La Oficina Presidencial y el Liderazgo Político en España y Latinoamérica

En las últimas décadas, los países de América Latina han experimentado un conjunto de procesos nacionales que han tendido a dispersar el poder, como la democratización, la descentralización y la privatización. Algunos de estos han involucrado motivos y consecuencias muy positivas como un mayor respeto a los derechos y libertades humanas o una mayor representatividad política. Sin embargo, a la vez han tenido lugar en el marco de una mayor competencia e interdependencia económica mundial, lo que ha complejizado aún más la resolución de los problemas nacionales.

Aunque por supuesto lo anterior se ha dado en distintos grados en general ha configurado para los gobiernos de la región un escenario muy difícil en el cual tienen que enfrentar con un menor poder un marco político-institucional más complejo para la promoción del desarrollo a un grado tal que incluso puede poner en riesgo la sustentabilidad misma de los procesos democráticos. Consecuentemente, en algunas naciones ha surgido la preocupación por alcanzar una “democracia efectiva”; esto es que, sin afectar la representatividad política alcanzada permita a los gobiernos proveer los bienes públicos que las sociedades demandan promoviendo así una mayor consolidación democrática.

Es posible decir que los regímenes presidenciales que más han perdurado en el mundo (Estados Unidos, por ejemplo) lo han hecho gracias a un balance entre los instrumentos que “dividen” el poder —y con ello evitan el autoritarismo—y los que lo “unen” —y permiten entonces la acción colectiva para la resolución de los problemas públicos. En el contexto arriba mencionado de mayor dispersión política, uno de los instrumentos institucionales que puede servir para “sumar” poder sin abandonar los principios del régimen democrático es la presidencia. Mientras que los congresos tienen como una de sus principales funciones representar las expresiones político-ideológicas, el(la) presidente está en cambio llamado(a) a ejercer un liderazgo político, de manera que un país pueda también unir esfuerzos para enfrentar los retos del desarrollo. Sin embargo, tal liderazgo es una tarea extremadamente elusiva, que ciertamente no consiste solo en levantar una bandera y llamar a defenderla. Por lo tanto, los presidentes requieren de un importante apoyo institucional para decidir cuándo actuar y cuándo no, y en su caso de qué manera. Es por ello que el adecuado desarrollo de la Oficina Presidencial resulta una tarea fundamental.

En un primer texto sobre este tema (Méndez 2007) comparó las oficinas de dos países, México y Estados Unidos, y encontró que en este último esta es más grande y poderosa. Se argumentó que ello podría deberse a una mayor distancia entre el presidente y tanto los ministros como los ministerios, ya que mientras en Estados Unidos los primeros son ratificados por el congreso, en los segundos hay un servicio civil de carrera consolidado.

Una comparación de la Oficina de la Presidencia de España con la Oficina de la Presidencia de México (y en parte con las de otros países latinoamericanos) podría ofrecer evidencia en la misma dirección: mientras dicha Oficina tiene un mayor tamaño y peso político que algunas oficinas presidenciales latinoamericanas, en España existe, como en los Estados Unidos, un servicio civil de carrera consolidado y —si bien los ministros son nombrados por el Presidente en forma bastante libre— es posible que el régimen parlamentario influya para que algunos de ellos tengan un importante peso político propio (Mata, Luque y Ortega, 2010). A su vez, la distancia, e incluso desconfianza, que los presidentes Suárez y González al parecer sintieron respecto a la burocracia heredada también podría haber sido un factor importante. Con todo, entre España y México existen diferencias significativas en los valores de algunas variables independientes distintas a las aquí consideradas; por ello, esta hipótesis deberá ser ya sea fundamentada empíricamente, rechazada o en su caso complementada. Por ejemplo, el desarrollo del Ministerio de la Presidencia español podría estar en alguna medida vinculado a ciertos antecedentes históricos que van hasta la monarquía del siglo XVI.[1]

Por último, además de la utilización de la comparación entre estos dos casos con propósitos de investigación científica, existen elementos del Ministerio de la Presidencia español que podrían resultar de utilidad para proponer mejoras al funcionamiento de la Oficina Presidencial en México y otros países latinoamericanos. En este sentido, una conclusión de carácter práctico es que las naciones no deberían esperar a que exista una mayor distancia entre presidente y gabinete para desarrollar una oficina presidencial capaz de apoyar efectivamente al ejecutivo en la cada vez más compleja tarea de gobierno.

Referencias

– Mata, Teresa, Francisco Luque y Manuela Ortega (2010), La percepción de los ministros del Gobierno de España (1984-2009). Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas. Colección Opiniones y Actitudes.

– Méndez, José Luis (2013), “Estudio Introductorio: el liderazgo político como acción estratégica”, en José Luis Méndez (comp.), El Liderazgo Político. México: Siglo XXI.

– Méndez, José Luis (2011), “Dilemas de la oficina presidencial para desarrollar una presidencia estratégica en los países de América Latina”, en Nuria Cunill (coord.), El alto gobierno en América Latina. Caracas: Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo.

– Méndez, José Luis. 2007. “La oficina presidencial y el liderazgo político en México y Estados Unidos ¿incertidumbre competitiva o certidumbre cooperativa?”,  Foro Interna

[1] El tema ha sido desarrollado durante una estancia corta de investigación (marzo 11-abril 6, 2017) en el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, gracias a una beca de la Fundación Carolina, con el fin de continuar la agenda de investigación propuesta hace algunos años sobre el liderazgo político y las oficinas presidenciales (Méndez 2007, 2011, 2013; ver también joseluismendez.colmex.mx).

 

Acerca de José Luis Rodríguez

Colegio de México. Estancia en Instituto de Iberoamérica marzo-abril 2017.
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