Lo que sorprende y no sorprende de la re-elección de Santos

Las elecciones en Colombia han desatado un debate sobre cuán sorprendente fueron los resultados finales.  En vista de que el presidente Juan Manuel Santos perdió en la primera vuelta de mayo, muchos analistas se han quedado asombrados con la victoria final de Santos en la segunda vuelta, con una ventaja de casi 6 puntos sobre su rival, Oscar Iván Zuluaga.

Sin embargo, este resultado no debe de sorprenderle tanto a ningún estudioso de las elecciones en América Latina.  El resultado va conforme con una de las tendencias más poderosas en las elecciones presidenciales de América Latina de los últimos 30 años.  Los incumbentes (casi) siempre ganan.

Desde mediados de la década de 1980 hasta el presente, se han celebrado 23 elecciones en las que el presidente en ejercicio busca la re-elección.  En todas salvo en dos, el incumbente triunfa (ver cuadro).  Los únicos casos de derrota ocurrieron bajo Daniel Ortega en Nicaragua en 1990 e Hipólito Mejía en la República Dominicana en  2004.  Ambos son casos de contextos adversos excepcionales.  En el primer caso, Ortega pierde porque Nicaragua sobrellevaba una economía desastrosa (hiperinflación de cuatro dígitos). Mejía pierde porque la economía estaba en picada y surgió un contricante muy querido, el expresidente Leonel Fernández.

Cuadro I:  Elecciones latinoamericanas en las que compite un incumbent, 1984-2015
(Ordenadas por margen de victoria)

País Año

¿1º o 2º vuelta?

Ganador (%)

Segundo  (%)

   Margen de      Victoria (puntos)

 

Nicaragua 1984

1

66.97

14.04

52.93

Peru 1995

1

64.42

21.81

42.61

Colombia 2006

1

62.2

22

40.20

Argentina 2011

1

54

16.9

37.10

Bolivia 2009

1

64

27

37.00

Ecuador 2013

1

57.17

22.68

34.49

Peru 2000

2

51.2

17.68

33.52

Nicaragua 2011

1

62.46

30.87

31.59

Venezuela 2006

1

62.8

36.9

25.90

Ecuador 2009

1

51.95

28.24

23.71

Venezuela 2000

1

60.3

38.11

22.19

Brazil 2006

2

60.83

39.17

21.66

Brazil 1998

1

53.06

31.71

21.35

Argentina 1995

1

49.8

29.23

20.57

República
Dominicana
2008

1

53.83

40.48

13.35

Venezuela 2012

1

55.25

44.14

11.11

Peru 2000

1

49.83

40.32

9.51

Brazil 2006

1

48.61

41.64

6.97

Colombia 2014

2

50.95

45.01

5.94

Rep. Dominicana 1990

1

35.05

33.79

1.26

Rep. Dominicana 1994

1

42.3

41.6

0.7

Nicaragua 1990

1

54.74

40.82

-13.92

Rep. Dominicana 2004

1

56.69

33.91

-22.78

Notas:  En negrita significa que ganó el incumbent.
Fuente:  Compilados por el autor en base a datos oficiales disponibles en línea.

En fin, la tendencia a ganar por parte del incumbent es un récord estadístico muy fuerte en América Latina, que despierta dudas sobre la capacidad de las elecciones (o del electorado) de generar accountability de parte de los gobernantes.  Sólo se rompe dicha tendencia cuando la economía está por el piso.  Este récord estadístico es tan contundente que le permite a cualquier analista que no sepa nada sobre la región poder predecir quién va a ganar cualquier elección con conocimiento de una sola variable:  si hay o no hay un incumbent en la boleta de votación.

Todo esto significa que en América Latina hay una ventaja innata al incumbent y lo que ocurrió en Colombia no es nada más y nada menos que una confirmación más de ello.   En un artículo que está por salir, Michael Penfold, Gonzalo Hernández Jiménez y yo tratamos de ponerle números a esta ventaja [1]. En América Latina, el ser incumbent aumenta en un 62 por ciento la probabilidad de ganar una elección. No sólo eso, sino que también los incumbents suelen ganar con una ventaja en puntos porcentuales mucho mayor que la que obtienen los ganadores promedios cuando no hay incumbents en la boleta electoral (y dicho sea de paso, mucho más que la de los incumbents en los EE.UU.).

Este último punto es donde estriba la verdadera sorpresa del resultado colombiano.  Santos gana la segunda vuelta con un margen de victoria de 5 puntos, lo cual es mucho menor del margen espectacular de 40.2 puntos que obtuvo Uribe en el 2006 (el tercer margen más alto de un incumbent en América Latina).  De hecho, el margen de victoria de Santos es muy por debajo del promedio para la región–19.9 puntos.  Más concretamente, el margen de Santos es el tercero más bajo en la historia reciente de América Latina.  Es decir, en comparación a Colombia y a América Latina, la victoria de Santos sorprende, no porque ocurrió, sino porque no fue extremadamente aplastante.

En cuanto el número de votos, el resultado colombiano sorprende también, pero no tanto.  Santos obtiene casi el 51 por ciento de los votos, lo cual es menor que el promedio de incumbents de América Latina de 53.5, pero no por mucho.

La otra pregunta es si fue una elección cerrada.  Aquí, hay margen de interpretación.  Como se sostuvo en párrafos anteriores, Santos  no arrasó como lo hizo Álvaro Uribe en el 2006 y como han hecho la mayoría de los incumbents, y su voto es menor que el promedio en la región.  ¿Pero significa eso que fue una elección cerrada? Si se considera el contexto colombiano, sería posible plantear el argumento contrario:  la elección no fue nada cerrada.  Desde el 2004, la fuerza más poderosa en Colombia es el uribismo.  Santos ganó la elección del 2010 compitiendo justamente como el candidato del uribismo.  En la elección del 2014, en cambio, Santos compitió por fuera del uribismo contra un candidato explícitamente apoyado por Uribe.  El que Santos haya derrotado al uribismo con 5 puntos de ventaja es todo un hito histórico, y lo hace a uno pensar que la ventaja del incumbent en Colombia es todavía más fuerte que lo que uno se imagina, ya que fue capaz de derrotar la fuerza ideológica más fuerte que se ha dado a conocer en Colombia en la última década.

Desde luego, es imposible de probar, pero uno pudiera ofrecer una pregunta contrafáctica sobre qué hubiera pasado si Santos hubiera competido con su plan de paz, pero sin su puesto en el Ejecutivo.  Desde mi punto de vista, no sería una locura responder que Santos tal vez no hubiera ganado o lo hubiera logrado con menos votos.

Obviamente, la ventaja que surge por ser incumbent no es la única explicación del triunfo de Santos, como no lo es de ninguno de los demás incumbents que ganan la re-elección.  El caudal de votos que yace detrás de cada triunfo electoral lo constituye una combinación de al menos tres fuentes adicionales:  1) niveles de aprobación del candidato o de la gestión de gobierno; 2) niveles de rechazo del rival; 3) manejo de la campaña.  En esta elección, mucho se ha hablado de los primeros tres factores.  Pero es importante que se hable también del cuarto factor —la ventaja innata del incumbent—, ya que no se puede descartar que dicho factor haya sido la razón principal por la que el triunfo de Santos no fuese más cerrado del que resultó ser.



[1] Michael Penfold, Javier Corrales y Gonzalo Hernández Jiménez, “Los invencibles:  La reelección presidencial y los cambios constitucionales en América Latina”. Revista de Ciencia Política (Chile, en prensa).

Acerca de Javier Corrales

Javier Corrales es profesor de Ciencia Política en Amherst College, Massachusetts (EE.UU).

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11 respuestas a Lo que sorprende y no sorprende de la re-elección de Santos

  1. Ilka 26 junio, 2014 at 20:00 #

    Estimado Javier,

    Me alegra haber leído su columna porque realmente aporta elementos relevantes. Además estoy pendiente del artículo. ¿Será posible consultarlo antes para poder citarlo? Aún no está disponible en la revista.

  2. Karina Cáceeres 20 junio, 2014 at 19:22 #

    Profesor Javier Corrales,

    Muy interesante y claro su post sobre las últimas elecciones en Colombia.
    En otros análisis sugieren que Santos logró ganar, a pesar de perder el grueso de los votos que lo eligieron cuatro años antes, gracias a las maquinarias de los partidos de su coalición que se movilizaron en la segunda vuelta y lograron disminuir la asbtención en su favor. También sugieren que Clara López logró endosar a Santos casi la totalidad de sus votos. ¿ Qué opina sobre el rol de las maquinarias partidarias y alianzas en esta elección en particular?

    ¡Muchas Gracias!

    • Javier Corrales 22 junio, 2014 at 12:03 #

      Estoy de acuerdo. Lo que estamos viendo es cómo el sistema de segunda vuelta estimula a las maquinarias partidarias a: 1) movilizarse (sube la participación); y 2) converger en una de los dos opciones. Eso es lo que se espera de las maquinarias partidarias. Gracias por leer el post.

  3. Gabriel Alejandro Martínez 20 junio, 2014 at 16:52 #

    Estimado Javier, me ha parecido un buen post, el cual abona a la discusión sobre las elecciones y reelecciones de presidentes en América Latina.

    Me gustaría plantearte algunas dudas que surgen a partir de tus análisis:

    Según el post, una variable determinante para saber quién sera un ganador presidencial es si este es o no un “incumbent”. Bajo esta premisa, si el ser o no incumbent es tan determinante ¿por qué Santos necesitó de una segunda vuelta para ganar?, ¿en la experiencia latinoamericana, los “incumbent” ganadores lo han hecho en primera o segunda vuelta?

    Dado que según tu post el ser incumbent puede explicar (o incluso predecir) quien ganará una elección, me gustaría conocer ¿cuáles son las razones que explican que un incumbent tiene más probabilidades de ganar? Es decir, según tu criterio e investigación ¿por qué un incumbent tiene más probabilidades de ganar?

    Por último, pensando en países en los que no se permite la reelección inmediata, ¿puede encontrarse una relación entre el factor que tú nos presentas con las posibilidades de ganar que tiene el partido de gobierno? Me refiero a si los factores explicativos de las altas probabilidades de un incumbent de ganar se pueden relacionar a las probabilidades de ganar de un partido en el gobierno que no puede presentar a la reelección a su candidato.

    Saludos y felicidades por el post.

    • Javier Corrales 22 junio, 2014 at 12:10 #

      Gracias por las preguntas. Es cierto que los incumbents casi nuncan pierden en la primera vuelta, pero tampoco terminan en 3er lugar y casi nuncan evitan las segundas vueltas con un sólo. Es decir, en la primera vuelta, hay un incentivo muy grande hacia la fragmentación partidaria. ¿A qué se debe el poder de los incumbents? Hay un factor de la psicología de los votantes (mejor malo conocido que bueno por conocer). Pero también hay factores que obedecen a los beneficios del puesto en América Latina: 1) manejan el gasto, 2) manejan los nombramientos en la burocracia, el ejército, las cortes; 3) dominan la atención en la prensa; 4) hacen tratos secretos con élites económicas, con parlamentarios, con liderazgos regionales, etc. Es decir, no son candidatos ordinarios como cualquier otro–tienen muchas ventajas institucionales. Con el tiempo, lo que vemos es que los incumbents por un lado pierden algunos votos porque decepcionas pero ganan nuevos votos porque hacen uso de sus ventajas institucionales. Y donde más débiles son los controles sobre las instituciones (frenos y contrapesos), más ventaja institucional tiene el presidente. Finalmente, este efecto de los incumbents es muy específico a la persona. No se ven cuando hablamos de partido. Los partidos gobernantes que compiten con no-incumbents (por ejemplo, México última elección) no disfrutant de esta ventaja institucional.

  4. Fransje Molenaar 20 junio, 2014 at 9:40 #

    Hola Javier,

    Muy interesante tu blog! Vi que en uno de sus primeros discursos, Santos prometió eliminar la reelección presidencial inmediata (http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-14130521).
    Te quería preguntar cuáles son tus especulaciones sobre esta propuesta. Siguen del reconocimiento de la ventaja ‘incumbent’ (y el miedo de 8 años uribistas después de que termine el segundo mandato de Santos)? O te parece una propuesta más simbólica?

    Saludos desde Holanda!

    Fransje

    • Javier Corrales 22 junio, 2014 at 12:16 #

      Hola Fransje: Gracias por comentar mim blog. Me acuerdo perfectamente de esa promesa de Santos. Lo cierto es que ha habido muy, muy pocos gobernantes que no se postulan para una segunda re-elección (un ejemplo reciente es Duhalde en la Argentina, pero hay pocos). Por lo tanto, cuando escuché a Santos hablar de eso me dije, esa promesa no la va a cumplir. Segundo, la tendencia en AL ha sido en la dirección de permitir la re-elección consecutiva. Sólo los países de Centro América con prohibiciones fuertes a la re-elección (Honduras, Guatemala, El Salvado) y México la han preservado. El Costa Rica y en Nicaragua, como hemos visto, se ha relajado dicha prohibición. Es una buena pregunta de investigación qué explica esta variación de resultados en América Latina. Pero en vista de que el modelo que está prevaleciendo es la re-elección consecutiva, lo importante es fortalecer cada vez más las instituciones de freno y contrapeso para atemperar la ventaja del incument. Esa ventaja nunca se va a eliminar, pero sí se puede atemperar. Un abrazo desde Massachusetts.

  5. Adriana Vargas 19 junio, 2014 at 22:57 #

    Interesante y gran aporte a la discusión sobre este tema coyuntural.

    Me gustaría preguntarte sobre dos temas:
    Si bien los resultados de la segunda vuelta se ajustan a la asociación explicativa usada, un análisis completo de la elección la cuestionaría, ya que la ventaja que el candidato opositor tuvo en la primer vuelta electoral fue de casi 4 puntos y en la segunda vuelta el incumbent se impuso por 5 puntos, cual sería una posible explicación de este comportamiento?

    Siguiendo con el tema planteado en el comentario anterior, me gustaría que ampliaras la discusión sobre reelección y accountability,-tratando de aislar cargas valorativas de las experiencias reeleccionistas en América latina-, sin duda la posibilidad de reelegir a un mandatario constituye el ejercicio de rendición de cuentas más relevante, así como la mayor posibilidad de la ciudadanía de manifestarse sobre su gestión. No obstante, tengo dudas que el resultado de las elecciones colombianas constituya un premio a la gestión realizada.

    Considero que la poca diferencia entre candidatos y el giro en los resultados de primera a segunda vuelta pueden indicar la necesidad de estudiar a profundidad otros factores, diferentes a la ventaja del incumbent que incidieron en la victoria del candidato – presidente. Uno de los factores que pudieron ser decisivos para la victoria está relacionado con las alianzas partidistas y las adhesiones de políticos ubicados en orillas distintas de la escala ideológica, adicional a los otros tres factores indiscutibles que señalas al final del post.

    • Javier Corrales 22 junio, 2014 at 12:19 #

      Estoy totalmente de acuerdo. Ese es el espíritu de mi último párrafo. Lo sorprendente es que Santos no haya ganado por tanto margen. Acá hay espacio para mucha interpretación, y estoy de acuerdo que hay muchos factores adicionales que se deben de estudiar. Sí quiero mencionar que en un país donde existe una primera vuelta, el incentivo en la primera vuelta es la fragmentación del voto, y tal vez no tanto, la ventaja del incumbent. Pero cuando los electores saben que la elección es final, el la ventaja del incumbent se vuelve más fuerte.

  6. Julia Rubio 19 junio, 2014 at 15:30 #

    Felicitaciones Javier por el post. Me parece muy interesante y oportuno reflexionar sobre los resultados de las elecciones colombianas y sobre el tema de la reelección en los países de América Latina.
    Justamente desde esta reflexión me surgen dos comentarios.
    En primer lugar, la reflexión acerca de las “dudas sobre la capacidad de las elecciones (o del electorado) de generar accountability de parte de los gobernantes”. Me surge a mi la pregunta de porqué la reelección implicaría falta de accountability. La reelección de un presidente no es justamente un “premio” o la revalidación del apoyo de la población, que elije seguir con el mismo mandatario? Me parece que al considerar el accountability muchas veces como castigo a lo que se hace mal, no tenemos en cuanta que también puede ser un premio a lo que se hace bien. Me gustaría saber tu opinión al respecto.
    Por otro lado, y un poco de la mano con lo anterior, me surge la duda si la probabilidad de exito del incumbent no es tan grande porque un presidente sólo se presenta cuando tiene posibilidades (o certezas) reales de ganar y no lo haría si supiera que puede perder (de ahí los margenes tan grandes y la excepcionalidad de los casos dominicano y nicaraguanse). No podría ser que los presidentes siempre que se presentan ganan porque sino no se presentarían? Sería interesante analizar en qué condiciones los presidentes deciden ser candidatos a la reelección.
    De nuevo felicitaciones por este post!

    • Javier Corrales 22 junio, 2014 at 12:23 #

      También estoy de acuerdo. Es un premio a lo que se hace bien. El problema es que en el paper que citamos descubrimos que suelen ganar con un margen de victoria muy, muy amplio. Por lo tanto, hay una especie de sumatoria de efectos: votantes que quieren premiar + ventaja del incumbent. Y también es curioso que casi nadie pierda. Es concebible que todos salvo dos de los incumbents en Al haya sido todos buenos y re-elegibles? Para América Latina, donde la gobernanza es problemática, tantos presidentes re-elegidos me hacen dudar de que sea mayormente un premio por la buena labor que están haciendo.

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