Las reacciones al resultado del plebiscito en Colombia y la peligrosa tendencia a insultar a los votantes

El pasado domingo 2 de octubre el no se impuso al sí por menos de 60.000 votos en el plebiscito sobre el acuerdo final de paz en Colombia (Registraduría Nacional del Estado Civil, 2016). El país latinoamericano ha perdido una oportunidad única de poner fin a 52 años de conflicto armado con las Fuerzas Armadas de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP). Si bien la ratificación del acuerdo no iba a significar la solución inmediata de los problemas políticos, sociales y económicos que sufren los colombianos, constituía un avance en este sentido ya que no sólo abordaba la terminación del conflicto sino que preveía reformas profundas de gran calado como la distribución de la tierra en las zonas rurales, la apertura y garantías para la participación política de los desmovilizados, la sustitución de cultivos ilícitos y la implementación de mecanismos de derecho transicional con supervisión internacional (Mesa de conversaciones, 2016).

El resultado del plebiscito ha puesto de manifiesto la polarización que vive el país. Después de la publicación de los resultados, las reacciones no se hicieron esperar. Los líderes negociadores y defensores del sí apostaron por seguir intentándolo; el comandante en jefe de las FARC-EP, Rodrigo Londoño, alias Timoleón Jiménez “Timochenko”, declaró que los guerrilleros quieren la paz y que solo utilizaran la palabra (EFE, 2016); mientras que el presidente Santos manifestó su intención de mantener el alto al fuego, matizando dos días después que lo prolongaría hasta el 31 de octubre (Semana, 2016b), e invitó al diálogo a los ex presidentes Uribe y Pastrana, partidarios del no. Uribe, por su parte pidió al presidente un “gran pacto nacional por la paz” (Semana, 2016a) y aceptó la invitación de Santos, reuniéndose con él el miércoles. Sin embargo, las negociaciones se tornan muy complejas.

Como afirma la politóloga Angelika Rettberg, “Uribe ahora tiene la sartén por el mango y verá cómo convertir su inesperada victoria en ventaja en las próximas elecciones presidenciales” (Col Bogotá, 2016). Un primer escollo es la popularidad de Uribe, con un 56% de aprobación el pasado mayo, contrasta con el 21% del presidente Santos (S.P., 2016), aunque la credibilidad de las encuestas está más cuestionada que nunca ya que los últimos sondeos publicados vaticinaban una victoria clara del sí (Palomino, 2016). Otras dificultades de negociar con Uribe son sus demandas, que bien no son coherentes con la naturaleza del proceso, como la inclusión en la agenda de paz de las políticas de austeridad y la defensa de los valores de la familia tradicional, o bien son contradictorias con el discurso contra de la impunidad que defendió durante la campaña, como la amnistía para los guerrilleros que no hayan cometido delitos graves (algo ya previsto en el acuerdo final de paz) y el alivio judicial a los militares.

Frente a este escenario incierto, los análisis posteriores han girado en torno a dos cuestiones: la de si Santos se equivocó al promover un plebiscito que no estaba obligado a hacer y la de por qué ganó el no. Respecto al primer planteamiento, el presidente no debió someter a plebiscito o referéndum el acuerdo, no porque no estuviera obligado a ello sino porque se trataba de una cuestión relativa a los derechos humanos, como el derecho a la paz, diferente del Brexit donde los ciudadanos decidían sobre soberanía.

En cuanto a las explicaciones del rechazo al acuerdo, hay una en la que me quiero centrar: la ignorancia e irresponsabilidad de los votantes, muy en boga en las redes sociales pero también en artículos publicados en medios de comunicación. Con independencia de la calidad de los argumentos de los opositores al proceso de paz, en Colombia se consultó a los ciudadanos y éstos decidieron. Aprovechar el espacio en un periódico con difusión internacional para insultar a los defensores del no, en lugar de rebatirles con argumentos, no sólo es una falta de respeto a los votantes sino que hace un flaco favor a quienes anhelamos la paz. Un periodista británico escribe en un periódico español:

Los votantes, mientras, se dejan conducir como vacas al abismo. Con perdón de las vacas, que seguramente demostrarían más sentido común ante la perspectiva de la autoaniquilación que las variedades de homo sapiens que habitan Colombia, Inglaterra y Estados Unidos (Carlin, 2016).

Si bien es cierto que Uribe y otros promotores del no mintieron a los ciudadanos, este señor hace lo mismo al tachar de ignorantes a más de la mitad de los colombianos que votaron el pasado domingo. Y mientras sus odiados Trump o Johnson culpan a los más débiles (los inmigrantes) de los problemas de sus países, el periodista, siguiendo la lógica neoliberal, culpa al individuo-elector (responsabilidad individual) en lugar de fijarse en las condiciones estructurales (paro, pobreza, desigualdad, falta de acceso al sistema educativo, crisis de la sanidad pública, etc.) o en unas élites gobernantes incapaces de conectar con la gente común.

 Pero más grave aún es que estos ataques no sirven ni para hacer pedagogía ni para convencer con argumentos o con recursos emocionales a aquellos que piensan distinto a uno, por el contrario, refuerzan la posición del otro y dota de razones al adversario. No se puede persuadir a alguien llamándolo tonto, ignorante o irresponsable, ni se puede apelar a un pueblo insultando a la mayoría de sus votantes. Mucho menos desde una posición de gurú intelectual. Este tipo de artículos contra las mayorías electorales esconden detrás un profunda soberbia frente a la gente común, y al igual que los discursos de la extrema derecha, están cargados de odio. Para construir una Colombia en paz, el camino a seguir es lograr el apoyo de los colombianos en lugar de despreciarlos o insultarlos.

 

Referencias

Registraduría Nacional del Estado Civil (2016). Preconteo del plebiscito, 2 de octubre de 2016. Disponible en: http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPLZZZZZZZZZZZZZZZZZ_L1.htm.

Mesa de conversaciones (2016). Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, 24 de agosto de 2016. Disponible en: https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf.

EFE (2016). “Timochenko: Las FARC quieren la paz y usarán solo la palabra para construirla”. El Nacional, 2 de octubre de 2016. Disponible en: http://www.el-nacional.com/mundo/Timochenko-FARC-quieren-palabra-construirla_0_932306900.html.

Semana (2016a). “‘Queremos un gran pacto nacional’”. Semana, 2 de octubre de 2016. Disponible en: http://www.semana.com/nacion/articulo/plebiscito-por-la-paz-uribe-busca-un-pacto-nacional/496590.

Semana (2016b). “Santos le pone fecha límite al diálogo; el cese del fuego va hasta el 31 de octubre”. Semana, 4 de octubre de 2016. Disponible en: http://www.semana.com/nacion/articulo/gana-el-no-en-el-plebiscito-cese-al-fuego-bilateral-hasta-el-31-de-octubre/497800.

Col Bogotá (2016). “Santos y Uribe se reunirán para analizar paz en Colombia”. Lainformación.com, 4 de octubre de 2016. Disponible en: http://www.lainformacion.com/disturbios-conflictos-y-guerra/guerrilla/Santos-Uribe-reuniran-analizar-Colombia_0_959606019.html.

S.P. (2016). “La popularidad de Santos llega a sus niveles más bajos”. El País, 6 de mayo de 2016. Disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/05/colombia/1462477758_216778.html.

Palomino, S. (2016). “Las encuestas, las otras grandes derrotadas en el plebiscito de la paz en Colombia”. El País, 3 de octubre de 2016. Disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/03/colombia/1475450625_095430.html.

Carlin, J. (2016). “El año que vivimos estúpidamente”. El País, 3 de octubre de 2016. Disponible en: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/03/actualidad/1475498967_321999.html.

 

 

 

 

 

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