La agricultura cubana en el contexto global: un experimento de “desarrollo mirando hacia dentro”

‘An experiment that the world should be watching’

(Rosset and Benjamín, 1994: 7)

En pleno Período Especial, Cuba cambió drásticamente de la dependencia clásica basada en las exportaciones tradicionales (azúcar principalmente) al “desarrollo mirando hacia dentro”. La sustitución de alimentos importados, insumos y tecnologías, así como la descentralización de las estructuras agrarias y la progresiva liberalización de los mercados y canales de comercialización agropecuaria han convertido a Cuba en uno de los pocos países, por no decir el único, que ha implementado a escala nacional este tipo de “desarrollo mirando hacia dentro” basado en las oportunidades domésticas.

Muchas de las reformas impuestas por la crisis interna de principios de los 90 sólo han conseguido tímidos avances. Sin embargo, los mecanismos de mercado introducidos a partir de 1993-94 y la retirada paulatina de las entidades estatales del sector agropecuario muestran algunos resultados importantes (Gayoso, 2009). Por ejemplo, la variedad de métodos alternativos de desarrollo agrícola desarrollados en las últimas dos décadas son un insumo relevante que debemos tener en cuenta. Cuba presenta una experiencia singular en la formación de capital social y aprendizaje participativo. El desarrollo de know-how más sostenible ha dado como resultado un tipo de agricultura familiar de bajos costos a medio camino entre la agricultura convencional y la agroecología, menos dependiente de insumos químicos y tecnologías importadas de los países industrializados  (Rosset and Benjamin, 1994; Wright, 2005).

El ejemplo cubano, a pesar de sus deficiencias en términos de productividad, podría ilustrar esa noción de ‘globalidad’ basada en las ideas y preocupaciones compartidas que surgen ‘desde abajo’, de la sociedad civil, en torno a la sostenibilidad medioambiental, cohesión social e igualdad de oportunidades (Beck, 2000; Pretty, 2002). Tras muchos años de falta de entendimiento entre los objetivos y  los medios de producción, la isla ha impulsado la conexión entre agricultores, investigadores y funcionarios para promover ese modelo de ‘desarrollo mirando hacia dentro’.

A pesar de lo particular y excepcional de su historia, geografía, clima y sistema político, Cuba consiguió salir de sus crisis alimentaria de 1993,  ofreciendo algunas ideas interesantes sobre la agricultura de bajos insumos y desarrollo rural de los países en desarrollo. En países como Brasil o Venezuela la agricultura familiar sostenible parece ser una condición necesaria, aunque no suficiente, para paliar las crisis rurales y mejorar la calidad y medio de vida de los habitantes del campo, así como sus posibilidades de acceso a los recursos y alimentos. Venezuela produce suficiente petróleo para mantener un modelo de agricultura industrial; sin embargo, el país se ha enfrentado a crisis agrarias y alimenticias recurrentes en la primera década del siglo XXI. La oposición de los terratenientes, los problemas  para tratar el efecto dumping de las importaciones masivas de alimentos baratos, o la relativa carencia de una organización de campesinos,  han dejado los programas de reforma agraria y agricultura sostenible relegados a un segundo plano. Brasil cuenta con un movimiento social activo como es el MST que lleva dos décadas presionando a los diferentes gobiernos para la puesta en marcha de un programa redistributivo de acceso a la tierra. Algunos de los asentamientos del MST muestran las potencialidades de la agroecología, la organización cooperativa, el acceso a la tierra, y la relación entre el medioambiente y el desarrollo económico local. Sin embargo, este movimiento carece de una conexión verdadera entre la academia, los campesinos y el estado  (Rosset, 2005).

El desarrollo agrícola cubano también puede mostrar la mayor eficiencia de los pequeños productores cuando se introducen tecnologías de bajos insumos. Las alternativas más sostenibles nunca se hubiesen podido llevar a cabo sin la importante tradición campesina con la que contaba la isla. Incluso antes de este énfasis obligado por las circunstancias internacionales, es significativo señalar que los pequeños productores con solo el 20% de la tierra de cultivo producían más del 40% de los alimentos que se consumían en la isla  (Rosset, 1997). Durante el Período Especial los campesinos se adaptaron mucho mejor y con mayor rapidez a estas nuevas tecnologías de bajos insumos frente a los graves problemas de eficiencia y vulnerabilidad de las granjas estatales. En particular, los productores privados (Cooperativas de Créditos y Servicios, y los campesinos dispersos) obtuvieron los índices más altos de uso del suelo en el período 1989-2007  (Figueroa Albelo et al., 2006; ONE, 2007). El grado de diversificación que alcanzaron estas entidades, en parte explica el uso más intensivo del suelo que consiguieron y su aportación tan significativa a la producción nacional de granos básicos entre el 40 y el 60% desde principios del año 2000.

¿Hasta qué punto tendrán continuidad estas prácticas de bajos insumos y ‘desarrollo mirando hacia dentro’ en el contexto actual de restablecimiento de las relaciones de la isla con Estados Unidos y por tanto, levantamiento del bloqueo?

¿Podría este modelo de bajos insumos evolucionar hasta un sistema integrado y sostenible, convirtiéndose en algo más que una solución temporal (a pesar de llevar “en práctica” más de veinte años)?

Las diferentes medidas llevadas a cabo a partir de 2008, bajo la presidencia de Raúl Castro, parecen mantener en gran medida la línea de la sustitución de alimentos importados basándose en la agricultura familiar sostenible; con unas estructuras agrarias y de mercado cada vez más flexibles y descentralizadas. Así lo muestran, en teoría, el conocido Decreto Ley 259 de entregas de tierras en usufructo de 2008 y su versión más reciente el Decreto Ley 300 de 2012. Sin embargo, ¿requerirá Cuba un nuevo shock externo para promover una conversión completa hacia la agricultura sostenible? Con la entrada directa de divisas y petróleo, ¿se abandonará el modelo de “desarrollo mirando hacia dentro”? La cuestión estriba en la complementariedad entre producción nacional de alimentos y la potencialidad que presenta la isla en las exportaciones tanto de productos tradicionales como no tradicionales. En el nuevo contexto global y nacional, ¿podría Cuba conjugar ambos tipos de agricultura? La evolución del sector agropecuario cubano es, en este sentido,  un laboratorio al que debemos mirar atentamente en los próximos años.

Bibliografía

Beck, U. (2000): ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización.Barcelona, Paidós.

Botella, E. (2015):“From classical dependence to inward-looking development in Cuba (1990-2006)”. Ager, número 19 (octubre de 2015).

Figueroa Albelo, V. M., Sánchez Noda, R, García Ruiz, J., Ruiz Cruz, A. M., Sánchez Machado, I.R., Cárdenas Pérez, J.R., Martínez Lima, M.V.,  Penichet Cortiza, M., Saucedo Castillo, C., Donéztevez Sánchez, G., Hernández Pérez, R., Lauchy Sañudo, A., Colás Griñán, S., Méndez Delgado, E. y Lloret Feijó, M.C. (2006): “La economía política de la construcción del socialismo”, www.eumed.net/libros/2006b/vmfa/

Funes, F., García, L., Bourque, M., Pérez, N. and Rosset, P. (2002): Sustainable agriculture and resistance: transforming food production in Cuba. Oakland, Food First Books.

Funes-Monzote, F. (2008): “Farming like we’re here to stay: the mixed farming alternative for Cuba”, PhD thesis, Wageningen University.

Gayoso, A. (2009): “The art of doing nothing: agricultural policy making in Cuba”, Cuba in Transition, 19, pp. 68-77.

ONE (2007): Panorama uso de la tierra, Cuba 2007.Havana, ONE.

Pretty, J. (2002): Agri-culture. Reconnecting people, land and nature. London, Earthscan.

Rosset, P. (1997): “Alternative agriculture and crisis in Cuba”, Technology and Society,16 (2), pp. 19-25.

Rosset, P. (2005): “Moving forward: agrarian reform and food sovereignty”, <http//www.landaction.org>

Rosset, P. and Benjamin, M. (1994): The greening of the revolution: Cuba’s experiment with organic agriculture.Melbourne, Ocean Press.

Rosset, P. and Benjamin, M. (1994): The greening of the revolution: Cuba’s experiment with organic agriculture. Melbourne, Ocean Press.

Wright, J. (2005): “¡Falta petroleo! Cuba’s experiences in the transformation to a more ecological agriculture and impact on food security”, PhD thesis, Wageningen University.

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