La otra Ilíada, un canto femenino, antiguo y contemporáneo

La literatura escrita por mujeres, tanto de aquellas que tienen conciencia de género como las que no, ha abierto caminos de nuevas formas de expresión, y nos da la posibilidad de contar la historia desde otra mirada que intenta romper el silencio milenario y recuperar el origen de la memoria femenina.

En este post se analiza algunos extractos de La otra Ilíada (2016), de Ethel Krauze, un poemario de largo aliento desde el enfoque de la literatura escrita por mujeres.

 La Ilíada es un poema épico que celebra las figuras de los guerreros y las grandes batallas con ideales especialmente masculinos, donde los personajes femeninos aparecen como botín de guerra.

Antes de iniciar el análisis es necesario saber que la lectura feminista trata de analizar los textos escritos por hombres con personajes femeninos, tomando en cuenta las imágenes y estereotipos de las mujeres en la literatura, y cómo han contribuido a la marginación de las mujeres, es decir, es una relectura crítica de las obras escritas por hombres con personajes femeninos, un ejemplo de ello es precisamente La Ilíada de Homero.

Sin embargo, existe otra dinámica a través de la que las mujeres pueden ser sujeto de la literatura, consiste en considerar a las mujeres como autoras, y analizar qué escriben y cómo lo escriben, ello sin obviar a las mujeres como lectoras, es decir como consumidoras de productos literarios (García, 2002: 67).

Para Riera (1982) existen características comunes en la literatura de mujeres, y que son encontrados en La otra Ilíada. El primero es la elección del tema. En el texto la autora tiende a preguntarse por “sí misma”, se observa como sujeto-objeto, se mira a sí misma y a su ámbito doméstico. En otras palabras es una literatura de búsqueda, de autoanálisis, de vuelta a la infancia, un mundo cerrado observado desde una perspectiva de relaciones familiares. El segundo elemento es el tono empleado, impregnado de complicidad con las lectoras, con guiños hacia las personas con la misma historia. Una complicidad de la escritora con sus posibles lectoras.

Los elementos antes mencionados se proyectaran en los siguientes versos. El texto analizado inicia con el mismo tono que el de La Ilíada, solo que la que habla es Briseida, mujer en la antigüedad patriarcal, algo similar a la mujer contemporánea dentro del patriarcado vigente. Una y otra se funden en una misma voz que describe el círculo doméstico de servidumbre y obediencia, así lo observamos en el  Preludio:

«Canta ¡oh Diosa!, mi cólera encendida

Que esta es la otra Ilíada:

La Ilíada de Briseida, la cautiva,

la rebelión de

la salvaje, […] »

En relación a los valores que se leen en el verso arriba, Lagarde refiriéndose a la opresión de las mujeres: “ [… la] define por un conjunto articulado de características enmarcadas en la situación de subordinación, dependencia vital y discriminación de las mujeres en sus relaciones con los hombres, en el conjunto de la sociedad y en el estado.” (Lagarde 2012:97)

 Como veremos en la siguiente estrofa del primer canto la mención del odio desde la voz de mujer sometida a la servidumbre, en la que la casa es una vez más un espacio de cautiverio encuentra explic ación en lo que sostiene Lagarde, para quien la mujer se ha construido históricamente en las sociedades y culturas patriarcales. Esta autora sostiene: “Y la condición de las mujeres es opresiva por la dependencia vital, la sujeción, la subalternidad y la servidumbre voluntaria de las mujeres en relación con el mundo.” (Lagarde 2001:35)

 A lo largo del canto  primero el cautiverio de Briseida se refiere también a esa condición de sujeción femenina, la estrofa inicia con un tono elevado para referirse a la furia acumulada históricamente por las mujeres:

«El odio es puro: líquido, hermoso»

En los versos se proyecta una analogía de las hazañas que enfrentan los guerreros en los cantares épicos y las batallas que enfrentan las mujeres en los espacios humildes como la cocina y el cuidado de la familia, roles  obligadamente femeninos. Abajo se cita otro fragmento del canto primero que comparte la misma idea:

«Toda la casa es una Ilíada,

es tu Ilíada,

tu personal batalla contra el enemigo:

tu destino de polvo, mugre y chinches,

te avala el trapeador, la escoba, la cubeta,

te cubre el delantal, la jerga y el plumero,

te acompaña la sangre de tu madre

y de tu abuela […]»

Es notorio como a lo largo de la obra se insiste en el espacio doméstico como un lugar de resistencia de algunas mujeres contemporáneas que continúan en la disputa contra el poder patriarcal. La voz poética permanece con un tono sedicioso en el canto segundo “La rebelión de la salvaje” en el que parece que la voz poética habla en primera persona:

«¿Dónde quedó mi grito,

sepultado en la memoria de la antigüedad?

¿Mi lengua voraz de doble filo,

es saliva sanadora,

mi corazón indómito de cazadora,

mi piel de corza,

mi vuelo de paloma en celo?

¿Quién soy

  sin nadie más que yo?»

Observamos que  en este canto segundo se recurre a la sabiduría ancestral femenina relacionada con el poder de sanación, de alimentadora, pero sobre todo de la inteligencia y el arrojo, la voz poética se mantiene  en primera persona, desde un yo que  refuerza la identidad.

Pues bien, en La otra Ilíada la voz poética muestra preocupación sobre su condición de cautiva y sierva que le incita a la rebelión, en esta parte es interesante observar el manejo del tiempo, la autora inicia hablando como Briseida, la mujer “genérica” que se revela a su condición de sierva,  más adelante  nos habla en presente con la voz de la mujer contemporánea, hace el corte del tiempo utilizando una pregunta  retórica:

«¿Soy yo la misma mujer que se viste ante el espejo

para ir al trabajo?

¿Soy la que siempre está ocupada,

la que nunca tiene tiempo de nada?»

Tal y como puede verse, se hace un manejo del tiempo, la autora regresa a la voz de la mujer moderna con las obligaciones que responden a las necesidades actuales, las de las tareas cotidianas de una mujer que trabaja fuera del hogar, inserta en la prisa de las grandes ciudades y de las triples jornadas a las que se enfrenta una mujer contemporánea. Otro verso reza:

«Tendré que cancelar mis citas

hasta nuevo aviso.

Posponer las compras,

reprogramar itinerarios».

Casi al finalizar el canto segundo advertimos que la voz poética recupera la voz de las mujeres de todos los tiempos, la memoria ancestral que canta el descubrimiento de sus saberes ocultos:

«Quiero recuperar a la loba que habita en mí:

afilar mis garras,

lamerme la pelambre,

desenrollar la cola

Que ha permanecido guardada tanto tiempo»

En la coda, la voz poética canta la palabra de todas la mujeres de todas la épocas, cambia el tono, la  rebeldía levanta el vuelo, con la certeza de que la victoria de una mujer es de todas las mujeres y representa la suma de la sabiduría, la experiencia y las reflexiones de las mujeres. Un recuento de la sabiduría de las mujeres a lo largo de la historia y   de las batallas que se tendrán que librar, es su propia Ilíada, o mejor dicho la otra Ilíada, la Ilíada femenina: “Cantemos, hermanas, cantemos/Hay una Ilíada nuestra:/Una diosa que escucha y que canta.”

A manera de conclusión, en el texto se observó la mirada interior al hablar  la autora de sí misma, la voz poética apunta hacia la voz universal de las mujeres que miran al mundo, que pueden hablar de un adentro y un afuera, con el oficio que exige la buena literatura. A lo largo del análisis se identificó algunos elementos de la escritura femenina como la descripción de los espacios domésticos y de las sensaciones así como la tendencia a narrar en primera persona, observamos también los guiños hacia las otras mujeres que son consideradas con la misma historia. Una complicidad de la escritora con las mujeres lectoras.

Referencias:

García Aguilar, María del Carmen (2002). Un discurso de la ausencia. Teoría y crítica de literatura   feminista. Puebla: Secretaria de Cultura/Gobierno del Estado de Puebla. (Colección Los nuestros, Serie Cuadrivios).

Krauze, Ethel (2016). La otra Ilíada. Madrid: Colección Torremozas.

Lagarde y de los Rios, Marcela. (2001). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Riera, Carmen. 1982. “La escritura femenina, ¿Un lenguaje prestado? “Revista Quimera 18, Barcelona.

Traba, Martha.1981. “Hipótesis sobre una literatura diferente” Revista Quimera13. Barcelona.

Referencias web:

Vicente Serrano, Pilar. Aproximación a la polémica sobre la literatura de mujeres.  https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/170160.pdf . Consultado 12 de mayo 2016.

 

Acerca de Maria de los Angeles Manzano

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