¿Por qué hay más legisladoras en un país que en otro? Una mirada crítica hacia las causas de la representación

¿Cómo se puede mejorar la representación femenina en el Poder Legislativo? Los politólogos han demostrado que la participación política de las mujeres en América Latina ha ido creciendo – véanse, por ejemplo, los casos de Argentina y de Costa Rica que se encuentran entre los diez países en el mundo con mayor representación de mujeres en el congreso (Heath et al. 2005: 421). Hoy en día hay tres presidentas en la región (Brasil, Costa Rica, y Argentina) y dos primeras ministras en el Caribe (Trinidad y Tobago y Jamaica). Son pasos importantes en cuanto al aumento del número de mujeres en la política. Pero estos cambios cuantitativos no siempre se han visto traducidos en cambios de calidad. Las mujeres latinoamericanas, a pesar de tener más presencia en la política, no necesariamente tienen más poder político (Schwindt-Bayer 2010) y muchas veces su participación en la legislatura se limita a temas marginales (Heath et al. 2005). Es decir, aunque han habido avances en la representación de las mujeres en América Latina, aún falta mucho para que haya una genuina igualdad de representación de género.

¿Qué explica la heterogénea experiencia en los países de la región? Muchas variables han sido sugeridas como factores importantes en determinar por qué unos países tienen más legisladoras que otros. Entre éstas se incluyen la actitud cultural hacia las mujeres, el fortalecimiento de los movimientos sociales dedicados a temas de la mujer, y el nivel de democracia, pero quizás la variable más estudiada y más atribuida al fomento de la participación de las mujeres ha sido la institucional. Son los sistemas electorales los que explican mejor la representación de las mujeres: donde haya sistemas electorales proporcionales (y no mayoritarios) tiende a haber más mujeres en el Congreso (véanse, por ejemplo, Kenworthy y Malami 1999, y Norris 2004; Jones 2009). Este es un resultado alentador, ya que de todas las variables mencionadas, la institucional es la más fácil de transformar. Los cambios institucionales son más factibles ya que están sujetos a la manipulación política, sobre todo en comparación con los cambios culturales o el mejoramiento del nivel de democracia – variables estructurales que difícilmente son manipuladas en el corto o mediano plazo.

No obstante, en un artículo que hemos escrito con dos colegas de la Northwestern University (Roberts et al. 2012), se pone en duda la importancia de la variable institucional para explicar la representación legislativa de las mujeres. Este artículo se detiene en ciertos problemas metodológicos de la literatura existente y propone alternativas más rigurosas a través del uso de diseños de investigación innovadores: (1) se utiliza una base de datos de varios años que toma en cuenta el antes y el después de los cambios del sistema electoral en cada país; (2) se comparan los datos electorales de forma diacrónica en vez de comparar simplemente los datos electorales de forma cross-national y (3) se usa un método de matching para evitar el problema de la heterogeneidad causal. Al hacer estos ajustes metodológicos, el impacto de la variable institucional se ve reducida hasta casi la nulidad.

Lo que se demuestra es que, en los países donde hubo cambios en los sistemas electorales, el efecto de adoptar e implementar leyes electorales menos restrictivas es muy pequeño en cuanto al aumento real de mujeres elegidas en los legislativos (el efecto de implementar leyes más restrictivas es escaso también). Un cambio importante hacia instituciones menos restrictivas, por ejemplo, produce un aumento de 9,3 mujeres elegidas (Roberts et al. 2012: 10) – no es un cambio menor, pero tampoco es suficiente como para compensar la desigualdad de representación en la gran mayoría de los casos. Es más, en América Latina, los efectos esperados han sido más débiles que en los países “desarrollados”, lo cual sugiere que hay tendencias regionales que ayudan a promover la heterogeneidad causal mencionada antes. Hablando de casos concretos, en Bolivia, la tendencia hacia un aumento gradual de mujeres en el Congreso no cambió luego de abandonar la representación proporcional para adoptar un sistema mixto. En Venezuela, el cambio desde la representación proporcional a un sistema mixto sí tuvo el efecto esperado (de reducir el número de mujeres elegidas), pero la vuelta a la representación proporcional en 1999 no provocó el efecto inverso.

En fin, la aplicación de nuevas leyes o reglas electorales no es universal. Cada país es distinto y la implementación de la misma ley en Costa Rica no debería tener el mismo efecto que en Bolivia o Argentina. ¡Esto no debería sorprender! Son países que varían en cuanto a varias dimensiones estructurales, políticas y culturales. No deberíamos esperar, entonces, que el cambio de una ley eliminará la discriminación contra grupos de personas que han sido históricamente desfavorecidos, sean estos mujeres, indígenas o lo que sea. Entonces deberíamos ser cautos al hablar de las nuevas constituciones y leyes adoptadas que buscan remediar las profundas brechas de representación que aún persisten en los sistemas políticos latinoamericanos. Son importantes simbólicamente – que no haya ninguna duda de eso – pero no serán suficientes para cambiar efectivamente la situación política de estos grupos.

El mensaje principal de este artículo es que las leyes electorales pueden ayudar a remediar los déficits de representación de género, pero no los pueden solucionar del todo. Para ello, hay que emprender un proceso mucho más lento, en el cual no sólo las leyes cambien sino también los prejuicios y las ideologías. Sólo así habrá una transformación efectiva de su situación laboral, cultural y de derechos. En definitiva, queda mucho por hacer.

Referencias

Heath, Roseanna Michelle, Schwindt-Bayer, Leslie A. y Taylor-Robinson, Michelle M. 2005. “Women on the Sidelines: Women´s Representation on Committees in Latin American Legislatures”. American Journal of Political Science 49 (2): 420-436.

Jones, Mark P. 2009. “Gender Quotas, Electoral Laws, and the Election of Women: Evidence from the Latin American Vanguard”Comparative Political Studies 42 (1): 56-81.

Kenworthy, Lane y Malami, Melissa. 1999. “Gender inequality in political representation: A worldwide comparative analysis”. Social Forces 78 (1): 235-269.

Norris, Pippa. 2004. Electoral engineering: Voting rules and political behavior. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

Roberts, Andrew, Jason Seawright, and Jennifer Cyr. 2012. “Do Electoral Laws Affect Women´s Representation?Comparative Political Studies. Published online, 19 November 2012 (En prensa).

Schwindt-Bayer, Leslie A. 2010. Political Power and Women´s Representation in Latin America. New York: Oxford University Press.

Acerca de Jennifer Cyr

Jennifer Cyr es profesora de Ciencia Política y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Arizona, Estados Unidos. Miembro del Grupo de Investigación de Partidos y Sistemas de Partidos en América Latina [GIPSAL - ALACIP] e investigadora en el Grupo de Investigación Sistemas de Partidos Subnacional [SISPSUB] del Instituto de Iberoamérica.

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5 respuestas a ¿Por qué hay más legisladoras en un país que en otro? Una mirada crítica hacia las causas de la representación

  1. angel san juan marciel 20 Marzo, 2013 at 16:44 #

    He leido con atención los comentarios realizados anteriormente,donde queda patentizado que los representantes políticos son fundamentalmente varones, y eso a pesar de la política hecha en algunos países de la cuota de participación femenina.No hay que olvidar que históricamente la mujer ha sido mantenida en el casi exclusivo rol de ser esposa y madre,mejor dicho de esposa fiel,frente a la conducta del varón que tenía licencia de corso para hacer lo que le venía en gana en el tema de las relaciones.El problema,estoy de acuerdo es cultural,porque esperar a que los representantes políticos luchen porque la mujer acceda a la praxis política ¿quién se lo cree?, y si es cultural, habrá que acometerlo en las escuelas,institutos y universidades,dónde el hombre y la mujer y la mujer y el hombre accedan a los puestos en igualdad de condiciones y sin ningún tipo de exclusión por razón del sexo.Esta labor pedagógica no la veo por ningún lado, pues incluso en los países más avanzados del norte de Europa-países escandinavos-las mujeres ocupan los puestos de trabajo en el sector público y los varones en las empresas privadas, y ¿saben porqué? Porque los salarios en la Administración del Estado son inferiores, y además en el caso de una crisis económica, es dónde es más fácil bajar los salarios para corregir los problemas económicos,con un simple decreto todo solucionado.

  2. María Paula Bertino 12 Febrero, 2013 at 1:14 #

    Me parece que el post de Jennifer Cyr plantea dos desafíos a futuro. Por un lado, la cuestión relativa a los cambios culturales que deberán enfrentar las sociedades latinoamericanas en pos de integrar a las mujeres en sus legislaturas y por el otro, la posibilidad de desarrollar mecanismos institucionales que logren traducir esos cambios en asientos legislativos. Al mismo tiempo, algo que no se menciona pero que subyace al planteo tiene que ver con el tipo de representación que esas mujeres legisladoras tienen.
    Sin duda, coincido con lo que señala Hernán respecto a que los cambios culturales, además de darse en la sociedad civil tienen que encontrar un correlato en los partidos políticos. Supongo que regulaciones sobre la constitución de las dirigencias partidarias que apunten a la generación de espacios de poder para las mujeres del partido deben ser fundamentales para articular su participación tanto dentro del partido como en la legislatura.
    Por otro lado queda revisar la función que las mujeres cumplen como legisladoras y representantes. Porque reducir la participación legislativa de las mujeres a la creación de agendas de género es también reducir el espacio de poder de las mujeres en las legislaturas. Su presencia en las Cámaras será central para la introducción de estas medidas, pero suponer que todo lo que las mujeres tienen para aportar desde su lugar de representantes queda ligado a la cuestión de genero es también disminuir su impacto como actores políticos. En ese sentido, también, la integración al interior de las cúpulas de los partidos de las mujeres permitirá ampliar su abanico de acciones políticas.

    • Jennifer Cyr 13 Febrero, 2013 at 17:38 #

      De acuerdo con las reacciones expresadas aquí. Me hacen pensar en el trabajo de Schwindt-Bayer (2010) – citado más arriba – que examina la participación de la mujer en congresos latinoamericanos no sólo de la perspectiva formal, sino de la simbólica, la descriptiva, y la sustantiva también. Es evidente que el número de mujeres legisladoras es sólo uno de varios desafíos que hay que enfrentar para mejorar la representación de la mujer en la política en América Latina (y, claro que sí, en los EEUU y en otros países también).

  3. Hernán Toppi 11 Febrero, 2013 at 17:08 #

    Muy interesante el artículo y coincido en gran parte. La experiencia ha demostrado que la clave pasa por lo cultural (en términos de la necesidad de terminar con esa idea clásica de que los hombres van a la esfera pública y las mujeres se deben quedar en la privada) pero que hasta que se logre ese avance, lo institucional ha ayudado y bastante.

    En el caso de la Argentina la introducción de la ley de cuotas ha llevado a un incremento sustancial de la representación femenina. Al momento de la introducción de las cuotas, las mujeres en la cámara de diputados y en la de senadores no llegaban al 10%. Hoy en día superan el 30%.

    Ahora, ese número no es accidental y tiene relación con lo cultural que mencionaba arriba. En la Argentina para habilitar una lista de candidatos se requiere del 30% de mujeres en posiciones competitivas. Si esto no es así, la lista no se habilita. El punto es que en la práctica, las listas cumplen con este requisito y nada más. Esto es, en las listas apenas se encuentra ese 30% requerido por la ley. No más.

    Desde mi perspectiva, en los partidos políticos es el lugar fundamental donde se debe dar ese giro de 180º respecto a la lectura que se hace del papel de la mujer en política. El hecho del 30% es muestra de la continuidad de una visión tradicionalista de la política de que la esfera pública es para hombres. Un ejemplo: al momento del debate de la ley, los que estaban en contra enunciaron argumentos como “si las mujeres hacen política se rompe la familia” o “las mujeres renuncian a la política porque reconocen que los hombres son superiores”. Si esto no cambia, los problemas de la representación femenina van a continuar.

    En relación con lo anterior viene el tema de la “calidad” que se menciona en el artículo. Si los partidos políticos no incentivan la participación femenina, claramente la calidad se va a ver afectada por el hecho de que aquellas mujeres que llegan al “30%” no suelen ser mujeres de “carrera” sino muchas veces, familiares directos de los líderes de la cúpula partidaria. Esposas, hermanas, cuñadas priman en la política parlamentaria argentina.

    Lo institucional ayuda y mucho, pero lo cultural (al interior de los partidos) es lo fundamental.

    • Jennifer Cyr 13 Febrero, 2013 at 17:35 #

      Muchas gracias por la respuesta y por darnos la perspectiva argentina. Me llama la atención el hecho de que las listas cumplen con la ley del 30% pero muy pocas veces van más allá de ese porcentaje requerido. Esta adherencia exacta a la ley pone énfasis en uno de los puntos principales del artículo: que las leyes institucionales no son suficientes para resolver o cambiar discriminaciones históricas y culturales. También nos da un posible mecanismo (prejuicios culturales duraderos dentro de los partidos y/o dentro de la sociedad) para explicar el por qué del efecto variable de las reglas electorales.

      Me pregunto, sin embargo, si deberíamos esperar que los partidos políticos sean el motor de la promoción de las mujeres en la política. Con la excepción de ciertos casos (e.g. el PT de Brasil), el desarrollo de organizaciones partidarias ha vuelto cada vez menos importante. Es decir, la institucionalización de los partidos es cada vez más escasa, y las reglas para ser nominado(a) son muy pocas veces seguidas. Entonces quizás no debería sorprendernos que los candidatos y candidatas de estos partidos sean invitados y, muchas veces, parientes o amigos de los mismos líderes (para más sobre la selección de candidatos en varios países, véase Pathways to Power: Political Recruitment and Candate Selection in Latin America, por Siavelis [2012]). Visto de esta perspectiva, los partidos políticos no serían el lugar para empezar a avanzar el rol de la mujer en la política, porque estos mismos encarnan graves debilidades en cuanto a la naturaleza de la representación hoy en día en América Latina.

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