas Electorales: actitud, conducta y carrera de los candidatos en las elecciones presidenciales en México”. En Myers, Alfonso Martínez, Gabriel y Fajuri, Sara (Coords.). Democracia y Elecciones. España: Tribunal Electoral del Estado de Jalisco, Instituto Prisciliano Sánchez, Universidad de Salamanca, Ratio Legis.

Nadeau, Richard y Blais, André. 1993. “Accepting the Election Outcome: The Effect of Participation on Losers’ Consent”. British Journal of Political Science 23: 553–63.

Przeworski, Adam. 2001. “Democracy as an equilibrium”. Working paper. New York: New York University, Department of Politics.

Riker, William H. 1982. Liberalism against populism: A confrontation between the theory of democracy an the theory of social choice. University of Rochester: Waveland Press, Prospect Heights Illinois.

Sartori, Giovanni. 1976. Party and Party Systems. A Framework for Analysis. Cambridge: Cambridge UP.

Acerca de Alfonso Myers Gallardo

Alfonso Myers Gallardo es doctorando en Estado de Derecho y Gobernanza Global en la Universidad de Salamanca.

, , , ,

15 respuestas a Elecciones estrechas, los perdedores de la política y su consentimiento

  1. Pedro García 10 diciembre, 2013 at 2:57 #

    Ahora, no se dice nada de cómo fueron los proceso de reconteo de votos en cada caso (el de México y el de Venezuela). Creo que esto es muy importante si se quieren comparar estos procesos, y entender los argumentos que esgrimen cada uno sobre el fraude que se les dio. Tampoco se habla de las instituciones de cada país y si proceden causando efectos de imparcialidad. Un análisis enfocándose en solo un aspecto puede ser desacertado.

  2. Gemma Casadevall 27 noviembre, 2013 at 20:18 #

    Muy oportuno blog, coincidió además su publicación con la jornada electoral en Honduras. De nuevo vimos a un derrotado que no lo aceptaba -el postzelayismo, personificado por Xiomara Castro, la esposa del expresidente-, que reclamaba para si la victoria no respaldada por los datos de la autoridad electoral nacional -el TSE- y denunciaba fraude.
    Dos días después de esas elecciones, con victoria del oficialismo representado por Juan Orlando Hernández, Manuel Zelaya, ahora convertido en coordinador del frente Libre con Xiomara como candidata, volvió al hotel Clarion, uno de los escenarios del golpe contra él de 2009. Ofreció ahí una conferencia de prensa en formato de incendiario mitin, arropado por las proclamas de un centenar de activistas, y apuntó a tomar la calle.
    Fue una intervención que, a muchos de los que estábamos en ese momento en Honduras, en los equipos de observación electoral, nos recordó al Henrique Capriles del pasado abril. Ideológicamente se situarán en las antípodas uno de otro, pero de pronto parecían hasta clónicos.
    En Venezuela, la llamada a salir a la calle, tras las presidenciales de abril que ganó Nicolás Maduro, se saldó con seis muertos. En Honduras,, no hubo apenas respuesta de la calle a la petición de Zelaya. “Los hondureöos no somos de responder en la calle”, explicaba un acompaöante nacional de la misión observadora.
    Con o sin respuesta, al menos inmediata, de la calle parece que estamos ante una tendencia creciente en la región. La no aceptación de resultados, en el caso de Honduras no tan estrechos..
    Algunos pueden interpretarlo como irresponsabilidad por parte del político derrotado que reclama una rebelión a su favor. Lo cierto es que los déficits democráticos y los sistemas electorales de ambos países, Venezuela y Honduras, en ese caso, alimentan esos argumentos. Más allá de los juicios que puedan merecer esos u otros políticos derrotados, se sustentan en déficits democráticos demostrados y demostrables.

    • Alfonso Myers Gallardo 27 noviembre, 2013 at 21:36 #

      Gemma,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Coincido contigo. A pesar de que la investigación que estoy realizando, tuve como uno de los criterios de selección los resultados estrechos, la tendencia actual muestra que el comportamiento político de los candidatos perdedores es de rechazo y, como sucede en algunos países de América Latina, con conductas anti sistémicas y/o contenciosa, que en realidad tan solo terminan por crear una gran parálisis institucional.

      En el caso de Honduras, como me comentas, es cierto, no son elecciones tan ajustadas. Por ejemplo las de 1971 (5,24%), las de 1985 (5,33%) y evidentemente las de 2005 (3,4%), todas en contextos sumamente diferentes, y difíciles de comparar entre sí.

      Creo que en este tema de aceptar o no aceptar la derrota, también lo podemos vincular a la fuerza que puede tener la oposición. Cuando los derrotados no tienen un espacio o coto de poder, después de su derrota, no tienen mucho que perder y optan por estas conductas que tan solo entorpecen a la democracia.

      Con esto no trato de decir que cada perdedor tiene que aceptar su derrota. Las instituciones electorales y las reglas del juego importan.

      Considero que las instituciones electorales deben posicionarse de la siguiente manera (bajo tales circunstancias):
      1.- Actuar con prontitud y transparencia, para evitar cuestionamientos;
      2.- Ajustarse estrictamente a su propia legislación.
      3.- Prevalecer la Imparcialidad

      Estos tres principios, afianzaran el acuerdo y el rechazo de un perdedor poco impacto tendrá en el futuro inmediato de la política del país.

      Nuevamente agradezco tus comentarios. Te comento que tengo pensado hacer un análisis de las elecciones hondureñas de 2005, así que cualquier recomendación también es bienvenida.

      • Gemma Casadevall 28 noviembre, 2013 at 0:05 #

        Gracias,

        en Observación tratamos de ver los procesos electorales en su globalidad. Es decir, atendiendo no solo a lo que ocurre el E-Day -donde todo puede ser excelentemente transparente- sino al paquete completo: ley electoral, sistema de financiación de partidos, etc.

        En el caso hondureöo esta vez saltó mucho a la vista la composición de las mesas de votación. Yo misma desconocía que, a diferencia de la mayoría de los países que conozco, no se trata de ciudadanos designados, elegidos al azar, sino que son representantes de los partidos políticos. Cada uno percibe sus credenciales en blanco para enviar un representante dicho propietario más un suplente.

        Como son en blanco, se favorece de facto una compra de credenciales de los partidos grandes a los minoritarios. Y luego ocurre, en los escrutinios, que al menos dos o tres de las candidaturas obtienen O votos. A pesar de tener a su teórico representante en la mesa. Curioso, no? La mesa de votación queda a tutela directa y única- de los partidos, con el aöadido de que a la práctica no están todos, sino solo “los principales”.

        Saludos!

        • Alfonso Myers Gallardo 28 noviembre, 2013 at 15:48 #

          Hola,

          Es cierto,el día de la elección es tan solo una parte de todo lo que se debe cuidar,de todo lo que se debe observar.

          Lo que mencionas acerca de las credenciales en blanco es muy interesante, sin duda favorece a las malas practicas electorales, especialmente al que comúnmente conocemos como -CARRUSEL-, que es difícil de observar y difícil de demostrar si se descubre.

          En la cuestión de los representantes, estos,en teoría, deben ser elegidos al azar y ademas que existan representantes de partidos políticos. El problema de elegirlos al azar es que es difícil que una persona no tenga una ideología,o por lo menos alguna identificación política, de lo contrario no participarían.

          Por otra parte, en la cuestión de los representantes de PPs, es muy importante que existan, si existe una buena organización, donde cada uno de los partidos que participan tengan representantes, esto puede darle una gran legitimidad a la elección.

          Me explico. Cuando se hablaba del consentimiento de los perdedores, nos enfocamos en candidatos presidenciales, pero la idea de consentimiento político es mucho mas amplia. Puede ser una protesta,puede ser el silencio, pero el consentimiento de una acción, en teoría es aceptar un acto que probablemente no te favorece y que tendrá impactos a cierto plazo. Si los representantes de un partido Rosa, que perdió la votación en una casilla X, firman un acta donde dice claramente que el partido Naranja gano la elección, ademas de aceptar y dar consentimiento, también están legitimando la victoria de los Naranjas. El problema nace cuando no hay suficientes representantes de partidos políticos que son mas pequeños que aquellos que tienen hasta 2 o 3 representantes por cada una de las casillas instaladas en una región o Estado.

          El tema de las malas practicas y fraudes electorales, es un tema FASCINANTE, pero también muy extenso, pero que sin duda acompaña al tema del consentimiento.

          Nuevamente, te agradezco tus comentarios y quedo a tus ordenes.

  3. Facundo Galvan 25 noviembre, 2013 at 15:06 #

    Primero que nada Felicitaciones Alfonso por la publicacion! La verdad que es un te muy interesante y que aun ha cobrado escaso interes de la academia, al menos eso ocurre en Argentina. Creo que seria muy interesante comparar los casos en los que te focalizas en este post en funcion de algunas cuestiones puntuales, por ejemplo, que instrumento de sufragio se utilizo en Mexico y cual en Venezuela? en que etapa de los comicios se focalizan las denunxias de fraude, o contra que parte del proceso electoral apuntan los perdedores? cual es el grado de confiabilidad de los organismos electorales en ambos paises para la poblacion y para los partidos? No se si has ampliado tu investigacion al ambito subnacional, pero te envio un caso paradigmatico de eleccion estrecha que culmino en judicializacion del resultado en la eleccion de Gobernador del segundo distrito mas poblado de Argentina http://www.rosario3.com/noticias/pais/noticias.aspx?idNot=17935 un abrazo Alfonso

    • Alfonso Myers Gallardo 27 noviembre, 2013 at 21:45 #

      Estimado Facundo,

      Qué gusto saber de ti.

      Agradezco todos tus comentarios.

      Sí, todos los que comentas sin duda son determinantes importantes para la aceptación o rechazo de una derrota, incluso en sus conductas posteriores (Sistémica, antisistémica, contenciosa, etc.)

      Una de las hipótesis que hemos trabajado es que a mayor el grado de confianza sobre la institución electoral, mayor las probabilidades de que el perdedor acepte su derrota.

      Me gusta mucho lo que mencionas sobre fraude. En tal sentido, me gusta mucho lo que ha hecho Fabrice Lohoucq (que toco el tema de Costa Rica en la #EOE2013) y las nuevas tendencias de estudio sobre Electoral Malpractices de Sarah Birch (Universty of Glasgow).

      Muchas gracias por la información que me enviaste, un tema sumamente interesante. Aún no se ha decidido ampliar la investigación en el ámbito multinivel, tan solo a nivel presidencial, pero las lecciones aprendidas en cualquier ámbito, sin duda son lecciones para cualquier caso.

      Nuevamente gracias y espero coincidir contigo a la brevedad.

      • Facundo Galvan 28 noviembre, 2013 at 15:40 #

        Alfonso, muchas gracias por tu respuesta! Olvidé mencionarte en el post anterior que en 2011 trabajé en una ONG que realizó la observación al proceso de re-votación llevado a cabo en las elecciones de Gobernador de la Provincia de Chubut. Si bien tu no abordas casos a nivel subnacional, entiendo que el de Chubut puede ser un caso muy interesante y relevante para tu tema. El caso fue asi, las elecciones fueron el 20 de Marzo de 2011 y la victoria fue por unos 1.000 votos a favor del candidato que apoyaba el Gobernador. Sin embargo, fueron anuladas 6 mesas de votación por el Tribunal Electoral Provincial, razón por la cual hubo que realizar una nueva votación para definir el gobernador, ya que la cantidad de empadronados en esas 6 mesas era superior a la cantidad de votos de ventaja que había obtenido el candidato triunfador. Luego de muchas discusiones judiciales y de reclamos cruzados, las elecciones complementarias se realizaron el 29 de Mayo y ninguno de los resultados cambió (inclusive se reiteraron los resultados de algunos intendentes de municipios provinciales que habian ganado por un puñado de votos). En fin, si te interesa el caso te puedo pasar más información, ya que no creo que muchos de los casos que estas analizando de elecciones ganadas por márgenes estrechos haya culminado en una “re-votación”. Abrazo

        • Alfonso Myers Gallardo 29 noviembre, 2013 at 0:11 #

          Facundo,

          Nuevamente muchas gracias por tus comentarios y por tus aportaciones.

          Lo que me platicas es super interesante y ademas, con muy pocos precedentes.

          Aunque no es directamente mi tema, todo lo relacionado a esto, si estas de acuerdo conmigo es un tema FASCINANTE, así que te dejo mi correo o a través de facebook me encantaria toda esa informacion.

          poncho_mg@hotmail.com o amg99@usal.es

          Espero verte pronto para compartir algunas experiencias.

  4. Daniela Vairo 25 noviembre, 2013 at 14:38 #

    Muy bueno el post. El enfoque de Anderson et al. sobre consentimiento de los perdedores es bien interesante para América Latina. Ellos lo usan a nivel de ciudadanía no de partidos pero aplica a ambos. El winner-loser gap , en el libro de ellos, lo interpreto como la diferencia de opiniones entre ganadores y perdedores sobre la democracia, lo que a nivel más amplio sería su legitimidad o apoyo. Creo que una explicación plausible, que ellos testean para muchos países desarrollados mayoritariamente y yo aplico a América del Sur en mi tesis de maestría, es que el tipo de instituciones existente es muy relevante. Hay instituciones que estimulan el apoyo de los perdedores al régimen y sus procedimientos mientras que otras agrandan aún más el winner-loser gap. Por ejemplo: sistemas electorales mayoritarios vs proporcionales.

    • Alfonso Myers Gallardo 27 noviembre, 2013 at 22:00 #

      Daniela,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Sin duda lo hecho por Anderson, Blais, Bowler, Donovan y Listhaug, es uno de los trabajos más recientes y mejor elaborados sobre este tema.

      En su obra Loser´s Consent, como mencionas, hablan sobre la confianza de las personas y tan solo dedican un muy breve espacio a los partidos políticos. Además, se centran en países de Europa Occidental y Estados Unidos, aunque, brevemente mencionan el caso de México y Japón.

      Indudablemente, lo que mencionas sobre el tipo de Institución electoral es fundamental, incluso habría que observar también el arquetipo del sistema electoral, los propios Anderson et. al., mencionan que uno de los problemas que existen es que muchos sistemas están diseñados para generar a ciertos ganadores, haciéndoles ganar siempre, y a ciertos perdedores, que nunca encuentran la victoria.

      En mi investigación me he centrado en sistemas presidenciales de las Américas, y entre otras cosas, he llegado a la conclusión de que las instituciones electorales juegan un papel de suma importancia, como bien decía uno de los primeros en estudiar el equilibrio democrático desde la óptica de los derrotados: “La institución democrática más esencial es la urna y todo lo que esta contiene” (1965:25). Por esto es importante establecer principios para que se refuerce y se le de continuidad al reforzamiento del régimen democrático, para que todos los jugadores (Candidatos, Instituciones y Ciudadanía) confíen en un modelo que teórica y prácticamente, las reglas no favorecen a nadie.

      Te mando un gran saludo y quedo atento.

  5. Heterodox 24 noviembre, 2013 at 20:50 #

    Otro comentario (más que reflexión) que encaja totalmente dentro de lo políticamente correcto. Digno de una columna para un diario del grupo Prisa. Al parecer, Capriles no trata de deslegitimar al gobierno venezolano cada día.

    • Alfonso Myers Gallardo 27 noviembre, 2013 at 22:19 #

      Muchas gracias por la información Heterodox.

      La cuestión de la legitimidad es un tema muy sensible, especialmente en el caso de Venezuela.

      Personalmente, a mi no me sorprendería que Capriles siguiera presionando, tanto al Gobierno como a la Institución electoral.

      Si bien,el sistema de venezuela es uno de los mas seguros del mundo,como por ejemplo lo dijo el Centro Jimmy Carter, esto no significa que una elección le de legitimidad a un ganador, si juega un papel muy importante, pero como bien menciona Facundo supra, las malas practicas no se dan únicamente en la elecccion, es decir, habria que tomar en cuenta otras partes del contexto,como por ejemplo si hay o no VENTAJISMO político.

      Un saludo y quedo a tus ordenes.

Deja un comentario