Postconflicto colombiano y “Estado Inteligente” en espacios de desigualdad

En el debate moderno sobre el modelo estatal más recomendable, hemos pasado de los Estados “residuales” del postliberalismo, al Estado “mínimo” del neoliberalismo que derivó en Estado “especulativo”, para terminar en el Estado “suficiente” del momento actual. Pero, ¿qué es lo “suficiente” en una realidad como la latinoamericana y concretamente la colombiana, con un Estado y una sociedad tan desigual en serios desajustes estructurales, destinada -antes o después, esperemos que antes- a gestionar un escenario de postconflicto en el marco de un proceso de perdón, justicia y reparación? Unos Acuerdos  que deben poner en marcha dinámicas transformadoras, si no se quiere provocar un “cierre en falso” del proceso de superación histórico de la violencia.

En Colombia y en gran parte de América Latina, como ocurre en otros casos del “Publicae minimus” en donde no se valora la forma y tamaño de la realidad territorial, las políticas públicas se han desenvuelto en una especie de “esquizofrenia” entre el marco jurídico constitucional descentralizador y la práctica gubernamental del día a día, centralista y centralizadora. Sin embargo, las principales dinámicas presentes y futuras que afectan a las políticas públicas esenciales del Estado colombiano en ámbitos tan estratégicos como la aplicación de los Acuerdos de Paz y la gestión del postconflicto, el desarrollo y los derechos fundamentales de la población -especialmente la más vulnerable- pasan principalmente por la periferia territorial y no por el centro bogotano.

El éxito o fracaso en estas políticas transformadoras en la refundación de este Estado dependerá en buena medida, de la capacidad para fortalecer la estructura territorial en una dinámica decidida descentralizadora y federalizante. La exigencia histórica de un “pacto regional” o mejor “federal” acorde a la diversidad geográfica con una nueva estructura administrativa moderna diversificada que instale capacidades humanas y materiales en las regiones. En resumen, construir Estado presente y activo en el territorio.

La aplicación de los Acuerdos de Paz en un escenario de postconflicto debe suponer una verdadera refundación del Estado y, por ende, de algunas de sus políticas públicas estratégicas para que este paso histórico cumpla el papel transformador en la sociedad colombiana que impida un cierre en falso o una vuelta atrás en el proceso. Y terminar de construir el Estado significa aumentar la gobernanza del Estado -la capacidad de éste para hacer realidad las políticas públicas de forma efectiva y eficiente- aumentando su capacidad administrativa y financiera. Sin embargo, no basta reconstruir el Estado, hay que definir las prioridades ampliando el espacio público estatal y no estatal. Se abre camino en este momento la posición de aquellos que defendemos un “Estado inteligente” para América Latina y en especial para Colombia que puede definirse como aquel que pone la ecuación social y la realidad descentralizadora como centro definidor de sus políticas públicas. La resolución de esta ecuación arroja siempre el mismo resultado: una sociedad más justa, igualitaria y avanzada.

Sin embargo, para que el Estado pueda realizar ese papel de “motor transformador” en Colombia en una realidad diaria en Paz, es esencial introducir cambios profundos en su cultura democrática. La democracia no es sólo la única forma compatible con la libertad y la justicia; también es la única forma de participación política que basa su esencia en la igualdad y la equidad; estos dos principios no sólo son la esencia y valor de la democracia -como decía Kelsen-, sino que son la base de la verdadera “inteligencia” del Estado.

La consecuencia inmediata de la aplicación de los Acuerdos de Paz tiene que ser la voluntad decidida para construir un “Estado Inteligente”. Esta nueva forma de entender la realidad estatal y las políticas públicas, considera -como lo hacen Bernardo Kliksberg o Amartya Sen- que un “Estado inteligente” en lo social, en una realidad desigual como la colombiana y la latinoamericana, es lo contrario de un “Estado bruto”, ese “Estado mínimo” que solo llega a ser “suficiente” para unos pocos, ausente en gran parte de su estructura territorial, de acciones puntuales y sobre una base asistencial.  El “inteligente”, por el contrario, es aquel que se identifica por tener verdaderas políticas de Estado -no de partidos- en educación, salud, nutrición, cultura; orientado hacia la superación de las gruesas inequidades, capaz de impulsar la concertación entre lo económico y lo social; promotor de la sociedad civil, con un papel conciliador y dinamizador permanente.

Esta visión de un Estado activo, dinamizador y creador de nuevos espacios de participación ciudadana en un nueva realidad de postconflicto, como base para el desarrollo en Paz, se opone a aquella otra que consideraba y considera la posibilidad de un Estado que planifica íntegramente de forma hermética las políticas públicas en todos sus aspectos. El Debate de Políticas -dentro de un Estado que aspira a ser Inteligente– se opone a la idea de un Estado circular de gran maquinaria planificadora y de control que, incluso, trabajaba centralizadamente dentro de una estructura territorial descentralizada y que, a través de esa maquinaria compleja, elabora y ejecuta las políticas públicas.

El “inteligente”, por el contrario, es aquel que se identifica por tener verdaderas políticas de Estado -no de partidos- en educación, salud, nutrición, cultura; orientado hacia la superación de las gruesas inequidades, capaz de impulsar la concertación entre lo económico y lo social; promotor de la sociedad civil, con un papel conciliador y dinamizador permanente.

La reforma del Estado, desde esta consideración del Estado Inteligente está basada en el desafío que supone cruzar las características particulares de los sectores sociales estatales con las características territoriales diferenciales. Y deben gestionarse de forma descentralizada si queremos hacerlo de la forma más cercana a sus ciudadanos. Incluso más, esta nueva visión y comprensión, sería el punto de partida para diseñar a partir de ella, políticas públicas que proponga soluciones técnicas apropiadas para el campo estatal social. Lo que está planteado entonces, no es un trabajo de “apropiación mecánica” de soluciones gerenciales de moda, sino un vasto esfuerzo público y privado para generar soluciones, usos y prácticas administrativas en las áreas sociales. En resumen, la estructuración de nuevas políticas públicas desde la búsqueda de una PGS (Plena Gestión Social).

A partir de esa visión, contestemos entonces algunas preguntas centrales:

a) ¿Cuáles son los problemas realmente estratégicos que obstruyen la eficiencia del Estado colombiano en el desarrollo de sus Políticas Públicas desde esta plena gestión social? Es imprescindible la construcción del Mapa de Nudos a la eficiencia. Los nudos serían los problemas de índole esencialmente formal conectados con estructura del Estado, organigramas, procedimientos, manuales de funciones, normas, circuitos, pero también los de índole estratégico.

b) ¿Cómo generar soluciones para que el Estado cumpla con los roles que tiene por delante en el campo de la paz y en el ámbito social; especialmente el mejoramiento de las políticas de paz y desarrollo, la educación y la salud? Es necesario adoptar un método de trabajo que, como el Diálogo de Políticas, asegure la participación de la ciudadanía en la elaboración, ejecución y control de las políticas públicas en estos ámbitos acomodada a la estructura territorial descentralizada de la sociedad, en consecuencia deseable para el Estado.

c) ¿Cómo se hacen compatibles los fines y el funcionamiento del Estado Inteligente con la propia estructura descentralizada del Estado? o también ¿Cómo se encuentra la compatibilidad, coherencia y complementariedad del Estado Inteligente en el ámbito municipal, departamental y central? El método más adecuado que proponemos, ya aplicado por aquellos Estados modernos y globales motivados por su inteligencia, permite asegurar la participación de la sociedad civil bajo todas sus expresiones en el diseño del “Estado Inteligente”, en la formulación de las políticas públicas, en el imprescindible consenso social, o también en el desarrollo de las capacidades propias de las comunidades desfavorecidas. Políticas públicas diseñadas también en proceso de “abajo a arriba” en donde los municipios y departamentos -por cierto, los principales ejecutores de esas políticas y sufridores de sus carencias- sean la base de su elaboración, definición y ejecución.

El objetivo para asignar un nuevo papel al Estado desde la Plena Gestión Social para llevar a cabo, con un método eficaz, la estructuración de nuevas políticas públicas con una participación activa de la ciudadanía, se encuentran en el origen del concepto y el método del Diálogo de Políticas. No conviene olvidar que dicho Diálogo supone una nueva visión de la relación entre Estado y ciudadanía, pero también un nuevo método para la estructuración, ejecución y control de las políticas públicas.

En conclusión, la necesaria reforma del Estado colombiano –refundación a tenor de la profundidad en las transformaciones- no puede plantearse como hacía el príncipe de Salina en la novela “El Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cuando decía: “…cambiémoslo todo para que todo siga igual”. Por el contrario, esta nueva fase histórica debe partir de una perspectiva que considere la realidad estatal como un todo complejo en donde la visión descentralizada, a la hora de asegurar la presencia, el buen gobierno y efectividad del Estado colombiano, es una de las piezas fundamentales para el desarrollo, por fin, en Paz del país. Esta visión estratégica permite superar la visión localista geográfica para tener una visión de conjunto de la totalidad del Estado en su necesaria presencia territorial, jerarquizar los problemas detectados, y priorizar desde la “ecuación de plena gestión social” las acciones más convenientes para, de esta forma, hacer posible una sociedad colombiana en Paz, más justa e igual; para nosotros y para nuestro hijos. Esta es la mejor herencia que podemos dejar. 

*Esta es una reflexión marco del Proyecto Europeo “Pedagogía para la Paz y gestión del postconflicto en Colombia”.

Acerca de Gustavo Palomares

Gustavo Palomares es Presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos y Catedrático de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España.

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7 respuestas a Postconflicto colombiano y “Estado Inteligente” en espacios de desigualdad

  1. Gustavo Palomares 7 Marzo, 2014 at 10:29 #

    Me refiero básicamente a una forma nueva de construcción de las políticas públicas del postconflicto para que se puedan construir de una forma más inclusiva y acorde a la realidad territorial y descentralizada que propugna ese Estado como base para la Paz.
    Suena ambicioso pero creo que se puede hacer sin tocar el armazón constitucional porque la Ctción del 91 es un marco adecuado.
    Abzo

  2. Gustavo Palomares 7 Marzo, 2014 at 10:26 #

    Gracias Gabriela, efectivamente esa “refundación” solo es posible en un proceso transformador en donde los Acuerdos puedan suponer una oportunidad para una visión más incluyente, social y participativa dela política.
    Todo ello dentro de un ejercicio completamente nuevo en la construcción de las políticas públicas del postconflicto.
    Suena ambicioso pero creo que sería posible sin grandes alardes transformadores del armzón político; ya tenemos la Ctción del 91 que puede ser un buen marco de entendimiento.
    Abzo

  3. César Barragán 21 Febrero, 2014 at 21:34 #

    Es realmente interesante su punto de vista sobre un escenario de postconflicto en la República colombiana. La idea de un Estado inteligente que procura una mayor distribución de la riqueza y es capaz de articular políticas públicas en base a los principios de igualdad y equidad es muy esperanzadora. No obstante, con el debido respeto, me surgen algunas dudas.

    Quiero partir del análisis de lo que aquí se expone como re-fundación del estado: “El éxito o fracaso en estas políticas transformadoras en la refundación de este Estado dependerá en buena medida, de la capacidad para fortalecer la estructura territorial en una dinámica decidida descentralizadora y federalizante”. Pero Colombia es un Estado a medias. Es decir, el Estado colombiano hace mucho que no tiene presencia en una vasta extensión de su territorio (realidad territorial) y los habitantes de esa zonas (selváticas en su mayoría) tienen miedo o desconfianza en ese “Estado”, pues lo único que conocen de éste es el aparato militar, muchas veces violento y corrupto en su mayoría (sirva de ejemplo el actual escándalo de corrupción en la cúpula militar, muy asociado al encubrimiento de responsabilidades en los mal llamados “falsos positivos”.

    Tratar de “refundar” un Estado como el colombiano no solo debe pasar por la implementación de un sistema “neoweberiano” de administración y de abrir nuevos espacios de participación política en la periferia (España misma está necesitada de ello), sino además priorizar en esa “nueva cultura democrática”. Y ésta nueva cultura democrática debe asegurar ante todo la “obediencia” de todos los actores (políticos, fuerzas armadas, etc.) a la Constitución.

    Colombia tiene una sociedad que no se reconoce así misma, carece de identidad, y la que fomentan los medios y la cultura reciente, es la de una sociedad violenta, sumida en la “narco-cultura” y en (repito) la desconfianza. En este nuevo escenario que se proyecta, construir un Estado “desde abajo”, tiene grandes retos, y el principal (en una modesta opinión) es el redireccionamiento de los objetivos de sus fuerzas militares. Sin ese primer paso, será muy difícil articular los Acuerdos de Paz sin que entren en conflicto con los intereses particulares de los históricos terratenientes y las grandes multinacionales sedientas de nuevas zonas -sin estado- para imponer lo que consideran adecuado para tales poblaciones. Por tanto, un primer paso ¿no debería ser mantener la centralidad del Estado vigía, y una vez obtenidos los primeros resultados, comenzar a descentralizar esas políticas públicas y de participación periférica?

    • Gustavo Palomares 7 Marzo, 2014 at 10:12 #

      César, coincido plenamente lo que he llamado “refundación” del Estado no es cambiarlo todo para que todo siga igual. Parece claro que es importante abrir nuevos escenarios de participación; mi duda es si el segundo punto de la agenda en los Acuerdos de Paz -referido a la participación- puede ser un instrumento que redunde en una mayor pluralidad, regeneración y “frescura” democrática.
      He escrito hace dos días en referencia a ese tema una tribuna en El País respecto a lo que se espera de los Acuerdos de Paz para que no se produzcan “cierres en falso” de las condiciones de superación de la violencia.
      http://elpais.com/elpais/2014/03/04/opinion/1393956092_449479.html

      Abzo

  4. Verónica Velásquez 20 Febrero, 2014 at 19:47 #

    Muy interesante su aporte a la reflexión del momento actual que vive Colombia con respecto a los escenarios de pos-conflicto, además de necesario y pertinente. Solamente quisiera hacerle una pregunta, a lo largo del texto se menciona la “re-fundación del Estado”, por una parte el Estado Colombiano ha sido enfático con respecto a que las negociaciones de paz que se adelantan en la Habana no conducirán a un cambio en la Constitución; entre tanto, también suenan propuestas de diversos sectores, en llamar a una Asamblea como se hizo a principio de los noventa. Entonces, bajo este contexto ¿cuales serían los mecanismos posibles en Colombia, para facilitar esta transición? y esto enlazado con mi segunda observación y es que considero que también todos los actores en Colombia (sociedad civil, Estado, actores al margen de la ley, etc) debemos ser conscientes de nuestra memoria histórica como país, por un lado para reconocer nuestro largo transitar en medio de la violencia y por otro, para no cometer los mismos errores del pasado.

    • Gustavo Palomares 7 Marzo, 2014 at 10:22 #

      Me gusta mucho Verónica ese ejercicio de corresponsabilidad en el conflicto para desde ahí hacer propuestas y nuevos compromisos en la Paz. Esa debe ser la consideración desde un verdadero proceso de transición en donde la participación de todos los actores -violentos y no violentos- desde esos presupuestos de necesario acto de “contrición” debe sere la base para todo los demás.
      Desde el instituto de Altos Estudios Europeos hemos empezado ese ejercicio; arrancamos con los medios informativos. Te adjunto el informe.
      http://www.iaee.eu/material/Conclusiones_Conversatorio.pdf

      Gracias un abzo

  5. Gabriela 20 Febrero, 2014 at 13:11 #

    Estimado Gustavo Palomares,

    Muy interesante su texto y muchas gracias por participar en la discusión del postconflicto en Colombia.
    Comparto la idea de que el desarrollo del postconflicto de ningún modo se debe centralizar, pues aunque todos de alguna u otra manera nos hemos visto lastimados por la violencia; este proceso de paz significa la posibilidad de que las personas de áreas rurales distantes a la capital tengan por primera vez en su vida un día de paz que signifique el inicio de un proceso de reparación que los involucre directamente.

    A mi modo de ver, La participación política en el posconflicto es un punto central para el éxito del proceso sin embargo, esta tendrá dos grandes dificultades: en primer lugar, el Estado tiene que prepararse para poder garantizar la seguridad de los futuros reinsertados, porque de no ser así, los nuevos partidos políticos que se formen a partir del grupo guerrillero de las FARC pueden contar con la misma suerte que los integrantes de la UP, teniendo en cuenta además que las posiciones radicales frente al proceso de paz del presidente Uribe y de distintas personas que han tenido que soportar directamente los vejámenes de la guerra hacen que el país esté dividido -aunque no en partes iguales- lo que puede generar la creación de un nuevo grupo insurgente.

    Su texto es muy bueno y toca puntos muy interesantes no obstante, se queda corto a la hora de describir las soluciones reales que incluyan la magnitud del conflicto colombiano. En esa medida, quisiera preguntarle ¿a qué se refiere usted con la refundación del Estado?

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