Lenguajes indecentes y ciudadanía cultural

¿Cómo hablamos? ¿Cómo escribimos? ¿Cuán bien o mal usamos las lenguas en las que vivimos? Lo apropiado o lo inadecuado son categorías que cambian según las normas, los usos, las modas y que afectan los modos en que se configura la identidad. La literatura no es ajena a este proceso. Por el contrario, es en la escritura literaria donde se libraron y se libran muchas de las batallas por los usos de las lenguas.

Desde tiempos inmemoriales, la asignación de atributos negativos al habla o a la escritura de los otros pesó como un estigma que la literatura ha intentado exorcizar. Si el mito de Babel escenificó los temores ante la pluralidad y la diversidad lingüística, la literatura operó, por el contrario, con esa diversidad e intentó quebrar la utopía monolingüe. “Nunca se habla una sola lengua”, postuló Derrida (1996: 19) en su memorable estudio sobre el malestar que provocan las disociaciones entre el habla de la comunidad frente a las imposiciones de la lengua del Estado. Ese malestar no es reciente. Es un fenómeno de larga data, porque lo usual no fueron los asentamientos prolongados sino los innumerables desplazamientos forzados por las guerras, el hambre, los exilios y tantas otras catástrofes.

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La dinámica social y cultural de los últimos siglos puede considerarse más cercana a la migración y a la interacción multilingüe que a la residencia en una única lengua.  De hecho, en los primeros años del siglo XX, los europeos que huían de las guerras colmaron barcos que, en un proceso inverso al de los migrantes de hoy, los llevaron a algunos de los tantos puertos del continente americano. A la ciudad de Buenos Aires llegaron millones. Transformaron la fisonomía urbana y se entremezclaron en la nueva Babel, junto a los migrantes internos, desplazados por las políticas de exterminio de las comunidades originarias de las últimas décadas del siglo anterior. Muchos no hablaban castellano y la mayoría no había tenido acceso a la letra alfabética. Se integraban a una sociedad en continua transformación donde se oían los más diversos registros y se usaban múltiples lenguas. En ese contexto, se publicaron numerosas revistas, folletos y cuadernos destinados a la alfabetización literaria y cultural de estos nuevos sectores sociales y grupos étnicos que buscaban incorporarse a la ciudadanía.

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Se produjo un inusitado movimiento editorial orientado al público masivo que trazó puentes y nexos con otras literaturas y registros textuales y lingüísticos en un proceso de intercambio, transferencia y articulación destinado a la formación y consolidación de nuevas ciudadanías culturales. Sin una sintaxis ni un vocabulario que se ajustara a  los parámetros del diccionario académico, el lenguaje de muchos de esos textos fue catalogado, en general, como indecente, vulgar o defectuoso y esta categorización fue una de las variables más eficientes para circunscribir su pertenencia a los sectores populares y evitar su incorporación en una escena literaria ampliada.

Este movimiento  editorial, basado en la oferta de lecturas, en general, breves, baratas y modernas, consolidó un repertorio destinado a los habitantes de la ciudad que ha comenzado a recuperarse en las últimas décadas.  Es un corpus que articula los intereses pedagógicos de las élites culturales, las demandas de un público en plena expansión y las necesarias respuestas a la modernización y la innovación estética. Circuló en forma paralela y, en cierta medida, mezclada con los folletos criollistas que se distribuían de a miles desde mediados del siglo anterior. Algunos libros del nuevo corpus urbano eran textos de autores latinoamericanos y europeos que ofrecían modelos de escritura y de lectura para ese público que hablaba otras lenguas y que comenzaba a sumarse al proceso de democratización cultural. Otros, en cambio, estaban escritos en un lenguaje que los críticos de la época declararon indecente, vulgar o bárbaro. Esa proclama de indecencia denunciaba el temido “monolingüismo del otro” y alerta hoy sobre la necesidad de analizar los estereotipos que subyacen en la valoración de los usos lingüísticos. No es solo un problema de lenguaje. Es una huella de las dificultades de la interacción cultural y de la traducción interétnica. En una época en que los desplazamientos y las migraciones forzadas siguen apareciendo en los titulares de todos los días convendría revisar estos procesos del pasado para comprender mejor los conflictos del presente.

Referencias bibliográficas

Chicote, Gloria Ed. 2015. Redes intelectuales en América Latina: los universos letrado y popular en la primera mitad del siglo XX.  Rosario: Prohistoria ediciones.

Derrida, Jacques. 1996. El monolingüismo del otro.  Buenos Aires: Manantial, 2009.

Narvaja de Arnoux y José del Valle. 2010. “Las representaciones ideológicas del lenguaje. Discurso glotopolítico y panhispanismo”. Spanish in Context 7 (1): 1-24.

Prieto, Adolfo.  1988. El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna.  Buenos Aires: Sudamericana.

Rogers, Geraldine. 2014. “‘Algo que decirle a la humanidad’ en diarios y revistas: autores populares en la Argentina, 1920”.  En  Hanno Ehrlicher/ Nanette Rißler-Pipka. Eds. Almacenes de un tiempo en fuga: revistas culturales en la modernidad hispánica. Berlín: Shaker Verlag (103-120).

Romero, Luis Alberto. 1990. “Buenos Aires en la entreguerra: libros baratos y cultura de los sectores populares”. En Diego Armus. Comp. Mundo urbano y cultura popular. Estudios de Historia Social Argentina. Buenos Aires: Sudamericana (39-67).

Acerca de Graciela Salto

Universidad de La Pampa/CONICET, Argentina
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