Historia y memorias del pasado reciente en la Argentina. Usos del pasado y políticas del presente en la experiencia de la postdictadura

Los problemas de la historia y las memorias del pasado reciente en la Argentina abarcan un período cargado de acontecimientos a lo largo de cuarenta o cincuenta años, por lo menos. Estas comprenden la etapa de la dictadura comenzada en 1966, la política y la violencia en el período constitucional, desde mayo de 1973 a marzo de 1976, la etapa de la represión clandestina y el gobierno de la sociedad durante la última dictadura, el final (incluyendo la Guerra de las Malvinas) y la restauración constitucional a fines de 1983 hasta el presente. Aunque ha quedado congelado en la figura de los desaparecidos y el terrorismo de Estado, ese pasado comprende, en principio, tres ciclos, que no han emergido en la conciencia y en la memoria públicas de un modo fácil ni han quedado al margen de luchas y conflictos de interpretación.[1]

  Primero, hacia 1983 y en los años siguientes, el foco de la recuperación y la discusión sobre el pasado estuvo en el ciclo de la dictadura y sus crímenes. Las memorias y la experiencia social del terrorismo de Estado, las modalidades de recuperación y de conocimiento de esa experiencia límite estuvieron ancladas fuertemente en la justicia, en el despliegue público de las investigaciones del Informe Nunca Más y la escena del Juicio a las Juntas. La figura del desaparecido condensaba un nuevo sentido de un pasado de violencias que antes se había pensado con las categorías de la guerra (sea la “guerra revolucionaria” sea la “guerra antisubversiva”) y ahora era resignificado en términos de una extensa violación de los derechos humanos.

  Se imponía un nuevo vocabulario y nuevas figuras para caracterizar la etapa que se buscaba dejar atrás: terrorismo de Estado, desaparecidos, violaciones de los derechos humanos, pero también Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, organismos de derechos humanos, consignas de verdad, memoria y justicia. En esta nueva representación del pasado, la carga mayor, casi única, recaía sobre las fuerzas armadas y de seguridad, sobre los ejecutores de la masacre, mientras se extendía un manto de inocencia sobre las dirigencias y amplios sectores de la sociedad que en verdad habían consentido cuando no apoyado decididamente al régimen militar y sus promesas de “orden”.[2]

 El segundo ciclo, se abría en un sentido temporal retrospectivo a la memoria y la deliberación sobre la radicalizacion política, la militancia y la violencia de las organizaciones armadas de la izquierda en los setenta. Ante todo, surgían otras memorias, de militantes y ex combatientes, otras narrativas del pasado reciente que buscaban recuperar el sentido de esas luchas y que querían ser reconocidos como sujetos activos de ese pasado y no como meras víctimas, según la figura impuesta en el relato de Nunca más.[3]

  Por supuesto, ese ciclo está lejos de haberse cerrado e incluye la recuperación de los motivos y los mitos de la militancia revolucionaria, la celebración de los combates y los héroes, por ejemplo la conmemoración casi oficial del “Día del Montonero” en los años finales del gobierno de Cristina Kirchner. Hay memorias sostenidas en una visión idealizada de la militancia revolucionaria que deja de lado las armas y soslaya el análisis de los métodos, las responsabilidades y las consecuencias. Y hay que decir que para muchos son memorias de lo que no se vivió, difundidas y arraigadas entre jóvenes que no tuvieron parte en esa experiencia.

  En ese terreno, en el recuerdo de la gesta revolucionaria también emerge el recuerdo de las otras víctimas, las que produjo la guerrilla, incluso entre sus propias filas. Así sucede con el debate desatado en 2004 a partir del testimonio de un ex militante del Ejército Guerrillero del Pueblo que relataba la ejecución de dos integrantes del grupo. La intervención de Oscar del Barco y otras que se sucedieron discutían las responsabilidades y los silencios de una memoria partisana que volvía insignificantes o prescindibles esas muertes. Y así las excluía de un trabajo de la conciencia histórica volcada sobre un pasado de violencia despiadada entre argentinos.[4]

 En esa misma dirección que ensancha y hace más compleja la mirada sobre los crímenes y las responsabilidades surge la indagación de la violencia ejercida desde el Estado antes de 1976 durante el gobierno peronista, que hace posible una discusión distinta sobre la génesis del régimen militar e ilumina una vía de transición a la dictadura.[5]

  Finalmente, en tercer lugar, hay una dimensión del pasado reciente, que obviamente no se separa de las dos ya indicadas, más prolongada y compleja. En ella los sentidos y usos del pasado no se separan de los modos de intervenir en el presente. Es el propio ciclo de la democracia el que ha buscado algunas de sus claves, de Alfonsín a Néstor y Cristina Kirchner (para no hablar de la historia recentísima inaugurada por la presidencia de Macri) en el pasado o con referencia a él. Ese ciclo abarca desde los temas iniciales de la transición a la democracia a los conflictos y virajes de los sucesivos proyectos de reconstrucción del Estado y la sociedad que, con Menem, primero, con los Kirchner luego, reconfiguraban y reescribían un pasado a su medida.

  Los cambios en la celebración pública del 24 de marzo pueden ser tomados como indicadores de la interpenetración entre las visiones conflictivas sobre el pasado y las luchas políticas del presente. Hoy, la configuración discursiva que acompaña el movimiento de los derechos humanos recupera la radicalidad de las viejas tradiciones de la izquierda revolucionaria. La significación de esa fecha en la memoria histórica que enlazaba la causa de los derechos con el repudio a la dictadura y el proyecto de reconstrucción democrática del Estado y la sociedad queda entonces cuestionada. Las sombras del pasado caen sobre el presente y sobre los debates que conciernen a la experiencia misma de la democracia, el modo de concebir sus fundamentos y sus promesas.

[1] Mauricio Chama y Hernán Sorgentini, « Momentos, tendencias e interrogantes de la producción académica sobre la memoria del pasado reciente argentino », Nuevo Mundo Mundos Nuevos En : http://nuevomundo.revues.org/62176 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.62176

[2] H. Vezzetti, Pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2002.

[3] Eduardo Anguita y Martín Caparrós, La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1966-1978, Buenos Aires, Norma, 1997-1998.

[4] H.Vezzetti, Sobre la violencia revolucionaria. Memorias y olvidos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009.

[5] Marina FrancoUn enemigo para la Nación. Orden interno, violencia y subversión, 1973-1976, Buenos Aires, FCE, 2012.

Acerca de Hugo Vezzetti

Profesor Titular Consulto, Universidad de Buenos Aires. Investigador Principal, CONICET, Argentina
Aún no hay comentarios

Deja un comentario