Lecciones de Latinoamérica para el sur de Europa

Hasta hace no mucho las palabras Unión Europea se pronunciaban con un deje de superioridad y glamour frente a los latinoamericanos. Hoy no tanto. Y no sólo por la profunda desorientación que esta organización atraviesa sino también porque las economías de la UE, y en particular las del Sur, están sumidas en un marasmo semejante al que padecieron los países de América Latina hace un par de décadas.

En este sentido quienes hemos estudiado la historia económica y social de la región nos es fácil establecer algún paralelismo sobre la deriva latinoamericana de los noventa y los posibles efectos de las políticas que se están empezando a aplicar en Portugal, Italia, Grecia y España (los PIGS).

Afirmo lo anterior debido a que las recetas que se están aplicando con mano de hierro en Europa meridional no distan demasiado de las impulsadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Muncial (BM) durante la década de 1990 en América Latina. Estas políticas (que se conocieron como el Consenso de Washington) se basaron en las siguientes medidas: disciplina presupuestaria, reordenamiento del gasto público, reforma impositiva (ampliando la base de tributación y eliminando las medidas más progresivas), liberalización de los tipos de interés, apertura de los mercados, eliminación de las barreras a las inversiones extranjeras directas, privatización de empresas públicas y monopolios estatales, adopción de un tipo de cambio competitivo, desregulación de los mercados y protección de la propiedad privada. Sólo hay una medida que en el caso de los PIGS no se exige: la de la adopción de un tipo de cambio de la moneda competitivo, debido a la necesidad de mantener el Euro.

Ante este paralelismo deberíamos preguntarnos qué lecciones se pueden extraer de lo acontecido en América Latina. De entre ellas hay tres que vale la pena resaltar. La primera es que estas medidas tuvieron efectos positivos en la disminución del déficit presupuestario, la reducción de la deuda externa pública, la atracción de inversión extranjera directa y la disminución de la inflación. La segunda es que los resultados en términos de crecimiento económico fueron escasos durante muchos años, y que sólo hubo crecimiento de forma sostenida a partir del año 2000 debido al incremento de las exportaciones de materias primas fruto del aumento de la demanda (y del precio) de éstas a raíz de las voraces compras de China. Y la tercera y más problemática lección es que las medidas tuvieron un impacto regresivo en la redistribución del ingreso, incrementando la desigualdad social y la pobreza. En este sentido cabe señalar que el efecto de los planes de ajuste fue la expulsión de muchos funcionarios del sector público, el crecimiento del trabajo informal, la disminución de la calidad (y a veces de la universalidad) de algunos servicios sociales como la sanidad o la educación y la privatizaron de muchas prestaciones que antes eran públicas. A raíz de ello América Latina ingresó en el tercer milenio con más de un tercio de su población viviendo en la pobreza (con ingresos inferiores a los 2 dólares diarios) y casi 80 millones de personas padeciendo pobreza extrema, con ingresos inferiores a 1 dólar diario.

Sin embargo, desde hace una década las economías latinoamericanas son notablemente dinámicas: han crecido, hay poco desempleo e inflación y sus balanzas de pagos son bastante equilibradas. Pero el problema hoy en la región no es ese (el crecimiento) sino la extrema desigualdad y la persistente estratificación social.

América Latina siempre ha sido una región desigual, pero en los últimos años ésta ha incrementado a raíz de un modelo económico que ha premiado a los “ganadores” y ha dado pocas oportunidades a los “perdedores”. Pero esta desigualdad no ha hecho mella –durante esta década- en el dinamismo económico ni en la estabilidad política. Es más, incluso ha existido una cierta capacidad de luchar contra la pobreza (que no la desigualdad) a través de la implantación de políticas sociales focalizadas. Pero es necesario resaltar que el precio de este “nuevo modelo” ha sido la pérdida de cohesión social, el adelgazamiento de las clases medias, la residualización y pérdida de calidad de las prestaciones del Estado y la extensión de lógicas de conducta social competitivas.

Precisamente por ello debemos ser cautos ante las medidas que se están aplicando en el sur de la UE como si fueran una receta milagrosa. Sobre todo porque no podemos (ni debemos) tirar por la borda los avances sociales a través de la implementación de políticas que buscan el crecimiento a costa, y que pueden incrementar la desigualdad, disminuir la cohesión y generar agresividad social. En este sentido es preciso tener en cuenta que la ola de inseguridad reinante en América Latina ha sido –también- un producto no deseado de unas reformas obsesionadas en el crecimiento.

Post data: Sobre el tema del estancamiento económico sin capacidad de tener un tipo cambio de la moneda competitivo piénsese en cómo terminó la paridad peso/dólar en Argentina: colapso y corralito.

 

Acerca de Salvador Martí i Puig

Salvador Martí i Puig es Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca (España) e investigador titular del Instituto de Iberoamérica de la misma universidad.

, , , , , ,

6 respuestas a Lecciones de Latinoamérica para el sur de Europa

  1. Gabriel 15 Mayo, 2013 at 16:10 #

    Estimado prof. Salvador:
    Lo felicitó. Leí atentamente su post y tengo una pregunta para usted: ¿Cuál es la relación de la crisis europea de la actualidad con la latinoamericana de las décadas del 80 y 90 en términos de la venta de hipotecas vencidas en el mercado financiero mundial? Los que se han llamado como “créditos ninjas” ¿en qué forma tienen su equivalente con la crisis latinoamericana de esa época y cuál fue su repercusión?
    Muchas gracias.
    Saludos,
    Gabriel.

    • salvador 15 Mayo, 2013 at 23:40 #

      Hola Gabriel,
      La crisis financiera del sur de Europa en la actualidad y la de América Latina de los 80s y 90s tiene elementos en común y muchas diferencias. Las semejanzas son, por ejemplo, el rescate de bancos privados por parte del erario público (véase Fobapora en México y el caso de Bankia en España) que drenan recursos que podrían ser destinados a inversión social o en infraestructuras y paralizan el crédito a sectores productivos, o las políticas de ajuste y flexibillización laboral impulsadas por los gobiernos. Más allá, el fenómeno de las hipotecas y la burbuja inmoviliaria española no es comparable con lo que aconteció en América Latina –se parece mucho más a lo ocurrido en Florida hace poco.

      Atentamente,
      S

      • Gabriel 17 Mayo, 2013 at 18:50 #

        Gracias profesor. Ahora tengo más datos para continuar.
        Saludos.

  2. Alejandro 10 Mayo, 2013 at 18:01 #

    Miente cuando dice “…las economías latinoamericanas son notablemente dinámicas: han crecido, hay poco desempleo e inflación y sus balanzas de pagos son bastante equilibradas…”.

    • salvador 12 Mayo, 2013 at 8:53 #

      El dinamismo de las economías latinoamericanas es mayor que el de las europeas: hay mayor crecimiento. Otra cuestión es la solidez de “este crecimiento”. El llamado “consenso de las commodities” es el peligro del subcontinente (véase el nº244 de la revista Nueva Sociedad). Sospecho que el lector no ha hecho una lectura atenta si de ella ha interpretado un halago al modelo latinoamericano.

  3. luis alvarado 8 Mayo, 2013 at 23:55 #

    es la articulo muestrario de la antitesis del estado de bienestar en la cual la ue y america latina solo desaucia a la poblacion……buen articulo…

Deja un comentario