Los partidos como organizaciones de redes estatales: Apuntes sobre investigaciones recientes

Hasta no hace mucho tiempo la literatura sobre organizaciones partidarias estudiaba, clasificaba e intentaba comprender a estas instituciones privilegiando sus vínculos con la sociedad (partidos burgueses, de clases medias, populares) y sus definiciones programáticas (de izquierda, derecha, centro). Ello estaba en consonancia con el predominio de una concepción que entendía al partido político como una agencia de representación, orientada a expresar y canalizar a distintos sectores sociales. Todavía hoy algunos analistas siguen asumiendo estas premisas como un deber ser de los partidos. A partir de ello, suelen inevitablemente lamentar lo que observan como fallas: bajo nivel de representatividad, escasa democratización interna, opacidad programática, entre otras.

Desde hace algunos años, sin embargo, los estudiosos de los partidos como organizaciones han comenzado a asumir que con un rol representativo diezmado, los partidos han devenido fundamentalmente en instituciones de gobierno. Su razón de ser y su legitimidad están dadas por su capacidad para mostrarse en condiciones de ofrecer un buen gobierno, y es sobre esa base que los partidos compiten entre sí. Esto, por supuesto, ha tenido implicancias sustanciales en el modo en el que los partidos se organizan.  En todo caso, tal como lo sostienen van Biezen y Kopecký – bajo la evidente inspiración de Peter Mair-, comprender hoy en día a los partidos como organizaciones depende menos de observar sus vínculos con la sociedad “que se han vuelto crecientemente débiles, contingentes y provisorios”, y más “su relación con el Estado, que ha asumido una importancia creciente, tanto en términos de legitimidad política como en lo que refiere a los recursos materiales” (2007: 237).

Bajo estas premisas, con el propio Kopecký y con Maria Spirova, desarrollamos un diseño de investigación para observar una de las dimensiones centrales de la relación entre partidos y Estados: las designaciones de personal que aquéllos hacen en las estructuras burocráticas estatales. Dicho diseño apunta a responder básicamente cuatro preguntas fundamentales: cuánto designan los partidos, quién es efectivamente responsable de las designaciones, cuáles son las motivaciones que orientan estas designaciones, y qué criterios priman a la hora de seleccionar a los designados (Kopecký, Scherlis & Spirova 2008). Las respuestas a estas preguntas, presumimos entonces, permitirían reconstruir aspectos esenciales de cómo se organizan los partidos contemporáneos. Desde entonces, el diseño se ha aplicado primero a un conjunto de nuevas democracias y luego a la mayor parte de las democracias europeas más establecidas (sobre esto último véase especialmente Kopecký, Mair & Spirova 2012).

Como cabía esperar, los resultados alcanzados difieren, a veces sustancialmente, según el caso analizado. Sin embargo, en conjunto ellos revelan la existencia de ciertos denominadores comunes que iluminan aspectos relevantes de la naturaleza organizativa de los partidos contemporáneos. Estos denominadores comunes, en general en forma de tendencias, pueden sintetizarse en los siguientes puntos:

  1. De una forma de vínculo a herramienta gubernamental-organizativa:

Las designaciones en el Estado, que solían ser asumidas como un mecanismo clientelar para recompensar y atraer activistas, han devenido en un recurso que es a la vez organizativo y gubernamental. Esto significa que la asignación de puestos estatales cumple hoy menos la función de establecer clientelas leales  y mucho más la de construir las redes organizativas que permiten tomar control de las burocracias públicas para un proyecto político.

  1. Dilución del criterio partidario y predominio de vínculos personales:

Las designaciones transcurren mucho menos que lo que antes solía ser el caso por carriles partidarios y más por vínculos personales. A menudo se toma en cuenta criterios de experticia, a veces afinidades ideológicas, pero estos criterios suelen complementar el vínculo personal que asegura lealtad con quien designa y su proyecto político.

  1. Inversión de la secuencia partidismo-designación:

El proceso que une las designaciones con el partidismo (partisanship) de los designados es en general el inverso al que solía asumirse en la literatura. Ya no se trata de que los líderes partidarios lleguen al gobierno para una vez allí designar a los dirigentes del partido en los altos cargos y a los activistas en los niveles técnicos y administrativos. Más bien por el contrario, los líderes políticos electos reconfiguran el formato o a veces – en el creciente caso de partidos nuevos – sencillamente construyen sus organizaciones partidarias de apoyo a partir de las designaciones en el aparato estatal (y el manejo de recursos derivado de ellas).

4. Organizaciones partidarias como conjuntos de redes estatales:

Todo lo anterior apunta a la existencia de partidos que, en cuanto a su formato organizativo, se constituyen precisamente a partir de las designaciones en diferentes áreas del estado. Más allá de lo que digan estatutos o tarjetas de afiliación, la organización partidaria realmente existente está constituida por redes de empleados reclutados por funcionarios a su vez designados por el líder electo y sus principales allegados.

En definitiva, más allá de la coexistencia de una organización formalizada, son estas redes estatales las que desarrollan la tarea central por la que los partidos son evaluados: la gestión de los asuntos públicos en nombre del partido. También la promoción de candidaturas y liderazgos del partido suelen emanar de los niveles más altos de estas redes. Y, finalmente, ellas proveen gran parte de la mano de obra y del financiamiento para las actividades partidarias.

Estos desarrollos tienen por cierto fuertes implicancias sobre una multiplicidad de aspectos ligados al estudio de los partidos. Uno que resulta particularmente interesante sugiere que la misma idea de las bases del partido, el rank and file, pierde sustento cuando se piensa a los miembros rasos de los partidos como un anillo externo de una clase política extendida[1]. Más en general, los análisis que toman como premisa la existencia de una organización partidaria como ente previo a y autónomo de sus líderes que ocupan cargos ejecutivos (en la línea de, por ejemplo, Shugart & Samuels, 2010) también podrían ser revisados a la luz de los hallazgos que muestran cómo, sobre todo en partidos de creación reciente, la organización realmente existente es en verdad un dispositivo estatal creado por y dependiente de los recursos a los que acceden los líderes electos.

Finalmente, cabe decir que en países donde los partidos poseen una amplia capacidad para designar a lo largo y ancho de la estructura estatal (como es el caso de Argentina (Scherlis 2012 y 2013) y varios otros latinoamericanos) los líderes electos a cargos ejecutivos (presidencia, gobernación, municipalidades) cuentan con enormes ventajas  para, primero, dominar y moldear una estructura organizativa partidaria que les responda; y segundo, para poner a la estructura estatal al servicio de su proyecto político. Parafraseando a Schattschneider y su célebre frase respecto a la imposibilidad de democracia sin partidos políticos, puede decirse que las organizaciones partidarias en estos países resultan impensables salvo en términos de las designaciones que pueden hacer en el aparato estatal.

Referencias:

Kopecký, Petr, Peter Mair and Maria Spirova. Party Patronage and Party Government in European Democracies. Oxford: Oxford University Press.
Kopecký, Petr, Gerardo Scherlis and Maria Spirova. 2008. “Conceptualizing and Measuring Party Patronage”. Working Paper #25, The Committee on Concepts and Methods-IPSA, Septiembre 2008 (http://www.concepts-methods.org/).
Samuels, David and Matthew Shugart. 2010. Presidents, Parties and Prime Ministers: How the Separation of Powers Affects Party Organization and Behavior. Cambridge: CUP.
Scherlis, Gerardo. 2013. “The Contours of Party Patronage in Argentina”. Latin American Research Review vol. 47: 3.
Scherlis, Gerardo. 2012. “Designaciones y organización partidaria. El partido de redes gubernamentales en el peronismo kirchnerista”América Latina Hoy, Revistas de Ciencias Sociales. vol. 62: 47-77.
Van Biezen, Ingrid, Peter Mair and Thomas Poguntke. 2012. “Going, going, . . . gone? The decline of party membership in contemporary Europe”EJPR vol. 51: 24-56.

 



[1] Lo cual explica a su vez por qué  también a la hora de elegir candidatos en forma legitimada por las bases se recurra cada vez más a mecanismos abiertos a la ciudadanía en general (van Biezen, Mair and Poguntke 2012).

Acerca de Gerardo Scherlis

Gerardo Scherlis es profesor de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del CONICET (Argentina)

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6 respuestas a Los partidos como organizaciones de redes estatales: Apuntes sobre investigaciones recientes

  1. O Plachy 31 Julio, 2013 at 15:41 #

    Scherlis, Gerardo. 2013. “The Contours of Party Patronage in Argentina”. Latin American Research Review vol. 47: 3.

    me gustaría saber donde podría encontrar este artículo. Me parece que el autor se haya equivocado.

    https://muse.jhu.edu/journals/latin_american_research_review/

    gracias por la respuesta.

    • Gerardo Scherlis 2 Agosto, 2013 at 14:14 #

      O Plachy, efectivamente hay un error en la cita (completa responsabilidad mía). El artículo corresponde al número 48:3, Fall 2013, según aseguran los editores de LARR. Eso implica que debería estar saliendo en noviembre aproximadamente (aunque está aprobado desde enero 2012).

  2. Cecilia Ferrero 20 Julio, 2013 at 14:26 #

    Muy interesante el artículo. Creo que efectivamente los partidos que logran el acceso al poder buscan instalarse en la estructura burocrática del Estado para construir una red dentro del aparato estatal que les permita no solo sostener estructura organizativa partidaria sino también una fuente de información directa y confiable.
    Considero que sería interesante analizar también la relación entre organizaciones partidarias y el sector privado.Existen partidos que controlan empresas muy influyentes ya sea porque sus líderes o dirigentes son sus dueños o, a la inversa, porque se da entre ellos una relación de dependencia basada en el financiamiento, y estas relaciones terminan siendo determinantes de muchas políticas públicas.

    • Gerardo Scherlis 21 Julio, 2013 at 6:53 #

      Gracias, Cecilia, por tu comentaro. Sin dudas, es también crucial seguir abordando la cuestión del financiamiento de los partidos a partir de los diferentes vínculos que se dan con el sector privado. Es más, la dependencia de los partidos de financistas privados de diferente índole es un tópico clásico en los estudios sobre financiamiento y diría, también, de las leyes que en los últimos años regulan el modo en que los partidos pueden acceder a dinero de empresas y donantes particulares. Con todo, y aunque podría tal vez hipotetizarse que la legislación no ha sido del todo efectiva en prevenir situaciones como las que comentás, me parece que cabe decir que éstas se dan ahora en general en abierta violación a los marcos legales existentes y son por lo tanto casos de corrupción. Diría que casi no quedan en Europa y para el caso también en América Latina países donde situaciones como las que describís no impliquen violar varias normas legales y a veces también constitucionales. En cambio, el proceso que la literatura ha venido describiendo en las últimas décadas sobre el cual intentaba poner el acento en esta nota se da en general en el marco de la más estricta legalidad. Es más, incluso puede sugerirse que la conformación de las estructuras partidarias y de los equipos de gobierno como un doble y simultáneo proceso resulta del intento de los partidos de subsistir como instituciones legítimas en un tiempo en el que actuar como entidades representativas y expresivas aparece poco probable. Pero bueno, sí, más allá de esto último, sin dudas que es preciso seguir poniendo el ojo en situaciones como las que comentás.

      • Cecilia Ferrero 23 Julio, 2013 at 14:52 #

        Gerardo, muchas gracias por tu respuesta. Entiendo perfectamente todo lo que me comentas ya que sigo de cerca el tema del financiamiento de los partidos políticos -en Argentina particularmente-, y en efecto es cierto que la legislación ha significado un gran avance para ponerle límites a la relación entre aportes privados y partidos políticos y la consecuente desigualdad en la competencia, así como la distorsión de la agenda pública, tratos preferenciales desde el Estado hacia las empresas y los casos de corrupción que de allí se desprenden. Sin embargo, mi comentario apuntaba a una relación entre empresas y partidos políticos dentro de lo que podríamos llamar el “marco legal”. Quería expresar el caso de los partidos que logran controlar empresas o ciertos sectores de la industria o, sin llegar a controlarlas, que se encuentran dentro de sus estructuras y con ello me refiero tanto a los partidos más visibles, como aquellos menos expuestos, pero en ambos casos es posible ver como han ido generando estos nichos donde recuestan sus estructuras de modo similar a lo que vos bien describís que sucede en el sector público. Creo que podría ser interesante analizar este aspecto ya que tal vez sea marginal, pero estimo que puede ser significativo, al menos para algunas estructuras partidarias.

        • Gerardo Scherlis 2 Agosto, 2013 at 14:10 #

          Sí, Ceclia, sin dudas es un aspecto muy interesante. Me pregunto, y de paso te pregunto, si la capacidad de desarrollar este tipo de vínculos no está de algún modo signado también por la posibilidad con la que cuentan los partidos de controlar las estructuras estatales. Quiero decir, si no es que a partir de este control que pueden desarrollar empresas. El típico caso sería la conformación de sociedades que devienen en proveedoras del estado, a nombre de testaferros de los funcionarios de gobierno.
          En cualquier caso, el vínculo partidos – empresas, si bien se superpone con el tema de este post, va más allá de él e implica otras dimensiones, como algunas de las que vos sugerís. Sin dudas es un aspecto crucial (seguramente tanto como la relación partidos – estados) a la hora de pensar en el financiamiento de los partidos

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