Número de candidatos presidenciales y desempeño democrático en América Latina

El número de candidatos que compiten en una elección puede tener consecuencias significativas sobre sus resultados[1]. A medida que aumenta la oferta de candidatos, el resultado puede hacerse menos consistente, posibilitando el triunfo de un candidato minoritario y, en consecuencia, potencialmente un perdedor de Condorcet[2] (Negretto 2009; Shugart 2007). Desde hace ya varios años, se ha tornado un lugar común en varios países latinoamericanos la idea de que el excesivo número de candidatos presidenciales constituye un problema para el funcionamiento democrático. La opinión pública de estos países a menudo condena y se lamenta por la excesiva fragmentación de la oferta de candidatos para la presidencia de la República. ¿Cuáles son las consecuencias sobre el funcionamiento de la democracia del exceso en la oferta de candidatos presidenciales? En este trabajo se repasa brevemente algunas consecuencias problemáticas de un número excesivamente alto de candidatos presidenciales.

I. Repasando algunos datos

En algunos países latinoamericanos, el número de candidatos que compiten por la presidencia es tan elevado (ver Gráfico 1), que aún los niveles de fragmentación efectiva llegan a triplicar la fragmentación máxima esperada (Cox 1997)[3]. De acuerdo a los datos, desde la consolidación de las democracias de la tercera ola en la región, se aprecia una considerable variación en el número de candidatos presidenciales por país. La lista es encabezada por República Dominicana, con casi trece candidatos presidenciales promedio durante el período. Argentina tiene un promedio similar, y lo mismo puede decirse para Guatemala y Perú. Por otra parte, Chile, Honduras y Panamá no superan los cinco candidatos en promedio. A su vez, la estabilidad a lo largo del tiempo del número de candidatos presidenciales puede aproximarse a través de los desvíos presentados en el Gráfico 1.

Gráfico 1: Promedio de Número de Candidatos Presidenciales en América Latina 1983-2011

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II. Algunas consecuencias del número

Tanto en el número de candidatos presidenciales como en la estabilidad a lo largo del tiempo existe variación entre los países. Dado que las democracias de la región son presidencialistas, la excesiva fragmentación de la competencia presidencial constituye un asunto importante. Un primer aspecto relacionado con la fragmentación de la oferta para el principal cargo de gobierno, se relaciona con el tamaño del contingente legislativo del presidente. En la medida en que crece el número de candidatos que compiten por la presidencia, el tamaño del contingente legislativo del presidente tiende a decrecer (Mainwaring 1993; Jones 1995; Shugart y Carey 1992), y de ese modo el presidente electo pierde capacidad de llevar adelante su programa de gobierno. Este es el primer punto en el cual un exceso en la oferta de candidatos presidenciales tiene consecuencias sobre el proceso político democrático: la capacidad de tomar decisiones de gobierno se ve disminuida.

 Obviamente, el tema puede ser mucho más complejo si se considera la formación de coaliciones de gobierno, que se ven dificultadas luego de unas elecciones en las que compitieron una gran cantidad de candidatos presidenciales. Si bien el tema que nos ocupa es el número de candidatos presidenciales y no la fragmentación partidaria, dado que la mayoría de los candidatos presidenciales son a menudo avalados por algún partido, la relación entre ambos niveles es problemática. Pese a esto, como se verá más adelante, una tendencia creciente en América Latina durante los últimos años ha sido la irrupción de otusiders en la competencia por la presidencia (Corrales 2008; 2009).

 En segundo lugar, quizás la dimensión que más claramente se ve afectada por el número de candidatos en competencia, es la propiedad de la identificabilidad (identifiability). La identificabilidad es la capacidad de los votantes de evaluar a todos los candidatos, y de establecer una conexión lógica sencilla y directa entre su candidato preferido y su decisión de voto (Mainwaring y Shugart 1997: 35). Es evidente que para poder hacer esta conexión, los votantes deben poseer un mínimo nivel de información acerca de las preferencias y programas de todos los candidatos, de modo de establecer con cierta precisión cuán próximos están de sus propias preferencias (Downs 1957; Popkin 1991). En consecuencia, desde el punto de vista de la demanda, cuando el número de candidatos es excesivamente alto la capacidad de los votantes para conseguir y procesar la información acerca de las preferencias, programas, propuestas y antecedentes de todos los competidores se ve fuertemente limitada[4]. Por lo tanto, la proliferación de candidaturas presidenciales vuelve oscura la competencia para el máximo cargo de gobierno en los regímenes latinoamericanos.

 En tercer lugar, la rendición de cuentas (accountability) también puede verse afectada por un excesivo número de candidatos compitiendo por la Presidencia[5]. En efecto, la rendición de cuentas vertical (esto es, entre los gobernantes y la ciudadanía) es básicamente de tipo electoral. Si un gobierno no ha cumplido cabalmente con su programa, es de esperar que la ciudadanía ejerza una sanción sobre el partido de gobierno a través del voto. En consecuencia, los candidatos del partido de gobierno sufrirán las consecuencias. Sin embargo, este proceso puede verse afectado cuando muchos candidatos compiten por la presidencia bajo una etiqueta partidaria común[6]. En estos casos los votantes pueden no tener claro quién debería sufrir la sanción (o viceversa, quién beneficiarse de la recompensa), y en consecuencia el proceso de rendición de cuentas se ve resentido[7].

 En cuarto lugar, el número de candidatos afecta la estabilidad de los vínculos partidarios de los ciudadanos. Esto es así porque la irrupción de candidatos “outsiders” contribuye a debilitar los vínculos entre los partidos y la ciudadanía. Sobre este punto, Corrales (2008, 2009) sostiene que la excesiva fragmentación de la competencia presidencial puede generar las condiciones para la incorporación de “novatos” (newcomers), derivando así en un empobrecimiento de la competencia presidencial. En relación a una excesiva cantidad de candidatos y calidad de la democracia, Corrales sostiene: “the abundance of ex-presidents and newcomers running for office—and winning—does not bode well for democracy in Latin America” (Corrales, 2008:3). Para el autor, el exceso de este tipo de candidatos está en la base de los problemas que enfrentan las democracias latinoamericanas, relacionados con lo que denomina neocaudillismo, de-institucionalización y polarización ideológica.

 En resumen, el número de candidatos presidenciales no sólo afecta los resultados electorales, sino que puede afectar la calidad de la democracia a través de las distintas dimensiones. En particular, en regímenes presidencialistas como los latinoamericanos, el número de candidatos en competencia por la presidencia resulta una variable a menudo desatendida, pero que podría tener consecuencias sobre un número importante –y potencialmente significativo- de procesos, los cuales determinan en buena medida la calidad de un régimen democrático.


[1] Desde el punto de vista de la teoría de la social choice, el problema de enfrentarse a la elección de una sola alternativa, genera una alta dependencia del método utilizado. Negretto señala que “los mismos votantes, con idénticas preferencias, pudieran elegir a distintos candidatos si se usaran fórmulas distintas o cambiase la oferta partidaria” (Negretto 2009:68).

[2] La elección de Allende en Chile (1970) constituye habitualmente un ejemplo de este tipo.

[3] De acuerdo a la formulación de Cox (1997), es esperable que en una competencia en donde la magnitud de la circunscripción (M) es igual a 1, el número de candidatos en equilibrio debería ser igual a 2, de acuerdo a la regla general de M+1. Puede argumentarse que en elecciones presidenciales bajo sistemas de mayoría absoluta con doble vuelta (presentes en varios países latinoamericanos), M es igual a 2 y por lo tanto son teóricamente viables tres candidatos. Esto es así pues la primera vuelta electoral arrojará dos candidatos “ganadores”, que dirimirán la elección en la segunda vuelta.

[4] “Identifiability is low when voters cannot predict easily what the effect of their vote will be in terms of the composition of the executive. This may be the case either because postelection negotiations determine the nature of the executive, as occurs in multiparty parliamentary systems, or because a large field of contenders for a single office makes it difficult to discern where a vote may be “wasted” and whether voting for a “lesser of evils” might be an optimal strategy” (Mainwaring y Shugart 1997: 35).

[5] “There are, it can be argued, further payoffs in accountability for reducing the number of choices at election time” (Bowler 2006: 580).

[6] Por ejemplo, en las elecciones presidenciales del año 2003 en Argentina, los dos candidatos más votados en la primera vuelta (Carlos Menem y Néstor Kirchner) eran de origen justicialista. En las presidenciales del año 2011 ocurrió algo similar. Tres de los cinco candidatos más votados eran peronistas (Cristina Fernández, Alberto Rodríguez Saa y Eduardo Duhalde).

[7] “Accountability, then, is tied to the number of parties in government which is in turn tied back to the number of parties successful at election time and, in its turn, tied back to the operation of Duverger’s Law” (Bowler 2006: 580).

Referencias bibliográficas

Bowler, Shawn. 2006. “Electoral Systems”. En Rhodes, Rod ;  Binder, Sarah y Rockman, Bert Eds. Oxford Handbook of Political Institutions. Oxford: Oxford University Press (577-594).

Corrales, Javier. 2008. “Latin America’s Neocaudillismo: Ex-Presidents and Newcomers Running for President… and Winning”. Latin American Politics and Society 50 (3): 1–35.

Corrales, Javier. 2009. “Volatilidad económica, debilidad de partidos y el neocaudillismo en América Latina”. Journal of Democracy en Español 1: 55-76.

Cox, Gary. 1997. Making Votes Count: Strategic coordination in the world’s electoral systems. Cambridge: Cambridge University Press.

Negretto, Gabriel. 2009. “La reforma electoral en América Latina: entre el interés partidario y las demandas ciudadanas”. En A. Fontaine, C. Larroulet, J. Navarrete e Ignacio Walker. Eds. Reforma del Sistema Electoral Chileno. Santiago: PNUD, CEP, Libertad y Desarrollo, Proyectamérica y CIEPLAN (63-103).

Shugart, Matthew. 2007. “Mayoría relativa vs. segunda vuelta. La elección presidencial mexicana de 2006 en perspectiva comparada”. Política y Gobierno XIV (1): 175-202.

Mainwaring, Scott. 1993. “Presidentialism, Multipartism, and Democracy: The Difficult Combination”. Comparative Political Studies 26: 198-228.

Shugart, Matthew y John Carey. 1992. Presidents And Assemblies: Constitutional Design and Electoral Dynamics. Cambridge: Cambridge University Press.

Jones, Mark. 1995. Electoral Laws and the Survival of Presidential Democracies. Notre Dame: University of Notre Dame Press.

Mainwaring, Scott y Matthew Shugart. 1997. Presidentialism and Democracy in Latin America. Cambridge: Cambridge University Press.

Popkin, Samuel. 1991. The Reasoning Voter: Communication and Persuasion in Presidential Campaigns. Chicago: University of Chicago Press.

Acerca de Diego Luján

Diego Luján es estudiante de Maestría en la Universidad de la República, Uruguay.

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2 respuestas a Número de candidatos presidenciales y desempeño democrático en América Latina

  1. Monserrat 6 Marzo, 2014 at 10:20 #

    Hola Diego,

    Me parece muy interesante su artículo, creo que es muy acertada la relación entre el número de candidatos presidenciales y la pérdida del vínculo entre electores y partidos, además de la aparición de presidentes outsiders. No obstante, creo que se debe tener en cuenta la normativa electoral que reglamente la selección de candidatos y la participación de estos en las elecciones; creo que al revisar el porcentaje de votos que acumulan el primero y el segundo nos podemos dar cuenta que en la mayoría de países de América Latina este porcentaje es alto y por lo tanto el número de candidatos no determina significativamente el desempeño democrático.

    Cordial saludo.

    • Diego Luján 6 Marzo, 2014 at 17:33 #

      Hola Monserrat, gracias por tu comentario. Qué bueno que te haya parecido interesante el post.
      Respecto a tu comentario, efectivamente creo que tienes razón en sostener que existen otras variables que inciden en el desempeño democrático. El número de candidatos que disputan la presidencia es una de esas variables, no la única.
      En cuanto al porcentaje de votos que acumulan el 1ro y el 2do en elecciones presidenciales no comparto que sea tan alto, ni que eso demuestre que el número de candidatos no sea significativo. De hecho, en más de un tercio de las elecciones presidenciales desde el año 1993 hasta la fecha en América Latina, dicho porcentaje está por debajo del 70%, lo cual para una circunscripción uninominal como es la presidencia, implica que existen 3ros, 4tos y enésimos candidatos con porcentajes de voto relevantes.
      En todo caso, más que el número relevante de candidatos (que para eso tenemos el número efectivo) es el número total de candidatos el mejor indicador para medir la entrada estratégica, y la conformación de la oferta electoral, que es la que podría incidir sobre el desempeño democrático.

      Saludos cordiales,

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