La unión no siempre suma. Las elecciones generales del 26-J en España

 

Las encuestas realizadas durante toda la campaña electoral y las de pie de urna han sido un auténtico fracaso. Según las mismas, el “sorpasso” de Podemos a PSOE estaba garantizado y el bloque de izquierdas, es decir, la suma de diputados de Podemos y PSOE, podrían alcanzar el gobierno, es más conseguirían gobernar con una mayoría absoluta, mientras que el PP, el partido del gobierno, volvería a perder escaños en estos comicios, haciendo inviable la investidura de Mariano Rajoy. Sin embargo, a medida que el recuento comenzaba a arrojar los primeros resultados, se anunciaba una situación completamente distinta. Únicamente los datos del PSOE parecían corresponder con la realidad, al haber acertado en su estimación con una horquilla que rondaba los 81 y 85 diputados.

Las elecciones generales del 26-J han vuelto a otorgar el triunfo al Partido Popular, pero en esta ocasión a diferencia de los comicios de diciembre[1], Mariano Rajoy ha conseguido salir reforzado. En un momento, donde todas las fuerzas políticas del arco parlamentario ponían en cuestión su liderazgo y su legitimidad para poder ser candidato a la Presidencia del Gobierno, las urnas han dictado sentencia. El PP no sólo ha logrado ganar las elecciones sino que ha ampliado su victoria, al obtener 14 escaños más que el 20-D, y algo que es todavía más importante, ha vencido en el feudo histórico del PSOE, Andalucía, y sigue siendo la principal fuerza política en la mayoría de las provincias y municipios españoles. Esto no sólo legitima a Rajoy, si no que le coloca en un lugar inmejorable para poder ser investido Presidente. La ciudadanía con sus votos ha mandado un mensaje claro, el PP, pese a todos sus problemas, es el partido en el confían los españoles para tomar las riendas de la gobernabilidad del país. Es más, se podría afirmar, que la incertidumbre ha venido a fortalecer a Rajoy y debilitar a sus adversarios; dado que si Podemos se hubiera abstenido en la investidura de Pedro Sánchez, ahora Rajoy no tendría posibilidades de ser Presidente y el PP no habría logrado esta importante victoria.

Pero los resultados electorales también han arrojado otros datos importantes. En primer lugar, la unión entre Podemos e Izquierda Unida no ha conseguido el ansiado “sorpasso” y ha perdido un millón de votos de unas elecciones a otras. Un fracaso para la formación de liderada por Pablo Iglesias, por mucho que algunos de sus líderes quieran maquillar el resultado. Con estos resultados no puede encabezar las negociaciones para formar gobierno como era su deseo y sólo puede, en el mejor de los casos, aspirar a postularse como Vicepresidente de un gobierno multipartidista, apoyando una investidura de Pedro Sánchez. Además, cabe pensar que la organización se sume en una guerra interna entre los que se mostraron partidarios por un modelo de partido inclusivo y por los que deseaban la desaparición de la coalición encabezada por Alberto Garzón. Lo que está claro, es que muchos electores de una y otra formación política no estaban conformes con esta coalición, y que la unión no siempre suma.

Por otro lado, esa población que no se encontraba representada por el sistema que había salido de la transición y que, por tanto, no solía participar en las elecciones, y que en las elecciones europeas y en las generales de diciembre había encontrado en Podemos a un partido que podría representar sus intereses, en esta ocasión le han retirado su apoyo y se han mantenido en la abstención. El guiño socialdemócrata del partido tampoco ha sido del gusto de una parte de su electorado. Asimismo una buena parte de españoles, ante el temor de un posible gobierno de Podemos, se han movilizado votando a favor de los partidos tradicionales.

En segundo lugar, el PSOE, y en concreto, Pedro Sánchez, ha resistido el empuje de Podemos e IU, y contra todo pronóstico continúa siendo la segunda fuerza del país. Eso sí, con 5 escaños menos, pero con un mejor porcentaje de votos respecto a diciembre y convirtiéndose en el partido clave para la conformación de un gobierno. Además, Pedro Sánchez parece haber logrado un éxito cuando su futuro pendía de un hilo y los socialistas han cosechado por tercera vez consecutiva el peor resultado de su historia.

En tercer lugar, el retroceso electoral de Ciudadanos viene a corroborar, lo que algunos especialistas han denominado el “voto prestado” del partido de Albert Rivera. La indefinición de Ciudadanos, y el no presentar un discurso que vieran a identificarse como el nuevo Partido Popular, ha hecho que muchos de sus votantes heredados del partido de Mariano Rajoy, hayan vuelto a la formación de centro-derecha. El voto útil ha surtido efecto. Tal es así que, si se miran los datos, existe una coincidencia entre los votos que ha perdido el partido de Albert Rivera y lo que ha ganado el Partido Popular. Además, C´s ha visto reducido su poder, porque sus escaños ya no son determinantes para fijar el color del gobierno del país, ni siquiera podrá mantener sus exigencias y vetos.

No obstante, y pese a estos resultados, continúan habiendo dudas sobre la formación del gobierno, en un panorama de alta incertidumbre para poder superar el bloqueo existente. Lo que está claro, es que los partidos políticos no se pueden permitir unas nuevas elecciones generales. Pues los ciudadanos, no sólo no lo comprenderían, si no que manifestarían su desacuerdo, alentando la desafección política. Es cierto, que el país no se encuentra paralizado porque un gobierno en funciones tiene mucha capacidad de decisión para las cuestiones del día al día. Pero no es menos cierto, que un gobierno en funciones no puede llevar a cabo algunas de sus funciones más importantes como aprobar los Presupuestos Generales del Estado o presentar proyectos de ley. Por no hablar del coste que supondría para las maltrechas arcas del Estado unos nuevos comicios. Todos estos condicionantes obligan a todas las fuerzas políticas a sentarse, negociar y hacer concesiones. Y en esta ocasión, el PP deberá tomar las riendas de las mismas e intentar la sesión de investidura. El problema es que con los escaños de Ciudadanos, aunque ahora suman más que en las anteriores elecciones, no son suficientes para lograr la investidura de Rajoy. Ni siquiera el hipotético apoyo de PNV y Coalición Canarias puede contribuir a este hecho. Sólo un acuerdo con el PSOE o la abstención de esta fuerza política en la sesión de investidura habilitaría tal posibilidad.

Por su parte, las fuerzas de izquierdas, hoy, se encuentran más lejos de conformar gobierno, ya que han retrocedido en escaños y necesitan más del voto de las fuerzas nacionalistas. Más aún cuando la vía PSOE y Ciudadanos ya no es posible con la abstención del PP o de Podemos. Un riesgo demasiado grande para un partido de ámbito nacional y constitucionalista como es el PSOE. Por tanto es lógico pensar, que finalmente el PP logrará al menos la abstención de los socialistas para que Mariano Rajoy pueda ser investido Presidente.

Finalmente, otro hallazgo que dejan las elecciones, es que la repetición de las elecciones no ha consolidado el fin del bipartidismo y la crisis de los partidos tradicionales. El bipartidismo resiste, porque sin la participación de los grandes partidos nacionales, PP y PSOE, no es posible constituir un gobierno. Lo que supone un nuevo revés para los nuevos partidos, principalmente, Podemos y Ciudadanos. En las elecciones del 20-D el bipartidismo consiguió su cifra más baja con 213 escaños, y en este 26-J, la suma del PP y PSOE ha alcanzado los 222 diputados. No obstante, todavía se encuentran lejos de los 300 escaños que solían sumar estas dos fuerzas políticas en elecciones anteriores.

 

[1] En las elecciones de Diciembre de 2016 el PP obtuvo 123 diputados y ahora ha logrado 137.

Acerca de Gema Sanchez Medero

Prof. de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid. Doctora de Ciencia Política y de la Administración por la citada universidad.
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