Las condiciones del Triángulo Norte y los menores migrantes

Una vez más, tal como ocurrió en la década de 1980, los países centroamericanos, particularmente los del llamado Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) ocupan titulares en las noticias. Esta vez no es por los conflictos armados internos o el peligro de una guerra entre los países de la región, sino por los miles de menores de edad de esos países que han llegado a Estados Unidos en forma ilegal en meses recientes, muchos de ellos sin estar acompañados de un adulto responsable.  Ello está causando una de las crisis humanitarias más graves enfrentadas por el gobierno estadounidense; una crisis sin precedentes, en  un país acostumbrado a manejar flujos de refugiados de las guerras centroamericanas hace tres décadas y  de inmigrantes indocumentados de América Latina a través de su historia, pero no niños y jóvenes—o  madres con niños de brazos—que llegan a entregarse voluntariamente a las autoridades.

La llegada a través de la frontera c0n México de menores no acompañados no es cosa nueva, pero las proporciones actuales son dramáticas, más de 50,000 niños en ocho meses[1].  Las causas de la migración de menores a Estados Unidos son múltiples y altamente complejas.  Una de las principales causas parece ser  el deseo de reunificación familiar, ya que muchos menores han vivido separados durante años de uno o de ambos  padres, quienes viajaron a Estados Unidos con anterioridad. En otros casos los padres se han quedado en su país de origen pero envían a sus hijos al norte, esperando que sean entregados  a algún familiar que, legal o ilegalmente, reside en EE.UU. ¿Pero por qué es hasta ahora que miles de padres han decidido arriesgar la vida de sus hijos pagando miles de dólares a traficantes inescrupulosos? ¿Qué variables han cambiado?

Por un lado, parece haberse extendido entre ciertos sectores de la población centroamericana—alentada por los traficantes llamados “coyotes”—la  creencia de que las leyes estadounidenses van a permitir una ventana de oportunidad que puede que nunca vuelva a presentarse. Más específicamente,  la Ley de Protección y Reautorización de Víctimas de Tráfico Humano William Wilberforce, firmada en los últimos días de la administración Bush en 2008, establece que los menores de países sin frontera con Estados Unidos no pueden ser retornados a sus países sin haber pasado por un proceso de evaluación que puede llevar meses[2]. Se ha señalado también que la Acción Diferida para jóvenes indocumentados (DACA por sus siglas en inglés), emitida durante la administración de Obama en 2012, también puede haber sido malinterpretada y contribuido al incremento en el flujo migratorio.  En el contexto más amplio, se ha comentado que la falta de acuerdo legislativo para pasar una ley integral de inmigración en Estados Unidos contribuye indirectamente a la crisis actual.   Más allá de estas variables y de la co-responsabilidad que EE.UU. pueda tener en la situación actual en Centroamérica (por ejemplo la demanda de drogas y el flujo de armas hacia la región),  la raíz del éxodo de  niños, jóvenes y madres con niños de brazos debe buscarse en las condiciones de vida existentes en sus países de origen.

Treinta años han pasado desde que Centroamérica estuvo en los titulares a causa de los conflictos armados.  Luego de la firma de sendos acuerdos de paz y la llegada de la democracia a la región[3], se vislumbraba (o al menos se deseaba) un futuro promisorio para dichos países. La cooperación internacional brindó apoyo en la reconstrucción física y la construcción de nuevas instituciones en el período del post-conflicto, además de haberse firmado tratados de libre comercio con Estados Unidos[4] y con la Unión Europea[5] que buscaban integrar a la región al proceso de globalización. El éxodo de menores centroamericanos hacia Estados Unidos—en un viaje de alto riesgo en trenes o buses maltrechos a través de México–pone en evidencia que el “futuro promisorio” no ha llegado para muchos habitantes de América Central[6]. Por el contrario, además de la continuación de la pobreza y la falta de oportunidades, la antes inexistente violencia generada por los  carteles de drogas y por las pandillas denominadas maras en ciertas zonas del Triángulo Norte, parecen haber hecho la vida imposible para muchos centroamericanos de origen humilde, que prefieren arriesgarlo todo buscando escapar de sus países.

Un análisis cuantitativo comparado de las condiciones existentes en los países del Triángulo Norte treinta años atrás, durante el llamado “conflicto centroamericano” y las condiciones actuales, muestra que ha habido mejoras en algunos aspectos, pero que queda un largo camino por recorrer.

En el aspecto político los países del Triángulo Norte han mejorado.  Los índices de Freedom House y Polity—los  indicadores más comúnmente utilizados en el ámbito académico para medir el estado de situación del sistema político en los países alrededor del mundo—denotan que en el aspecto de derechos y libertades políticas y en los aspectos formales de institucionalidad democrática, los tres países presentan mejoras sustanciales en comparación con 30 años atrás[7].  Es evidente que no están al nivel de países con mayor desarrollo democrático, incluso de otros países centroamericanos como Costa Rica y Panamá, pero en comparación con su propio pasado autoritario, han mejorado.

Cuadro 1: Indicadores de desarrollo democrático

PAIS

FH 1980-81

FH 2014

POLITY IV 1980

POLITY IV 2013

El Salvador

5 (PL)

2.5 (L)

– 6

8

Honduras*

4.5 (PL)

4 (PL)

-2

7

Guatemala

6 (NL)

3.5 (PL)

– 5

8

El  Indice de Freedom House refleja la situación de derechos políticos y libertades civiles en un país.
La escala va de  1 (totalmente libre) a  7 (no libre).
 NL: No libre. PL: Parcialmente libre.  L: Libre[8].
El indicador Polity  refleja la calidad institucional de la democracia (reclutamiento del poder ejecutivo, restricciones al poder ejecutivo y competencia política). Utiliza una escala de 21 puntos, de  -10 (monarquía hereditaria) a +10 (democracia consolidada)[9].
*Honduras sufrió una disminución en estos índices luego de la crisis política de 2009.
Fuente: Preparado por la autora con base en datos de Freedom House y Polity. 

Con relación a las condiciones socioeconómicas en los países del Triángulo Norte, podría presentarse numerosos datos comparativos, pero el Índice de Desarrollo Humano (IDH)[10] por sí mismo abarca dimensiones de ingreso, salud y educación. En términos del IDH se observa una mejora en comparación con la situación existente hace  tres décadas.  Sin embargo es importante resaltar los resultados de la última columna, el IDH Ajustado por Desigualdad (IDHD)[11].  Cuando se toma en cuenta el grado de desigualdad existente en cada uno de los países, el Índice de Desarrollo Humano desciende en forma significativa. De hecho, el IDHD de 2012 en El Salvador y Honduras es prácticamente igual al IDH de 1980 y en Guatemala es más bajo que el existente hace 30 años. Es evidente que el desarrollo y las oportunidades no se han distribuido equitativamente.

Cuadro 2: Indicadores de bienestar socioeconómico (calidad de vida) 

PAIS

IDH 1980

IDH 2012

Ranking Mundial 2012

IDHD

 2012

%

Pérdida

El Salvador

0.471

0.680

107

0.499

26.6%

Honduras

0.456

0.632

120

0.458

27.5%

Guatemala

0.432

0.581

133

0.389

33.1%

El rango del IDH y el IDHD es de 0 a 1. El país con el IDH más alto del mundo es
Noruega con 0.955 (y un IDHD de 0.894).
Fuente: Preparado por la autora con base en datos de PNUD.

Más específicamente con relación a la situación de los niños, el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI) señala que al menos 13 de cada 20 niños centroamericanos (alrededor de 12.4 millones) viven en condiciones de pobreza y que de ellos la mitad (6.4 millones) vive en pobreza extrema[12]. Finalmente, debe señalarse que los países del Triángulo Norte se encuentran entre los más violentos del planeta. No existen datos comparativos  de la época del conflicto armado, pero la Oficina de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen presenta datos de homicidios por 100,000 habitantes desde el 2000[13].  Como se observa en el Cuadro 3 la situación se deterioró en el período del pos-conflicto y aunque en el último año la violencia parece haber disminuido, los tres países continúan siendo  violentos.  La tasa de homicidios en 2012 es todavía sumamente alta. Como referencia, en el año 2012, la tasa de homicidios en España era de 0.8 por 100,000 habitantes y en Estados Unidos 4.7.

Cuadro 3. Tasa de homicidios por 100,000 habitantes

PAIS

2000

2005

2011

2012

El Salvador

39.3

62.2

69.9

41.2

Honduras

50.9

46.6

91.4

90.4

Guatemala

25.9

42.1

38.6

39.9

Fuente: Preparado por autora con datos de UNODC.

Cabe resaltar que al igual que en todos los países, existen áreas en las cuales se concentra la violencia. Datos de encuestas realizadas por el Barómetro de las Américas  han mostrado que la victimización por delincuencia y la percepción de inseguridad son significativamente más altas en las ciudades de mayor tamaño y afectan principalmente a los ciudadanos de bajos recursos[14].  En los vecindarios y zonas afectados por las maras en Centroamérica, la situación es particularmente violenta y las extorsiones, robos y vejámenes son constantes[15]. Las estadísticas de nivel nacional pueden ser engañosas porque pueden no reflejar la realidad de comunidades, barrios o zonas específicas en los cuales existen altos niveles de violencia; adicionalmente, datos tales como la  tasa de homicidios no capturan crímenes tales como la extorsión.

En síntesis, aunque algunas cosas han cambiado positivamente a nivel macro en los países del Triángulo Norte desde el final de los conflictos armados, la calidad de vida para muchos ciudadanos continúa siendo deplorable. Las mejoras en el régimen político no se han traducido  en oportunidades para muchos jóvenes y niños,  que a falta de un futuro promisorio—y en muchos casos más bien enfrentando el riesgo constante de perder la vida—han  decidido migrar hacia el norte.  Al final de cuentas, la falta de oportunidades y la pobreza, y  aún la inseguridad y la violencia, derivan en buena parte  de la existencia de estados débiles que no han podido garantizar a grandes sectores de su población las condiciones mínimas para una vida digna[16].  A  la limitación  de recursos económicos del estado y la ausencia de políticas adecuadas que lleven a una distribución más equitativa de oportunidades, se suman la ineficiencia, la corrupción y el compadrazgo político que con frecuencia, y lamentablemente, han sido sintomáticos de  los regímenes de la tercera ola de democratización en el Triángulo Norte[17].


Referencias

[1] Rappleye, Hannah. Undocumented and Unaccompanied: Facts, Figures on Children at the Border. NBC News. Acceso 10-7-2014.

[2] Hulse, Carl. Immigrant Surge Rooted in Law to Curb Child Trafficking, New York Times. Julio 7, 2014.

[3] Ver Azpuru, Dinorah,  Blanco, L.,  Córdova Macías, R.  Loya Marín,  N., Ramos, Carlos G. y Zapata, 2007. Construyendo la democracia en sociedades posconflicto. Guatemala y El Salvador, un enfoque comparado.  Guatemala y  Ottawa: Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC)/F&G Editores.

[4] El Acuerdo CAFTA-DR entró en vigencia entre 2006 y 2009 en los  diferentes países. Acceso 10-7-2014.

[5] Fundación Konrad Adenauer en Costa Rica y Panamá. El Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea.  Acceso 10-7-2014.

[6] Muchos de los menores viajan en el tren denominado “La Bestia”. Univisión relata en estos videos la odisea de los migrantes en dicho tren. Ver video #1 y #2.

[7] Existen otros indicadores, pero solamente Freedom House y Polity presentan datos comparativos de hace 30 años.

[8] Ver  website de Freedom House.  Acceso 10-7-2014.

[9] Ver  website de Polity.  Acceso 10-7-2014.

[10] United Nations Development Program, UNDP. Human Development Index Reports. Acceso 10-7-2014.

[11] El IDH ajustado por la Desigualdad (IDHD) fue introducido en el año 2010. “El IDHD es el IDH ajustado por la desigualdad en la distribución de los logros en cada una de las tres dimensiones del IDH (salud, educación e ingresos). El IDHD es igual al valor del IDH cuando no hay desigualdad, pero queda por debajo del valor del IDH a medida que aumenta la desigualdad. La diferencia entre el IDH y el IDHD representa la “pérdida” en el desarrollo del potencial humano debido a la desigualdad y puede ser expresado como un porcentaje.”

[12] Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI),  Las niñas, niños y adolescentes centroamericanos migrantes no acompañados deben ser protegidos por los Estados. 19 junio, 2014.  Acceso 10-7-2014

[13] Ver datos de United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC). Acceso 10-7-2014

[14] Seligson, Mitchell A., Smith, Amy Erica y  Zechmeister, Elizabeth. 2013. The Political Culture of Democracy in the Americas, 2012: Towards Equality of Opportunity. Nashville: Vanderbilt University.

[15] Robles, Frances. Fleeing Gangs, Children Head to U.S. Border. New York Times, Julio 9, 2014.

[16] Sobre el tema de la debilidad del estado en Centroamérica, ver  Arnson, Cynthia J. 2012.  In the Wake of War, Democratization and Internal  Armed Conflict in Latin America. Palo Alto y Washington, D.C: Stanford University Press y Woodrow Wilson Center Press.

[17] La tercera ola de democratización se refiere al término acuñado por Samuel Huntington para hacer referencia a las nuevas democracias que se establecieron en el mundo de los años 1970 en adelante.

Acerca de Dinorah Azpuru

Dinorah Azpuru es Profesora de Ciencia Política en Wichita State University (EE.UU).

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2 respuestas a Las condiciones del Triángulo Norte y los menores migrantes

  1. Antonia Picornell-Lucas 15 julio, 2014 at 19:39 #

    Felicidades por el post sobre infancia migrante no acompañada. Es una gran aportación a la situación en la que se encuentran muchos niños y niñas por todo el mundo y que requiere reflexiones serias y profundas. Y me refiero, por un lado, a la inoperancia de los gobiernos en la protección de sus derechos y, por otro, a la inequidad social que está presente en sus vidas.

    Como bien dice usted, el tránsito de niños-as por la frontera de México no es un tema nuevo para los EEUU. Ésta es la razón por la que no se deberían de abordar estos delicados flujos migratorios desde la improvisación y el no reconocimiento de las necesidades especiales que tiene todo niño-a. Por esta razón, la Office of Refugee Resettlement (ORR), organismo encargado de su custodia hasta la resolución de cada caso, debería de tener instrumentado un sistema (recursos económicos específicos, centros especializados, profesionales competentes, plazos concretos de ejecución de actuaciones, tutores de referencia,…) para reguardar la integridad física y psicológica de estos niños-as. Pues además de los riesgos directos que rodean al hecho – traficantes sin escrúpulos- también pueden darse otros colaterales –maltrato, accidentes, secuestro, enfermedades,…-, estigmatizando aún más al niño-a.

    Pero, en cualquier caso, estos ‘niños-as fronterizos’ no deberían de vivir nunca esta situación de vulnerabilidad. Si las políticas priorizaran en sus actuaciones el bienestar infanto-juvenil se podrían investigar las causas de estos desplazamientos para, en primer lugar, prevenir la utilización de los propios niños-as como objeto para la ganancia económica de los delincuentes y, en segundo, apoyar a las familias con medidas que aseguraran la protección integral de sus hijos-as. No obstante, es la sociedad civil la que, ante la inoperatividad de éstas, está poniendo todo su esfuerzo en disminuir esa desigualdad social producida.

    Finalmente quisiera recordar que todos los niños-as tienen unos derechos específicos recogidos en la Convención de los Derechos del Niño-a (1989), cuyo 25 aniversario celebramos este año. Y es incomprensible su invisibilización como consecuencia de los intereses de las Administraciones y la constante violación de sus derechos. Tiene que haber un compromiso de cooperación internacional para mejorar la gestión de estas políticas, trabajando desde un enfoque de derechos del niño, por el interés superior del menor.

    • Dinorah Azpuru 16 julio, 2014 at 18:26 #

      Gracias por su excelente comentario Antonieta. Los niños son las víctimas de un complejo problema político y social y las soluciones no son fáciles.

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