Mitos y realidades sobre la calidad de la democracia en América Latina*

¿Qué tan buena en términos de calidad es una democracia? ¿Cómo definir qué se entiende por una democracia de calidad? ¿Cuáles son los factores que inciden  en el desempeño de una democracia y determinan sus niveles de calidad? ¿Es posible construir una medición de estos rendimientos que permita distribuir los casos nacionales en una escala de valores ordinales? ¿Esa distribución nos permitiría avanzar y decir algo más allá que afirmar la existencia de un continuum entre democracias de calidad y sin calidad? ¿En términos diacrónicos cuál ha sido el desempeño de las democracias latinoamericanas?

Éstas y otras cuestiones han preocupado y preocupan a la ciencia política contemporánea[1]. Con el fin de dar respuesta a algunas de ellas en el año 2008 se conformó con sede en México la Red de Estudios sobre la Calidad de la Democracia en América LatinaLa misma abarca actualmente a especialistas de 16 países latinoamericanos, España, Italia y Estados Unidos. El objetivo de la Red ha sido construir una base de datos utilizando fuentes primarias a los efectos de realizar un análisis cuantitativo y cualitativo de la calidad de la democracia en la región. Esta Red está presidida por el politólogo italiano Leonardo Morlino, quien posee una extensa trayectoria académica dedicada a establecer parámetros teóricos y empíricos para abordar el tema.

Morlino parte de definir la democracia de calidad como aquélla que desarrolla satisfactoriamente procedimientos destinados a favorecer la libertad y la igualdad civil y política, y cuyas políticas públicas satisfacen las demandas de los ciudadanos[2].  En ese sentido, propone tomar en cuenta ocho dimensiones para medir la calidad de una democracia, a saber: cinco dimensiones procedimentales (estado de derecho, accountability electoral, accountability interinstitucional, participación política, competencia), una dimensión de resultados de las políticas públicas (responsiveness) y dos dimensiones de contenido (libertad y solidaridad/igualdad).

La Red ha organizado hasta el momento seis reuniones de trabajo, en la última de las cuales realizada en la ciudad de Lima (Perú) en octubre de 2012, se presentó el trabajo de Gabriel Katz y Leonardo Morlino What Qualities of Democracy in Latin America? Como resultado de un exhaustivo trabajo de campo a partir de datos primarios, en el mismo se realiza un análisis comparado de la calidad de la democracia para 15 países latinoamericanos que son ubicados en una escala que va desde el 0 (ausencia de calidad democrática) al 5 (máximo de calidad democrática).

Tabla 1. Calidad de la democracia para 15 países latinoamericanos*

Imagen2

* ED = Estado de Derecho; RC E = accountability electoral; RC I-I = accountability interinstitucional; PP =Participación Política; CP = Competencia; R = Responsiveness; L =Libertad; S/I = Solidaridad/Igualdad

Un análisis de los resultados muestra que en la cima no aparecen sorpresas respecto a otros índices y mediciones como los de Freedom House o el de la Fundación Konrad Adenauer, y Uruguay, Costa Rica y Chile son las democracias de más calidad de la región, con lo cual la realidad parecería alimentar (aún más) el mito sobre la excepcionalidad de estas democracias. A continuación Argentina, a la que se suele se suele identificar como una democracia con déficits institucionales, aparece relativamente bien ubicada gracias a un buen rendimiento en la dimensión rendición de cuentas electoral, seguida por Brasil que tiene el mejor registro en rendición de cuentas interinstitucional de la región. México aparece en una posición intermedia, con rendimientos bajos en estado de derecho y solidaridad/igualdad, y en el fondo de la tabla –aquí de manera bastante previsible- se observa a Nicaragua, El Salvador y Guatemala como las democracias de más baja calidad del continente.

Sin embargo, mito y realidad aparecen nuevamente en contraste toda vez que Venezuela, generalmente considerada por la opinión pública como una de las democracias de más baja calidad de la región, emerge con un rendimiento de calidad por encima de sus pares centroamericanos citados. Finalmente llama la atención la baja calificación de la democracia de Perú, siendo uno de los países con más alto crecimiento económico en la primera década del siglo XXI.

También el análisis del cuadro permitiría distinguir un modelo de democracia liberal con altos niveles de participación y competencia política, acompañadas de buenos rendimientos en rendición de cuentas interinstitucional, y un modelo de democracia neo-populista donde la alta participación y/o competencia política muestran déficits en cuanto a la rendición de cuentas interinstitucional.

Como puede observarse, contrariamente al mito de sentido común sobre que buenos procedimientos electorales están asociados per se a una democracia de calidad, llamativamente las democracias de la región tienen buenos rendimientos en la dimensión de rendición de cuentas electoral con independencia de sus grados de calidad. Finalmente el cuadro muestra que las democracias de mayor calidad tienen altos rendimientos en todas las dimensiones, y por el contrario, las de baja calidad suelen tener rendimientos deficitarios en todas las dimensiones con excepción de la citada dimensión electoral; a su vez, las democracias que se ubican en posiciones intermedias tienen rendimientos heterogéneos, con  altibajos en las diferentes dimensiones.

 


* El autor agradece a Ariadna Llamas y Diego Partida, estudiantes de la Licenciatura en Administración Pública y Ciencia Política de la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la UABC, su colaboración en la realización de este trabajo.

[1] De de la vasta bibliografía disponible, merecen destacarse el último libro de Leonardo Morlino. 2011. Changes for Democracy: Actors, Structures, Processes. Oxford: Oxford University Press, y el número 137 de la Revista Paraguaya de Sociología (2010).

[2] Leonardo Morlino. 2011. “Calidad democrática entre líderes y partidos”. En Moreira, Carlos y Avaro, Dante. Coord. América latina hoy. Sociedad y Política. Buenos Aires: Editorial Teseo.

 

Acerca de Carlos Moreira

Carlos Moreira es Profesor Investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), México.

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12 respuestas a Mitos y realidades sobre la calidad de la democracia en América Latina*

  1. Carlos Moreira 23 abril, 2013 at 1:39 #

    Rodrigo Salazar Elena:

    Es muy buen texto, pero no entiendo por qué el autor después pone en duda sus propios datos diciendo, sobre Uruguay, Chile y Costa Rica, que ” la realidad parecería alimentar (aún más) el mito sobre la excepcionalidad de estas democracias”. ¿Cómo es que la realidad alimenta un mito? ¿La medición es buena o no?

    Carlos Moreira:

    gracias Rodrigo por el comentario! Los datos son muy buenos y completos, no se ponen en duda los mismos, al contrario, ellos nos permiten reafirmar que Uruguay, Costa Rica y Chile son las mejores democracias del continente. Con lo cual prima facie y sin más, podría decirse que el mito (relato sobre algo prodigioso o extraordinario) parecería seguir vivito y coleando! El condicional “parecería” se refiere a que estas democracias tienen debilidades y aspectos vulnerables que no siempre el mito permite destacar. No existe democracia perfecta, y en los análisis país por país que estamos preparando, se hace énfasis en las fortalezas pero sobre todo en los aspectos en que en estas democracias se encienden luces anaranjadas y rojas (como en la participación y la competencia en Chile, o la rendición de cuentas inter-institucional en Uruguay). En fin, los datos permiten decir que son las mejores democracias del continente, pero también que tienen diversos puntos débiles (por ejemplo, en Chile enfrentarlos requeriría una reforma política), y en definitiva, así como puede hablarse de avances en la calidad, en el futuro en algunos casos podría hablarse de estancamientos y/o retrocesos de la calidad.

    Diego Reynoso:

    Entonces no hay mito! Esa es la cuestión que plantea Rodrigo. Se me pasaba, de la discusión anterior. Entre la democracia liberal y el autoritarismo electoral, están las democracias electorales. No es aquí el lugar para definir en extenso, pero la diferencia radica en que las autoridades son elegidas mediante elecciones libres, limpias y competitivas, atributos que las tres citadas (no solo esas tres) reúnen bastante bien. Las democracias liberales poseen eso y, además, integridad burocrática, deliberación pública, rule of law y accountability –atributos estos que no reúnen las que solo permanecen en una dimensión electoral. Ahora bien, los autoritarismos electorales (tanto los hegemónicos como los competitivos) son aquellos en donde las autoridades son elegidas mediante procesos que, y esta es la central diferencia, no son libres ni limpios (y en los casos de los hegemónicos, tampoco competitivos).

  2. Hernán Toppi 17 abril, 2013 at 3:44 #

    Muy interesante el trabajo y el proyecto que encaran. Me encantaría conocer a futuro nuevos datos. Un par de comentarios y consultas.

    Como sabemos todos, si hay una característica que atraviesa a la casi totalidad de los países de la región es una diferencia notoria entre la experiencia nacional con la sub-nacional. Es decir, aquello que ocurre a nivel nacional no necesariamente responde a lo que ocurre a nivel sub-nacional (pongámosle el nombre de Provincias).

    Dos ideas que no me pertenecen pero que otorgan visiones interesantes. Una viene del estudio del sistema de partidos, la otra de la democracia en sí.

    Gibson y Suarez Cao presentaron hace poco el concepto de sistema de partidos federalizados que es genial porque nos dice que si pretendemos comprender las características del sistema de partidos de un país no nos tenemos que quedar con el nacional sino que debemos tener en cuenta las particularidades que surgen de la arena sub-nacional. Pueden ser distintos y ver lo nacional (esto lo digo yo) nos puede dar una visión sesgada de la realidad.

    La segunda idea es la clásica de O’Donnell de las zonas marrones. No hace falta que me explaye en esto porque lo conocemos todos. Pero la idea fundamental aquí es que la separación real entre “zonas de colores” hace referencia también a diferenciaciones sobre la realidad democrática (tanto de la pata del régimen como la del estado) a lo largo del territorio. Por lo tanto, nuevamente aquí el centrarse en la mirada nacional o de una región puede sesgar los resultados.

    Entonces, si América Latina cuenta no solo con múltiples realidades entre países (como señala el artículo), sino también al interior de cada uno de los países, es fundamental analizar dicha pluralidad. Esto significa, que todo análisis generalizador de este tipo de variables puede presentar un sesgo sobre los resultados y lo que en realidad pasa.
    Yendo al caso que más conozco que es el de la Argentina, hay en la actualidad (aunque viene de antes) toda una agenda de trabajo que explora el nivel de democracia sub-nacional. Desde O’Donnell a trabajos más recientes como los de Gervasoni o Behrend. Todos estos trabajos subrayan, con sus argumentos, la pluralidad sub-nacional en términos de la problemática democrática. Y esto independientemente de los resultados de la experiencia nacional.

    Entonces, mi consulta es si desde el proyecto que encaran se analiza esta pluralidad sub-nacional a la hora de establecer los valores de los indicadores en un país. O si existe la intención de trabajar la arena sub-nacional. Insisto en la necesidad de subrayar estas diferenciaciones para evitar sesgos en los resultados explicativos.

    No es lo mismo hablar de la calidad de la democracia “en Argentina y México” que hablar de la calidad de la democracia “a nivel nacional” en Argentina y México.

    • Carlos Moreira 17 abril, 2013 at 20:20 #

      Estimado Hernán, excelente comentario, te lo agradezco muchísimo, porque ilustra muy bien algunos de los problemas y desafíos que tenemos por delante. Respecto a tu consulta final, una parte de los que trabajamos en la Red a nivel latinoamericano, a lo que se sumó la integración de calificados investigadores mexicanos (al menos uno por estado y con pertenencia al Sistema Nacional de Investigadores de México) conformamos a fines del año 2009 la Red de Investigación sobre la Calidad de la Democracia en México (www. http://democraciaenmexico.org/). Siguiendo a grandes rasgos la metodología de la Red latinoamericana, con adaptaciones al caso mexicano, la Red nacional está trabajando ahora en la recolección de la información para las 32 entidades federativas de México. Esperamos tener los primeros análisis (que serán expuestos en una publicación) para fines de 2013. Nuestro deseo sería poder extender esta iniciativa a otros países, como el caso de Argentina. Veremos que nos depara el futuro.

      Bueno, nuevamente gracias por tus comentarios

      Un abrazo

      Carlos

  3. Dora Orlansky 15 abril, 2013 at 21:10 #

    Carlos: ¿podrías detallar la/s fuentes de datos del cuadro?

    Gracias,
    Dora

    • Carlos 16 abril, 2013 at 6:46 #

      Hola Dora, gracias por tu consulta. En el cuadro se presentan promedios para el período 1990 – 2010. En la investigación las fuentes utilizadas para la recolección de la información han sido múltiples. Se está preparando una publicación en español del trabajo de Gabriel Katz y Leonardo Morlino, y un libro coordinado por Leonardo Morlino y Jesús Tovar. Ambas publicaciones contendrán un análisis in extenso del cuadro, estudios detallados de los casos nacionales y la enumeración de las fuentes utilizadas.

      Saludos
      Carlos

  4. Flavia 15 abril, 2013 at 0:26 #

    Gracias Carlos por tu rápida respuesta y por tus convincentes argumentos. Cada vez más la cuestión del respeto al Estado de Derecho se hace presente en el ejercicio de la democracia. Importa tanto como se accede al poder (el origen de la legitimidad) como el ejercicio del poder (el ejercicio de esa legitimidad). Parece ser que esta no es una cuestión menor y es donde deberíamos prestar atención.
    interesante la disociación entre más democracia y menos república (y menos Estado de Derecho) que en algunos países se hace cada vez más evidente.

    Gracias a ti por colaborar con el blog!

    Flavia

    • Carlos 16 abril, 2013 at 6:54 #

      me gustó (mucho) tu observación sobre “la disociación entre más democracia y menos república”!

      un abrazo

      Carlos

  5. carlos vázquez ferrel 14 abril, 2013 at 23:15 #

    Estimado Carlos: encuentro muy interesante el post. También, me gustaría hacer una pregunta y permitirme una breve reflexión. ¿No han pensado incluir dimensiones que incluyan la participación política en espacios alternativos a los tradicionales? Pregunto esto pensando en los casos de España, México, Chile, etc, donde es difícil hablar de participación política sin aludir a manifestaciones organizadas, tal vez con estructuras débiles o no tradicionales, pero igualmente efectivas para influir en la competencia político-electoral (una de tus dimensiones) y (des)ligitimar procesos electorales, actores e instituciones políticas clave (partidos políticos, parlamentos, medios de comunicación etc), lo que también podría ser un indicador de la calidad de una democracia.

    Por último, solo compartirte mi curiosidad sobre el lugar de Chile en la tabla, ya que en las dimensiones PP, CP y RCE, se encuentra en el top 3 de países. Sin embargo, cuando uno habla con académicos y políticos chilenos, y ciudadanos de otras profesiones, sobre estos temas, lo que subrayan es que ocurre en el país precisamente lo contrario: una muy baja participación política (PP), influenciada por un sistema electoral que hace poco competitivas las contiendas electorales (CP) y que debido a ello el sistema electoral es un mecanismo debil de rendición de cuentas (RCE).

    Un saludo cordial

    cvf

    • Carlos 15 abril, 2013 at 2:37 #

      Hola Carlos, muchas gracias por el comentario. Efectivamente en la dimensión participación política distinguimos participación convencional, no convencional y participación en instancias de democracia deliberativa (políticas públicas). La participación no convencional suele ser muy efectiva y con un efecto positivo en términos de calidad de la democracia, por ejemplo, al influir sobre la ampliación de los derechos de los ciudadanos.

      Respecto al caso de Chile (uno de los más interesantes de analizar), es cierto, la democracia chilena parece ir perdiendo gradualmente niveles de legitimidad en la percepción de sus ciudadanos (de hecho, tiene uno de los promedios más bajos de legitimidad si consideramos las democracias de alta y mediana calidad), lo cual como tu bien señalas, parece estar generando una tensión con los altos promedios obtenidos en las dimensiones participación, competencia y rendición de cuentas electoral. Tal tensión es un reflejo del proceso en que está actualmente inmersa la democracia chilena, Por un lado, conserva altos niveles de calidad institucional en sus procesos electorales (libres, regulares y sin fraude), así como en la libertad de los partidos para organizarse y competir, con alternativas partidarias que resultan estables e institucionalizadas, y al mismo tiempo, el diseño político institucional ha comenzado a mostrar límites y signos de agotamiento, especialmente respecto a la competencia y la participación. Es decir, Chile es una democracia de alta calidad que sin embargo vive un momento de creciente incertidumbre y en principio debería transitar, en el corto o mediano plazo, el camino de las reformas políticas si quiere mantener esos niveles de calidad. Las reformas políticas constituirían la respuesta a la creciente insatisfacción de los ciudadanos chilenos con su democracia.

      un abrazo
      Carlos

      • carlos vázquez ferrel 16 abril, 2013 at 0:09 #

        Estimado Carlos, muchas gracias por tus respuestas.
        Un saludo cordial
        cvf

  6. Flavia 14 abril, 2013 at 20:53 #

    Carlos, gracias por el análisis.

    Quiero consultarte respecto a dos cuestiones. Primero, en tu post señalas que Perú cuenta con bajos niveles de calificación democrática. ¿Cuáles serían las razones que entiendes que explican esta baja calificación hacia Perú, uno de los países precisamente que ha tenido mayor crecimiento económico en la última década? Segundo, a que atribuyes las diferencias entre Bolivia/Ecuador y Venezuela respecto a la calidad de la democracia, sobre todo si se tiene en cuenta que los datos como los de LAPOP (http://www.vanderbilt.edu/lapop/) muestran una mayor valoración de la democracia por parte de los ciudadanos de esos países.

    Muchas gracias!

    Flavia

    • Carlos 14 abril, 2013 at 23:33 #

      Hola Flavia, felicitaciones por el blog, es una iniciativa sumamente interesante y que se va tornando imprescindible consultar para los que estamos interesados desde las ciencias sociales en los temas de América Latina.

      Ante tus preguntas, Perú tiene sus más bajos rendimientos en estado de derecho. Allí el talón de Aquiles está en el poder judicial, que presenta acentuados déficits en cuanto a independencia y modernidad que lo convierten junto con Bolivia en los más erosionados de la región. También es muy preocupante la situación respecto a la seguridad ciudadana y el orden público, que llevan a que Perú tenga, después de México, la situación más deteriorada del continente en cuanto a asegurar la vida, la propiedad y la libertad de sus ciudadanos.

      Respecto a las diferencias entre Bolivia, Ecuador y Venezuela, éste último caso no califica mejor en términos de calidad de la democracia porque su situación es realmente deficitaria (nuevamente) en cuanto al estado de derecho: aquí las debilidades están en la seguridad y orden público, y sobre todo, en los altos grados de ineficiencia y corrupción que atraviesa la estructura administrativa estatal. En particular la corrupción estatal se ha profundizado en los últimos años favorecida por la coyuntura de los altos precios del petróleo, aunque paradójicamente no sea una no de los principales problemas del país según la percepción de los venezolanos.

      Saludos
      Carlos

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