LA CIUDAD CONSUMO: VIDA COTIDIANA, TURISMO Y GENTRIFICACIÓN

El post se centra en la consecuente desigualdad social que provoca el neoliberalismo sobre el espacio urbano y rural. En términos generales, se hace referencia al neoliberalismo como “un estilo de gobierno en donde el Estado es gestionado como si se tratase de una empresa”, representando así “el abandono de la gestión pública como mediadora entre el mercado y la sociedad –redistribución- para ser sustituido por una administración cuyo principal objetivo es la competitividad y el crecimiento” (Cócola, 2016: 36).

Específicamente, a partir de los años noventa[1], la relación público-privado adquiere en América latina unas nuevas características: se da una primacía de lo privado sobre lo público que impone o trata de imponer la propiedad privada en todos los sectores, tanto urbanos como rurales (Alvarado y Di Castro, 2013: 15; Martínez Borrego et al., 2015: 316). Es más, la preeminencia de las lógicas neoliberales hace que cualquier intervención en la ordenación y gestión del territorio tenga que ser económicamente rentable y tenga como principales protagonistas a los sectores empresarial y financiero (AA.VV., 2016: 18).

Se habla por ejemplo de sustituir la plaza pública como lugar de encuentro por centros privados de encuentro; el banco para sentarse por la terraza del restaurante; las tiendas tradicionales que venden productos de primera necesidad por los comercios elitistas y pertenecientes a multinacionales y, en definitiva, la vida en la calle, por experiencias tematizadas para el consumo. Asimismo, más significativo aún si cabe, se habla de la mercantilización de los ámbitos más importantes de la vida cotidiana, incluidos la habitabilidad y los espacios de sociabilidad específicamente, se hace referencia a espacios que ya no contemplan ningún tipo de contacto humano más allá de la relación comercial (hoteles, palacios de congresos, centros comerciales, tiendas de diseño, tiendas de productos exóticos, galerías de arte, apartamentos turísticos), donde la cohesión social y la participación ciudadana se reducen a un divertido acto de consumo (AA.VV., 2016: 17-8; Cócola, 2016: 41-3).

Desde luego, el proceso de privatización está muy ligado a la incapacidad de los Estados de garantizar la seguridad de los ciudadanos. Alvarado y Di Castro (2013:19) consideran que el incremento de las urbanizaciones cerradas tiene una relación directa con la escalada de la violencia generalizada. Pires do Rio (2007: 12) da un paso más y señala que “el habla del crimen” (narrativas cotidianas, comentarios, conversaciones e incluso bromas y chistes sobre el crimen violento) consigue naturalizar “la percepción de ciertos grupos como peligrosos. De modo simplista divide el mundo entre el bien y el mal y criminaliza ciertas categorías sociales”.

Este proceso de urbanización y mercantilización tiene varios fenómenos asociados. En primer lugar, hablamos de segregación espacial, esto es, la concentración de población desfavorecida en territorios caracterizados por su degradación física y social (Martínez Borrego et al., 2015: 316-8). Esto se expresa en la construcción tanto en espacios urbanos como rurales de comunidades cerradas, esto es, espacios residenciales protegidos del exterior por bardas perimetrales, puerta de acceso regulada por guardias privados, etc., orientados a clases medias y altas. Se trata de lugares donde ni siquiera existen banquetas, lo que obliga al uso del automóvil. Aunque reciben la llegada de muchos trabajadores provenientes del “mundo real”, apenas hay comunicación y mucho menos convivencia entre los dos mundos.

En segundo lugar, otro de los fenómenos es el de la gentrificación tanto urbana como rural. La gentrificación es el proceso de incursión de población externa en espacios ocupados por “nativos”, así como el proceso de incremento de valor de las propiedades y, finalmente, el proceso de expulsión de la población nativa hasta el punto de que se puede hablar de “desplazados” (Cócola, 2016: 45; Martínez Borrego et al., 2015: 317 y 332). Poco a poco, se van rehabilitando calles y viviendas, y los habitantes que no cumplen con el estatus de barrio renovado son expulsados; a su vez, las tiendas tradicionales se van quedando sin clientes ya que los nuevos consumen en centros comerciales. Entonces, estas tiendas van cerrando y son sustituidas por nuevos establecimientos orientados hacia el turismo y personas de mayor nivel adquisitivo (AA.VV., 2016: 20).

La gentrificación es sin duda un proceso a través del cual se transforma el espacio público en espacio de consumo, de diversión y espectáculo, en una “máquina de entretenimiento” a través del mismo tipo de elementos: centros históricos peatonales, bares y restaurantes con sus terrazas, actividades culturales, festivales de todo tipo, edificios espectaculares, puertos deportivos, etcétera (Cócola, 2016: 37-8). Finalmente, “el antagonismo entre el barrio entendido como espacio abstracto del que obtener plusvalías y el barrio como lugar habitado es (…) expresión de la lucha de clases” (Cócola, 2016: 54).

Referencias bibliográficas

AA.VV. (2016) “Introducción”. En Grupo de Estudios Antropológicos La Corrala (coord.). Cartografía de la ciudad capitalista. Transformación urbana y conflicto social en el Estado español. Madrid: Traficantes de sueños, pp. 13-29.

Alvarado, Concepción y Di Castro, María Rita (2013). Cuernavaca, ciudad fragmentada. Sus barrancas y urbanizaciones cerradas. Ciudad de México: Universidad Autónoma del Estado de Morelos – Juan Pablo Editor.

Cócola, Agustín (2016). “La producción de Barcelona como espacio de consumo. Gentrificación, turismo y lucha de clases”. En Grupo de Estudios Antropológicos La Corrala (coord.). Cartografía de la ciudad capitalista. Transformación urbana y conflicto social en el Estado español. Madrid: Traficantes de sueños, pp. 31-56.

López Levi, Liliana y Ramírez, Blanca Rebeca (2012). “Pensar el espacio: Región, paisaje, territorio y lugar en las Ciencias Sociales”. En Reyes, María Eugenia y López Lara, Álvaro (coord.) Explorando territorios. Una visión desde las Ciencias Sociales. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana, pp. 21-48.

Martínez Borrego, Estela, Lorenzen, Matthew y Salas, Adriana (2015). Reorganización del territorio y transformación socioespacial rural-urbana. Ciudad de México: IIS-UNAM – Bonilla Artigas Editores.

Pires de Rio, Teresa (2007). Ciudad de muros. Barcelona: Gedisa.

[1] En líneas generales, se puede hablar de tres grandes etapas en los patrones de diferenciación social y de separación espacial (segregación): desde finales del s. XIX hasta 1940, el espacio urbano se caracterizó como “ciudad concentrada” y heterogénea; entre 1940 y 1980 se puede hablar de la forma urbana “centro-periferia”, de manera que las clases media y alta se concentran en el centro y los clases bajas en los barrios periféricos; finalmente, desde los 90 hasta la actualidad, el principal instrumento de la segregación son los “enclaves fortificados”, “espacios privatizados, cerrados y monitoreados, para residencia, consumo, recreación y trabajo” (Pires do Rio, 2007: 257).

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