Porque algunas cosas nunca cambian…La ley de hierro de la oligarquía un siglo después

En 1911, Robert Michels escribió uno de los libros clásicos de la Ciencia Política, Partidos Políticos, la ley de hierro de la oligarquía.  En él, el autor describe como en los sistemas democráticos modernos sigue siendo una pequeña minoría la que toma las decisiones y ejerce el control sobre la masa. Así, expone como la necesidad de organizarse da lugar al surgimiento de una élite que, a partir del ejercicio propio del poder, comienza a alejarse de los gobernados creando una burocracia partidaria que le perpetua en el tiempo y consolida en su posición.

Un siglo después, una de las sombras que se ciernen sobre los sistemas democráticos es la existencia de partidos políticos fuertemente controlados por las élites. Son frecuentes los argumentos que resaltan la escasa o nula participación de las bases de militantes en la toma de decisiones del partido, el absoluto control de las cúpulas en los procesos de selección de candidatos o la ausencia de mecanismos de participación directa para los militantes (sobre todo basado en el mérito y no el parentesco o amiguismo). Como consecuencia de ello, surge un debate en torno a si la ausencia de democracia interna puede ser una de las causas –aunque no la única- del distanciamiento de los ciudadanos respecto a los partidos y su falta de identificación con sus representantes.

Esta circunstancia, presente en los sistemas políticos europeos, tampoco es ajena para la región latinoamericana. Así, si bien es cierto que tras los procesos de democratización se pusieron en práctica patrones de política democrática a nivel de sistema democrático y en la década de los noventa se introdujo la celebración de elecciones internas en la región, existe cierto recelo hacia la maquinaria partidaria. Así lo evidencian los datos del Latinobarómetro de 2011, el cual recoge como en términos agregados sólo el 22% de los ciudadanos latinoamericanos muestre confianza hacia los partidos políticos. En la misma línea, el Barómetro de las Américas de 2012 muestra como apenas el 24,06% de la población encuestada manifiesta sentir mucha o alguna confianza hacia los partidos.

No obstante, pese a que estudios como los arriba citados o los provenientes de los centros de estudio de opinión pública de los diferentes países ponen de manifiesto las percepciones ciudadanas respecto a esta cuestión, raramente se analiza la otra cara de la moneda. Esto es, ¿cuál es la opinión de los políticos respecto al grado de democracia interna de sus partidos? La respuesta es que, como arrojan los datos del Proyecto de Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca (PELA), en términos agregados al menos un tercio de los diputados latinoamericanos afirman que en sus partidos la mayor parte de las decisiones son tomadas por la cúpula.

El Gráfico 1 muestra como en la última década, salvo en el período 2003-2006 donde se alcanzaron niveles ligeramente inferiores, uno de cada tres diputados manifestó la centralización del poder dentro de sus organizaciones partidarias. Este dato, unido a que según el mismo PELA el 37,7% de los diputados considera que el líder de su partido es “demasiado poderoso”, puede revelar como la disciplina interna supone un eje de conflicto entre aquellos que consideran que el poder está demasiado concentrado en la cúpula y aquellos que declaran un disenso con esta afirmación.

Gráfico 1. “En mi partido las decisiones se toman en la cúpula. Las bases no pueden hacer oír su voz”

Imagen4

Estos datos, unidos a los bajos niveles de confianza en los partidos políticos por parte de los ciudadanos que recoge el Latinobarómetro y el Barómetro de las Américas, invitan a preguntarse si los partidos políticos latinoamericanos necesitan una renovación en materia de democracia interna. Pese a la introducción de elecciones internas, siguen existiendo voces críticas, tanto desde la ciudadanía como dentro de las organizaciones, que abogan por un poder más descentralizado y abierto a la ciudadanía. Ahora, tocaría plantearse la siguiente cuestión ¿Contribuirá esto a aumentar los bajos niveles de confianza en los partidos e incrementar la identificación con los mismos? Pero eso, ya es otra cuestión…

 

Acerca de Mélany Barragán Manjón

Mélany Barragán Manjón es investigadora FPU en el área de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca.

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5 respuestas a Porque algunas cosas nunca cambian…La ley de hierro de la oligarquía un siglo después

  1. Melany 4 Mayo, 2013 at 19:20 #

    Estimado Ricardo,

    Creo que apuntas una cuestión muy interesante cuando planteas cuál es el verdadero poder de la participación ciudadana. Hemos visto, en movimientos como el 15-M, que la gente es capaz de movilizarse y defender un discurso. No obstante, también vemos cómo raras veces la ciudadania hace uso de mecanismos institucionales de participación formal, más allá de las elecciones. Considero que la respuesta a este fenómeno nos lleva a pensar en los procesos de socialización política y al papel que lo público ocupa en nuestras vidas. ¿hasta qué punto la gente se preocupa de lo público cuando sus necesidades privadas están satisfechas?, ¿qué coste de oportunidad están implicados a pagar por participar de lo público?. Generalmente se suelen mostrar datos sobre desafección, pero resultaría interesante mostrar datos sobre la predisposición de los ciudadanos a participar y la eficacia interna que consideran estos que pueden tener sus acciones.

    Un saludo y gracias por el comentario

  2. Flavia 3 Mayo, 2013 at 17:27 #

    Querida Mélany,

    Quería felicitarte por tu texto. Como sabes este es un tema que me interesa particularmente y siempre me da gusto saber que le resulta de interés a los colegas.

    Respecto a tu análisis tengo dos comentarios específicos sobre los que me gustaría llamar la atención:

    1. Creo que resulta difícil pensar la valoración de las elecciones internas a través de una pregunta más general realizada por Latinobarómetro para consultar confianza en los partidos. Creo que sería una excelente idea contar con encuestas sobre procesos internos de los partidos, pero hay que tener cuidado (me parece a mí) con este tipo de asunción porque no necesariamente es lo mismo.

    2. Los partidos latinoamericanos (como los de otras regiones) no tienen entre sus prioridades la democracia interna. Si fuera así debería haber incentivos claros (institucionales y/o por parte de los ciudadanos) respecto a que la valoración de los mismos se aplicará como premio/castigo del comportamiento de los políticos y sus partidos. ¿Qué harías para que los electores tomaran en cuenta a la democracia interna como un criterio para definir su voto y de esa manera que los partidos tuvieran incentivos claros para reformar sus organizaciones teniendo en cuenta sus prácticas internas?

    Quedo atenta a tus comentarios!

    Flavia Freidenberg

    • Melany 4 Mayo, 2013 at 19:15 #

      Estimada Flavia,

      Muchas gracias por tus comentarios y sugerencias. Al respecto de lo que escribes, lo primero que tengo que decir es que coincido en que puede resultar arriesgado pensar la valoración de las elecciones internas a través de preguntas tan generales. Lamentablemente, es complicado acceder a datos sobre procesos internos de los partidos… En el caso del PELA podemos conocer la opinión de los diputados, pero no he encontrado una pregunta que se pueda asimilar en encuestas ciudadanas. Así, aprovecho para animar a alguien para que profundice en esta cuestión, la cual me parece muy interesante.
      Respecto al segundo aspecto, también coincido en que los partidos no tienen entre sus prioridades la democracia interna…a la par que albergo dudas sobre que el grado de democracia interna tenga un fuerte peso en los electores a la hora de emitir sus votos. En el artículo lanzo la pregunta de si la “oligarquía” partidaria puede ser una de las causas de la desafección, pero no me atrevo a afirmar que haya una relación directa, Creo que, si queremos introducir la existencia o no de democracia interna dentro del debate, primero debería acercarse el partido a los militantes. Y no sólo a traves de primarias, sino convirtiendo las sedes en un lugar de intercambio, de discusión y…de socialización política, más allá de la movilización en momentos puntuales como las campañas,

      Un saludo y muchas gracias por tus comentarios!

  3. Ricardo Taenegra 2 Mayo, 2013 at 18:40 #

    Entre los niveles de confianza hacia los partidos politicos y los bajos niveles de participación y efectividad de los mecanismos de participación ciudadana, preguntemonos ¿ El escenario del cambio implica una serie de cambios estructurales en la administración pública?¿Cual es el verdadero poder de la participación ciudadana?

    • Melany 4 Mayo, 2013 at 20:00 #

      Estimado Ricardo,

      Me parece que apuntas una cuestión muy interesante cuando reflexionas sobre el verdadero papel de la participación ciudadana. A lo que añadiría que también cabe reflexionar sobre el papel que la ciudadanía quiere tener en el espacio público. Así, hemos comprobado como, ante determinadas coyunturas, la gente se moviliza para reivindicar sus demandas. No obstante, también vemos como muchas veces no se utilizan los mecanismos institucionales de participación formal, más allá de las elecciones.
      Así, en un contexto en el que los partidos no quieren abrirse a la ciudadanía en términos de participación y en el que la sociedad se muestra desafecta hacia los partidos, creo que habría que pensar el problema atendiendo a aspectos vinculados con los procesos de socialización política y con el papel que lo público tiene en nuestras vidas. ¿Cuál es el coste de oportunidad que los individuos quieren pagar para superar esa desafección?, ¿qué estrategias son capaces de adoptar los partidos…?

      Muchas gracias por el comentario y las cuestiones que planteas!

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