Nicaragua: Gobernará el FSLN ¿Qué es imperativo?

Apenas ayer se celebró la elección nacional en Nicaragua, cuya participación fue de 65,8%, sin violencia evidente, según informe preliminar. Con ello, se sella el inicio del tercer gobierno consecutivo del presidente Daniel Ortega. Sin embargo, en el país continúa vigente lo que refería  Pérez Baltodano (2012) para quien en el país lo que se vive es una «democracia electoral sin consenso social». El martes pasado, La Prensa recordaba que hace diez años se celebró el último debate entre candidatos a la presidencia.[1] A aquel debate no acudió el recién reelecto presidente, quien además desde el año 2008 no comparece ante la asamblea nacional, para rendir informe anual, aunque lo establezca la constitución. No obstante, la personalidad de determinado líder no puede condicionar la cultura política de toda la élite y de la sociedad en general. Debatir no es un tema de caprichos. Se requiere básicamente voluntad política. A partir del debate, el ciudadano formará su opinión, y pedirá cuentas al político que no cumpla con sus promesas electorales. Se debe superar el estigma de ausencia de accountability, que a la larga no favorece al gobierno ni, obviamente, a los nicaragüenses.

La oposición y el gobierno yerran. En el entorno político se ha manifestado cierta tendencia en el discurso de la oposición y algunos analistas sobre la valoración al gobierno. Dicha tendencia tiene que ver con los siguientes factores. El primero, es el que relaciona el contexto político electoral de los 90´s con el actual. El segundo, compara al presidente Ortega con el dictador Anastasio Somoza (por el ostracismo legal a la facción liberal presidida por Eduardo Montealegre, y el poder delegado en miembros de la familia Ortega-Murillo). El tercero, afirma que existen civiles armados en el norte del país (rebeldes). Y finalmente, un cuarto, es el que asocia la Nica Act (Nicaraguan Investment Conditionality Act)[2] con la política de Estados Unidos en el contexto de la guerra fría. Todo es una reminiscencia del pasado.

Ese discurso no abona el diálogo, y no ha surtido efectos movilizadores en el comportamiento de los ciudadanos. Este no fue capaz de activar masivamente con los “miércoles de protesta” para demandar elecciones transparentes.[3] En parte porque no cuenta con un liderazgo aglutinador ni con una estrategia exitosa. Tampoco está claro que haya triunfado el movimiento “#yo no boto mi voto” que pretendía hacer triunfar la abstención este 6 de noviembre sobre el movimiento “Nicaragua con mi voto, #yo te quiero mucho más”. Por su parte, el gobierno no ha sabido gobernar para todos, simpatizantes y no simpatizantes. Los ciudadanos incluidos en sus programas sociales, y que integran los gabinetes de poder ciudadano son simpatizantes del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) en su mayoría. Ello ignora el clivaje histórico sandinismo-antisandinismo (Martí, 2008) que existe en el seno de la sociedad y que en la elección se ha manifestado a través de progobierno vs abstención.

La abstención, que era un llamado a protestar por el déficit institucional y democrático, debido a la forma en que se aprobó la reelección del presidente, la nominación a la vicepresidencia de su esposa Rosario Murillo, la prohibición de observación electoral internacional,  la elección de magistrados del poder electoral a propuesta de este partido, no fue altamente arrolladora. El FSLN continuará gobernando. Sin embargo, están pendientes los efectos de lo que alarmó a organismos como la OEA y a un grupo de representantes del gobierno de Estados Unidos, me refiero a  la destitución de 28 diputados del PLI, y el despojo de la casilla a este mismo partido político, como una muestra del menoscabo a la competencia política y el pluralismo.

Habiendo resultado electoral, falta el consenso, y el respeto al disentimiento. Debates previos a las elecciones y durante el gobierno en el seno de la asamblea nacional. Puesto que existen temas que requieren más que otros de amplios consensos, como el del canal interocéanico. Con los debates, no todas las personas podrían postularse a determinadas candidaturas, solo aquellas que se consideran capaces de convencer y mantener sus promesas. Con su ejercicio, por ejemplo, no se atreverían a presentar sus candidaturas a diputados personajes como Byron Jerez y María Fernanda Flores (esposa de Arnoldo Alemán, presidente honorario del PLC).

Empero, no solo los candidatos son responsables por no debatir. Ni los medios, ni las universidades reunieron a los candidatos para discutir sobre sus programas de gobierno. No basta con las elecciones. Como sugirió McConnell (2009: 310) se debe reflexionar hasta qué punto la simple celebración «exitosa y regular» de elecciones es suficiente para consolidar una democracia liberal representativa. Todo parece indicar que no es suficiente. Por qué si desde hace meses se habla de una alta aprobación, y ahora el gobierno gana con una mayoría absoluta, continúa la crítica a un maquillaje de las encuestas o una farsa electoral.

En el Gráfico No. 1 se observa la aprobación al gobierno. Este muestra que no fue sino hasta un año antes de concluir su primer mandato que la aprobación despegó hasta mantenerse en una tendencia positiva entre 50-60%. Dicha aprobación se aproxima al porcentaje que votó por la fórmula Ortega Murillo, quien según informe preliminar del consejo supremo electoral ganó con el 72,1% de los votos, mientras el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) vuelve a constituirse en la segunda fuerza con el 14,2%.

A pesar de que es evidente la necesidad de un estudio sobre las características sociodemográficas y politológicas del votante, no me puedo resistir a clasificar al posible votante dentro de ese más de 70% a favor del gobierno. Se distinguen las siguientes categorías: cliente, obstinado, idealista y pseudosimpatizante.

-Cliente: El que ha gozado de algún beneficio: casa, puesto, bono, etc. Este inicialmente no creía en el gobierno. Quizá aún no cree. Pero dirá que lo hace. Debe sobrevivir. ¿Por qué ir contra la corriente?

-Obstinado: Suele manifestarse “realista”, y puede haber recibido algún beneficio del gobierno, aunque no necesariamente. Para él, el FSLN no puede hacer más. Mucho ha hecho en comparación a los 16 años de gobiernos liberales.[4]

-Idealista:  Este, que votó en  las consecutivas derrotas sufridas por el FSLN, que probablemente hizo trabajo partidario en los barrios, que pegó papeletas, que esperaba los discursos de Daniel Ortega los 19 de julio, que no creyó lo de su hijastra, que habló con mucho entusiasmo sobre su programa en el 2006. El que percibe cómo se juega con las expectativas que generan ciertos proyectos de desarrollo. No se sabe, si continúa apostando por la coalición dominante en el gobierno. Si aprueba la forma de ampliar la base del partido. Si le habrá gustado la forma de nominación a la vicepresidencia de la Señora Murillo. Es probable que se transforme en una nueva categoría: El desencantado.

-Pseudosimpatizante: No cree en el gobierno, pero tiene que continuar circulando en el sistema, por ello no escribe, no hace pública su real opinión, maquilla de la mejor manera su verdadero sentir, con lo que puede llegar a mentir. Es un oportunista. ¿Por qué resistirse ahora a quienes gobiernan?

Muy probablemente serán estos mismos que lo aprueban en las distintas encuestas y que lo votan, quienes, según mi opinión, definirán el futuro del FSLN -que ahora mismo es el de Nicaragua-cuando los vientos no estén más a favor, cuando llegue el momento de la sucesión. El gobierno debe considerar que hasta para mantener la aprobación de los suyos, y que permanezcan cohesionados, es imperativo debatir.

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Las dudas sobre la aprobación conducen a la pregunta: ¿el FSLN ha ampliado en  estos años su piso electoral?. Si tenemos en cuenta que su piso histórico ha sido de 38%. ¿esto ha sido gracias a sus éxitos? El gobierno ha logrado mantener determinada estabilidad macroeconómica debido a la disciplina financiera (que algunos entienden como el beneficio por la forma de pago de la factura petrolera), ha sido reconocido por legislar a favor de la cuota de género, de reducir la pobreza (cuya medida fue criticada), penetrar gradualmente con sus programas sociales en municipios cerrados para otro partido que no fuera liberal, establecer un acuerdo con los empresarios, generar expectativas con ciertos proyectos portentosos, y la relación funcional con el gobierno de Estados Unidos y organismos financieros internacionales, y  con un sector de la iglesia católica y protestante. No obstante, los vientos pueden pronto soplar en contra. Es posible que el gobierno nunca conquiste el voto de una parte de los nicaragüenses, pero puede ganarse el respeto de otro sector: El reto es reducir la brecha.

 

Consideraciones finales

El voto duro del FSLN ya ha tenido lo que ha querido: Este partido gobierna en tiempo de paz. No puede alegar más las ideas del “imperialismo” o “el capitalismo salvaje”. No puede evocarse más a los enemigos. Pero además, esta vez no puede citar a los amigos. Hay que decirlo. Dejémonos de tonterías, se acabaron los beneficios producto de la relación con el expresidente Hugo Chávez. El país no es productivo como potencialmente debiera, y la política doméstica de entrega de títulos de propiedad, los pagos anticipados de salarios, el informe minuto a minuto de SINAPRED,[5]  programas de préstamos y de inversión, no bastan.

En 2015, la economía creció a un 4,9 % según el Banco Mundial. En 2016, lo que pasó a adquirir importancia fueron las remesas familiares y otras transferencias, la inversión extranjera directa, la cooperación petrolera venezolana y otro capital “no determinado”.[6] El tiempo que sumará en el gobierno el presidente Ortega— contundente ganador— puede o no ser aún aprovechado, requiere de un modelo productivo que resulte del  consenso, por el bien de Nicaragua, esperemos que así sea. La polarización no ha desaparecido. Hay un sector que tiene su espacio en la sociedad. Ello es innegable. Es un reto para el gobierno reivindicarse, corregir los vicios, decir sí a la transparencia, a la inclusión y al verdadero cambio económico social.

Referencias

McConnell, Shelley A. (2009) “La evolución incierta del sistema electoral nicaragüense en Martí i Puig, Salvador y Close, David. Nicaragua y el FSLN (1979-2009)” ¿Qué queda de la revolución? Edicions Bellaterra. Barcelona.

Martí, Salvador (2008) “El regreso del FSLN al poder: ¿Es posible hablar de realineamiento electoral en Nicaragua?” Política y Gobierno. Vol.15 No.1.

Pérez Baltodano, Andrés (2012) “Nicaragua: Democracia electoral sin consenso social.” Revista de Ciencia Política, Santiago. Vol.32. No1.pp.211-228.

 

 

 

 

[1] Navas, L. (25 de octubre de 2016) El último debate presidencial que tuvo Nicaragua. La Prensa.

[2] El objetivo es que Estados Unidos vote en contra de la aprobación de préstamos a Nicaragua por parte de organismos internacionales.

[3] Roa, O. (6 de julio de 2016) “Una luz por Nicaragua” claman en miércoles de protesta. La Prensa.

[4] Dentro de sus alegatos está que la expresidenta, Violeta Barrios de Chamorro, junto a su yerno Antonio Lacayo (exministro de la presidencia) se deshicieron del ferrocarril. El expresidente Arnoldo Alemán se quedó con el dinero donado por la destrucción que ocasionó el huracán Mitch, entre otros escándalos por corrupción. El expresidente Enrique Bolaños amenazó con mermar el presupuesto dirigido a estudiantes y pensionados. Nunca fue cercano con los “de abajo”.

[5] Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres.

[6] Acevedo, A. (25 de octubre de 2016) ¿Cómo funciona hoy nuestra economía? La Prensa.

Acerca de RENEE LUCIA SALMERON SILVA

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