La memoria y la práctica política: ¿cómo han abordado los presidentes argentinos y chilenos el pasado?

Aunque los regímenes autoritarios se miran el día de hoy por el retrovisor y como parte de un pasado que “ha quedado atrás”, sus efectos, y sobre todo sus conflictos siguen marcando en buena medida la política de algunos países. Siguiendo esta idea, la evidencia empírica demuestra que los presidentes argentinos y chilenos creen importante seguir afrontando el pasado político de sus países; o dicho en otras palabras, ningún mandatario se ha resistido a la tentación de injerir en el tema de las políticas públicas de la memoria a través de distintas estrategias con costos políticos variables.

A pesar de las particularidades de cada país, los presidentes siguen estimando a la memoria como un problema que merece la atención gubernamental, a través instrumentos oficiales como son las políticas públicas. Pero en ese proceso, también es cierto que no todos los mandatarios comparten una visión homogénea sobre las herencias recibidas por parte de los regímenes no democráticos anteriores, por lo que sus intervenciones pueden ser polémicas o contradictorias frente a los intereses de los organismos de derechos humanos que se han erigido como los principales promotores de esas políticas. Con base en ello, las políticas hacia el pasado son muy diversas en cuanto a sus clases (de reparación, justicia y simbólicas), pero también en función a los estilos que predominantemente adoptan los gobernantes y los costos políticos que están dispuestos a asumir por un tema tan sensible que está cruzado por la disputa entre memorias.

En los últimos años tras observar las distintas políticas de la memoria adoptadas por los presidentes argentinos y chilenos, se estima que son factores internos -como el primer o último año de gobierno, los años electorales, los aniversarios, las coyunturas críticas, la ideología de los presidentes, o el escudo legislativo-, antes que externos, los que inciden en la puesta en marcha de políticas públicas hacia el pasado, así como en el estilo de hacer éstas y sus costos políticos.

Entre los principales hallazgos de la investigación se aprecia que en cuanto a las políticas de reparación, la ideología de los mandatarios importa, aunque no sean precisamente los gobernantes más a la izquierda del espectro los que se distingan en la aprobación de estas medidas. En las políticas de justicia, el análisis arroja que éstas son particularmente propicias en momentos de coyuntura crítica. Y en cuanto a las políticas simbólicas, los aniversarios no son tan decisivos como se hubiera esperado.

Por lo que toca al estilo se estima que la ausencia de coyunturas críticas favorecen el escenario para que un presidente se anticipe a los problemas, pero además, a raíz del análisis cualitativo, se extrae que mientras los presidentes chilenos están más habituados a buscar los consensos, sus homólogos argentinos se han caracterizado principalmente por reaccionar ante los problemas, y en buena medida, imponer sus decisiones.

Grafico 1 Solis (2)

Es importante destacar que desprendido del análisis propuesto, los casos de Raúl Alfonsín y Patricio Aylwin son cuando menos especiales, ya que en ambos, el análisis indica que el repertorio de políticas sancionadas por estos dos presidentes no exhiben una tendencia única hacia un determinado estilo de hacer políticas, sino que éstos se deslizan en dos o más categorías de la tipología. Es posible que no sea una extraña coincidencia que los dos únicos presidentes que muestran esa desviación sean precisamente los que tuvieron que pilotar la transición en estos países, lo que podría estar diciendo que sus estilos pudieron estar más bien condicionados por el proceso mismo de los acontecimientos que les tocó vivir en esos primeros años en democracia.

Cuando se analizan los costos políticos se observa que los mandatarios chilenos asumen más riesgos que los presidentes argentinos, quienes por el contrario, tienen más aversión al conflicto. Pero además, se puede observar que en función de las variables independientes, el nivel de conflicto se atempera en el primer año de gobierno, debido al periodo “luna de miel” que experimentan los presidentes nada más llegar al poder. En suma, se estima que de las 176 políticas que integran el universo de políticas de la memoria, poco más de la mitad (54,5%) han producido niveles de conflicto alto, mientras que el resto (45,5%) distribuyen sus efectos en los niveles medio y bajo.

Grafico 2 Solis (2)

En resumen, las políticas de la memoria no son exclusivamente un fenómeno de las transiciones, sino que se trata de hechos que son cambiantes con el tiempo, y que guardan una estrecha relación con el desarrollo y fortalecimiento de los poderes públicos, pero también por la movilización y empuje del movimiento de derechos humanos en general.

Los debates de las políticas forman parte consustancial de los debates de las memorias, a través de los cuales se busca la construcción de sentido tanto de la identidad social cuanto del relato histórico. La apertura que se da para hablar de estos temas, antes que poner en peligro a los sistemas democráticos los afianza, porque refuerza la idea de que esos pasados, por traumáticos que hayan sido, tienen la oportunidad de ser escuchados y reflejan una realidad de la que políticamente se puede hablar.

Acerca de Juan Mario Solis Delgadillo

Juan Mario Solís Delgadillo es doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.

, , ,

3 respuestas a La memoria y la práctica política: ¿cómo han abordado los presidentes argentinos y chilenos el pasado?

  1. Cristobal Waligora 28 octubre, 2013 at 12:00 #

    Muchas gracias por su exhaustiva respuesta 🙂

  2. Juan Mario Solís Delgadillo 26 octubre, 2013 at 18:41 #

    Estimado Cristobal

    De antemano muchas gracias por su comentario. En atención al mismo, he de decirle que efectivamente hay evidencia de que todos los mandatarios argentinos y chilenos no se han podido sustraer del tema de la memoria histórica en sus distintos gobiernos. Esto en sí es interesante porque habla de que el tema ni es propiedad de un campo ideológico en específico ni tampoco es un tema baladí en el desarrollo de las democracias en el presente.
    Con relación a su interesante pregunta, le puedo comentar dos cosas: la primera es que la investigación que he desarrollado abarca para el caso argentino, las presidencias de Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner y Fernández (hasta 2011), mientras que para el caso chileno, he tomado como referencias de estudio las presidencias de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet con lo cual los ejemplos que con toda prontitud me hace ver no han sido analizados, principalmente porque me he dedicado a analizar presidencias completas razón por la cual el segundo mandato de Cristina Fernández y el gobierno de Sebastián Piñera no los he abordado. Eso es sin duda una tarea pendiente.
    La segunda cuestión es que, a pesar de no contar con evidencia empírica para generar una explicación a los ejemplos que me indica, lo que sí le puedo decir es que analizando todas las políticas simbólicas (como inauguración de museos, monumentos, días festivos, espacios de memoria, políticas educativas, etc.) los grandes aniversarios o fechas simbólicas como lo pueden ser el 11 de septiembre en Chile no son el momento más propicio para poner en marcha esta clase de políticas, sobre todo porque son espacios de disputa que polarizan posiciones y traen a flote las tensiones políticas del pasado en el presente, con lo cual, los costos políticos serían demasiado elevados para los presidentes. Eso no significa que no se pongan en marcha políticas en esas fechas, sino que a diferencia de lo que yo mismo plantee como subhipótesis de investigación, las fechas emblemáticas no tienen relevancia estadísticamente significativa como sí la tienen la ausencia de coyunturas críticas.
    Los propios acontecimientos recientes en Chile con motivo del 40 aniversario del golpe es un buen ejemplo para demostrar ello, en la medida en que el gobierno tuvo que realizar su acto de conmemoración en solitario, es decir, sin la presencia de los representantes de los partidos nucleados en la Concertación, lo que pone en evidencia la polarización y las dificultades que tienen para los gobiernos promover políticas el propio 11 de septiembre; de hecho, en ocasiones estos actos se realizan con días u horas de anticipación dejando al día emblemático como una fecha con la cual no se puede “jugar”. Espero que esta respuesta pueda resolver sus dudas. De cualquier manera le invito a echar un vistazo a la investigación en extenso titulada Memoria democrática y olvido político: la gestión gubernamental de las políticas de memoria en Chile y Argentina que estuvo bajo la dirección de la Dra. Flavia Freidenberg y el Dr. Guillermo Mira Delli-Zotti.

  3. Cristobal Waligora 25 octubre, 2013 at 11:07 #

    Muy interesante articulo, nos permite acercarse a la pregunta de cómo la memoria de los régimenes represivos afecta la política de hoy. De hecho, gestión de memoria ahora es parte de la descripción del trabajo de los líderes latinoamericanos democráticos. Por un lado, cabe destacar la elevada responsabilidad de los políticos, para que lleven a cabo una política que conduzca a la reconciliación, y no a la división nacional. Por otro, los mismos políticos tienen que preocuparse por las consecuencias prácticas y costos políticos. En cuanto a mi pregunta, usted ha indicado que “los aniversarios no son tan decisivos como se hubiera esperado.” Por eso, me gustaría conocer su opinion sobre los eventos que acompañaron reciente aniversario del golpe de estado en Chile (dos ejemplos: 1. la Corte Suprema pidió perdón en la declaración pública, 2. la Chilevisión se unio al discurso por la transmitida miniserie documental) – no eran hechos simbólicamente importantes?

Deja un comentario