¿Hacia dónde va la Ciencia Política latinoamericana? Temas de estudio y enfoques teórico-metodológicos de la investigación producida en América Latina

En los últimos años, mucho se ha dicho y escrito sobre la Ciencia Política en América Latina[1]. Uno de los mayores catalizadores de este ejercicio de introspección disciplinaria fue la publicación del artículo de Giovanni Sartori, “¿Hacia dónde va la ciencia política?” (2004),  en el cual una de las máximas figuras de la Ciencia Política contemporánea anunciaba la crisis de la disciplina[2].  Pero el de Sartori no fue un posicionamiento aislado.

A partir del año 2000 en el contexto de la Ciencia Política estadounidense emergió el “Movimiento Perestroika”[3]; una confluencia de reacciones críticas por parte académicos de renombre internacional que expresaron su preocupación por el rumbo que estaba tomando este campo de conocimiento en dicho país. Lo que a éstos y a Sartori preocupa, en concreto, es la creciente hegemonía de una forma específica de ejercer la disciplina: el modelo mainstream de la Ciencia Política norteamericana.

Algunas de las características que los críticos atribuyen a este modelo son: su énfasis empirista y cuantitativista; el culto a la estadística y las matemáticas; los modelos formales y el enfoque de la elección racional; el relegamiento de la teoría política a los márgenes; la investigación orientada por el método más que por problemas sustantivos y la consecuente escasa aplicabilidad de los conocimientos que produce; y la poca reflexión sobre los supuestos ontológicos y epistemológicos que informan sus esfuerzos (véase Kasza 2001; Shapiro 2002; Marsh y Savigny 2004; Monroe 2005; Schram y Caterino 2006; entre otros).

Esta discusión generó distintas reacciones y reflexiones en relación a la Ciencia Política en América Latina pero poco se sabe a ciencia cierta “cómo está” el campo de conocimiento en lo que a este punto refiere. La investigación politológica que se produce en América Latina, ¿sigue los patrones de ese mainstream norteamericano? ¿Es posible afirmar que se está procesando una “americanización” de la producción disciplinaria en cuanto a sus temas de estudio y enfoques teórico-metodológicos?

La investigación “La Ciencia Política en América Latina (2000-2012): Temas, teorías y metodologías[4]  buscó echar luz sobre estas cuestiones.  Su objetivo fue identificar los temas de estudio, los enfoques teóricos y las herramientas metodológicas predominantes en el periodo 2000-2012 en los tres países que se consideran los grandes en términos de consolidación de la disciplina en el continente: Argentina, Brasil y México (Altman 2005). Para ello, se examinó una muestra de artículos de revistas académicas de Ciencia Política o que realizan sistemáticamente publicaciones en la materia y que son de referencia en dichos países y reconocidas a nivel regional. Las revistas analizadas fueron: Lua Nova y Dados de Brasil; Perfiles Latinoamericanos, Política y Gobierno y Gestión y Política Pública de México y Postdata y Revista SAAP de Argentina[5].

De los resultados obtenidos, varios apoyan la hipótesis de una hegemonía[6] del mainstream norteamericano:

  • la fuerte orientación empírica registrada;
  • el predominio de temas de estudio  del núcleo duro de la disciplina, en particular los vinculados a partidos y elecciones;
  • la importante ascendencia de los referentes teóricos estadounidenses,  en especial en los estudios sobre partidos, elecciones, instituciones políticas y gobierno, muchos de los cuales trabajan desde el neo institucionalismo de la elección racional;
  • y  la prevalencia de los estudios cuantitativos por sobre los cualitativos, con un número marginal de trabajos mixtos.

Sin embargo, otros elementos encontrados obligan a matizar las conclusiones y seguir avanzando en el estudio del tema. Por un lado, la Ciencia Política que se publica en las revistas analizadas viaja poco[7]. La mayoría de los artículos analizados versan sobre el país del investigador y/o de la revista (que en general, coinciden). Y esto puede ser visto como una mala “mala señal” desde el punto de vista de quienes defienden el mainstream norteamericano  para quienes la ciencia debe configurarse como una empresa universal guiada por el afán de alcanzar conocimientos generalizables y regularidades que excedan los contextos locales[8].  Por otra parte, si se examina la evolución en el tiempo de los artículos que aplican técnicas cuantitativas, se presencia un retroceso de éstos en favor de los cualitativos, aunque los primeros siguen siendo predominantes. A ello se agrega el hecho de que una cantidad importante de artículos no tienen estrictamente un propósito empírico ni teórico –se podría decir que son ensayísticos, argumentativos, propositivos, etc.-, o bien tienen una pretensión empírica pero no siguen una estrategia metodológica claramente definida para concretarla.

A partir de estos datos, más que hacer declaraciones contundentes conviene dejar planteadas algunas cuestiones para seguir promoviendo la reflexión sobre el devenir de la Ciencia Política latinoamericana.

1 –  Las comunidades politológicas de la región están abocadas a dar respuestas sobre la realidad que las rodea pero generalmente lo hacen a través de un instrumental teórico elaborado en otros contextos, en particular a la hora de abordar determinados objetos. ¿Qué implicaciones tiene esta situación? ¿Se debería intentar revertirla? ¿Es factible/relevante que el corpus de  académicos de referencia sea local? ¿Qué tanto impactan los trabajos realizados desde América Latina en los productos de los investigadores del “centro”? Debatir sobre estas cuestiones exige prestar atención a los contextos políticos-económicos y, atravesando éstos, al tema del poder y la producción del conocimiento.

2- Existe una legítima preocupación por la institucionalización de la Ciencia Política en América Latina, esto es, por: tener más y mejores programas de enseñanza; centros de investigación con un plantel dedicado y bien pago; canales de difusión del conocimiento producido de mayor alcance y calidad; redes de articulación de politólogos que actúen como promotores del campo, entre otros.  Pero la búsqueda de la profesionalización disciplinaria no debe confundirse con la adopción ciega del mainstream norteamericano de manera hegemónica, como si esta fuera la única forma posible de hacer Ciencia Política de “calidad”. Se trata de dos discusiones independientes que deben discurrir por carriles diferenciados.  Ser “cuanti” puede otorgar más prestigio en el escenario actual pero no asegura la rigurosidad de las investigaciones, aunque muchas veces las formas específicas como se utilizan las nociones de “calidad” o “profesionalidad” trafiquen sentidos que refuerzan la legitimidad del hablar y actuar en consonancia con los enfoques más valorados.

3- La elección de enfoques teórico-metodológicos para la investigación debe estar guiada por las exigencias del pensar metodológico en el sentido de Sartori (2009), como el “método del logos, del pensar”: esto es, en base a una preocupación por la estructura lógica y el procedimiento de la investigación científica.  A su vez, este imperativo indica que son los problemas de investigación que determinan el herramental apropiado para su abordaje, y que distintas aristas o construcciones de un problema, así como distintos problemas,  demandarán diversas maneras de ser estudiados. De otro modo, como señala Shapiro (2002: 598): “(…) if the only tool you have is a hammer, everything around you starts looking like a nail”.  Para atender la complejidad de los fenómenos políticos se requiere de una pluralidad de tradicionales teóricas, metodológicas y, en última instancia, epistemológicas. Pero esta es una posición personal en un debate que no es sino normativo…

En definitiva, el estudio de la Ciencia Política en América Latina (Ver el post de Fernando Barrientos en este blog) es un campo incipiente que tiene mucho aún por hacer y decir. Es preciso ampliar su alcance incluyendo más realidades y preguntas de investigación para reflexionar sobre hacia dónde debería ir la disciplina de manera informada. En cualquier caso, los dictámenes finales, si fueran posibles en este tipo de disyuntiva, estarán teñidos de visiones normativas sobre el funcionamiento de nuestras sociedades y el papel que debe jugar en éstas el conocimiento sobre la política.

Bibliografía

Altman, David. 2005. “La Institucionalización de la Ciencia Política en Chile y América Latina: Una mirada desde el Sur”. Revista de Ciencia Política vol. 25 (1): 3–15.

Bourdieu, Pierre. 2000. Intelectuales, Política y Poder. Buenos Aires: Eudeba.

Flyvbjerg, Bent. 2001. Making social science matter: why social inquiry fails and how it can succeed again. New York: Cambridge University Press.

Kasza, Gregory. 2001. “Perestroika: For an Ecumenical Science of Politics”. PS: Political Science & Politics vol. 34 (3): 597–599.

Monroe, Kristen. 2005.  Perestroika! The raucous rebellion in political science. New Haven: Yale University Press.

Marsh, David y Heather Savigny. 2004. “Political Science as a Broad Church: The Search for a Pluralist Discipline”. Politics vol. 24 (3): 155–168.

Rivera, Mauricio y Rodrigo Salazar-Elena. 2011.  “El estado de la ciencia política en México. Un retrato empírico”. Política y Gobierno, vol. XVIII (1): 73–108.

Sartori, Giovanni. 1984.  “Dove va la Scienza Politica?”. En Graziano, Luiz. Ed. La Scienza Política in Italia. Bilancio e prospettive. Milán: Franco Angeli (98–114).

Sartori, Giovanni. 2004. “¿Hacia dónde va la ciencia política?”. Política y Gobierno vol. XI (2): 349–354.

Sartori, Giovanni. 2009. “What is Politics?”. En Collier, David y John Gerring. Eds. Concepts and Methods in Social Science. The Tradition of Giovanni Sartori. London: Routdledge (45-59).

Schram, Standford y Brian Caterino. 2006.  Making Political Science Matter: Debating Knowledge, Research and Method. New York: New York University Press.

Shapiro, Ian. 2002. “Problems, methods, and theories in the study of politics, or what’s wrong with political science and what to do about it”. Political Theory, vol. 30 (4): 596–619.



[1] En este trabajo se utilizan indistintamente los términos “Ciencia Política en América Latina” y “Ciencia Política latinoamericana” sin ingresar en la discusión de si es posible referir a los campos disciplinarios y su expresión en contextos específicos como entidades unitarias y homogéneas.

[2] La postura de Sartori se remonta al menos a su trabajo “Dove va la Scienza Politica?” (1984).

[3] El “movimiento”  surge a raíz de un e-mail anónimo recibido por el equipo editorial de la American Political Science Review, firmado por “Mr. Perestroika”, que bogaba en favor de un mayor pluralismo metodológico. El libro de Ben Flyvbjerg (2001), Making Social Science Matter, es considerado como el manifiesto del movimiento.

[4] El proyecto de investigación fue ejecutado entre noviembre de  2012 y octubre de 2013 con el financiamiento de CLACSO-ASDI en el marco del Concurso “El estado de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe en el mundo  contemporáneo” (Categoría Iniciación a la Investigación).

[5] Algunos de los criterios relevantes para la confección de la muestra fueron que las revistas aparecieran en los catálogos nacionales y regionales, que fueran reconocidas como hitos en los trabajos sobre la historia de la Ciencia Política en cada país y su impacto; estableciendo como criterio excluyente su continuidad durante todo el periodo de estudio (2000-2012). No se consideraron todos los artículos sino una muestra de éstos elegidos aleatoriamente, excluyendo trabajos que no fueran de Ciencia Política, reseñas de libros y otro tipo de secciones.

[6] El término hegemonía se utiliza en un sentido articulado con la noción de “campo científico” de Bourdieu (2000).  En este marco, la idea de “estructura del campo científico” remite al estado de la distribución del capital simbólico de reconocimiento entre sus concurrentes, haciendo referencia a una correlación de fuerzas entre los actores que “dominan” el campo y los que pertenecen al mismo pero son “dominados” por éste. Los primeros no ejercen su poder directamente sobre los individuos sino sobre el campo, constriñéndolo, estableciendo pautas, diseñando métodos y proponiendo lo que es y lo que debe ser ciencia.

[7] La expresión es de Rivera y Salazar-Elena (2011).

[8] Aquí no interesa entrar en la cuestión de si en algún país la Ciencia Política viaja más que en otro y cómo está la Ciencia Política latinoamericana en este sentido, sino cotejar el estado de ésta con lo que el modelo espera.

 

Nota: La imagen es tomada de la red, del Blog Crítica Ácida, http://criticacida.wordpress.com/2010/12/17/estudiar-un-doctorado-en-ciencia-politica-i/

 

Acerca de Cecilia Rocha

Cecilia Rocha Carpiuc es Licenciada en Ciencia Política, docente e investigadora del Departamento de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales/ Universidad de la República, Uruguay.

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12 respuestas a ¿Hacia dónde va la Ciencia Política latinoamericana? Temas de estudio y enfoques teórico-metodológicos de la investigación producida en América Latina

  1. Mr. Cordobazo 26 octubre, 2016 at 15:05 #

    La búsqueda de autonomía de lo político condujo a la trivialización de la disciplina. Contra esto reaccionó el mov. Perestroika y la alternativa a esto es la interdisiplina, lo que implica admitir que no hay ni una metodología ni una epistemología propia de la C.P. sino que las ciencias sociales en su conjunto comparten ambas cosas.
    Concidero que, al menos en el caso uruguayo, no tiene sentido considerar a las monografías de grado como proyectos de investigación, ya que las carencias (multidisciplinarias) dificultan seriamente que una monografía de grado se encare como una investigación, en sentido estricto. Hecha esta aclaración, si bien los estudios cuantitativos no son mayoritarios, este es el paradigma que se auto invoca como deciable para la disciplina. Queda muy lindo discursivsmente señalar la importancia de la interdidiplina pero practicarla implica en ultima instancia, negar la autonomía relativa de la disciplina. Por lo tanto, mas que buscar un camino para la ciencia Politica latinoamericana la búsqueda debería ser por una ciencia social que aborde las temáticas especificas y promueva la innovación metodológica y el dialogo plural e interdisciplinario. En la practica esto implicaria , abandonar las formaciones especificas de grado en favor de una formación integral en ciencias sociales que habilite la especialización de las diferentes disciplinas a nivel de posgrado, generando profesionales aptos para un autentico dialogo multidisciplinar. Obviamente esto es muy difícil de implementar ya que implicaría ir en contra de los intereses creados y cada facultad defiende su especialidad, lo que conduce nuevamente a la trivialización de la disciplina. El nombre de Facultad de Ciencias Sociales a nuestra facultad de la udelar le queda enorme, ya que deja por fuera a varias disciplinas que están en otras facultades, con las cuales no dialogamos porque ni sabemos q existen. Mas que intentar imitar el modelo de la economía, la economía debería incorporar otros modelos porque no hay razones objetivas para pensar que una forrma de conocimiento es superior a otra, excepto por el hecho de que algunas formas de producir conocimientos son funcionales al estatus quo y otras no. Entonces ¿quien va a convencer al que piensa que esta arriba de que mire con respeto a quien cree que esta por debajo?

    Salu2

  2. Maestría en C.P 30 junio, 2016 at 22:50 #

    Que buen artículo, saludos desde la Universidad de Costa Rica!

    • Cecilia 10 octubre, 2016 at 16:48 #

      Muchas gracias por su comentario. Quedo a disposición para intercambiar sobre el tema con ustedes y me gustaría conocer más sobre la situación de la disicplina en Costa Rica.
      Saludos!

  3. Carlos Vázquez ferrel 24 julio, 2014 at 12:40 #

    Muy buen post Cecilia. A raíz de su lectura me surgieron algunas dudas y quería preguntarte por tu opinión: es posible hablar de una Ciencia Politica latinoamericana? Es decir, una que tenga algunos métodos, enfoques y características que estén adquiriendo cierta estabilidad y diferenciables a la norteamericana? Y cuales, si es el caso, en tu opinión, sería estos rasgos?
    Un saludo y, nuevamente, muy buen post!
    Cvf

    • Cecilia Rocha 26 julio, 2014 at 23:32 #

      Estimado Carlos,

      ¡Muchas gracias por su comentario y pregunta!

      Como puedes ver en la nota al pie al inicio del post, lo primero que hago es cuidarme de referir de modo fácil a la “ciencia política latinoamericana”. No solo por una postura teórica (que desarrollo mejor en el paper original); soy muy consciente de las limitaciones que tienen los datos que construí: no pueden ni pretenden siquiera extrapolarse la ciencia política en Argentina o México o Brasil. Más bien, se trata de un acercamiento a lo que algunas revistas de estos países (que los elijo por ser considerados lo más potentes en institucionalidad de la disciplina por un trabajo previo, que cito en mi post) publican.

      El panorama de la investigación en ciencia política de la región es, además, muy dispar. Hay algunos países en donde la disciplina recién va dando sus primeros pasos y otros en los cuales el acumulado que han logrado es verdaderamente excepcional (ver Altman, 2005 y otros).

      Tiendo a creer, además, que hay variables que diferencian la producción y la forma de investigar de unos centros e institutos y otros en todos los países, también en los nuestros. A modo ilustrativo de este punto, podemos pensar que los métodos, enfoques y temáticas que se estudian, supongamos, en una universidad estatal/pública cuya visión institucional exige a sus investigaadores/as una fuerte vocación de estudio y de dar respuestas al medio social que la rodea (ofrecer conocimiento que sea de utilidad para resolver problemas públicos como el clientelismo, las desigualdades de género o lo que fuera) va a tener un tipo de producto distintos de otras que tengan otro énfasis.

      Sin embargo, también hay algunos elementos que compartimos que tienen que ver con el desarrollo de las sociedades latinoamericanas (por ejemplo, somos el continente más desigual del mundo) que probablemente afecten la forma de producir conocimiento, el uso que le damos y así; estos rasgos pueden llegar a hacer que nuestros esfuerzos tengan algunos parecidos mayores que con otras regiones.

      En efecto, los estudios previos sobre la historia de la ciencia política en distintos países del continente muestran una serie de rasgos compartidos. La implantación de la disciplina, para poner un ejemplo, tuvo lugar en un momento históricos específico con todas las implicaciones que eso tiene para pensar el cómo y qué investigamos. También ha habido esfuerzos de investigación que logran trazar una historia de la ciencia política latinoamericana, identificando algunas tendencias en términos de enfoques teórico, metodológicos y temáticos; me refiero al trabajo de Barrientos del Monte que tiene una gran densidad histórica en su argumentación, disponible aquí:

      http://www.redalyc.org/pdf/105/10524674005.pdf

      Como verás, tengo más inquietudes que certezas para ofrecer… ¡Pero de eso se trata este espacio! Me encantaría tener tu visión sobre el asunto.

      Un abrazo y gracias por tu dedicación,

      Cecilia

      • Carlos Vázquez Ferrel 27 julio, 2014 at 21:40 #

        Muchas gracias por tu respuesta, Cecilia. La verdad es que no conozco mucho del tema, pero tengo la impresión que adicionalmente a los factores que mencionas, probablemente también podrían influir los siguientes aspectos,

        1, la escasez de datos. En la mayor parte de los países de la región es muy complicado encontrar datos confiables respecto múltiples temas. Tal vez haya una mayor información disponible en países como México, Chile,Brasil , Argentina, Uruguay, sobre temas más bien concretos (elecciones, legislativos, por ejemplo). Tal vez ello sesga la investigación en favor de ciertos países, temas concretos y periodos de tiempo cortos y recientes

        2, incentivos débiles para hacer carrera investigadora en ciencia política. Pienso que en términos generales la academia no es muy bien pagada en América latina. Ello hace que los que tengan alguna formación en ciencia política busquen complementar sus ingresos ya sea en consultorías o en la administración pública. Ello haría que se trabajen los temas más redituables económicamente o bien que se abandone la carrera investigadora.

        3, “opinologos públicos”. Tengo la impresión que a diferencia de EEUU, en América latina hay un tendencia entre los académicos a ejercer de “intelectuales” en los medios. Ello muchas veces hace que se privilegien los temas más mediáticos o buscar influir en la agenda pública.

        Nuevamente, te comento que son más bien impresiones sobre un muy interesante tema.

        Un cordial saludo

        Cvf

        • Carlos Vázquez Ferrel 27 julio, 2014 at 21:41 #

          También, muchas gracias por tus sugerencias de lecturas, la voy leer con atención

  4. Flavia 23 julio, 2014 at 23:36 #

    Estimada Cecilia,

    Me parece muy interesante tu post y creo que es un debate que no está agotado. Es más, si te fijas, es el segundo post en el BlogCDA que se publica con un tema parecido, lo cual da cuenta de lo importante de la discusión sobre la disciplina.

    De lo expuesto tengo como dos cuestiones que me gustaría conocer tu opinión:

    1. Crees que estos hallazgos que has encontrado los encuentras en otros países. Las revistas que has elegido de Brasil, México y Argentina son importantes pero te han quedado fuera publicaciones claves como puede ser la Revista de Ciencia Política (Chile), Revista Uruguaya de Ciencia Política (Uruguay), América Latina Hoy (España), Colombia Internacional (Colombia) o Revista de Ciencias Sociales (Costa Rica). Crees que los resultados que destacas son extensibles también a otros países de la región?

    2. El fenómeno que señalas da cuenta de una creciente incorporación del mainstream norteamericano a la Ciencia Política Latinoamericana. Esto puede ser por diversas razones. Se me ocurren dos: a) la incorporación de graduados doctores de las universidades de EE.UU en Universidades Latinoamericanas (lo veo claro en México, Chile, Perú, Brasil, Colombia o Argentina), que viajan con sus herramientas analíticas, sus preguntas de investigación y sus metodologías; b) la creciente globalización, que hace que sea más sencillo compartir lecturas, aprendizajes y que favorece el intercambio entre colegas, más allá de la presencia física. Se te ocurren otros factores?

    3. Finalmente, al leer tu post tuve la impresión de estar ante “mesas separadas”, parafraseando la metáfora de Gabriel Almond sobre la Ciencia Política de EE.UU. Crees que estamos ante situaciones similares? Conoces trabajos que grafiquen el estado de las disciplinas nacionales en función de esta idea de divisiones metodológicas e ideológicas?

    En resumen, me parece muy sugerente tu post y creo que abre un espacio muy interesante para el debate y la discusión crítica.

    Un abrazo,

    Flavia

    • Cecilia Rocha 26 julio, 2014 at 22:57 #

      Estimada Flavia:

      En primer lugar, agradecerte por tu invitación, tu atenta lectura de este y otros trabajos y comentarios. Nuevamente, como decía en un comentario anterior, más que soluciones a las cuestiones que me has planteado lo que se me ocurren son preguntas que las complementan y que disparan las ganas de realizar nuevos estudios que profundicen la temática.

      1-

      Rrespecto del primer punto que planteas, me centré en estos tres países porque el trabajo lo llevé a cabo en el marco de una beca de iniciación a la investigación de algunos meses de duración solamente; dada la necesidad de hacer un recorte elegí revistas de los tres países en los cuales se considera que la disciplina tiene un alto nivel de institucionalización, para que sean más comparables sus hallazgos. No obstante, pienso que Chile también podría analizarse como parte de este grupo, aunque solo después de estudiarlo me animaría a decirte algo concreto respecto de estas tendencias. Sí he podido acercarme con más detalle al caso uruguayo y discuto algunas cuestiones al respecto en este artículo:

      http://www.fcs.edu.uy/archivos/05_Rocha.pdf

      Allí dejo planteada una posible relación entre el nivel de institucionalización de la ciencia politica en un país determinado y el tipo de producción que realizan los/as politológos/as que componen la comunidada académica. Espero poder profundizar en este estudio comparando países con distintos grados de institucionalización en el futuro.

      2-

      En relación a tu segundo punto, comparto totalmente los elementos que planteas como posibles variables explicativas, sospecho que son determinantes. Tambien habría que considerar los sistemas de evaluación de la investigación que se han instalado en algunos de los países de América Latina que mencionás (y seguro en los tres que yo estudio). Éstos determinan criterios que afectan el tipo de producción que hacemos. Por ejemplo, incentivan a publicar en unas revistas, en ciertos países y en determinados idiomas y no en otros.

      La pregunta que está de fondo creo que es: ¿cómo se construyen los estándares que establecen lo que es una producción de calidad de la que no merece ser leída? ¿Cuándo las nociones de calidad y rigurosidad trafican otras? ¿Cómo dar esta discusión sin caer en un vale todo que no permite “profesionalizar” la disciplina? (toda profesionalización, claro está, exige criterios para delimitar lo que queda “adentro” y lo que se deja “afuera”, eso es inevitable). Estos debates merecerían un (¡gran!) estudio específico…. el cual, como decía en una respuesta previa a Gabriel, difícilmente podamos dar sin acudir a quienes saben de estas cuestiones y que desde hace mucho estudian los patrones de producción y difusión del conocimiento científico.

      En cualquier caso, hay algunos temas que pueden estar atravesando todas las variables de los cuales hablamos. Uno de ellos refiere a las condiciones materiales, “objetivas” o económicas (como se las quiera llamar) de producción del conocimiento. Sería ingenuo no considerarlas. En los artículos publicados en la edición aniversario de la Revista de Ciencia Política (Santiago) se mostraba cómo en muchos países de la región la regla entre los/as investigadores/as es el multiempleo, por ejemplo, con todas las implicaciones que eso tiene en términos de la calidad y la cantidad de productos que se pueden desarrollar. Qué decir de las becas para poder emprender estudios de posgrado, el acceso a materiales de estudio actualizados, la capacidad de llevar a cabo investigaciones que requieren gran inversión económica, etc.

      El otro refiere a aspectos simbólicos y de construcción de lo “prestigioso”, que una lectura de la situación desde los textos de Bourdieu sobre el campo científico pueden ayudarnos a entender. ¿Por qué algunas universidades, revistas, libros o artículos son prestigiosos o otros no? ¿Cómo se erige ese prestigio? ¿Por qué cada vez más nuestra mejor opción es ir a estudiar a los Estados Unidos, si antes desde América Latina mirábamos más a Europa? En esa creciente globalización y circulación de ideas entre investigadores/as de todo el mundo que es totalmente cierta (que estemos dialogando por esta vía es prueba de ello)… ¿qué voces se escuchan más? ¿Por qué no tenemos idea de qué produce la disciplina en oriente? Estas y otras tantas preguntas me surjen al pensar en voz alta y sin mucha sistemacidad al respecto. Creo que estas problematizaciones más que paralizarnos nos obligan a reflexionar sobre nosotros mismos, a revisar nuestras prácticas para hacer cosas cada vez mejores.

      3-

      En relación al tercer punto, tu pregunta es muy pertinente. Es una metáfora que he escuchado mucho en los congresos cuando discutimos estas cuestiones pero tengo la impresión de que a veces las aplicamos de un modo muy fácil y habría que evaluar más rigurosamente su rendimiento para estos lares. Si me preguntas sobre Uruguay (y acá hago “sociología espontánea” porque no lo estudié el tema), parecería no aplicarse tan claramente. Las adscripciones a distintos enfoques teóricos/metodológicos y hasta epistemológicos a simple vista parecen atravesar las ideologías. Yo no la ha usado en los trabajos que he hecho sobre el tema porque creo que para afirmar algo sobre las mesas separadas hay que analizar tanto el panorama de los enfoques teóricos y metodológicos de un país y cruzarlo con los posicionamientos ideológicos de los/as politológos/as que los aplican, es decir, requieren de un examen específico del aspecto ideológico que yo al menos no estoy en condiciones de hacer ni me lo he preguntado como parte de mi problema de investigaación.

      Recomiendo nuevamente los trabajos de Ravecca porque miran con detenimiento este tema y encuentra conexiones entre los modos de producir de la ciencia política y las ideologías predominantes en los contextos político-sociales de Chile y Uruguay, pero que pueden ser ilustrativos para otras comunidades académicas.

      Respecto de trabajos sobre países latinoamericanos que aborden el estudio de la disciplina desde este esquema de las mesas separadas, se me ocurre el de Amorim Neto y Santos publicado en la edición aniversario ya mencionada del año 2005 sobre Brasil. Es bien interesante; seguramente lo conoces pero comparto el link seguir para seguir discutiendo juntos/as sobre este punto:

      http://www.scielo.cl/pdf/revcipol/v25n1/art7.pdf

      Aprovecho, como a Gabriel a “devolverte” algunas de estas preguntas sobre la situación de Europa en general y de la ciencia política en España en particular. En los últimos años, tanto en congresos como en publicaciones escritas, en América Latina se ha instalado fuertemente esta discusión. Pero no he tenido oportunidad de acceder a relatos sobre el estado de la disciplina por allí, excepto por trabajos puntuales como por ejemplo, el trabajo Mike Goldsmitha and Chris Goldsmitha sobre la enseñanza de la ciencia política o los estudios de Klingermann, por mencionar algunos ¿Cómo es el estado del debate en España en particular? ¿Qué perfil tiene la enseñanza de la disciplina por allí y qué tendencias en la investigación encuentran que hay? Cualquier lectura que puedan recomendarme en este sentido será muy bienvenida.

      Un fuerte abrazo y gracias por el intercambio,
      Cecilia

  5. Gabriel Alejandro Martínez 23 julio, 2014 at 22:11 #

    Estimada Cecilia Rocha:

    Te quiero felicitar por tu excelente post. Me parece que es una discusión muy oportuna y necesaria de profundizar a través de la investigación. Efectivamente existen investigadores que, desde la Ciencia Politica, trabajan en ámbitos que están fuera del “núcleo duro” de la disciplina tales como el Estado, la Administración Pública, y otros actores sociales, y que se constituyen en una minoría frente a los investigadores que tratan temas relacionados con partidos políticos.

    Una investigación de este tipo pudiera incidir en el replanteamiento de que efectivamente hay Ciencia Política fuera los temas y métodos que siguen el “mainstream” actual de la disciplina. Así como justificar que este tipo de investigaciones pueden ser asimismo “de calidad”.

    Me gustaría preguntarte, desde tu criterio y lo que has investigado, cuáles pueden ser las explicaciones tentativas de este fenómeno del “mainstream” de la Ciencia Política actual en contextos como los de latinoamérica y España.

    Saludos.

    Gabriel Alejandro Martínez

    • Cecilia Rocha 26 julio, 2014 at 21:49 #

      Estimado Gabriel:

      Agradezco muchísimo su atenta lectura y comentario. La consulta que me realiza es más que pertinente pero me abre más preguntas a las que ya tengo que posibles respuestas. Es un tema que merece un estudio en sí mismo, pero se me ocurren que dos elementos pueden ser importantes para empezar a buscar claves en este sentido.

      El primero es la necesidad de apelar a herramientas que otros campos de conocimiento han desarrollado para estudiar los contextos de producción y difusión del conocimiento científico, como la sociología del conocimiento, desde donde seguramente muchos de estos temas ya han sido teorizados y empíricamente analizados para distintas disciplinas.

      El segundo es lograr trascender (aunque son necesarios como punto de partida, creo) los estudios sobre la ciencia política que miran solamente hacia “adentro” de la disciplina, es decir, que la abordan en sus aspectos “internos” (¡como el mío!) y comenzar a reflexionar sobre los factores externos y contextuales que afectan la difusión de ciertas formas de practicar la disciplina. Un estudio interesante en este sentido que nos puede disparar la reflexión es el que está haciendo Paulo Ravecca, un colega de la Universidad de la República que está haciendo su doctorado en la Universidad de York (Canadá) sobre estas cuestiones. Aquí dejo un link que puede ser de utilidad para quienes estén interesados en este debate:

      https://www.academia.edu/5351371/La_politica_de_la_ciencia_politica_en_Chile_y_Uruguay_Ciencia_Poder_Contexto

      Me interesa mucho lo que Ud. plantea respecto de que en la ciencia política en España podrían estar ocurriendo algunos fenómenos similares a los que estamos discutiendo en América Latina y quisiera conocer más en detalle la situación por allí. ¿Algún texto que pudiera recomendarme?

      Saludos y gracias nuevamente por su atención,
      Cecilia

      • Gabriel Alejandro Martínez 27 julio, 2014 at 1:12 #

        Estimada Cecilia:
        Muchas gracias por su amable respuesta.

        Coincido sobre la apertura de la aprehensión de la realidad a través de otros métodos y enfoques teóricos; sobre todo porque me parece que el conocimiento no puede contenerse en compartimentos estancos. Probablemente pueda comprenderse mejor la realidad estudiando fenómenos con herramientas que han sido utilizados por diferentes disciplinas. Sin embargo, el utilizar métodos que se utilizan en otras disciplinas podría ser criticado de “disminuir” la autonomía de la Ciencia Política, principalmente porque la idea de que cada “ciencia” debe tener su método de estudio
        .
        El segundo punto sobre qué factores externos y contextuales pueden incidir en la difusión de cómo debe practicarse la Ciencia Política, creo que debo reflexionarlo más y le agradezco el enlace que me proporciona.

        Respecto al caso de España, más que proporcionarle algún texto, podría compartirle mi opinión a partir de mi experiencia estudiando en ese país. Mi línea de investigación se centra en la construcción del Estado, desde el enfoque de la Administración Pública, a partir de la gobernanza reguladora. Mi objeto de estudio como podrá ver, no se encuentra en el “núcleo duro” de la Ciencia Política. Al observar el contexto en el que realizo mi investigación, desde la bibliografía que puedo obtener de autores españoles y latinoamericanos, hasta las líneas de investigación de la mayoría de profesores y compañeros de doctorado, encuentro que ese “mainstream” del que usted habla pudiera verificarse empíricamente: La tendencia es significativamente marcada a estudiar los partidos políticos, elecciones, etc.

        Saludos cordiales.

        Gabriel Alejandro Martínez

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