“Los no deseados”. Percepciones de los ecuatorianos sobre la inmigración

La migración forma parte del desarrollo de la humanidad, sin embargo, no siempre fue considerada un problema y en consecuencia objeto de intervención. En la actualidad, la emergencia de políticas públicas sobre este tema, tales como; la adopción de medidas de seguridad, las restricciones en las fronteras, los requerimientos particulares en el trámite de visado (según el lugar de origen), constituyen situaciones que deben enfrentar las personas que desean migrar. Hoy en día, este fenómeno es considerado un “problema social”: especialmente cuando se trata de la irrupción masiva de personas que no pertenecen a una migración selectiva o calificada (González Gil 2009: 9).

En algunos casos, sectores gubernamentales, de la sociedad civil y medios de comunicación atribuyen a los inmigrantes la causa en el aumento del desempleo, la delincuencia, la deficiente prestación de servicios sociales, entre otros. No obstante, para los migrantes la discriminación o xenofobia se percibe en distintos grados dependiendo de su nacionalidad, etnia, género, estratificación social, motivos del desplazamiento y sociedad de destino [1].

Castles (2002) ha explicado esta situación al distinguir entre flujos “buenos” y “no deseados”. En los primeros, se ubican los flujos de capital (en particular capital financiero, especulativo), propiedad intelectual, trabajadores cualificados necesarios para los nichos laborales localizados en el norte, afines a valores culturales occidentales. En los segundos, se encuentran, sin embargo, los trabajadores de baja cualificación, inmigrantes forzosos, refugiados, modos de vida alternativos y valores culturales no occidentales.

Pues bien, a partir del estudio del caso ecuatoriano, se pueden extraer algunas conclusiones en relación a cómo se configura la percepción del inmigrante. En el último Censo de Población y Vivienda del año 2010, se muestra un crecimiento moderado de la inmigración, a la par de un crecimiento importante de la migración forzada de población colombiana[2]. Si bien, siguen siendo mayoritarios los flujos transfronterizos (Colombia y Perú), también se observa la llegada de una diversidad de nacionalidades (OIM 2012:58)  lo que ha suscitado una mayor atención sobre la inmigración por parte del Estado y la sociedad, así como a diversas posiciones e imaginarios sobre el tema.

Población extranjera residente en Ecuador por país de origen y año de llegada, 2010

Imagen1

Fuente: (OIM 2012:58)

Con respecto a los imaginarios de la opinión pública, una encuesta realizada en octubre de 2010 [1] comparó la percepción ciudadana en Ecuador acerca de los grupos de población china, colombiana, cubana, peruana, estadounidense y europea. Los resultados muestran que son los nacionales de los países vecinos quienes tienen las opiniones más negativas. El 42,5% de la muestra tiene una opinión “mala” o “muy mala” de los  peruanos que viven en Ecuador y un 64,2% de los colombianos. En contraste, el 55% de los encuestados tiene una opinión “muy buena” o “buena” de los estadounidenses y 53,1% de los europeos (Zepeda y Verdesoto 2011: 100).

La misma encuesta también señala que el 73,1% de la población ecuatoriana considera que los extranjeros en Ecuador “generan inseguridad”; el 67,3% opina igualmente que “quitan empleo a los ecuatorianos” y un 64,2% cree que “debilitan nuestras costumbres y tradiciones”.  Con respecto al número de extranjeros que viven en Ecuador, el 63,5% respondió que “son demasiados”, frente al 18,9% que dijo que “son pocos” y el 12% que se inclinó por la respuesta  “son el número adecuado” (Zepeda y Verdesoto 2011: 95)

Este establecimiento de diferencias entre nacionales y extranjeros (nosotros y ellos) está marcado por un desigual imaginario social del sujeto migrante que en esa figura de alteridad construye, como expresa Castles (2002), un sujeto “bueno”, que en este caso sería la población inmigrante estadounidense y europea, y sujeto “no deseado”, especialmente vinculado a la población colombiana y peruana que obedece a una migración no calificada, de escasos recursos, migrantes forzados y población irregular o “indocumentada”.

Los principales argumentos que influyen en el endurecimiento de las posturas frente a la inmigración posicionan a ésta como una amenaza en tres aspectos: para el orden público y la seguridad, para la identidad nacional y para la competencia (desleal) en el mercado laboral. Desde la academia se han intentado desvirtuar estos argumentos mostrando su poco sustento empírico, y su raiz ideológica y extrema.

De ahí parte una de las enormes ambigüedades de la inmigración: la incapacidad que tenemos de mirarnos a nosotros mismos y darnos cuenta que también somos los otros en sociedades de destino, donde también se nos excluye y discrimina. Tendríamos que preguntarnos ¿qué tipo de sociedades se configuran a partir de esas percepciones? Sólo así se comprende que las formas de violencia hacia los inmigrantes se hayan ido “normalizando”, en muchos casos, en la vida cotidiana.


[1] Según la Encuesta Ecuador, las Américas y el Mundo 2010, la percepción hacia la población peruana es más negativa en comparación a la percepción que se tiene sobre estadounidenses y europeos.  Sin embargo, a partir del Censo de Población y Vivienda de 2010 en Ecuador se registran más personas de nacionalidad española (6.031) y estadounidense (3.941) que personas de origen peruano (3.216).

[2] El peso de la población extranjera sobre la población total pasó del 0,9% en 2001 al 1,2% en el 2010, y con respecto a la población refugiada al 31 de diciembre de 2011 existían 55.092 personas con estatus de refugio en el país y más de 148.000 entre solicitantes y refugiados reconocidos, del 98% de la población refugiada es colombiana  (Zepeda y Verdesoto 2012).

[3] La encuesta fue realizada concretamente del 13 de septiembre al 19 de octubre de 2010, con una muestra de 1.574 personas. La población objetivo fue de ecuatorianos de 18 años o más, con residencia tanto en áreas urbanas como rurales, pertenecientes a 17 provincias del Ecuador. La técnica de recolección utilizada fue la entrevista personal (cara a cara) en viviendas particulares. El error muestral es de +/- 2,5 para datos referidos a toda la muestra.

Referencias

Castles, Stephen. 2002. “Globalization and Immigration”, Paper en el International Symposium on Immigration Policies in Europe and the Mediterranean, Barcelona.

González Gil, Adriana. 2009. Lugares, Procesos y migrantes: aspectos de la migración colombiana. Regional Integration and Social Cohesion. Universidad de Antioquia.

OIM. 2012. Perfil Migratorio del Ecuador 2011

Zepeda, Beatriz & Verdesoto, Luis. 2011. Informe Ecuador, las Américas y el mundo 2010. Opinión Pública y política exteriorFlacso-Ecuador.

Acerca de Verónica Velásquez

Verónica Velásquez es estudiante del Doctorado en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.

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Una respuesta a “Los no deseados”. Percepciones de los ecuatorianos sobre la inmigración

  1. Julio Teodoro Verdugo Silva 7 julio, 2013 at 21:28 #

    Buena reflexión. Lo sustentado en el artículo permite mostrar con datos una cuestión que se observa cotidianamente en el Ecuador: a) la queja de nacionales ante el maltrato recibido en paises como Estados Unidos, Espana e Italia; y b) la reproducción del maltrato hacia ciudadanos de paises como Colombia y Perú. Paradójicamente, son positivas las percepciones de los ecuatorianos hacia los nacionales de paises (Estados Unidos,España) donde se han registrado y documentado actos de xenofobia y racismo en contra de la comunidad ecuatoriana. Obviamente no se trata de establecer o de insinuar que la percepción sobre los ciudadanos de dichos países debería variar (negativamente), sino más bien de sustentar la hipotesis según la cual lo europeo o blanco tiene mayor valoración que lo criollo y mestizo y el hecho de que la xenofobia y el racismo es multidireccional, pues quienes en determnado tiempo y espacio pueden ser sujetos de discriminación también son sujetos activosde dicriminación, es decir discriminadores.

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