Los estudios poblacionales como propuesta metodológica para estudiar el envejecimiento y la salud en Latinoamérica

La “revolución” demográfica acaecida en los países occidentales, de forma ostensible, después de la segunda guerra mundial, patentizada por una disminución de la natalidad, un decremento de la mortalidad infantil (reducido a su mínima expresión) y un incremento del porcentaje de las personas mayores de sesenta años, sucedió en la mayoría de los países latinoamericanos de forma mucho más tardía. De esta forma, se considera que en Latinoamérica aproximadamente el 10% de la población tiene más de 60 años, existiendo una variación importante entre los diferentes países, por ejemplo, naciones como Uruguay, con un 18% de personas mayores, Puerto Rico (16%) Cuba (15%) o Argentina (14%) tienen un porcentaje de ancianos no muy alejado a las cifras que se dan en Europa o en otros países, como Estados Unidos o Japón. En cambio, en otros lugares como Brasil, México o la República Dominicana se registran números que no sobrepasan el 9% de toda la población (Cepal, 2011). En cualquier caso, debemos tener en cuenta que son cifras que se han obtenido de una forma muy vertiginosa en muy poco tiempo, con los problemas que ello puede generar en la puesta en marcha de políticas públicas concretas y focalizadas en dicho colectivo.

La transformación demográfica, de cualquier lugar del planeta, viene indisociablemente vinculada a un cambio epidemiológico, es decir, el aumento sustancial del número de personas mayores está asociado al aumento de la prevalencia e incidencia -la prevalencia es el número de casos existentes de una enfermedad en un momento concreto; la incidencia es el número de casos nuevos que aparecen en un lugar en un determinado periodo de tiempo- (Tapia Granados 1994; 1995) de enfermedades crónicas, antes consideradas minoritarias, como por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer, el parkinson o la artrosis o artritis (Menéndez, Guevara, Arcia, León Díaz, Marín, Alfonso 2005). A medida que se van consolidando fenómenos como el envejecimiento del envejecimiento (incremento de las personas mayores de 80 años en el total de individuos pertenecientes a la Tercera Edad) o la feminización del envejecimiento (a medida que aumenta la esperanza de vida, el número de mujeres es mucho mayor que el de los varones) se van generalizando problemáticas como la dependencia, la necesidad de provisión de cuidados informales o formales y de asistencia sanitaria a las personas afectadas por las enfermedades crónicas.

El envejecimiento en los países de Latinoamérica viene además mediatizado por la dimensión “desigualdad social”; en la mayoría de los países de la región hay muchas personas mayores que sufren de pobreza relativa o extrema, que no tienen una pensión que les sirva de apoyo y se ven obligados a trabajar de manera informal (Salgado de Snyder, Wong 2003).

En este contexto, está absolutamente justificado el abordaje de estudios epidemiológicos de salud y dimensiones asociadas (calidad de vida, redes sociales de apoyo, asistencia social y sanitaria, condiciones de habitabilidad, etc.) en Latinoamérica, con el propósito de orientar la implementación de programas sociales y sanitarios adecuados que amortigüen el impacto del incremento acelerado del envejecimiento, así como de enfermedades asociadas.

Se considera pertinente que las investigaciones de salud en los adultos mayores se deben realizar en la población (sobre todo en países donde el Estado del Bienestar no ha llegado a consolidarse) porque, al no existir la universalidad en el acceso a los recursos sanitarios, el uso de las instituciones de atención sanitaria como centro de reclutamiento de sujetos en un determinado estudio no tiene la validez y la pertinencia que en naciones donde el Estado del Bienestar está plenamente instaurado; en Latinoamérica hay un buen ejemplo de países paradigmáticos de esta situación.

Los estudios poblacionales de salud requieren habitualmente de dos fases: 1) una fase de revisión general de los problemas de salud, en los cuáles se incluiría test de detección de enfermedades y patologías concretas (con el uso de test psicométricos sencillos) y de situaciones que pueden influir y determinar el estado de salud de los ancianos (pobreza, condiciones de habitabilidad –vivienda, entorno arquitectónico-); y 2) una fase “diagnóstica” realizada por médicos en las que se confirman o no los casos sospechosos (los que resultaron positivos en los test de detección) de las diferentes patologías. En la primera fase participan entrevistadores legos que son capacitados para la cumplimentación del cuestionario y en la segunda fase participan profesionales de la salud que deben de diagnosticar o bien las enfermedades  o bien las situaciones que incidan en la salud (Hernández-Ávila, Garrido-Latorre, López-Moreno 2000).

Los estudios poblacionales de salud suelen ser muy onerosos y complejos por diferentes motivos, entre otros por la manera de seleccionar a la población, ya que los sujetos estudiados suelen obtenerse a partir de muestreos de los censos electorales. Debido a la estructura espacial y política de las ciudades y pueblos en muchos países de Latinoamérica, frecuentemente sólo con los censos electorales es imposible recabar la información que se requiere sobre los sujetos, por eso una posible solución es utilizar, de manera combinada varias fuentes. Es el caso de un estudio que realizamos en el año 2004 y 2005, en México, en una ciudad de tamaño medio, en el Noroeste del País (Ciudad Victoria, Tamaulipas). En dicha investigación, realizamos un muestreo por conglomerados multietápico, utilizando como fuentes los datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) sobre los AGEBs (Áreas Geoestadísticas básicas) -las AGEB urbanas delimitan una parte o el total de una localidad de 2 500 habitantes o más, o bien, una cabecera municipal, independientemente de su número de pobladores, en conjuntos que generalmente van de 25 a 50 manzanas- y el padrón electoral (en el padrón se encuentran todos los ciudadanos mexicanos que solicitaron su inscripción al mismo, con la finalidad de obtener su credencial para votar con fotografía y así ejercer su derecho a voto).

Una vez obtenidas estas dos fuentes, entrecruzamos los datos individuales obtenidos del padrón y de los AGEBs; es decir, en cada AGEB se “incrustaron” cada uno de los individuos que vivían en la ciudad. De esta forma obtuvimos un mapa de la ciudad en el cual se señalaba como se distribuían los adultos mayores en cada uno de estos “estratos” (AGEBs). Después se seleccionaron de cada AGEB un número determinado de ancianos de manera aleatoria; dicho número representaba el peso porcentual de los adultos mayores en ese AGEB sobre un N total de 2074 individuos.

Asumiendo que cada país de Latinoamérica tiene una diferente manera de analizar la distribución espacial de su población y de registrar los datos individuales de dicha población, creemos que un ejemplo de selección de la población, como el expuesto, en este caso, para un estudio de salud, podría servir como referencia en otros lugares de la región.

 

Referencias: 

CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe). 2011. El envejecimiento y las personas de edad. Indicadores para América Latina y el Caribe. Naciones Unidas, Santiago de Chile.

Hernández-Ávila M., Garrido-Latorre F. & López-Moreno S. 2000. “Diseño de estudios epidemiológicos”. Salud Pública de México, 42 (2): 144-154.

Menéndez, J., Guevara, A., Arcia N., León Díaz, E.M. & Marín, C. & Alfonso, J.C. 2005. “Enfermedades crónicas y limitación funcional en adultos mayores: estudio comparativo en siete ciudades de América Latina y el Caribe”. Revista Panamericana de Salud Pública, 17 (5/6): 353-361.

Salgado de Snyder VN. & Wong R. 2003. Envejeciendo en la pobreza. Género, salud y calidad de vida. Instituto Nacional de Salud Pública, Cuernavaca (México).

Tapia Granados, JA. (1994). “Incidencia: concepto, terminología y análisis dimensional”. Medicina Clínica, 103: 140-142.

Tapia Granados, JA. (1995). “Medidas de prevalencia y relación incidencia-prevalencia”. Medicina Clínica, 105: 216-218.

 

Acerca de Jesús Rivera Navarro

Jesús Rivera Navarro es profesor del Departamento de Sociología y Comunicación de la Universidad de Salamanca e investigador del Instituto de Iberoamérica de dicha universidad.

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4 respuestas a Los estudios poblacionales como propuesta metodológica para estudiar el envejecimiento y la salud en Latinoamérica

  1. Alberto del Rey 22 Abril, 2013 at 16:21 #

    Muy interesante entrada.
    El post de Jesús Rivera pone el foco en uno de los grandes temas sociales en el futuro inmediato de América Latina, como es el envejecimiento y las implicaciones que conlleva en múltiples dimensiones, entre ellas la salud. Desde un punto de vista demográfico cabe señalar la particularidad de este envejecimiento, al producirse por una triple vía: envejecimiento por la cúspide de la pirámide como consecuencia del alargamiento de la vida o reducción de la mortalidad; envejecimiento por la base de la pirámide como consecuencia de la reducción de la fecundidad; y envejecimiento por el centro de la pirámide como consecuencia de la inmigración de población joven. Esto plantea que dicho proceso se producirá de una manera muy rápida y abrupta con importantes y nuevo desafíos. Saludos.

    • Jesús Rivera 24 Abril, 2013 at 15:08 #

      Como respuesa al comentario de Alberto del Rey:

      Me parecen muy pertinente los comentarios del profesor del Rey y, efectivamente, creo que el proceso de envejecimiento en América Latina, además de vertiginoso, ofrece particularidades que obliga a un abordaje multidipliscinar.

      Muchas gracias

      Saludos

      Jesús Rivera

  2. Sergio M. Gancillo 22 Abril, 2013 at 15:43 #

    Como experto en envejecimiento, me gustaría saber qué tipo de sistema de pensiones ve más factible y eficaz para América Latina, dadas las particulares características demográficas y económicas de la región. Piensa, como señalan algunas institutuciones internacionales, que los sistemas de capitalización individual confieren mayores y mejores ventajas para enfrentar el acelerado envejecimiento del continente. Gracias, un saludo.

    • Jesús Rivera 24 Abril, 2013 at 15:16 #

      Estimado Sergio M. Gancillo:

      En principio, me gustaría agradecerte tu pregunta y observación respecto al Post publicado en este blog hace unos días.

      La respuesta que voy a darte no deja de tener cierto sesgo ideológico (en políticas públicas y sociales es difícil no adscribirse a un paradigma teórico sin tener ciertas connotaciones ideológicas). Me identifico con la escuela de Gosta Esping Andersen por un lado y las tendencias descritas por Vicens Navarro por otro, es decir, creo que los sistemas de pensiones basados en la capitalización individual generan un agravamiento de la desigualdad social. Soy más partidario de un sistema universal de pensiones (en las que estén incluidas no sólo las pensiones contributivas sino las no contributivas -es decir de aquellos/as que no han cotizado lo suficiente en el sistema de Seguridad Social). Obviamente, para que esto se pueda implantar en muchos países de América Latina sería necesario una reforma fiscal en la que en la que la gran parte de los ciudadanos hagan la declaración de la renta y cotizen mediante impuestos a las arcas del Estado. Para que esto fuera posible sería inconcebible que sólo un tercio de los trabajadores paguen impuestos (vía nómina) como sucede en países como México. El trabajo informal puede convertirse en formal, vía trabajadores por cuenta propia (con incentivos adecuados).
      Son solo ideas, sé que esta discusión daría para muchas páginas, muchos artículos y muchos debates.
      Espero haber contestado a tu pregunta.

      Muchas gracias de nuevo

      Saludos

      Jesús Rivera

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