Manifiesto por las ausencias de la comunicología latinoamericana. La comunicación como elemento de necesidad de una economía política del conocimiento

(En recuerdo a Donato Ayma, que se nos fue de manera injusta, pero nos dejó mucho para pensar y compartir)

Seamos honestos. El verbo (como logos) nos fue impuesto. Surgió de unas estructuras económico políticas de dominación y pensamiento, pensado como poder sobre el reconocimiento específico de algunas de las realidades sociales presentes en el planeta. Así como lo fue el verbo, lo fue el lenguaje, el gobierno, la representación y la identidad manifiesta. Nos fue impuesto un universo de acción y de (re)conocimiento. Nos fue impuesta una moral. Nos fue impuesta una historia. De lo que no nos hablaron (al menos «científicamente») es de que, más allá de todos esos elementos, existen formas de conocimiento no asumidas por las centralidades.

Son otras formas de interrelación, de representación, de organización, otras espacialidades, otras temporalidades. Más allá de la univocidad de la historia oficial presente, existe una sociología de las ausencias (Sousa Santos, 2006) que nos plantea, en el reconocimiento de lo que no fue descrito, la enorme multiplicidad de voces y de razones que, desde su localidad oculta, pueblan el mundo de cosmologías e interpretaciones.

América Latina ha sido, en numerosísimas ocasiones, centralidad en su periferia, pensando y generando debates intensos sobre la realidad de una epistemología vivida, en el cuestionamiento ahistórico y descentralizado de las bases cognitivas, en pulsión constante con las formas institucionales de un Estado impuesto por la colonialidad. Dicha institucionalidad impuesta contó también entre sus estructuras con la presencia represora de lo que, desde contextos poscoloniales, se denominó «archivo colonial» (Spivak, 2003), entendido este como el conjunto de saberes que dio vida al reconocimiento de la epistemología eurocéntrica como única e incuestionable.

Contrario a estas estructuras cerradas, Latinoamérica vivió, y vive, tensiones que brotan de su identidad polisémica desde las bases de la dialéctica presente entre formas asumidas y no asumidas por la institucionalidad presente. Desde la dinámica de esas tensiones paralelas, surge el reconocimiento de la importancia de la comunicación como estructura de mediación sincrónica, espacio de conversa desde sus formas políticas y culturales, para dar voz, lengua y pensamiento a las múltiples realidades espacio-temporales y cosmológicas que, en su proceso multidialógico, se manifiestan y buscan construir, junto con las estructuras manifiestas, otras formas de pensarnos cultural y políticamente.

En ese sentido, los medios de comunicación indígena, más allá de su reconocimiento clásico comunitario-alternativo, se pueden pensar, desde sus ausencias y desde sus emergencias, como piezas fundamentales en el debate de la colonialidad-capitalismo y las epistemologías del sur (Sousa Santos y Meneses, 2014); como un espacio presente y central en la tensión generada entre ese reconocimiento en disputa, entre la institucionalidad y las formas de organización social paralelas, cómodos en su indefinición, en el territorio alegórico, fantasmal (en un sentido derridiano), que los coloca tan dentro como fuera de las estructuras de formalización. En la diatriba de comprender, o no, a los medios indígenas-comunitarios como una formación social abigarrada (Zavaleta, 1986), entendida esta como lucha por la apropiación y el uso del excedente económico social o como elemento ch’ixi (Rivera, 2010) en su utilización dialéctica como reconocimiento paralelo de antagonismos y complementariedades de elementos identitarios en disputa, y en detrimento del discurso pluri-multicultural, que pretende negar la etnicidad de poblaciones ya aculturadas.

Para resolver la complejidad de la anterior cuestión, será necesario comenzar a reconocer, de manera urgente, a las múltiples voces silenciadas durante décadas de aquellos que, aportando desde un conocimiento subjetivo, militante y apasionado, fueron subsumidos por las lógicas epistemicidas del pensamiento predador científico, y convertidos en mera información de otras formas de investigación racional cartesiana (Rivera, 2010: 10).

En ese sentido, un nombre surge hoy como ejemplo, en el recuerdo de sus muchas luchas (políticas y epistémicas). Donato Ayma fue uno de los grandes ejemplos de investigador-activista. Con la ventaja de su cercanía militante al pueblo y de su condición de trilingüe fluido (hablaba castellano, aymara, quechua, e incluso la lengua del pueblo uru), fue también uno de los primeros en reivindicar la necesidad de reconocer las identidades indias[1] (especialmente aymaras y quechuas) como espacio de lucha política en la consecución de una verdadera democratización de los espacios de la comunicación latinoamericana. Así, desde hace más de cinco décadas, Donato nos mostró que el aymara surgió para “tomar el micrófono a recuperar la palabra que le había sido negada y en este caso lo ha hecho sin influencia de instituciones estatales o privadas, ni de la Iglesia y menos de partidos políticos” (Ayma, 2013:6).

En sus maravillosas aportaciones nos ayudó a reflexionar sobre cómo la introducción de nuevas lógicas de organización y estructuración programática, más cercanas al refuerzo de la identidad andina y la lógica del ayllu, consiguen un desarrollo totalmente diferenciado de los medios privados y tradicionales.

En el ámbito de la narrativa, nos ayudó a comprender cómo formas de oralidad propias, en cohesión con los formatos radiofónicos en los que sus trabajadores fueron capacitados, la hacen brillar por encima de otros formatos. La radionovela aymara, sobre la vida y el problema social, los cuentos del achachila, en voz de los propios campesinos, o dramatizaciones de relatos propios, en las mismas comunidades y teatralizadas y por los campesinos, con un sinnúmero de sociodramas de denuncia (Ayma, 2013), en adaptación de la autoemancipación ya en ciertos contextos por instrumentos de apropiación socio-crítica, en un carácter subalterno, desde las estructuras primigenias del teatro del oprimido.

Por otra parte, estas otras formas, nos recuerda Donato, influyen también en la multiplicación de los espacios de acción y emisión, generando nuevas lógicas de interacción que normalmente no están presentes en otras formas de organización mediática, sacando la palabra a las calles, construyendo nuevos territorios multidialógicos en la apropiación comunicativa y reivindicativa del espacio público, a partir de la participación activa de la propia comunidad.

Pensador de la emancipación comunicacional latinoamericana, presente en vida y obra en la tensión entre los diferentes mundos de representación identitaria que construyen América Latina, en memoria de Donato y de tantas y tantos otros que fueron ocultos en su pensamiento, es sujeto final de reivindicación de este texto afirmar la necesidad urgente y manifiesta de retomar el debate sobre una economía política del conocimiento, también en el ámbito de la comunicación latinoamericana, que establezca los intereses escondidos en la generación de discursos y la tensión dialéctica presente en el capitalismo cognitivo, así como la ocultación consciente de gran parte de los discursos generados desde las periferias informales, para conseguir una verdadera ecología de saberes que nos ayude, incorporando al diálogo a todas y todos aquellos que aportaron (y aportan) sus cuestionamientos estructurales, a encontrar posibles salidas a la supuesta univocidad de una historia impuesta.

Bibliografía

Ayma, D. (2013). Comunicación Alternativa. La otra comunicación distinta. El Alto: Inédito.

Sousa Santos, B. (2006). Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social. Buenos Aires: CLACSO.

Sousa Santos, B. y Meneses, M.P. (Eds.). (2014). Epistemologías del Sur (Perspectivas). Madrid: Akal.

Spivak, G. (2003). ¿Puede hablar el subalterno?. Revista Colombiana de Antropología, 39. 297-364.

Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax Utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Buenos Aires: Tinta Limón.

Zavaleta Mercado, R. (1986). Lo Nacional-Popular en Bolivia. México D.F.: Siglo XXI.

*La fotografía es sacada del Grupo Minka.

[1] Término reivindicado, entre otros, en Bolivia por el indianismo katarista por sobre el término «indígena», desde sus figuras primigenias, como Fausto Reynaga, hasta la actualidad, con Felipe Quispe.

Acerca de Juan Ramos Martín

Profesor del Departamento de Sociología y Comunicación de la Universidad de Salamanca. Es miembro, entre otros, del Grupo de Trabajo de CLACSO "Gobiernos y movimientos: tensiones irresueltas", la Red de Investigación en Comunicación Comunitaria, Alternativa y Participativa (RICCAP), la Red Europa América Latina de Comunicación y Desarrollo (REALCODE) y Secretario Académico de la Unión latina de Economía Política de la Comunicación (ULEPICC-España).
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