Ponerle nombre a la bestia: la difícil tarea de clasificar regímenes políticos

En 1971 Robert Dahl propuso un criterio para clasificar a los regímenes políticos[1]: evaluar el grado de liberalización o debate público y el nivel de representación (participación) vigente. De cómo fueran esos niveles podía indicarse el grado de democratización de un país y procurar ubicarlo en alguno de los cuatro tipos extremos que identificaba.

Así, a un régimen que combinara un alto grado de liberalización pero escasa o nula representación se lo calificaba como una “oligarquía competitiva” (tipo i). La combinación opuesta – alto grado de representación pero escaso nivel de liberalización – se correspondía con regímenes a los que denominó como “hegemonías representativas” (tipo iv). Los regímenes de tipo ii constituían “hegemonías cerradas”. Mientras que el máximo grado de liberalización combinado con el máximo nivel de representación generaba “regímenes poliárquicos” [término acuñado y preferido por Dahl para denominar a los sistemas políticos democráticos reales].

Figura 1: Esquema de Robert Dahl
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La ubicación de casos concretos en los tipos de los extremos parece tarea sencilla, aun cuando para ello se requiera definir indicadores precisos. Sin embargo, más allá de la dificultad de medición la Figura 1 muestra otro problema, y que interesa tratar con especial atención aquí. El problema es cómo denominar y dividir el extenso espacio del centro de la figura. Es decir, cómo llamar y bajo qué criterios clasificar a los regímenes políticos que no se corresponden con ninguno de los cuatro tipos.

La respuesta ofrecida por el mainstream académico ha sido doble. Por un lado, se privilegió la construcción de conceptos que permitieran establecer tipos de regímenes políticos a partir de evaluar el grado de pertenencia al conjunto de regímenes democráticos según la definición escogida: mínima y procedimental o extendida y a partir de allí considerar la presencia o ausencia de determinados atributos. El resultado fue la proliferación de subtipos disminuidos de democracia o democracias con adjetivos y también subtipos de regímenes no democráticos, derivados de la ausencia de atributos respecto a la definición mínima (Collier y Levitsky 1996).

Por otro lado, pero en sintonía con la estrategia conceptual privilegiada, comenzaron a aparecer un conjunto de índices que procuraban medir el nivel de democracia en los países[2]. Estos índices aportaron (y aportan) información sensible sobre cómo funcionan en realidad los regímenes políticos y constituyen una fuente de datos inestimable para el trabajo académico. Sin embargo, también contribuyen al “caos” terminológico y conceptual que signa el estudio sobre los regímenes políticos. ¿Cuál es el origen de ese “caos”?

Para responder a esa pregunta analizamos de qué manera tres índices concretos miden el nivel de democracia, qué conceptos e indicadores utilizan y cómo clasifican a los países luego de su aplicación. Los índices que se toman en consideración son: Freedom House, Polity IV y el índice de Przeworski et al. (2000) denominado como PACL[3].

Los índices presentan diferencias importantes en la manera en que conceptualizan a los regímenes políticos, pues difieren en el tratamiento del concepto democracia. Mientras Freedom House y Polity IV lo tratan como un concepto gradual, PACL lo trata de manera dicotómica. Si bien los índices coinciden en las condiciones procedimentales mínimas para identificar democracias, esto es, el componente electoral, no son congruentes en aquello que identifican como atributo faltante para clasificar subtipos. Mientras Freedom House pone el acento en las libertades civiles y políticas; Polity IV y PACL enfatizan en la cuestión del régimen político, en las reglas y en el modo en que se hace efectivo el ejercicio de poder.

Tabla 1. Tipos de régimen político por índice

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Estos índices descansan sobre definiciones mínimas de democracia y resultan eficientes para distinguir, con relativa claridad, entre regímenes políticos que cumplen con los requisitos básicos para la democracia de aquellos que no lo hacen. Sin embargo, presentan dificultades para precisar las variaciones entre los regímenes que cumplen con algunas características democráticas y con otras más propias de las autocracias/dictaduras o regímenes no libres. El tipo de regímenes políticos que se ubican, precisamente, en el centro de la Figura 1 y que constituyen un universo de países lo suficientemente grande como para prestar atención al modo en que se los define. Según sea el índice que se considere, la distribución de regímenes políticos es la siguiente:

Tabla 2. Distribución de regímenes políticos por índice

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 Fuente: Elaboración propia en base a Przeworski et al. (2000), Marshall et al. (2013), FreedomHouse.org

Si se observan los datos desagregados por continente, la distribución es la que se presenta a continuación:

Gráfico 1. Distribución de regímenes políticos por continente

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RD = Régimen democrático. RH = Régimen híbrido. Fuente: Elaboración propia en base a Przeworski et al. (2000), Marshall et al. (2013), Freedom House.org

Para poder identificar qué tipo de régimen político tiene un país determinado, es necesario precisar un término y definirlo. En las Gráficas presentadas se decidió agrupar bajo la etiqueta “regímenes híbridos” a aquellos regímenes políticos que, de acuerdo con los índices, no cumplían estrictamente con las condiciones mínimas de democracia pero tampoco eran considerados regímenes no democráticos puros o plenos.

¿Por qué denominarlos regímenes híbridos?

La respuesta sencilla está en que se convierte en una etiqueta bastante evidente sobre la naturaleza combinada y difusa que presentan estos regímenes. Los “regímenes híbridos” se definen como aquellos que combinan elementos autoritarios y democráticos (Karl 1995; Diamond 2002; Morlino 2009) y presentan la virtud de haber hecho evidente la falacia electoralista (Karl y Schmitter 1991) respecto a las democracias[8].

De acuerdo con Diamond (2002: 24), en los regímenes híbridos las instituciones formales de la democracia, como la competición electoral multipartidista, disfrazan (y con frecuencia y, en parte, legitiman) la realidad de la dominación autoritaria. En este tipo de régimen la arena de la competencia no es lo suficientemente abierta, libre y justa como para que el partido gobernante pueda ceder el poder de forma voluntaria. Esto no significa, sin embargo, que la oposición no pueda ganar[9].

Los regímenes híbridos se caracterizan por presentar escenarios de competencia pero de relativa baja disputabilidad – contested-, con sistemas de partidos predominante o hegemónicos (Diamond 2002; Greene 2007; Schedler 2002, 2006). Esto hace que se ubiquen tanto en la frontera competitiva  – democrática – como en la frontera de los autoritarismos clásicos.

Más allá de las definiciones referidas, es claro que el concepto requiere de mayor precisión. En particular, en la identificación de sus atributos específicos y de indicadores empíricos que permitan establecer, por ejemplo, la barrera numérica para señalar que un régimen político tiene baja disputabilidad.

La utilización de la etiqueta de regímenes híbridos podría contribuir en la solución de dos problemas. En primer lugar, lograría resolver la disputa sobre dónde ubicar a determinados casos.

En relación a la cuestión sobre si un régimen debe ser calificado o no como democracia, los casos de Albania, Bolivia, Colombia, Ecuador, Egipto, Guatemala, Paraguay, por solo mencionar algunos, ilustran este problema. Mientras que para Fredoom House estos países son calificados como “parcialmente libres”, Polity IV los trata como democracias. Si se presta atención a la distinción tomando como referencia el autoritarismo, y no la democracia, los casos de Angola, Argelia, Camerún, Rusia resultan ilustrativos. Polity IV los trata como anacrocies, mientras Freedom House los califica como regímenes no libres.

En segundo lugar, permitiría superar el sesgo teleológico que parece caracterizar a los estudios sobre regímenes políticos en relación a la democracia y sus perspectivas de consolidación. Los esfuerzos de clasificación de regímenes políticos han intentado, hasta ahora, responder a la pregunta qué es con estrategias que responden mejor al interrogante de cuánta democracia hay. El resultado ha sido la pérdida de precisión conceptual y la proliferación de tantos subtipos de democracias y subtipos de autoritarismos, a partir de la adjetivación, como regímenes políticos reales hay en el mundo. Pensar en la conceptualización de un nuevo tipo de régimen político, el tipo híbrido, contribuirá, seguramente, a ponerle “nombre a la bestia”.

Referencias Bibliográficas:

Collier, David y Levitsky, Steven.1997. “Democracy with adjectives: conceptual innovation in comparative research”. World Politics, 9 (3): 430-451.

Collier, David y Adcock, Robert. 1999. “Democracy and dichotomies: a pragmatic approach to choices about concepts”. Annual Review of Political Science, (2): 537 -565.

Cox, Gary W. 2009. “Authoritarian elections and leadership succession 1975- 2004”. American Political Science Association Toronto Meeting Paper.

Dahl, Robert. 2009.  La poliarquía. Participación y Oposición. Madrid: Editorial Tecnos [1971].

Diamond, Larry. 2002. “Thinking about Hybrid Regimes”, Journal of Democracy, 13 (2): 21-35.

Donno, Daniela. 2013. “Elections and democratization in authoritarian regimes”, 2013. American Journal of Political Science, 57(3): 703-716.

Geddes, Barbara 2006: “Why parties and elections in authoritarian regimes?” Revised version of a paper prepared for presentation at the annual meeting of the American Political Science Association, Washington 2005.

Goertz, Gary. 2006. Social science conepts. A user´s guide. Princeton: Priceton University Press.

Howard, Marc M y Roessler, Philip G. 2006. “Liberalizing Electoral Outcomes in Competitive Authoritarian Regimes”. American Journal of Political Science, 50 (2): 365-381.

Levitsky, Steven y Way, Lucan. 2010. Competitive authoritarianism, hybrid regimen after the cold war. Nueva York: Cambridge University Press.

Greene, Kenneth. 2007. Why dominant parties lose. Mexico´s democratization in Comparative Perspective. Nueva York: Cambridge University Press.

Karl, Terry. 1995. “The Hybrid Regimes of Central America”, Journal of Democracy, 6 (3): 72-86.

Karl, Terry y Schmitter, Philippe. 1991. “What democracy is… and is not”, Journal of democracy, 2 (3): 75-88.

Marshall, Monty; Gurr, Ted R y Jaggers, Keith. 2013. Polity IV Project. Political Regime Characteristics and Transitions, 1880 – 2012. Dataset User´s Manual. Center for Systemic Peace.

Munck, Gerardo.1996. “Disaggregating political regime: conceptual issues in the study of democratization. Working Paper #228. Notre Dame: Kellogg Institute for International Studies.

Munck, Gerardo. 2009. Measuring democracy. A bridge between scholarship and politics. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.

Munck, Gerardo. 2007. Regimes and democracy in Latin America: theories and methods. Nueva York: Oxford University Press.

Morlino, Leonardo. 1998. Democracy between consolidation and crisis: parties, groups and citizens in southern Europe. Nueva York:  Oxford University Press.

Morlino, Leonardo. 2009. Democracias y democratizaciones. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

O´Donnell, Guillermo. 1996. “Otra institucionalización”. Política y Gobierno, 3 (2): 219- 244.

Pemstein, Daniel; Meserve, Stephen A y Melton, James. 2010. “Democratic Compromise: A Latent Variable Analysis of Ten Measures of Regime Type”. Political Analysis, 18 (4): 426-449.

Przeworski, Adam; Alvarez, Michael; Cheibub, José Antonio y Limongi, Fernando. 2000. Democracy and development: Political regimes and economicweel-being in the World, 1950-1990. Cambridge: Cambridge University Press.

Schedler, Andreas. 2002a. “The Nested Game of Democratization by Elections”. International Political Science Review, 23 (1): 103-122.

Schedler, Andreas. 2002b “The Menu of Manipulation”. Journal of democracy, 13 (2):  36-50.

Schedler, Andreas. 2006. Electoral authoritarianism: the dynamics of unfree competition. Boulder: Lynne Rienner Publishers.

Vanhanen, Tatu. 2003. Democratization: a comparative analysis of 170 countries. Nueva York: Routledge.

 


 [1] El régimen político es uno de los componentes del sistema político. Está compuesto por cuatro elementos: a) ideologías, valores, o creencias, dominantes o en situación de competencia; b) normas o reglas del juego; c) estructuras de decisión y d) estructuras de enforcement (Morlino 1980: 46). Es un concepto bidimensional. La primer dimensión: la procedimental, alude al conjunto de reglas y procedimientos que definen a) el número y tipo de actores a los que se les está permitido acceder a las principales posiciones de gobierno; b) los métodos de acceso a tales posiciones, y c) las reglas que se siguen en la formulación de decisiones vinculantes. La segunda dimensión: la actitudinal, permite observar el grado de aceptación o rechazo que los actores manifiestan hacia las reglas. En función de ello se la denomina, dimensión actitudinal o conductual. El tipo de acepción que sea, normativa o estratégica, permite evaluar la relación de los actores con la reglas y por ende su posición respecto al régimen político. (Munck 1996)

[2] Freedom House (2007); Przeworski et al. (2000); Polity de Marshall, Jaggers y Gurr (2006), Índice de Democracia Electoral de Munck (2004), Vanhanen (2003) http://www.prio.no/Data/Governance/Vanhanens-index-of-democracy/, entre otros. Para mayores referencias véase Pemstein, Meserve y Melton (2010).

[3] Se lo conoce como índice PACL por ser las iniciales de los apellidos de los autores que lo construyeron: P por Adam Przeworski, A por Michael Alvarez, C por A. Cheibub y L por Fernando Limongi

[4] El índice de Freedom House contiene datos para 191 países desde 1972 (2013). Los componentes principales son los derechos políticos y las libertades civiles cada uno de ellos con subcategorías. Para derechos políticos considera: proceso electoral, pluralismo político y participación y funcionamiento del gobierno. Para libertades civiles evalúa libertad de expresión y culto, derechos de asociación y organización, imperio de la ley y derechos individuales. La escala que utiliza es de 1 a 7. Para mayor detalle véase la web de Freedom House.

[5] Polity IV contiene datos para 151 países desde 1946 (2012). Es un índice construido anualmente a partir de medir Los componentes principales son competitividad y participación, regulación de la participación, competitividad para el ejecutivo, reglas de acceso y ejercicio de poder ejecutivo. Incluye medidas anuales construidas tanto para democracias institucionalizadas (democ) como para autocracias (autoc). Dado que muchos sistemas políticos exhiben características mixtas de ambos patrones de autoridad, las medidas son índices compuestos derivados de los valores codificados para las variables componentes de cada tipo de de autoridad. Un tercer indicador, polity, se deriva simplemente restando el valor autoc desde el valor democ; este procedimiento proporciona una única puntuación de régimen que va desde 10 (democracia plena) a – 10 (autocracia completa). Para mayor detalle véase Marshall et al. (2013). http://www.systemicpeace.org/polity/polity4.htm

[6] PACL contiene datos para 189 países con un rango de años de 1946 a 2000. Los componentes principales del índice son las elecciones y libertados políticas, las elecciones ejecutivas y legislativas y la competencia entre partidos. Al ser la variable régimen político una variable dicotómica, asumen valor 0 las democracias y valor 1 las dictaduras. Para mayor detalles véase Przeworski et al. (2000). https://sites.google.com/site/joseantoniocheibub/datasets/democracy-and-development-aclp

[7] Se privilegia el uso del término en inglés pues no existe traducción apropiada.

[8] La “falacia electoralista” asume que la mera celebración de elecciones supone la canalización de la acción política por medios pacíficos y representa la existencia de élites opuestas en competencia, donde el resultado de dichas elecciones y la designación de ganadores goza de legitimidad en función de la transparencia del resultado (Karl y Schmitter 1991).

[9] Trabajos como los de Howard y Roessler (2006), Cox (2009), Donno (2013), Schedler (2002a y b), Geddes (2006) comparten esta concepción.

Acerca de Mara Pegoraro

Mara Pegoraro es candidata a doctor por el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca e Investigadora del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.

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8 respuestas a Ponerle nombre a la bestia: la difícil tarea de clasificar regímenes políticos

  1. Facundo 3 Abril, 2014 at 12:02 #

    Mara, felicitaciones por el spot. Parece un intrépido y valioso aporte para retomar una agenda que había quedado (parcialmente) relegada.
    Coincido completamente en salir de la lógica dicotómica para clasificar a los regímenes políticos y pasar a una dinámica más gradual donde los tipos ideales se toquen pero no se mezclen.
    Creo que sería interesante concentrar el trabajo en nombrar a la bestia, como bien planteas. Para eso, se me ocurre que podrías trabajar bastante sobre dos nociones: competitividad y alternancia. El primero está bien mencionado y podrías considerar desarrollarlo hacia dos direcciones: qué tan “fácil” ganan los oficialismos constantemente (a partir del margen de victoria). Si es por más de 30% en sucesivas ocasiones, entonces podrías pensar que el régimen no es competitivo. Acá podrías mencionar si hay competitividad real o competitividad aparente/de fachada/virtual (en tanto no es real).
    El segundo, que se desprende de lo dicho recien, es si se produce alternancia o no. Acá la clave te dirige un poco a Sartori y su clasificación de los sistemas partidarios.
    El aporte es sin duda relevante, sobre todo si tenemos en cuenta que la reciente ola de protestas en países asiáticos y africanos se dio en países que eran o bien autoritarios o bien “democracias” híbridas (bien puestas las comillas). Ahí tenes una región y muchos procesos políticos interesantes para encontrar relaciones causales intrigantes.
    Saludo desde la pajarera,
    Facu

    • Mara Pegoraro 3 Abril, 2014 at 19:53 #

      Hola Facundo, muchas gracias por tu comentario y felicitaciones. En relación a lo que mencionas de considerar la alternancia o la probabilidad de la misma es interesante considerar la ventaja de los imcumbents, en esa línea va el trabajo de Levitsky y Way, entre otros, sobre autoritarismos competitivos y ciertamente es una cuestión a considerar. En relación al umbral del 30% que sugerís hay ahí un desafío de justificar el porcentaje que obliga a considerar las reglas electorales, en especial en casos de mayoría relativa.
      En relación a la dirección sartoriana que sugerís, ciertamente la consideración de sistemas de partido predominante, que se encuentra en la frontera de la competitividad, es un elemento importante. Aunque no debemos olvidar que la construcción de Sartori aplica a los parlamentarismo, con lo cual pensarlo para diseños presidenciales requerirá refinar el análisis. En ese sentido la propuesta de Chasquetti resulta útil.
      Agradezco las sugerencias en la tarea emprendida de nombrar a la bestia.
      Saludos
      Mara

  2. Tristan 2 Abril, 2014 at 19:11 #

    Querida Mara,

    Gracias por tu articulo, aprendí muchas cosas sobre el tema.

    Me parece interesante el concepto de regímenes híbridos para clasificar a los que no se corresponden con ninguno de los cuatro tipos de Dahl, no obstante esta todavía incluyendo a numerosos tipos de regímenes. Esta llenando un hueco que era grande, entonces coincido con el comentario de Monserrat y me pregunto si no nos encontramos frente a una “supercategoría” demasiada densa.

    De un otro lado me gustaría comentar acerca de las entidades que hacen los indices. El hecho que son todas de una escuela parecida, o sea la escuela “occidental”, puede tal vez dejar de lado bastante factores con el riesgo de producir estudios con unas herramientas subjetivas .
    ¿Existen otras entidades que tratan de clasificar los regímenes?¿Se pueden encontrar unas que incluyen otros factores (como los avances sociales o la redistribución de riqueza)?

    Gracias

    Un saludo

    Tristan

    • Mara 3 Abril, 2014 at 9:58 #

      Hola Tristán, muchas gracias por tu comentario y tu lectura crítica sobre el post.
      En relación a la observación que haces sobre el riesgo que la categoría régimen híbrido sea una categoría demasiado extensa, tienes completa razón. Y esa es, también, una de mis preocupaciones. En el post no desarrollo en extenso el concepto pero para responder a tu pregunta, entiendo que el concepto de régimen híbrido se construye mejor desde el autoritarismo. Concepto sobre el cual tampoco tenemos muchas precisiones. Entonces, si logramos pensar ambas categorías podemos, tal vez, sortear mejor el obstáculo que planteas.
      En relación al sesgo respecto a los índices es cierto que podría parecer que presentan un sesgo “occidental”, como lo llamas tu. Sin embargo, si miras en detalle el índice PACL verás que se incluyen variabes que refieren al nivel educativo, al GDP, entre otros. En el post solo aludí a las variables institucionales por motivos de extensión y porque entiendo el concepto de régimen político como referente a las reglas e instituciones.
      Una vez más gracias por tu aporte.
      Saludos
      Mara

  3. Katunga 1 Abril, 2014 at 21:30 #

    Creo que es anocracy, y no anacrocy, una traducción apropiada sería acracia, ya que anocracy viene del griego akratia, que en el caso de Polity denomina la ausencia de una forma de gobierno definida.

    • Mara 2 Abril, 2014 at 9:54 #

      Estimad@ Katunga, muchas gracias por la corrección tienes absoluta razón. Y gracias por la referencia etimológica. Saludos

  4. Monserrat 31 Marzo, 2014 at 18:48 #

    Estimada Mara,

    Felicitaciones por tu artículo, creo que es una investigación muy interesante. Incluir categorías precisas que logren definir de manera completa un fenómeno es una tarea muy compleja que muchas veces se deja de lado. Me gustaría preguntarte acerca del nivel de abstracción teórica que puede llegar a tener el concepto de régimen híbrido, es decir, la forma en que esta tipología se articula con los otros dos conceptos puede llegar a dejar un espacio muy amplio que empiece a incluir en la misma categoría a países con contextos muy distintos pero que no se pueden ubicar en regímenes democráticos, ni no democráticos ¿con qué herramientas teóricas se podría solucionar esta situación?

    un saludo.

    • Mara 1 Abril, 2014 at 8:29 #

      Querida Monserrat, gracias por tu comentario y pregunta tan atinada. En relación al nivel de abstracción del concepto, ese es precisamente uno de los problemas centrales. Pues el trade-off entre abstracción y estiramiento conceptual es la mayor dificultad para clasificar regímenes políticos, incluyendo en esa categoría el tipo híbrido.
      La intención de proponer la noción de híbrido consiste precisamente en evitar que casos que no cumplen con los criterios democráticos y no democráticos sean categorizados dentro de estos tipos o incluso que se abuse de la estrategia de adjetivación de los tipos, creando tanto subtipos como regímenes haya en el mundo.
      Por otro lado, otro problema que enfrenta la clasificación de los regímenes y que la conceptualización y tipología sobre híbridos tiene intención de contribuir en su resolución, es que no queda claro aún de qué hablamos estrictamente cuando hablamos de regímenes no democráticos. Sabemos que el autoritarismo no es democracia y poco más. Pensar los regímenes híbridos obliga también a pensar el autoritarismo.
      Como veras es complejo el tema de clasificar y precisamente en la precisión conceptual se halla el mayor desafío.
      Una vez más, muchas gracias por tu comentario.

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