Redes en el “laberinto de la soledad”: diagnóstico sobre calidad ciudadana en México

En México, suelen oírse los siguientes comentarios, a saber: “los mexicanos son apáticos”, “no les importa lo público”, “son ignorantes de sus derechos”. Tal como en el conocido libro titulado “El Laberinto de la Soledad”, este tipo de frases delinean la imagen de individuos aislados, analfabetos cívicos, ensimismados sobre sí mismos y desconfiados de los demás.[1] Acto seguido, se suele derivar que una política de educación cívica debería concentrarse en informar a los ciudadanos de sus derechos, para que por medio de algún artilugio iluminista salgan de su ignorancia y se conviertan a la causa del activismo ciudadano (lo que esto quiera decir).

Precisamente para ir más allá de sentidos comunes, el Instituto Federal Electoral (IFE, hoy Instituto Nacional Electoral, INE) aplicó en 2013 una encuesta para reportar el estado de la calidad ciudadana en el país y, a partir de ello, tomar las decisiones de política de educación cívica que corresponda impulsar [2]. Específicamente el capítulo sobre redes personales en el que me involucré ampliamente, registra con qué capital relacional cuentan los y las mexicanas a la hora de resolver problemas asociados a derechos ciudadanos.

En este contexto, el 33.8% de los encuestados declaró tener contactos mientras que un 66.2%, reportó no contar con relaciones. Si bien la mayoría aparece desconectada, el 33.8% representa un total cercano a 40 millones de ciudadanos electorales mexicanos, lo que no resulta en absoluto despreciable. Pero si de preocuparse se trata, el problema aparece al advertir que la mayoría de los que mencionan estar contactados cuenta sólo con una relación (25.1%). De acuerdo a la encuesta, sólo un privilegiado grupo de 8.7% de ciudadanos cuenta con dos o más. Esto indica un problema de dependencia más que de desconexión, porque el hecho de no contar con alternativas de relacionamiento restringe los rangos de intermediación para acceder efectivamente a derechos.

¿Cuáles son los factores que aumentan la probabilidad de tener dos o más contactos, uno sólo, o no tener ninguno? Para contestar esta pregunta se exploraron tres conjuntos de factores. El primero analizó variables denominadas como estructurales, incluyendo nivel de ingreso, nivel educativo, sexo y edad. El segundo conjunto se refirió a variables denominadas como instrumentales, esto es, referidas a actividades e intercambios político partidarios, a saber: si se pertenece o perteneció a un partido político, si se participa en campañas electorales, si se ha convencido a otros de a quien votar, como parte de las actividades electorales y si se conoce gente que hubiera obtenido regalos o dinero a cambio de su voto en la última elección. Finalmente un último conjunto, incluyó variables calificadas como de intercambio voluntarista. Allí se ubicó el nivel de confianza que se puede tener en otros y la participación voluntaria en organizaciones civiles. La hipótesis principal, supuso que el tercer conjunto incidiría prioritariamente en la probabilidad de contar con relaciones. Ello, especialmente, porque el 76,3% de encuestados contestó que no era posible confiar en los demás. Luego seguirían los otros dos conjuntos causales. Sorpresivamente, el orden fue exactamente inverso.

Cuando una persona colabora en campañas en comparación con alguien que no lo hace, abrumadoramente reduce en 17 puntos la probabilidad de no tener ninguna relación, aumenta en 7 puntos la de tener una, y en 10 la de tener dos o más. Algo similar ocurre con la variable referida a conocer gente que recibió regalos o dinero durante la última elección. En la misma línea, cuando una persona decide involucrarse en un partido político la probabilidad de no tener ninguna relación se reduce en 14 puntos porcentuales.

En segundo orden, las variables del conjunto estructural también resultan significativas. Por ejemplo, cuando los ingresos son altos la probabilidad de tener una relación aumenta en casi 10 puntos; mientras que la de tener dos o más en 3. Conforme aumentan los años de escolaridad se reduce la probabilidad de no tener ninguna relación y se incrementa la de tener una, dos o más. Una mujer tiene 4 puntos porcentuales más de probabilidad de estar aislada (no tener contactos) en comparación con los hombres. Adicionalmente, es más costoso para alguien con bajos ingresos (en términos de no contar con relaciones) no participar en actividades partidario – electorales que para alguien con ingresos altos.

Finalmente, la confianza explica, aunque levemente, la probabilidad de contar con contactos de intermediación. Cuando alguien pasa de confiar a desconfiar la probabilidad de no tener ninguna relación se incrementa en 3 puntos porcentuales.

Cabe resaltar otro hallazgo. Cuando se pregunta en relación a hacer algo por la comunidad, aumenta el número de contactos mencionados por los encuestados. En este caso aumenta especialmente el número de mujeres mencionadas. Ello nos habla de un capital relacional diferente a la hora de apelar a otros para la resolución de problemas vecinales o comunitarios.

En conclusión, estos datos resultan sugerentes en tres sentidos. En primer lugar, nos dicen que en este “laberinto” sólo una parte de las y los mexicanos está sola. El nada despreciable resto de dicha ciudadanía se relaciona, en su mayoría, dependiendo de un solo contacto. En segundo lugar, nos muestra que soledad no está implicada de la misma forma en cada estrategia. A la hora de hacer algo por la comunidad, la ciudadanía mexicana va cobrando rostro de mujer y mencionando más relaciones. Finalmente, es el cálculo y la actividad referida al intercambio partidario electoral, y no la participación voluntaria en organizaciones ni la confianza, lo que importa.

Si bien esta no es una imagen paradisíaca, ubica el desafío de una política pública de educación cívica en un nuevo eje: el trabajo en el nivel de la intermediación (partidaria y de otros tipos). Mejorar la cantidad y calidad de relaciones para el acceso y ejercicio de derechos ciudadanos pasa a ser el elemento crucial. No parece haber tontos culturales en México. Los y las mexicanas, aunque no eruditos, no desconocen los graves obstáculos existentes para el funcionamiento cotidiano de sus derechos. Por esto mismo, estos datos reflejan otro laberinto. Uno en el que una buena parte de ciudadanos conoce cómo apelar a redes comunitarias y cómo recurrir a intermediaciones, que aunque monopólicas, posibiliten su supervivencia.

 



[1] Nos referimos al Libro “El laberinto de la Soledad” escrito por Octavio Paz (premio Nobel de Literatura), en el cual se pretende describir la “personalidad” mexicana.

[2] Ver Informe País y base de datos de esta encuesta en: http://www.ine.mx/archivos2/s/DECEYEC/EducacionCivica/Informe_pais_WEB_ok.pdf

Acerca de Gisela Zaremberg

Gisela Zaremberg es Doctora en Investigación en Ciencias Sociales y actualmente Profesora-Investigadora en FLACSO, sede México.

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2 respuestas a Redes en el “laberinto de la soledad”: diagnóstico sobre calidad ciudadana en México

  1. Carlos Vázquez Ferrel 20 Octubre, 2014 at 11:32 #

    Hola Gisela,

    Está muy interesante el post, seguro da para muchos trabajos posteriores. Por otra parte, te quería consultar que si en el conjunto de variables estructurales se consideraron variables de tipo geográficas: es decir el nombre del estado, si proviene de zona rural o metropolitana, o bien zonas, norte, centro, sur, etc. Creo sería interesante revisar el tipo de interacción por zonas, con la variable contactos.

    Un saludo cordial,

    CARLOS VÁZQUEZ FERREL

    • Gisela 20 Octubre, 2014 at 19:15 #

      Hola Carlos, gracias por tu pregunta. Sin duda, sería interesante. Aún no lo he hecho. Tengo pensado hacer algo así porque también hay una parte de redes organizacionales y no sólo redes personales. Está la descripción por regiones y estados pero no está aún en el modelo. Entonces… si, hay mucho por hacer aún!!!
      Saludos cordiales,
      Gisela

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