Luminoso Fascinante: la fuerza expresiva del fascismo en Lumpérica de Diamela Eltit

En 1981, Susan Sontag escribe su celebérrimo artículo «Fascinante fascismo», en el que desarrolla y pone en tela de juicio el ideario fascista de la cineasta alemana Leni Riefenstahl, no por sus documentales propagandísticos acerca de la Alemania nazi, sino por la tremenda similitud entre la estética empleada en estos y la de su libro The last of the Nuba (1974). En él se ponen de manifiesto «las relaciones de dominación y de esclavización» que subyacen a toda la parafernalia estética de sus manifestaciones, «su coreografía» que va de un «movimiento incesante» a una «postura congelada» y al «agrupamiento de persona/cosas alrededor de una todopoderosa e hipnótica figura» (Sontag, 2007). Esta estética fascista ya se podía apreciar en su film de 1932 Das Blaue Licht, donde la sublime montaña seduce hasta la muerte a los escaladores que pretenden conquistarla.

Esta estética es recuperada por Diamela Eltit en su novela Lumpérica cuando proyecta imágenes –se trata de una novela absolutamente performática y visual, en la que «texto y fotografía son dos lenguajes que […] producen conexiones y vinculaciones entre uno y otro» (Olea, 2008: 180)– de y sobre el llamado luminoso. La seducción de este viene dada por la inminencia de una revelación que nunca se da: en un incesante pálpito de luces eléctricas, la imagen no significa, no tiene un correlato lógico-racional, sino que es en sí misma potencia estética. Se trata así de una sugerencia, que es una inminencia del hecho estético (García Canclini, 2009).

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El tino de Lumpérica y de la inclusión del Luminoso radica en la resistencia que ejercen ciertos personajes a esta seducción, la cual es similar a una postura antiestética. Esta se manifiesta, sobre todo y con mucha intensidad, en la interactividad de  L. Iluminada –y «los desarrapados de Santiago»– con el cartel, al acometer una gran performance en la cual se ve seducida, herida y humillada por éste, hasta que finalmente se cercena el pelo y parece sucumbir ante su luz. Se trata de una «resistencia a la estética» (Molinuevo, 2001) del fascinante Luminoso.

Esta fascinación que el cartel ejerce sobre los que contemplan esta luz puede rastrearse por toda la obra. Ya en la primera página se hace mención a él como parte elemental de la novela, ya que los desarrapados van a él, que se enciende y apaga «rítmico y ritual», para recibir cada uno su identidad. Ese es el poder total del cartel, que, como en El triunfo de la voluntad de la propia Riefenstahl, acapara con su «fuerza ritual» todo el espacio público. También en el mitin de Adolf Hitler, los que participan de la multitud sufren un éxtasis, una pasión incontrolada por la sublimidad del cartel, por sentir el peligro de aquello que sabes que te puede –y de hecho, en la novela es así– destruir: «Así están ellos y sus incontables poses. […] [L. Iluminada] Espera ansiosa el luminoso y por eso se remueve entera cuando se siente tocada, con el pecho agitado y los ojos húmedos» (Eltit, 1983: 7).

Al hablar de estética fascista, lo hago sin identificar simbólicamente al Luminoso con la violencia ejercida por la dictadura de Pinochet, con el ejercicio de violencia neoliberal por parte del mercado o incluso con el propio fascismo: la luz del luminoso es el poder y la capacidad de movilización de masas. Mientras tanto, la resistencia ejercida por L. Iluminada –o el de la propia Diamela– es opuesta precisamente a esto. Como dice Rancière, lo que hace Diamela es hacer presente la pugna entre dos prácticas o formas de visibilidad del arte, las cuales ambas «intervienen ellas mismas en el reparto de lo sensible y en su configuración», es decir, la introducción de sujetos marginales y «volver visible aquello que no lo era» (Rancière, 2011: 35).

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Así, la obra como texto nombra –y por tanto visibiliza–al lumpen –a los desarrapados, de ahí el título–, aunque paradójicamente lo haga a través del proceso identificador del Luminoso, que es a la vez su sumisión al poder. Y también, la interactividad ya mencionada de L. Luminosa es clave para el proceso de resistencia, ya que su probable fracaso final no importa demasiado puesto que lo que se busca confrontar y sobre todo explicitar la estética de dominación que ejerce el cartel.

Por lo tanto, en Lumpérica asistimos claramente a la pugna de una estética del poder, la que Susan Sontag llamó fascista –y que todavía sigue presente en muchas obras actuales, transfigurada la forma pero no el efecto–, contra la resistencia, no solo al Luminoso, sino a los efectos seductores y devastadores de esta estética del poder.

Bibliografía

Eltit, Diamela. (1983). Lumpérica. Santiago de Chile: Las Ediciones del Ornitorrinco.

García Canclini, Néstor. (2010). “¿De qué hablamos cuando hablamos de resistencia?”. Estudios Visuales, 7, 15-37.

Molinuevo, José Luis. (2001). Estéticas del naufragio y de la resistencia. Valencia: Fundamentos.

Olea, R. (2008). “Contrapuntos narrativos. Lenguaje verbal e imagen visual en Lumpérica de Diamela Eltit”. Revista Taller de Letras 43, 175-187.

Rancière, Jacques. (2011). El malestar en la estética. Buenos Aires: Capital Intelectual.

Sontag, Susan. (2007). “Fascinante fascismo”. En Bajo el signo de Saturno (pp. 81-107). Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Acerca de Pablo Bedia Sanjurjo

Alumno del Máster en literatura española e hispanoamericana, teoría literaria y literatura comparada. Universidad de Salamanca.
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