Perfiles de coraje para tiempos de incertidumbre

En el proceso electoral de 2016 el supuesto que circulaba sobre el candidato Donald Trump era que difícilmente podría llevar adelante una plataforma electoral con propuestas tan extrañas a la política estadounidense. Las medidas que ha ido tomando en los primeros días como presidente confirmaron lo contrario. A diferencia de lo que muchos pensaban, los diques de contención institucionales que supuestamente les pondrían un freno a sus intenciones, no parecen estar funcionando. Se van confirmando así los peores presagios del padre de la Constitución Norteamericana, James Madison, quien advirtió que la forma de gobierno republicana podía desarrollar instituciones sólidas pero finalmente su vitalidad iba a depender de los hombres. Es por eso que intentaron construir un sistema que evitara el abuso del poder, dado que no se puede descansar en las virtudes de aquellos que elegimos para gobernar. Trump está poniendo a prueba la fortaleza de ese sistema y empujando los límites como ningún otro presidente.

Las malas noticias no llegan solamente desde la Casa Blanca. El rumbo errático que comienza a corroer los cimientos que habían convertido a Estados Unidos en la primera potencia, se replica de otra forma en la orilla opuesta del Atlántico. Los británicos, enojados con la realidad que atraviesan, han dicho a sus líderes políticos que cancelen la membresía en el más exitoso proceso político que supieron forjar los europeos al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El contagio ha sido rápido y algunos de los países que componen este gran bloque, bajo el influjo de estos cantos de sirena, comienzan también a entusiasmarse con retroceder hacia sus propias realidades nacionales. Europa, como faro de civilización, comienza a cotizar a la baja.

Soplan vientos que hacen crujir la legitimidad del orden liberal que con tanto esfuerzo se venía construyendo en las últimas décadas, para convertir al mundo en un lugar más civilizado para los seres humanos. La alternativa que se fortalece es de signo inverso. La propuesta en formato de tabla de salvación son los muros que permitirán el regreso al paraíso perdido. La idea de frenar y combatir a ese mundo hostil es un elixir poderoso que cotiza en alta entre los más radicales. Los márgenes para sostener la racionalidad se achican y el costo también se eleva para aquellos que predican en el desierto, defendiendo la racionalidad política que se escurre como arena entre los dedos ¿Hacia dónde mirar para sostener la esperanza con políticos que desplieguen, citando la obra de John F. Kennedy, “«perfiles de coraje»”?

Estamos viendo cómo la brújula de ese camino de progreso liberal que lideraban las naciones más desarrolladas está dejando de marcar un rumbo claro. En distintos medios los menos pesimistas nos sugieren anclar nuestras pocas esperanzas en el ejemplo del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Nos señalan que es una de las pocas tablas en donde sostenernos ante los valores que se resquebrajan. Esa recomendación proviene del despliegue de este político en medio de los huracanes que nos azotan. Un ejemplo de ello pudimos verlo recientemente cuando se reunió con un grupo de refugiados sirios que querían agradecerle el gesto de haberles dado la bienvenida en persona hace un año. Las sentidas palabras de los refugiados, que lo emocionaron hasta las lágrimas, dejan acaso en claro que esas políticas de promoción de la diversidad nos fortalecen como civilización, y es allí donde debemos volver.

Si Diógenes estuviera entre nosotros buscando a un hombre con su linterna, probablemente se detendría en Trudeau, un político que toma decisiones que contrastan con el encandilamiento de esos fuegos de artificio, que le lanzan los demagogos a tantos ciudadanos que hoy se encuentran llenos de ira con sus dirigentes. Hay algunos perfiles de coraje que todavía sostienen nuestras esperanzas en medio de tanta incertidumbre.

Acerca de Santiago Mariani

Profesor Universidad del Pacífico, Perú. Coordinador de la Maestría en Ciencia Política (Universidad Antonio Ruiz de Montoya).
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